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Pérez-Reverte y Motos: la noche en que Alatriste dio paso a la política
La nueva aventura de Alatriste abrió una entrevista que acabó entre actualidad, límites y comentarios afilados.

Foto: 20 minutos, CC BY-SA 2.1 ES, vía Wikimedia Commons.
Arturo Pérez-Reverte acudió a El Hormiguero el 3 de septiembre de 2025 para presentar Misión en París, la nueva novela del capitán Alatriste, y terminó cruzando con Pablo Motos el terreno de la inmigración, la política y el papel de la cultura. Cuando el presentador abrió uno de esos asuntos espinosos, el escritor recordó con ironía que había ido a hablar de su libro; poco después reconoció que la conversación lo había colocado en un jardín complicado. El intercambio mezcló promoción literaria, humor y opiniones políticas, sin convertirse en una discusión abierta.
La frase que más se difundió fue la reivindicación de que su visita tenía como motivo el libro, una alusión reconocible a Francisco Umbral. Pero no fue una negativa a responder: Pérez-Reverte acabó desarrollando su posición sobre la inmigración y comentó también a varios políticos. El matiz importa, porque la entrevista no fue solo un choque entre invitado y presentador, sino una conversación que alternó entre la novela y los asuntos de actualidad. Alatriste era el motivo de la visita; la política, el desvío que acabó concentrando buena parte de la atención.
La frase que puso límites, pero no cerró la conversación
El momento más recordado llegó cuando Motos anunció que quería abordar asuntos delicados de España y planteó la inmigración. Pérez-Reverte respondió que había acudido a presentar su novela, con un tono que funcionó a la vez como broma y como señal de que prefería no entrar en una discusión política. La reacción del público fue de risa, y el presentador mantuvo el intercambio en clave distendida. La frase marcó el terreno de la entrevista, pero no impidió que el escritor siguiera hablando.
Motos insistió en el tema y el invitado aceptó contestar. Antes de hacerlo, dejó claro que hablaba como escritor y ciudadano, no como político ni sociólogo, y que su opinión podía estar equivocada. Más tarde, al advertir la complejidad de la cuestión, describió la situación como un jardín difícil. La expresión no fue una retirada definitiva, sino una forma coloquial de reconocer que cualquier respuesta podía quedar reducida a un titular. El propio Pérez-Reverte parecía consciente de que una intervención televisiva puede perder matices al circular aislada.
Ahí está parte de la explicación de por qué el episodio generó tantos cortes y comentarios: la secuencia tenía una estructura televisiva muy clara. Una frase breve abrió el momento, el presentador apretó con una pregunta concreta y el invitado pasó de la resistencia inicial a una respuesta más extensa. La escena permitió reírse del juego del programa sin borrar que el asunto tratado era serio. El humor rebajó la tensión, pero no volvió inocuo el debate.
Qué dijo sobre inmigración y por qué habló de contradicciones
Al desarrollar su postura, Pérez-Reverte colocó la condición humana de las personas migrantes en el centro y cuestionó que se las valore únicamente mientras trabajan. También distinguió entre inmigración legal e irregular, y sostuvo que la primera cubre empleos que, según dijo, no siempre encuentran trabajadores dispuestos a realizarlos. Añadió que hay empresarios que se benefician de esa mano de obra, tanto regular como irregular. Su argumento combinó una consideración humanitaria con una crítica a la dependencia económica de esos trabajadores.
Sobre la inmigración irregular, afirmó que es un fenómeno difícil de detener y recurrió a una comparación histórica con los imperios y los pueblos que sus contemporáneos llamaban bárbaros. No presentó esa comparación como una solución política ni como una descripción neutral: fue una analogía para expresar que los movimientos de población forman parte de procesos históricos que las fronteras no siempre logran contener. A la vez, señaló lo que consideraba una contradicción europea: aceptar la mano de obra migrante y rechazar la presencia de quienes la aportan cuando no están trabajando. El núcleo de su comentario fue esa tensión entre necesidad y rechazo.
La respuesta no resolvió las cuestiones prácticas que rodean la inmigración, como la gestión de las fronteras, las vías legales o las condiciones laborales. Tampoco pretendía ofrecer un análisis técnico. Motos había planteado un asunto político amplio y Pérez-Reverte contestó desde una valoración personal, con generalizaciones históricas y una crítica moral a la doble vara de medir. Distinguir esos planos permite entender mejor el intercambio sin convertir una intervención televisiva en un programa de política pública. Fue una opinión contundente, no un dictamen experto sobre el fenómeno migratorio.
La novela que motivó la visita: el regreso de Alatriste
Misión en París devolvió a las librerías al capitán Alatriste después de 14 años sin una nueva aventura. La entrega, publicada el miércoles 3 de septiembre de 2025, es la octava novela de la saga y llega después de El puente de los Asesinos. La coincidencia entre publicación y entrevista hizo que el escritor pudiera presentar el libro justo el día de su llegada a las librerías. El regreso del personaje era la noticia literaria concreta detrás de la visita.
En la novela, Alatriste y algunos de sus compañeros viajan a Francia para cumplir una misión que el autor describió como peligrosa, casi suicida. La historia cruza al personaje con figuras vinculadas a la tradición literaria francesa, entre ellas D’Artagnan. Pérez-Reverte explicó que la saga de los mosqueteros lo fascinó desde niño y que esa lectura temprana dejó una huella duradera en su imaginación. También relacionó con Milady una imagen de mujeres marcadas por la dureza, el valor y la soledad. La nueva aventura enlaza el mundo de Alatriste con las lecturas que alimentaron al propio autor.
El escritor describió el reencuentro con su protagonista como volver a jugar con un viejo amigo de la infancia. La imagen ayuda a entender por qué retomó una serie que llevaba más de una década detenida: no se trataba solo de continuar una trama, sino de volver a una voz y a un personaje que forman parte de su trayectoria. Alatriste le permite recorrer una España literaria con virtudes y sombras, sin reducirla a una postal heroica ni a una condena uniforme. El personaje funciona como una puerta a una época y también como una forma de mirar el presente.
Un personaje leído desde extremos opuestos
La conversación pasó de la novela a la polémica que acompaña a Alatriste desde su aparición. Motos recordó que algunas lecturas políticas han situado al personaje en la llamada fachosfera. Pérez-Reverte replicó que la saga ha recibido ataques desde extremos ideológicos distintos: unos la han asociado a una visión oscura de la historia española y otros han recelado de sus símbolos imperiales y de la evocación de los tercios. Para el autor, que el personaje incomode a ambos lados responde a la complejidad que debe conservar la ficción. Alatriste no queda fácilmente bajo una sola etiqueta política.
La explicación del escritor no significa que las novelas estén fuera de cualquier interpretación ideológica. Sus escenarios, la historia que recuperan y los símbolos que emplean inevitablemente admiten lecturas distintas. Lo que defendió fue que una narración no tiene por qué convertirse en una consigna ni ofrecer una imagen limpia del pasado. Una novela puede mostrar la violencia, la religión, la lealtad y el poder sin entregar al lector una moraleja cerrada. La ambigüedad literaria permite que convivan admiración, crítica y desacuerdo.
Ese cruce entre memoria y discusión pública explica que la saga mantenga su capacidad de provocar debate. El autor no presentó a Alatriste como un modelo sin fisuras, sino como un personaje ligado a una España que le gusta y le disgusta a la vez. El interés no está en decidir si el capitán representa una identidad política concreta, sino en observar qué partes de la historia ilumina y cuáles deja en penumbra. La ficción histórica gana espesor cuando no convierte el pasado en propaganda de una sola pieza.
Educación, redes y la pérdida de filtros
Otro tramo de la entrevista giró en torno a la cultura y la influencia pública. Pérez-Reverte sostuvo que las personas con poder pueden resultar peligrosas cuando quienes reciben sus mensajes carecen de formación para filtrarlos. En ese contexto contrapuso la antigua figura del intelectual, al que atribuyó una función orientadora, con el alcance de los creadores de contenido en redes sociales. No defendió que toda voz digital sea dañina; su preocupación se centró en la circulación masiva de información sin suficiente contraste. Para él, la educación es una defensa frente a la manipulación y la simplificación.
La idea enlaza con una defensa de la lectura como herramienta para interpretar el mundo, no como un adorno cultural. Leer permite reconocer referencias, seguir argumentos y detectar cuándo una frase intenta sustituir el razonamiento. En televisión, donde una intervención larga puede convertirse en un fragmento de pocos segundos, esa formación también influye en cómo se reciben las declaraciones. El espectador no solo necesita escuchar lo que se dice, sino atender a quién pregunta, qué se ha omitido y qué contexto queda fuera. La alfabetización cultural ayuda a no confundir un clip con la conversación completa.
En ese punto apareció Pablo Iglesias, al que Pérez-Reverte vinculó con una frase parlamentaria que reclamaba más lectura de Benito Pérez Galdós y menos atención al propio escritor. El invitado dijo estar de acuerdo con la defensa de Galdós y añadió una crítica política a Iglesias. Después extendió su advertencia a quienes tienen poder e influencia, sin limitarla a un solo partido o corriente. Su blanco principal era la falta de criterio del receptor, aunque sus ejemplos fueran políticos.
La mirada de Pérez-Reverte sobre los líderes políticos
La entrevista también recogió valoraciones sobre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. De Sánchez, Pérez-Reverte destacó su capacidad para resistir y mantenerse en el poder, y lo retrató como un político que había aprendido a prolongar su posición. Sobre Feijóo, cuestionó que tuviera el carisma necesario para enfrentarse a un adversario como el presidente del Gobierno. Son juicios personales expresados en un programa de entretenimiento, no análisis electorales ni predicciones verificadas. El contraste que trazó fue entre la tenacidad de Sánchez y la falta de empuje que atribuyó a Feijóo.
El autor matizó su opinión sobre el líder del PP al reconocer que había sido amable con él y que había leído sus libros; también mencionó que Feijóo había impulsado una moneda dedicada a Alatriste. Ese reconocimiento personal no anuló su crítica a la capacidad de liderazgo que le atribuía. La mezcla de cortesía y desacuerdo mostró una de las dinámicas habituales de la conversación: Pérez-Reverte distinguía entre el trato recibido y la evaluación política de una figura pública. La simpatía personal no se convirtió en un respaldo político automático.
En su comentario sobre España, el escritor sostuvo que la sociedad responde mejor ante la desgracia que durante los periodos de bonanza, cuando, a su juicio, las instituciones fallan y la gente se organiza por su cuenta. La afirmación se presentó como una observación sobre el carácter colectivo, no como una medición. Su vínculo con Alatriste resulta evidente: el capitán representa una ética de resistencia y lealtad en un mundo donde el poder no siempre protege a quienes dependen de él. La novela y la lectura política de España compartieron una misma preocupación por la conducta en tiempos difíciles.
Una entrevista hecha para la televisión y recortada para las redes
El intercambio funcionó porque Motos podía cambiar de tema con rapidez y Pérez-Reverte respondía con un registro reconocible, entre la erudición, la ironía y el lenguaje coloquial. La frase sobre el libro permitió señalar el giro sin romper la conversación; la referencia al jardín convirtió la incomodidad en una escena compartida con el público. En vez de prolongar un enfrentamiento, ambos conservaron el ritmo del programa y pasaron de la polémica a otros asuntos. La fricción fue parte del formato, no una pelea que dominara toda la visita.
Pero el modo en que circulan los fragmentos televisivos altera la proporción de una entrevista. Una frase breve se recuerda con facilidad, mientras que una explicación llena de matices exige más tiempo y atención. El propio Pérez-Reverte advirtió durante el programa que sus palabras podían ser troceadas para que parecieran decir algo distinto. Esa cautela no demuestra que cada fragmento difundido distorsione lo dicho, pero sí apunta a un problema real de contexto: el corte puede conservar las palabras y cambiar la impresión que producen. La viralidad premia lo contundente antes que lo completo.
Por eso, la frase más difundida no basta para describir lo ocurrido. El escritor marcó un límite, aceptó contestar y expuso posiciones sobre inmigración, educación, cultura y dirigentes políticos. A la vez, la novela no desapareció: fue el motivo de la visita y ocupó un espacio importante en la conversación. Reducir la noche a un supuesto zasca borra tanto el contenido literario como el hecho de que el invitado participó en el debate después de advertir que prefería quedarse en el libro. La escena se entiende mejor si se escucha como una entrevista completa y no como un único corte.
El libro quedó en el centro, aunque el ruido se llevara el titular
La respuesta directa es que Pérez-Reverte recordó a Motos, en tono irónico, que había ido a presentar su novela y después le dijo que la pregunta lo había metido en un terreno delicado. No se quedó ahí: habló de inmigración desde una perspectiva humanitaria y crítica, opinó sobre varios políticos y defendió la importancia de la educación para filtrar mensajes. El gesto combinó un límite inicial con la voluntad de entrar en la conversación.
La visita reunió dos formas de contar el presente. Por un lado, la novela histórica, que desplaza los conflictos a otra época para observarlos con distancia; por otro, la televisión, que busca una respuesta inmediata y fácilmente reconocible. Entre ambas quedó una conversación con tensiones reales, pero también con humor y cambios de ritmo. Misión en París aportó el motivo y el universo de Alatriste; la actualidad proporcionó las frases que acabaron viajando más deprisa. El ruido del debate no borró del todo la razón literaria de la noche.
Ese equilibrio explica por qué la entrevista se recuerda tanto por una frase como por su contexto. Pérez-Reverte defendió la ficción como un territorio donde caben contradicciones y, fuera de ella, opinó sobre un país que considera expuesto a la simplificación política y mediática. Se puede discrepar de sus diagnósticos, pero separar lo que dijo de la forma en que se difundió permite leer mejor la escena. Al final, el episodio habló tanto de Alatriste como del modo en que hoy se consume una conversación pública.

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