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¿Puede la IA comerse Wikipedia justo al cumplir 25 años?

Wikipedia sopla 25 velas el 15 de enero de 2026 y lo hace con esa mezcla tan suya de grandeza cotidiana y fragilidad técnica: por un lado, más de 66 millones de artículos repartidos en 358 ediciones lingüísticas (342 activas), millones de personas consultando, corrigiendo y discutiendo a diario; por otro.

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Puede la IA comerse Wikipedia

Wikipedia cumple 25 años y se juega su futuro ante la IA y los chatbots: bots, licencias, liderazgo y la batalla por la confianza en la Red.

Wikipedia sopla 25 velas el 15 de enero de 2026 y lo hace con esa mezcla tan suya de grandeza cotidiana y fragilidad técnica: por un lado, más de 66 millones de artículos repartidos en 358 ediciones lingüísticas (342 activas), millones de personas consultando, corrigiendo y discutiendo a diario; por otro, un Internet que ha dejado de premiar el clic y se ha pasado a la respuesta instantánea, esa que te llega masticada por un asistente y te evita entrar en la página original. En ese nuevo paisaje, la enciclopedia libre se ha convertido en un recurso todavía más valioso para las máquinas… y, precisamente por eso, más vulnerable a la forma en que las máquinas la consumen, la replican y la agotan.

La noticia, en limpio, es esta: Wikipedia llega a su cuarto de siglo con “muy buena salud” en lo esencial —la producción y el mantenimiento del conocimiento—, pero con un desafío mayúsculo en lo estructural: cómo convivir con la inteligencia artificial sin que la IA la convierta en cantera gratuita, sin retorno, y sin que la presión por automatizar comprometa la confianza. La Wikimedia Foundation, que gestiona el proyecto desde 2003 y se financia principalmente con donaciones, ya ha puesto sobre la mesa una idea simple y bastante contundente: el acceso masivo y automatizado a su contenido debe hacerse de forma sostenible, con atribución y por vías preparadas para ello, como Wikimedia Enterprise, en vez de “raspar” el sitio a lo bruto. En paralelo, la organización ha estrenado una estrategia de IA que insiste en algo casi obvio, pero hoy hay que repetirlo: la Wikipedia funciona por humanos, y la IA debe estar al servicio de esos humanos, no por encima de ellos.

Un cuarto de siglo: de experimento rápido a columna vertebral de Internet

Wikipedia nació el 15 de enero de 2001 como un complemento de Nupedia, una enciclopedia en línea más lenta y con revisión formal. El salto fue cultural: pasar del filtro previo a la corrección posterior, confiar en que la comunidad —con reglas, discusiones, reversión de vandalismo y paciencia— acabaría limando errores. Los impulsores fueron Jimmy Wales, que aportó financiación inicial desde sus empresas, y Larry Sanger, filósofo y primer editor jefe de Nupedia, que ayudó a dar forma a normas editoriales tempranas. Aquella pareja, tan fundacional como incompatible, representa un debate que sigue vivo: abrir rápido aunque duela frente a controlar más aunque se tarde; popularidad frente a academicismo; volumen frente a precisión.

El proyecto creció como crecen las cosas que encajan con una necesidad real: primero como lugar para “mirar algo”, luego como punto de partida de cualquier investigación ligera, más tarde como referencia transversal para educación, medios, divulgación, cultura pop, política, ciencia, historia. Y ahora, en plena fiebre de modelos generativos, como una de las fuentes más usadas (y citadas de forma implícita) para entrenar, comprobar y orientar respuestas automáticas. Ese giro es clave: Wikipedia ya no solo compite por visitas; compite por ser la capa subterránea que alimenta a quien sí se queda con el usuario final.

Los datos ayudan a aterrizar el tamaño del fenómeno. A finales de 2025, el conjunto de Wikipedias superaba los 66 millones de artículos, y la edición en inglés rondaba los 7,12 millones, con un ritmo medio de cientos de artículos nuevos al día y un flujo constante de ediciones. En 2025, los editores voluntarios realizaron casi 79 millones de cambios en más de 300 ediciones lingüísticas. Es una cifra que no suena a “web”, suena a sistema nervioso.

España, además, no mira Wikipedia desde la barrera. La Wikipedia en español alcanzó los dos millones de artículos a comienzos de 2025 y, ya en enero de 2026, se mueve en el entorno de los 2,08 millones, con España como uno de los principales países contribuyentes. No es un detalle decorativo: significa masa crítica de contenidos, debates locales, biografías sensibles, temas históricos con roces y, también, una comunidad que se enfrenta a la misma pregunta que el resto del mundo: cómo proteger la calidad cuando lo fácil es generar texto a velocidad industrial.

La máquina que lee sin descanso: el problema del “raspado” masivo

Durante años, el enemigo visible de Wikipedia fue el vandalismo clásico: bromas, insultos, datos inventados, guerras de edición con mala fe. Hoy hay un adversario distinto, menos fotogénico, más frío: la extracción automatizada a gran escala. Bots y rastreadores que recorren millones de páginas para alimentar productos comerciales, entrenar modelos o construir servicios de respuesta instantánea. En el lenguaje de Internet, “scraping”; en una frase de calle, llevarse cajas del almacén cada noche sin romper la cerradura, porque la puerta está abierta.

Aquí conviene entender la mecánica para no quedarse en lo moral. Wikipedia es abierta, sí. Su contenido tiene licencias que permiten reutilización bajo condiciones. El problema no es “me llevo un artículo para citarlo”, sino el volumen, la frecuencia y el impacto directo en la infraestructura. Servir páginas cuesta: ancho de banda, servidores, capas de seguridad, mitigación de ataques, herramientas antiabuso. Cuando la mayoría de las peticiones provienen de humanos, el sistema aguanta porque ese consumo se distribuye, porque el tráfico es más orgánico y, además, porque existe una cadena de retorno simbólica y real: algunos donan, otros editan, otros corrigen. Cuando el consumo pasa a ser masivo y automatizado, el retorno se evapora y la presión se dispara.

La Wikimedia Foundation ha verbalizado esta tensión con claridad en los últimos meses: en la era de la IA, Wikipedia “nunca ha sido más valiosa”, pero su valor está siendo absorbido por sistemas que compiten por la atención del usuario final, reducen el tráfico hacia la enciclopedia y elevan los costes de operación. En términos prácticos, el proyecto se enfrenta a una escena incómoda: todo el mundo usa Wikipedia, pero cada vez menos gente llega a Wikipedia.

De ahí el mensaje dirigido a desarrolladores de IA: si se va a consumir el contenido a escala industrial, hay que hacerlo por vías preparadas para ello, como Wikimedia Enterprise, un producto optativo y de pago orientado a organizaciones que necesitan acceso fiable, estructurado y sostenible. No se plantea como un muro para el usuario corriente ni como una privatización del conocimiento, sino como un carril rápido para quien circula con camiones. El resto de la autopista, para coches y bicicletas.

Este giro se acompaña de otra idea igual de sensible: atribución. Si un asistente responde con información de Wikipedia —resumida, reescrita, reordenada— y el usuario no lo sabe, se rompe un principio básico de transparencia. No es solo una cuestión de orgullo wikipedista; es un asunto de trazabilidad: saber de dónde sale lo que se afirma y poder comprobarlo. Sin esa pista, la respuesta automática se vuelve una frase sin suelo.

Wikipedia y la IA: la alianza posible, el riesgo real

En abril de 2025, la fundación publicó una estrategia de IA con un enfoque deliberadamente conservador en lo importante: la IA no está para sustituir a los editores, sino para quitar obstáculos técnicos y liberar tiempo de tareas repetitivas. Traducido a tierra: herramientas que ayuden a detectar vandalismo, a sugerir mejoras de formato, a facilitar traducciones, a orientar a nuevos editores en normas complejas, a revisar pegados masivos de texto, a comprobar si una referencia está bien puesta. Cosas de taller, no de autoría.

Ese matiz parece pequeño hasta que se piensa en el activo central de Wikipedia, que no es el texto en sí, sino la confianza. Wikipedia se ha ganado su lugar por una combinación de reglas, discusiones públicas, historial de cambios, exigencia de referencias y una cultura que, aunque a veces sea áspera, tiende a corregir. Cuando introduces IA generativa como “autora”, ese sistema puede romperse por dentro, porque la IA tiene una virtud tramposa: produce texto plausible. El error ya no llega con faltas y gritos; llega bien redactado, con tono enciclopédico, con seguridad.

Y ahí aparece el segundo frente: la llamada “AI slop”, una oleada de artículos o borradores de baja calidad, a veces con datos falsos y citas inventadas, que obligan a la comunidad a invertir horas en limpiar. Wikipedia ha respondido reforzando prácticas de borrado rápido en casos evidentes y construyendo guías internas para detectar señales típicas de escritura automática: giros repetitivos, estructura demasiado uniforme, lenguaje promocional, afirmaciones sin anclaje, referencias que no existen o que no dicen lo que se les atribuye. La clave es que no se pretende “cazar” tecnología, sino proteger estándares: si no hay fuentes fiables y verificables, no hay artículo que aguante.

Un episodio ilustra bien el nervio del asunto: el experimento con resúmenes generados por IA en la parte superior de artículos, especialmente en móvil. La idea parecía cómoda: ofrecer un “primer bocado” del tema para quien va con prisa. La reacción de muchos editores fue inmediata y dura, por un motivo comprensible: si ese resumen se equivoca, aunque sea en un detalle, el daño no es local; es reputacional. La fundación acabó frenando la prueba. Ese freno dice más que cualquier eslogan: Wikipedia puede coquetear con automatización, pero sabe que su marca se sostiene en una palabra que Internet ha gastado mucho: fiabilidad.

Jimmy Wales, las licencias y la presión sobre las grandes tecnológicas

En diciembre de 2025, Jimmy Wales habló de un objetivo que venía asomando desde hace tiempo: buscar más acuerdos de licencia con grandes compañías tecnológicas, similares al firmado con Google en 2022. El trasfondo es doble. Por un lado, el crecimiento del consumo automatizado y la carga de infraestructura. Por otro, una sensación de injusticia que Wales formuló sin rodeos: el dinero de donantes y simpatizantes no está para subvencionar el desarrollo comercial de terceros que extraen contenido a escala.

Aquí se abre una zona gris interesante, porque Wikipedia no quiere renunciar a su espíritu abierto y, al mismo tiempo, necesita evitar el escenario en el que el “open” se convierte en “gratis para el que más corre”. La idea de presionar públicamente a las empresas —más que acudir a los tribunales— también refleja una realidad: el terreno legal es complejo, lento y con muchos matices, mientras que la reputación y la negociación pueden mover cosas antes. En esa conversación ha entrado incluso la posibilidad de medidas técnicas para gestionar rastreadores, como controles específicos para bots. No es censura: es administración de recursos.

En el fondo, Wikipedia se encuentra en una posición rara. Es lo bastante importante como para que medio planeta dependa de ella, pero lo bastante “no comercial” como para que el mercado no la proteja por sí solo. No es un gigante publicitario con margen para quemar dinero; es una infraestructura cultural sostenida por donaciones y por trabajo voluntario. En un mundo donde la IA necesita corpus gigantes, ese contraste se vuelve más visible, casi incómodo.

La Wikipedia sin anuncios: el modelo que explica su carácter

Hay un detalle que parece anecdótico y, sin embargo, define la personalidad del proyecto: Wikipedia no acepta publicidad. Ese hecho, hoy, es casi una excentricidad. La mayoría de webs que mueven cifras similares viven de anuncios, datos o suscripciones. Wikipedia vive de donaciones y de la idea de que el conocimiento debe ser accesible sin peaje.

Este modelo tiene efectos en cadena. Uno es evidente: independencia relativa frente a intereses comerciales directos. Otro es más sutil: la relación con la comunidad. Cuando un proyecto depende de voluntarios, la legitimidad no se impone; se negocia. Las decisiones tecnológicas, las pruebas con IA, los cambios de interfaz, todo se mira con lupa porque afecta a un ecosistema de gente que no cobra por estar ahí. Esa dinámica explica por qué algunas iniciativas se frenan si la comunidad las percibe como peligrosas para la confianza o como una puerta a degradar estándares.

También explica por qué la discusión sobre IA es tan delicada: si Wikipedia se convierte en un lugar donde se cuela texto automático sin supervisión, la comunidad puede perder motivación. Y, sin comunidad, Wikipedia no es un sitio web: es un archivo que se queda sin jardineros.

Un cambio de timón: Bernadette Meehan y el momento político del conocimiento

En este contexto, la Wikimedia Foundation ha anunciado a su nueva consejera delegada: Bernadette Meehan, que se incorpora oficialmente el 20 de enero de 2026. Su llegada coincide con un momento en el que la fundación necesita algo más que gestión interna: necesita capacidad de negociación, diplomacia, y visión institucional para tratar con gobiernos, plataformas y empresas de IA que operan a escala global.

El relevo se produce tras la etapa de Maryana Iskander, que se mantiene hasta el traspaso para asegurar continuidad. No es un simple cambio de nombre en una tarjeta. En el tablero actual, el CEO de Wikimedia se mueve entre dos presiones: proteger una misión sin ánimo de lucro y, al mismo tiempo, dialogar con actores que tienen presupuestos, lobbies y ambiciones enormes. En otras palabras, sostener una biblioteca pública en mitad de un mercado que paga por atención.

España y la Wikipedia en español: volumen, retos y una comunidad con cicatrices

La Wikipedia en español ha crecido hasta cifras que la colocan entre las grandes ediciones del proyecto, superando los dos millones de artículos desde principios de 2025 y avanzando hacia los 2,1 millones en enero de 2026. No es un dato neutro: significa que el debate sobre IA, calidad y sostenibilidad también se juega en castellano, con sus propias particularidades.

En el ámbito hispanohablante, el proyecto convive con retos conocidos: cobertura desigual por temas, batallas en entradas políticas o históricas, tensión entre neutralidad y narrativas, disputas por biografías de personas vivas. La llegada de contenido generado por IA añade una capa nueva de complejidad: la posibilidad de que aparezcan artículos “correctitos” en forma, pero sin sustancia verificable, o con referencias flojas que parecen sólidas por la mera puesta en escena.

Al mismo tiempo, el castellano tiene una ventaja práctica: el tamaño de la comunidad y la capacidad de organizarse. Las wikipedias grandes suelen desarrollar herramientas, hábitos y patrullas para vigilar cambios recientes, detectar vandalismo, corregir rápido. Esa musculatura importa ahora más que nunca, porque el problema ya no es el chiste fácil, sino el texto largo y convincente que se cuela sin que salte una alarma inmediata.

El gran dilema de 2026: sostener el conocimiento humano en un Internet de respuestas

Wikipedia cumple 25 años con una condición que es casi un oxímoron: es más indispensable que antes y, a la vez, menos visible en el consumo final. Los sistemas de IA y los motores de respuesta han multiplicado la dependencia de fuentes fiables, pero también han cambiado la ruta por la que viaja esa información. Antes, la cadena era directa: buscador, Wikipedia, lectura. Ahora puede ser: asistente, resumen, respuesta, y Wikipedia queda como el “subcontratista” silencioso.

Ese cambio exige decisiones concretas, nada abstractas. Por un lado, controlar la carga técnica del acceso automatizado para que el servicio no se degrade. Por otro, asegurar que la reutilización del contenido respete atribución y sostenibilidad. Y, dentro de la casa, usar IA con criterio: para mejorar la edición humana, no para inundar de texto la enciclopedia.

La tentación de automatizarlo todo existe, claro. Es barata, rápida, y encaja con el ritmo de la industria. Pero Wikipedia no es una fábrica de palabras; es una fábrica de verificaciones. La diferencia es sutil hasta que falla: una fábrica de palabras puede producir muchísimo; una fábrica de verificaciones produce menos, tarda más, pero aguanta. Esa es la promesa que la ha traído hasta aquí.

El aniversario que retrata una época

El 25 aniversario de Wikipedia no es solo una efeméride simpática para nostálgicos de los enlaces azules. Es un marcador de época: el momento en que una obra colectiva, abierta y sin anuncios se ve obligada a redefinir su relación con el resto del ecosistema, especialmente con la IA. No para cerrar puertas, sino para evitar que la casa se vacíe por dentro.

Si algo deja claro este cumpleaños es que Wikipedia sigue siendo un artefacto improbable: una enciclopedia global escrita por voluntarios, con políticas públicas, discusiones interminables y una capacidad asombrosa para corregirse. La IA puede ser una aliada útil si se usa como herramienta que reduce fricción y refuerza controles. Puede ser un riesgo si se convierte en extractor masivo sin retorno o en generador de contenido sin fuentes. Entre esos dos extremos se jugará buena parte de la Wikipedia de los próximos años. Y, por una vez, el debate no va de futurismo: va de servidores, licencias, atribución, confianza y de una pregunta muy terrenal que ninguna máquina responde gratis: quién sostiene lo que todos usan.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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