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Pueblos más bonitos de España en 2026: nuevas incorporaciones

Cuatro localidades se incorporan en 2026 a una red que reúne patrimonio, paisajes y tradiciones de toda España.

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pueblos más bonitos de 2026

Cuatro localidades se incorporan en 2026 a la red de Los Pueblos Más Bonitos de España: Alpuente, Oseira, Santa Gadea del Cid y Vilanova dos Infantes. La selección amplía un catálogo de más de un centenar de municipios repartidos por las 16 comunidades autónomas, desde aldeas de montaña hasta villas medievales y pueblos costeros.

La asociación no establece una clasificación del primero al último: distingue a localidades que superan un proceso de evaluación centrado en su patrimonio, su conservación y su identidad. El listado cambia con las nuevas incorporaciones y las revisiones de calidad, así que la edición de 2026 permite descubrir tanto los nombres recién llegados como pueblos con una larga trayectoria dentro de la iniciativa.

Qué significa formar parte de la red

La asociación nació en 2010 y presentó oficialmente su primera selección en 2013, con 14 municipios. Desde entonces, su propósito ha sido dar visibilidad a pueblos de valor histórico, cultural y paisajístico y favorecer un turismo que contribuya a sostener la vida rural. La pertenencia no se basa únicamente en una postal atractiva: la conservación del conjunto y el cuidado de su identidad local forman parte de los criterios que se revisan.

La comisión de calidad analiza las candidaturas y realiza visitas técnicas a localidades asociadas para comprobar que siguen cumpliendo los requisitos. En 2026, cuatro candidaturas superaron la evaluación y, al mismo tiempo, se abrió un expediente de expulsión para uno de los municipios de la red. El dato recuerda que el distintivo no es una medalla permanente ni un concurso de belleza, sino un reconocimiento sujeto a seguimiento.

También conviene distinguir entre esta selección y cualquier lista editorial de destinos recomendados. España está llena de localidades hermosas que no pertenecen a la asociación, y aparecer en ella no implica que un pueblo sea objetivamente mejor que otro. El valor práctico del catálogo es ofrecer una referencia común de pueblos con patrimonio y carácter propio, no agotar todos los lugares que merecen una visita.

Andalucía: pueblos blancos, sierras y memoria andalusí

En Almería, Lucainena de las Torres destaca por sus fachadas cuidadas, Mojácar por su caserío blanco encaramado en la ladera y Níjar por sus callejuelas de herencia musulmana y su tradición ceramista. Cádiz reúne pueblos de perfiles muy distintos: Castellar de la Frontera conserva su recinto medieval en un entorno natural; Grazalema se asienta entre montañas; Setenil de las Bodegas adapta sus casas a la roca, y Vejer de la Frontera domina el paisaje desde una colina. Zahara de la Sierra completa el recorrido gaditano con su posición junto al parque natural de la Sierra de Grazalema.

En Córdoba, Zuheros combina un casco histórico compacto con el paisaje de la Subbética y la Cueva de los Murciélagos. La Alpujarra granadina se reconoce en Bubión, Capileira y Pampaneira, donde las casas tradicionales y los tejados planos dibujan el barranco de Poqueira; Trevélez, más arriba, es conocido por sus barrios escalonados y sus jamones curados. Almonaster la Real, en Huelva, conserva una mezquita califal, mientras que Baños de la Encina y Segura de la Sierra, en Jaén, enlazan castillos, historia y paisaje serrano. Frigiliana, Genalguacil y Parauta, en Málaga, completan el grupo con calles de origen morisco, arte al aire libre y arquitectura tradicional.

Aragón: piedra medieval en el Pirineo y el Maestrazgo

Huesca aporta Aínsa, con su plaza y su recinto histórico; Alquézar, asomado al cañón del río Vero; Ansó, de arquitectura pirenaica, y Roda de Isábena, cuya catedral recuerda su antiguo papel como sede episcopal. En Teruel, Albarracín concentra calles estrechas, murallas y casas de tonos rojizos, mientras Calaceite, Cantavieja y La Fresneda conservan trazados y edificios ligados a la historia del Maestrazgo y del Matarraña.

La provincia turolense suma también Linares de Mora, Mirambel, Puertomingalvo, Rubielos de Mora y Valderrobres, donde el patrimonio de piedra convive con entornos de montaña o de valle. En Zaragoza, Anento reúne un caserío medieval y un paisaje de barranco; Sos del Rey Católico conserva murallas y arquitectura de piedra, además de su vínculo con el nacimiento de Fernando el Católico. El conjunto muestra que el atractivo aragonés no responde a un solo modelo: cambia con la altitud, los materiales y las antiguas rutas de comunicación.

Asturias y las islas: pueblos entre mar y montaña

Bulnes, en los Picos de Europa, destaca por su aislamiento y por el acceso a pie o mediante funicular. En la costa, Cudillero forma un anfiteatro de casas de colores sobre la ladera; Lastres conserva su relación con la pesca, y Tazones recuerda el desembarco de Carlos de Gante en 1517. Torazu, hacia el interior, ofrece otro paisaje: hórreos, calles rurales y tradiciones que siguen ligadas a la vida local.

En Mallorca, Alcudia conserva vestigios de la ciudad romana de Pol·lèntia y tramos de muralla, mientras Fornalutx se integra en el valle de Sóller, entre bancales y casas de piedra. Las Canarias reúnen cinco localidades de fuerte personalidad: Betancuria, primera capital del archipiélago, en Fuerteventura; Tejeda, entre relieves volcánicos de Gran Canaria; Agulo, en La Gomera, con vistas hacia Tenerife; Teguise, antigua capital de Lanzarote, y Garachico, en Tenerife, cuyo paisaje urbano quedó marcado por la erupción de 1706.

Cantabria: casonas, villas históricas y paisaje verde

Bárcena Mayor conserva la arquitectura montañesa entre los bosques del parque natural Saja-Besaya, y Carmona mantiene un núcleo rural vinculado a la ganadería y a la cultura cabuérniga. Comillas ofrece un patrimonio marcado por la arquitectura modernista y la cercanía del Cantábrico; Liérganes combina edificios históricos con la leyenda del Hombre-Pez. En Mogrovejo, las casas de piedra mantienen el carácter de la comarca lebaniega.

Potes, en el valle de Liébana, es una puerta de entrada a los Picos de Europa y conserva un casco antiguo de calles y puentes. Santillana del Mar, por su parte, reúne arquitectura medieval alrededor de la colegiata de Santa Juliana. El atractivo de estos pueblos no reside solo en sus fachadas: el paisaje y la relación entre las localidades y su entorno ayudan a explicar por qué sus conjuntos históricos se conservan de una manera tan característica.

Castilla-La Mancha: castillos, plazas y pueblos de montaña

Alcalá del Júcar se adapta a la garganta del río y a la pendiente que corona su castillo; Letur conserva el trazado de origen andalusí en un entorno de agua y montaña. En Ciudad Real, Almagro destaca por su corral de comedias y por la huella de la Orden de Calatrava, mientras Villanueva de los Infantes remite a la cultura del Siglo de Oro y al antiguo Campo de Montiel.

Hita, en Guadalajara, conserva restos de muralla y una fuerte relación con el Libro de buen amor; Pastrana reúne arquitectura renacentista y memoria carmelita. Valverde de los Arroyos, integrado en la ruta de los pueblos negros, debe buena parte de su aspecto a la pizarra de sus construcciones. Entre ellos hay diferencias claras, pero comparten una característica: el patrimonio forma parte del tejido cotidiano del pueblo, no es un decorado separado de sus calles y plazas.

Castilla y León: murallas, caminos y villas castellanas

En Ávila, Bonilla de la Sierra conserva su castillo y el recuerdo de su pasado episcopal. Burgos concentra una amplia variedad de villas: Caleruega, ligada a Santo Domingo de Guzmán; Castrojeriz, en el Camino de Santiago; Covarrubias, de trazado medieval; Frías, levantada sobre un peñasco junto al Ebro; Lerma, marcada por su palacio ducal; Poza de la Sal, con su historia salinera; Puentedey, asentada sobre un arco natural del río Nela, y Santa Gadea del Cid, una de las nuevas incorporaciones de 2026, reconocible por su casco medieval y su iglesia-fortaleza.

León aporta Castrillo de los Polvazares, con arquitectura maragata y calles empedradas; Molinaseca, ligada al Camino de Santiago, y Peñalba de Santiago, en el Valle del Silencio, con su legado mozárabe. Ampudia, en Palencia, conserva su castillo y el perfil de una villa castellana. En Salamanca, Candelario, Ciudad Rodrigo, La Alberca, Ledesma, Miranda del Castañar y Mogarraz reúnen conjuntos históricos, tradiciones y paisajes de sierra, cada uno con materiales y formas urbanas propios.

Segovia está representada por Ayllón, Maderuelo, Pedraza y Sepúlveda, localidades donde las murallas, las plazas y las iglesias románicas permiten leer distintas capas de la historia. En Soria, Berlanga de Duero, El Burgo de Osma, Medinaceli, Monteagudo de las Vicarías, Vinuesa y Yanguas combinan patrimonio monumental con entornos de páramo, pinares y montaña. Urueña, en Valladolid, es conocida por su muralla y sus librerías; Puebla de Sanabria, en Zamora, conserva un castillo y un núcleo histórico próximo al lago de Sanabria.

Cataluña y Extremadura: piedra, arte y herencias fronterizas

Beget, en Girona, conserva puentes y calles empedradas alrededor de la iglesia de Sant Cristòfol. En Lleida, Arties y Bagergue representan el paisaje de la Val d’Aran; Durro, en la Vall de Boí, destaca por su arquitectura románica, y Garòs conserva una iglesia que combina elementos románicos y góticos. En conjunto, estos pueblos pirenaicos revelan cómo la montaña ha condicionado los materiales, el tamaño de los núcleos y las formas de vida.

Extremadura suma Jerez de los Caballeros, con su legado templario; Llerena, de arquitectura renacentista y barroca, y Olivenza, cuya historia fronteriza se percibe en la arquitectura de influencia portuguesa. Guadalupe, con su monasterio, es un centro histórico de gran relevancia; Robledillo de Gata y San Martín de Trevejo conservan formas de arquitectura serrana, mientras Trevejo se asienta alrededor de su castillo y Valverde de la Vera es conocido por las regueras que atraviesan sus calles. La diversidad de la región se entiende también a través de sus fronteras, sus sierras y sus tradiciones locales.

Galicia y La Rioja: monasterios, piedra y viñedos

Ponte Maceira, en A Coruña, se organiza en torno al puente medieval sobre el Tambre y a las construcciones junto al río. Mondoñedo, en Lugo, destaca por su catedral y su casco histórico; Castro Caldelas, en Ourense, mantiene un castillo y calles de trazado medieval. La misma provincia suma dos incorporaciones de 2026: Oseira, cuyo monasterio cisterciense se levantó entre los siglos XII y XVI, y Vilanova dos Infantes, reconocible por su Torre da Homenaxe y su caserío de piedra.

En La Rioja, Briones conserva un entramado medieval entre edificios de sillería y viñedos; Sajazarra combina arquitectura histórica con el paisaje vitivinícola de La Rioja Alta. Viniegra de Abajo y Viniegra de Arriba, en la sierra, muestran casas de piedra y una historia ligada a la ganadería, el comercio y las antiguas rutas serranas. Son pueblos muy distintos de los gallegos, pero en ambos territorios la arquitectura local cuenta cómo se aprovechaban los recursos y se organizaba la vida rural.

Madrid, Navarra y País Vasco: pequeñas villas con identidad

Chinchón conserva una plaza mayor de soportales y balcones que organiza buena parte de la vida del municipio. Nuevo Baztán, fundado en el siglo XVIII, responde a un proyecto urbano planificado alrededor del conjunto del palacio y la iglesia de Goyeneche. En Navarra, Roncal se asienta en el valle del mismo nombre y mantiene una arquitectura de piedra vinculada a la montaña; Ujué se alza sobre el paisaje con una iglesia-fortaleza de origen medieval.

Laguardia, en Álava, destaca por su trazado amurallado, sus calles estrechas y sus bodegas subterráneas, vinculadas a la cultura del vino de Rioja Alavesa. Estos municipios permiten ver que la escala pequeña no significa una historia menor: cada localidad conserva huellas de actividades económicas, religiosas y defensivas que todavía se reconocen en el espacio urbano.

Comunidad Valenciana: castillos, murallas y huellas del pasado

El Castell de Guadalest se encarama a un peñasco de la Marina Baixa y domina el valle desde su casco histórico. Morella conserva un recinto amurallado y un castillo que explican su posición estratégica; Culla mantiene restos defensivos y calles vinculadas a su pasado medieval. Peñíscola, entre el mar y el casco antiguo, tiene como emblema el castillo templario, mientras Vilafamés combina un núcleo de origen árabe con la llamativa presencia de la Roca Grossa.

Alpuente, en Valencia, es la cuarta incorporación de 2026 y la primera localidad valenciana en entrar en la asociación. Su patrimonio reúne un castillo de origen andalusí, restos de muralla y un acueducto, además de huellas de dinosaurios y un museo paleontológico. En Alpuente se cruzan la historia humana y un pasado geológico mucho más remoto, una combinación que la distingue dentro de una red donde cada pueblo aporta una identidad diferente.

Un reconocimiento que depende de conservar lo propio

El mapa de estos municipios no es una lista cerrada de todos los destinos valiosos de España, ni una promesa de que cada visita ofrezca la misma experiencia. Hay pueblos de montaña cuyo atractivo depende de los caminos y el paisaje, otros donde el patrimonio se concentra en una plaza o un castillo y localidades costeras cuyo carácter ha crecido alrededor del mar. La selección funciona mejor como una invitación a mirar con atención las diferencias que como un ranking.

Las cuatro altas de 2026 amplían la variedad geográfica de la red, pero también ponen de relieve el desafío que comparten muchos pueblos: proteger el patrimonio y mantener comunidades vivas ante las presiones del turismo, la vivienda y la financiación rural. Que una localidad resulte fotogénica es apenas el primer indicio; su historia, sus habitantes y el cuidado continuado de sus espacios explican por qué merece ser reconocida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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