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Ciencia

Trump promete abrir archivos OVNI tras su choque con Obama

La promesa presidencial se cruza con un proceso de revisión oficial que ya ha empezado a mostrar documentos y sus límites.

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ovni volando sobre un bosque

Donald Trump anunció el 19 de febrero de 2026 que pediría al Pentágono y a otras agencias federales identificar y divulgar documentos sobre fenómenos aéreos no identificados, objetos voladores no identificados y vida extraterrestre. La orden, difundida después de que acusara a Barack Obama de revelar información clasificada, no identifica expedientes concretos ni fija un calendario. Por ahora es una instrucción para localizar y revisar archivos, no la confirmación de que exista una prueba de visitas extraterrestres.

El alcance declarado es amplio: incluye materiales sobre FANI, conocidos también por las siglas inglesas UAP, sobre OVNI y sobre posibles formas de vida ajenas a la Tierra. La promesa tampoco garantiza que todo vaya a publicarse sin tachaduras. La información disponible sobre el proceso posterior apunta a una revisión por etapas y a la difusión gradual de documentos, entre ellos materiales históricos en varios formatos. Lo que puede salir depende tanto de lo que las agencias conserven como de lo que puedan divulgar sin exponer información sensible.

Una orden amplia, pero sin un inventario público

Trump comunicó que encargaría al secretario de Defensa y a otras agencias pertinentes iniciar la identificación y divulgación de registros gubernamentales relacionados con estos asuntos. En su mensaje presentó la medida como una respuesta al gran interés público y abarcó desde los informes sobre fenómenos observados hasta la información vinculada con vida extraterrestre. La amplitud de la formulación deja abierta la clase de documentos que podrían entrar en la revisión. No se publicó junto con el anuncio una relación de expedientes seleccionados, un volumen estimado ni una fecha límite.

La diferencia entre identificar y divulgar es importante. Antes de hacer público un documento, las instituciones deben localizarlo en archivos que pueden estar repartidos entre oficinas, departamentos y colecciones históricas. Después tienen que examinar qué contiene y decidir si se puede mostrar completo o si deben ocultar ciertos datos. En el caso de registros militares, la información sobre equipos, sensores, ubicaciones o procedimientos puede ser tan delicada como la descripción del objeto observado. El primer resultado de una orden así puede ser un inventario y no una revelación espectacular.

Trump señaló al responsable del Pentágono, Pete Hegseth, y amplió el encargo a otras agencias. Eso deja abierta la puerta a materiales que no procedan solo de Defensa, como documentos conservados por organismos de inteligencia o archivos federales. Sin embargo, el anuncio no determina qué institución publicará cada pieza ni bajo qué calendario. Tampoco permite saber si se tratará de documentos nuevos, de versiones menos censuradas de materiales conocidos o de registros históricos que nunca se habían difundido. La promesa define un campo de búsqueda, no el contenido final de una colección.

El comentario de Obama que convirtió el anuncio en una disputa

El desencadenante político fue una respuesta de Obama en una entrevista difundida en formato de pódcast. Al preguntarle por la existencia de extraterrestres, el expresidente respondió de forma contundente y con tono distendido, pero después aclaró que durante su presidencia no vio pruebas de contacto. Su explicación distinguió entre la posibilidad de que haya vida en un universo vasto y la afirmación de que seres de otros mundos hayan visitado la Tierra. La probabilidad de que exista vida fuera de nuestro planeta no equivale a una prueba de visitas ni a un informe gubernamental que las confirme.

Trump reaccionó desde el Air Force One y acusó a Obama de haber divulgado información clasificada. No señaló públicamente un documento, un dato concreto ni una revelación verificable que sostuviera esa acusación. También sugirió que la desclasificación podía aliviar el problema, una salida que enlazó el reproche político con su promesa de abrir archivos. Obama, por su parte, matizó sus palabras en redes sociales y reiteró que no había visto evidencias de contacto durante su mandato. La acusación de filtración y la explicación de Obama son declaraciones enfrentadas, no pruebas documentales sobre vida extraterrestre.

La discusión se apoyó en una frase viral y no en la presentación de un expediente. Esa diferencia importa porque el debate público tiende a mezclar conceptos distintos: la existencia posible de vida en otros lugares, los avistamientos que no se han podido identificar y la hipótesis de que el Gobierno oculte pruebas de contacto. Son cuestiones relacionadas en la conversación política, pero no son equivalentes. Un objeto que no se identifica con los datos disponibles sigue siendo un fenómeno sin explicación suficiente, no una confirmación automática de origen extraterrestre.

Qué clase de documentos podría abarcar la revisión

El anuncio nombra tres áreas que pueden solaparse, pero que no significan lo mismo. Los informes FANI reúnen observaciones de fenómenos que no se han identificado inicialmente; la categoría puede incluir objetos, señales o sucesos detectados por personas y sensores. Los documentos sobre OVNI describen objetos voladores que no se reconocen en el momento de la observación. Y la referencia a vida extraterrestre amplía el campo a materiales relacionados con esa posibilidad, sin que el Gobierno haya presentado por ello pruebas de que exista. La etiqueta no resuelve la naturaleza de lo observado: solo indica que falta una identificación concluyente.

Si la revisión alcanza los registros pertinentes, podrían aparecer informes de pilotos, comunicaciones entre unidades, imágenes, vídeos, datos de radar y evaluaciones internas. También puede haber memorandos sobre cómo se recibió o investigó un aviso, o documentos históricos que reflejen el interés de una agencia en un caso. La existencia de un informe demuestra que alguien registró o examinó un episodio; no demuestra por sí sola que la explicación más extraordinaria sea correcta. El contexto, la calidad de los datos y la forma en que se obtuvo cada registro son esenciales para interpretarlo.

Otra parte potencialmente reveladora no sería la imagen de un objeto, sino la manera en que las instituciones procesan los avistamientos. Los expedientes podrían permitir observar qué criterios se aplicaron para descartar una explicación, qué limitaciones reconocieron los analistas y cuándo un caso quedó sin resolver por falta de información. Ese material puede ayudar a distinguir entre una anomalía real en los datos y una observación incompleta. Una carpeta administrativa puede explicar mejor el funcionamiento de la investigación que una fotografía aislada y ambigua.

El ejemplo de Área 51 ayuda a entender por qué el secretismo alimenta interpretaciones que van más allá de los documentos. La instalación de Nevada quedó asociada a relatos sobre extraterrestres, pero documentos desclasificados por la CIA en 2013 detallaron su relación con programas de pruebas de aeronaves, incluido el avión espía U-2, impulsado durante la presidencia de Dwight D. Eisenhower. Los vuelos secretos podían resultar desconcertantes para quienes los observaban desde tierra. En ocasiones, el misterio se explica por tecnología humana que todavía no se conoce públicamente.

Por qué no todos los archivos pueden publicarse completos

La desclasificación no suele consistir en subir una carpeta entera a internet en cuanto llega una orden presidencial. Las agencias deben localizar los materiales, revisar su clasificación y valorar si su divulgación revela información que comprometa la seguridad nacional. En un informe sobre un avistamiento, por ejemplo, el contenido sensible puede estar en los detalles del radar o de otro sensor, no en la descripción general del fenómeno. Proteger el método de observación puede exigir ocultar datos aunque se publique el relato del incidente.

Por esa razón, algunos documentos podrían difundirse con tachaduras o sin anexos técnicos. Un bloque negro no permite deducir que se esté ocultando una prueba de vida extraterrestre: puede cubrir nombres, capacidades de detección, ubicaciones o procedimientos. A la vez, las censuras reducen la posibilidad de que investigadores externos reconstruyan el episodio y comprueben la interpretación oficial. Esa tensión entre transparencia y protección de información sensible no desaparece con una promesa presidencial. Una publicación parcial informa, pero no siempre permite verificar todos los detalles.

El lenguaje del anuncio tampoco fija cuánto tardará el trabajo. Trump no acompañó su mensaje con una fecha límite pública ni con un compromiso sobre el número de documentos que se divulgarían. La revisión puede terminar en una publicación escalonada, con tandas de materiales y criterios distintos según cada institución. Por eso conviene separar la orden política de sus resultados comprobables: el anuncio pone en marcha una tarea, pero solo los documentos efectivamente difundidos permiten medir su alcance. Sin un plazo ni un inventario, no hay base para anticipar una fecha de revelación total.

Qué habían concluido las investigaciones oficiales

La promesa llegó después de varios años de mayor atención institucional a los fenómenos anómalos. En julio de 2022, el Pentágono creó la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios, conocida como AARO, para reunir y analizar informes sobre fenómenos no identificados. Su trabajo refleja un enfoque centrado en recoger datos, estudiar los casos y valorar posibles riesgos, especialmente cuando los avistamientos se producen cerca de operaciones militares. Investigar un fenómeno desconocido no implica partir de la hipótesis extraterrestre.

Un informe público presentado al Congreso en junio de 2024 contabilizó 485 informes en el periodo analizado y señaló que 118 casos habían recibido explicaciones prosaicas, como globos, aves o sistemas aéreos no tripulados. Otros quedaron sin resolución concluyente, en buena medida por limitaciones o falta de datos suficientes. El informe indicó que AARO no había encontrado pruebas de seres, actividad o tecnología extraterrestres. Que un caso permanezca abierto describe un límite de conocimiento, no una respuesta afirmativa sobre su origen.

La incertidumbre puede tener causas corrientes: una observación breve, una imagen de baja calidad, datos incompletos o un sensor cuya lectura no permite reconstruir con precisión el suceso. También pueden influir drones, globos, basura espacial, aves, fenómenos naturales o errores de identificación. En 2023, el entonces director de AARO, el físico Sean Kirkpatrick, afirmó que no disponía de pruebas de programas dedicados a la ingeniería inversa de tecnología extraterrestre. Hasta la información oficial citada, no se ha confirmado públicamente un programa gubernamental de ese tipo.

El Congreso también celebró en mayo de 2022 sus primeras audiencias sobre el tema en medio siglo. Algunas imágenes discutidas entonces parecían mostrar triángulos verdes sobre un buque de la Marina; los funcionarios explicaron que podían estar relacionados con sistemas de visión nocturna y posibles drones. La controversia mostró el valor y los límites de enseñar imágenes sin todos los datos técnicos que las acompañan. Una grabación llamativa puede justificar preguntas, pero necesita contexto para sostener una conclusión.

La promesa ya se mide por publicaciones concretas

Después del anuncio de febrero, el Gobierno estadounidense comenzó a difundir materiales en etapas. Según la información publicada sobre el proceso, la primera entrega de esta colección apareció el 8 de mayo de 2026 e incluyó cerca de 160 registros relacionados con FANI. Las publicaciones posteriores reunieron documentos procedentes de distintas instituciones, entre ellas el Pentágono, la NASA y el FBI. El proceso pasó así de la promesa general a una apertura documental gradual, aunque eso no equivale a una divulgación completa.

El 18 de agosto de 2026, el Departamento de Guerra difundió un sexto paquete dentro del Sistema Presidencial de Desclasificación e Informes sobre Encuentros con FANI, conocido como PURSUE. La entrega reunió documentos PDF y materiales de imagen, audio y vídeo. Entre las instituciones vinculadas a los registros divulgados figuran también la CIA, la Oficina Ejecutiva del Presidente y el Gobierno federal. El departamento indicó que trabajaba en una nueva actualización, sin precisar una fecha para su publicación. La existencia de varios paquetes confirma una publicación por tandas, no que cada expediente relacionado vaya a hacerse público.

Estas entregas permiten contestar parte de la pregunta sobre qué puede salir: hay materiales históricos y registros en distintos formatos, procedentes de varias entidades. Pero la información disponible no permite afirmar que el conjunto incluya una prueba de contacto ni que cada archivo nuevo cambie las conclusiones oficiales. Para valorar cada publicación habrá que atender a su fecha, su procedencia, el episodio descrito y las partes que se hayan mantenido reservadas. El número de lotes publicados importa menos que el contenido verificable de cada documento.

El interés público no sustituye a la evidencia

La reacción de Jaime Maussan, que celebró el anuncio en televisión y presentó la apertura como una confirmación de que no estamos solos, expresa una interpretación personal del gesto presidencial. También defendió que la medida podría animar a científicos y pilotos a hablar con más libertad. Pero la orden de revisar archivos, por sí misma, no confirma la existencia de visitantes extraterrestres ni constituye un aval oficial de esas afirmaciones. Una reacción entusiasta ante una promesa política no debe confundirse con el resultado de una investigación científica.

La conversación pública puede dar un peso excesivo a los documentos que parecen sugerentes y pasar por alto los que explican cómo se descartaron hipótesis. También puede interpretar cualquier tachadura como señal de un secreto extraordinario. La lectura más sólida exige separar lo observado, lo medido, lo que concluyó la agencia y lo que sigue sin explicación. Si una nueva publicación aporta datos que contradicen evaluaciones anteriores, tendrá que examinarse con el mismo cuidado que cualquier otra evidencia. La transparencia cobra valor cuando facilita comprobar afirmaciones, no cuando solo aumenta la expectativa.

Desde 2017, la difusión de vídeos de la Marina y la discusión en el Congreso han contribuido a sacar el tema del terreno exclusivamente marginal. Aun así, las conclusiones oficiales disponibles han mantenido una distinción central: hay sucesos que merecen investigación y casos que no se han podido resolver, pero no se ha presentado evidencia concluyente de tecnología o seres extraterrestres. La orden de Trump puede ampliar el registro público y mejorar el contexto de algunos episodios. Su importancia dependerá de la calidad y el detalle de lo que efectivamente se publique.

El alcance real se verá en la letra pequeña

El choque con Obama dio impulso político a una cuestión que ya tenía recorrido institucional, pero no resolvió ninguna de las incógnitas sobre los avistamientos. Lo más plausible, a la vista de las publicaciones realizadas hasta agosto de 2026, es que el material siga apareciendo en paquetes y que algunos registros se difundan con restricciones. Puede haber documentos históricos, imágenes, informes y evaluaciones; no hay base en lo anunciado para asegurar que vaya a aparecer una prueba definitiva de vida extraterrestre. La diferencia entre prometer apertura y demostrar una afirmación está en los documentos y en la evidencia que contienen.

El resultado más útil quizá no sea una revelación cinematográfica, sino un retrato más claro de cómo el Estado recibe, analiza y clasifica fenómenos difíciles de identificar. Saber qué datos faltan, qué explicaciones se descartaron y qué información sigue protegida permitiría entender mejor tanto los límites de las investigaciones como las razones del secretismo. En un debate dominado por titulares y sospechas, la medida decisiva será si los archivos añaden contexto comprobable. El misterio no se disipa con una orden: se acota, o se alimenta, según lo que la letra pequeña permita verificar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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