Actualidad
El avance ruso en Ucrania y la disputa por el Donbás
La disputa por el Donbás combina avances militares, presión negociadora y el coste de sostener la defensa ucraniana.

La conquista rusa de Lugansk no puso fin a la ofensiva en el este de Ucrania. Tras meses de combates y un elevado desgaste militar, Vladímir Putin dejó claro que otras unidades rusas seguirían actuando según los planes aprobados. El mensaje apuntaba a que Moscú no daba por terminado su avance con el control de esa región: el Donbás y otros territorios ucranianos seguían en disputa, mientras Kiev trataba de reorganizar sus fuerzas y evitar que la retirada se convirtiera en un cerco.
En una etapa posterior de la guerra, la presión territorial también apareció en el terreno diplomático. Volodímir Zelenski afirmó que Rusia quería que Ucrania abandonara la parte de Donetsk que todavía controlaba, cerca del 30% de la región según su declaración, como condición vinculada a un alto el fuego. El planteamiento muestra que la ambición territorial no se limita a ocupar terreno en el campo de batalla: también puede convertirse en una exigencia dentro de las negociaciones, aunque Kiev rechazó cederlo.
La conquista de Lugansk no cerró la campaña del este
La caída de la resistencia ucraniana en Lugansk supuso para Rusia un objetivo estratégico importante. La región forma parte del Donbás, un territorio del este asociado a la industria y a una prolongada disputa política y militar. Después de meses de combates, Moscú podía presentar el resultado como una victoria, pero el coste para sus fuerzas y la continuidad de las operaciones en el frente indicaban que aquella conquista no resolvía el conflicto. Controlar una región no equivalía a haber alcanzado todos los objetivos militares.
Putin dijo entonces que las unidades implicadas en la campaña de Lugansk debían descansar y mejorar su capacidad de combate. Al mismo tiempo, señaló que otros grupos militares, incluidos los identificados como Este y Oeste, continuarían sus tareas conforme a los planes establecidos. La combinación de ambos mensajes sugería una pausa para algunas fuerzas, no una renuncia al avance. En una guerra de desgaste, relevar o recuperar tropas puede preparar una nueva fase de operaciones en vez de anunciar el final de una ofensiva.
La declaración dejó abierta la posibilidad de que Rusia ampliara sus operaciones a otras partes del país, entre ellas Zaporiyia u Odesa, donde se habían registrado ataques contra objetivos civiles. Sin embargo, el foco más probable seguía siendo el este. Kramatorsk y Sloviansk, dos localidades relevantes de la región de Donetsk, también habían sufrido ataques. Esa diferencia importa: una amenaza sobre varios territorios no significa que todos tengan el mismo peso operativo, y los movimientos de las tropas sobre el terreno ayudan a distinguir entre una aspiración amplia y el objetivo militar inmediato.
Donetsk, el siguiente objetivo y también una baza negociadora
El Donbás comprende las regiones de Donetsk y Lugansk. La importancia que tiene para Moscú se reflejó primero en la campaña para controlar Lugansk y, más adelante, en la exigencia que Zelenski atribuyó a Putin sobre el territorio que Ucrania aún conservaba en Donetsk. Según el presidente ucraniano, se trataba de alrededor del 30% de la región, unos 9.000 kilómetros cuadrados. De concretarse esa retirada, Rusia se acercaría al control de casi todo el Donbás, el núcleo industrial del este ucraniano que lleva tiempo en el centro de la disputa.
En la información sobre las conversaciones previas a una cumbre anunciada en Alaska, Zelenski explicó que la postura rusa le había sido transmitida por funcionarios estadounidenses. El enviado especial Steve Witkoff, según el relato del presidente ucraniano, le comunicó que Moscú estaba dispuesta a poner fin a la guerra y que ambas partes tendrían que hacer concesiones territoriales. Zelenski interpretó que la petición de abandonar el Donbás procedía de Putin, no de Estados Unidos. La distinción era relevante porque una propuesta comunicada por intermediarios no equivale a un acuerdo aceptado por las partes.
La exigencia territorial también planteaba una diferencia entre un alto el fuego y una solución definitiva. Detener los combates no resuelve por sí mismo quién administra una zona, bajo qué condiciones se reconoce su soberanía ni qué garantías impedirían que las operaciones se reanudasen. En la posición expresada por Kiev, retirarse de territorios que todavía controlaba sería inconstitucional y podría facilitar una futura invasión. Para Moscú, el control de más terreno podía aumentar su influencia en cualquier negociación. El mapa militar y el texto de un eventual acuerdo son dos planos distintos, aunque cada avance pueda alterar el poder de negociación.
La retirada ucraniana buscaba salvar tropas
La defensa de Lugansk planteó a Ucrania una elección difícil: seguir resistiendo para retrasar el avance ruso o retirar sus efectivos antes de que quedaran cercados. La experiencia de Mariúpol pesaba sobre esa decisión. La prolongada defensa de la ciudad portuaria del sur frenó a las fuerzas rusas durante semanas, pero terminó con la muerte o captura de miles de soldados ucranianos. Evitar que se repitiera un desenlace semejante se convirtió en una prioridad: preservar a los combatientes podía ser más importante que conservar una posición insostenible.
El presidente ucraniano defendió entonces que era posible reconstruir muros y recuperar territorio, pero que había que salvar a las personas. Serhiy Haidai, gobernador de Lugansk, explicó que las fuerzas ucranianas habían mantenido la defensa de la región durante cinco meses y se habían retirado a posiciones mejor fortificadas. Según su explicación, mientras las tropas resistían allí, Ucrania construía nuevas defensas en Donetsk. La retirada, desde esa perspectiva, no era simplemente abandonar una zona: también buscaba trasladar la resistencia a líneas preparadas con antelación.
La diferencia entre una retirada ordenada y un colapso puede ser decisiva en una campaña. Si una fuerza conserva personal y puede reorganizarse, sigue en condiciones de defender otras posiciones o intentar contraataques; si queda atrapada, puede perder en poco tiempo efectivos difíciles de reemplazar. Esa lógica ayuda a entender por qué Kiev aceptó perder el control de Lugansk antes que arriesgar otro cerco de grandes dimensiones. No convierte el repliegue en una victoria, pero sí explica el cálculo militar que lo acompañaba: ceder terreno podía servir para evitar una pérdida aún mayor de capacidad de combate.
Las armas occidentales y el coste de sostener el frente
La capacidad de Ucrania para reorganizarse dependía también de los suministros militares occidentales. La ayuda prometida en la cumbre de la OTAN era importante porque el tiempo podía permitir que llegaran sistemas de cohetes y artillería más avanzados. Haidai relacionó la retirada de las tropas con la necesidad de conservarlas hasta disponer de armas suficientes para sostener operaciones y lanzar contraataques. La ayuda exterior no era un elemento separado del frente: influía en cuánto tiempo podía resistir Ucrania y en qué opciones tendría después.
Entre los sistemas mencionados estaban los lanzacohetes HIMARS proporcionados por Estados Unidos, que ya habían entrado en acción en el periodo descrito. Se consideraba que podían alterar el equilibrio del conflicto, aunque su efecto dependía de su disponibilidad y de los recursos con que contara cada ejército. La llegada de material no cambia automáticamente el control territorial ni garantiza una victoria. Sí puede modificar la capacidad de atacar objetivos, sostener posiciones o dificultar el avance adversario. En ese sentido, el tiempo ganado en el campo de batalla podía convertirse en tiempo para recibir y emplear nuevos medios.
Rusia afrontaba, a su vez, dificultades para reemplazar equipos y municiones gastados, en un contexto marcado por las sanciones. Ese desgaste no implicaba que sus fuerzas dejaran de operar, pero sí añadía un coste a una guerra prolongada. La comparación entre ambos bandos no se reducía al número de armas disponibles: también importaban la reposición, la calidad del material y la capacidad de mantenerlo en funcionamiento. Por eso, el apoyo occidental y las restricciones que afectaban a Moscú formaban parte del balance militar, aunque ninguno de esos factores determinara por sí solo el resultado de la guerra.
Pokrovsk y la presión sobre las líneas de suministro
En la fase previa a la cumbre anunciada en Alaska, las fuerzas rusas se acercaban a Pokrovsk, una localidad importante de Donetsk. Los analistas que seguían los combates con información de fuentes abiertas consideraban que las horas siguientes podían ser críticas, aunque ese tipo de valoración no confirmaba por sí mismo que la ciudad fuese a caer. Su importancia estaba relacionada con la posición en el frente y con las rutas de abastecimiento ucranianas hacia la región. Una conquista allí podía tener valor militar y también servir como argumento de presión antes de negociar.
La posibilidad de que Rusia utilizara un avance alrededor de Pokrovsk como palanca diplomática conectaba el campo de batalla con las conversaciones sobre el futuro del Donbás. Si las fuerzas rusas lograban comprometer las líneas de distribución ucranianas, la defensa de otras posiciones podía hacerse más difícil. El mando ucraniano, por su parte, afirmaba que sus tropas rechazaban intentos de infiltración en posiciones defensivas y reconocía que la situación era complicada y cambiante. En una zona de combate activa, la evolución de las reservas disponibles podía pesar tanto como la distancia entre las unidades.
El control de una ciudad no se mide únicamente por quién entra en ella. También cuentan la posibilidad de abastecer a las tropas, mantener las posiciones y proteger las rutas de movimiento. Por eso una localidad puede adquirir importancia estratégica incluso antes de que haya un desenlace definitivo. En el caso de Pokrovsk, la amenaza a las comunicaciones ucranianas podía afectar a la defensa de una región más extensa que el propio núcleo urbano. La presión era, por tanto, doble: cada avance podía reducir las opciones militares de Kiev y aumentar la capacidad de Moscú para exigir concesiones.
El territorio no explica por sí solo la ambición rusa
La disputa por el mapa no agota el sentido de la guerra. El analista Nigel Gould-Davies sostuvo que el objetivo de Putin no debía entenderse únicamente como una expansión territorial, sino también como un intento de subordinar a Ucrania. Según esa interpretación, lograr influencia sobre las decisiones de Kiev tendría consecuencias que irían más allá de las zonas ocupadas. Es una lectura estratégica, no una descripción de un acuerdo cerrado, y convive con la evidencia más visible de la guerra: Rusia ha buscado controlar territorio y ha tratado de condicionar el futuro político de Ucrania.
La diferencia entre ambas dimensiones ayuda a explicar por qué una cesión de tierras no necesariamente pondría fin a las tensiones. Si el objetivo fuese solo fijar una frontera, un acuerdo territorial podría parecer suficiente; si la meta también incluyera limitar la capacidad de Ucrania para decidir su rumbo, el desacuerdo abarcaría cuestiones de soberanía y seguridad. Los aliados europeos temían que una negociación sin participación ucraniana estableciera condiciones favorables a Moscú. De ahí que sus dirigentes insistieran en que la paz no podía decidirse sin Kiev y que las fronteras internacionales no debían cambiarse por la fuerza.
El temor expresado en Europa iba más allá de la suerte de una región concreta. Gould-Davies advirtió de que aceptar la soberanía rusa sobre partes de Ucrania, incluso más allá de las zonas ocupadas, podía abrir una división seria entre Estados Unidos y sus aliados europeos. También señaló que un alivio de las sanciones tendría consecuencias para la presión económica sobre Rusia. Estas valoraciones reflejan preocupaciones sobre el orden internacional, no certezas sobre lo que ocurriría después. La forma de terminar la guerra puede sentar precedentes que otros países observen, y por eso el debate europeo se centraba tanto en el procedimiento como en las fronteras.
Reconstruir un país mientras continúa la guerra
La recuperación de Ucrania aparecía ya como una tarea de enorme escala mientras seguían los combates. En la cumbre de Lugano, en Suiza, Zelenski anticipó que habría que liberar más de 2.000 pueblos y ciudades del este y del sur. Su declaración vinculaba la reconstrucción con la recuperación del territorio, pero también dejaba ver la magnitud de lo que estaba en juego: no se trataba solo de reparar edificios, sino de restablecer condiciones de vida en lugares afectados por la guerra. La posguerra no podía empezar de verdad mientras siguieran sin resolverse la seguridad y el control de esas localidades.
Ese esfuerzo de recuperación dependía de un desenlace político y militar que todavía no estaba asegurado. Reconstruir infraestructuras en zonas expuestas a nuevos ataques sería distinto de hacerlo en territorios donde la seguridad estuviera consolidada. Además, la pérdida o recuperación de ciudades influía en el regreso de la población, la actividad económica y la posibilidad de reabrir servicios. La promesa de reconstruir expresaba una voluntad política, pero no eliminaba la incertidumbre sobre cuándo ni bajo qué condiciones podría materializarse. El coste de la guerra, por eso, no se limita a los frentes: también se mide en el trabajo necesario para que pueblos y ciudades vuelvan a funcionar.
Desde la conquista de Lugansk hasta la exigencia posterior sobre la parte ucraniana de Donetsk, el hilo común es que el territorio ha sido a la vez objetivo militar, instrumento de negociación y condición para cualquier plan de recuperación. Ucrania ha tratado de evitar que una retirada destruya sus fuerzas; Rusia ha buscado ampliar su control y mejorar su posición; los aliados han debatido cuánto apoyo ofrecer y qué límites debe respetar un acuerdo. Ninguno de esos elementos permite anticipar por sí solo el desenlace. Sí muestra por qué la disputa no se resuelve únicamente con una línea dibujada en el mapa: también está en juego quién decide el futuro de Ucrania.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









