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¿Por qué UEFA va contra FIFA y quiere apartar a Infantino en 2027?

UEFA abre una guerra judicial contra FIFA, cuestiona el mando de Infantino y prepara una alternativa para disputarle la presidencia en 2027.

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Gianni Infantino

La guerra entre UEFA y FIFA ha dejado de ser una pelea de pasillos para convertirse en algo bastante más serio. El fútbol europeo quiere un cambio profundo en la FIFA y considera rota su confianza en Gianni Infantino. No busca, al menos de momento, abandonar los Mundiales ni partir el fútbol internacional en dos. Busca otra cosa: investigar cómo se intentó entregar a inversores privados una parte del negocio comercial de las grandes competiciones, limitar el poder del presidente y preparar una alternativa para las elecciones de 2027.

La parte judicial tampoco es retórica. UEFA está preparando una posible denuncia penal en Suiza contra Infantino y eventualmente contra otros responsables o asesores de FIFA por la gestión del proyecto FIFA Forward Enterprise, conocido como FFE. Antes de acudir a la justicia suiza quiere reunir documentación, comunicaciones y testimonios, y para conseguirlos ha recurrido a tribunales estadounidenses.

La precisión importa. Infantino no ha sido condenado ni existe todavía una sentencia que establezca delito alguno. UEFA sostiene que podrían existir elementos de gestión desleal o administración perjudicial para FIFA y está recopilando pruebas para decidir y fundamentar una acción penal. Es decir, el incendio existe, pero el juicio aún no ha comenzado.

Y mientras los abogados afilan lápices, la pelea política resulta todavía más clara: UEFA considera que retirar el polémico proyecto no basta. El problema, sostiene, fue también la manera de gobernar que permitió llegar hasta allí.

UEFA no va contra FIFA por un partido, sino por el poder

La ruptura comenzó con una discusión económica, pero ha terminado cuestionando quién manda realmente en FIFA y con qué controles.

El 27 de agosto, dirigentes de las federaciones europeas reunidos en Mónaco dieron a la presidencia y a la administración de UEFA un mandato amplio para utilizar las vías institucionales, políticas y legales disponibles con el objetivo de conseguir reformas dentro de FIFA. Entre ellas aparece una exigencia especialmente incómoda para Infantino: recuperar límites efectivos al poder presidencial.

No es precisamente una moción redactada con agua tibia. UEFA considera que el episodio del FFE reveló un fallo grave de criterio, abuso del poder presidencial y una forma de dirigir FIFA excesivamente concentrada alrededor de una sola persona.

Ahí está el corazón del conflicto. Europa sostiene que una organización que administra el principal deporte del planeta no puede funcionar como una pequeña empresa familiar en la que las grandes decisiones aparecen cocinadas en una habitación y se sirven después al resto de la mesa.

FIFA, por su parte, ha defendido la continuidad institucional y su dirección ha respaldado a Infantino después de la crisis. El organismo reconoció errores en la forma de tramitar el proyecto y el propio presidente se disculpó por la falta de consultas suficientes. Pero esa rectificación no ha convencido a UEFA, que rechaza que FIFA se investigue únicamente a sí misma y exige una revisión externa verdaderamente independiente.

El detonante: vender una parte del Mundial a inversores

Todo gira alrededor de FIFA Forward Enterprise, una nueva estructura comercial con la que FIFA pretendía agrupar derechos vinculados a competiciones como los Mundiales masculino y femenino y el Mundial de Clubes.

La propuesta contemplaba la entrada de capital privado en ese negocio. El proyecto manejaba aproximadamente 4.200 millones de dólares de inversión a cambio de alrededor del 20% de la nueva estructura comercial, cuya valoración rondaba los 20.000 millones.

El fondo relacionado con Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital y hermano de Jared Kushner, aparecía como uno de los actores centrales de la operación. Una conexión que, por inevitable asociación política, añadió gasolina mediática al asunto, aunque el punto jurídicamente relevante no es el apellido Kushner, sino cómo se diseñó, valoró y pretendió aprobar el negocio.

UEFA sostiene que un activo construido durante generaciones por selecciones, jugadores, federaciones y aficionados no debía convertirse de esa manera en un producto para inversores privados. Su argumento económico va incluso más lejos: considera que la valoración podía resultar demasiado baja y cuestiona que no hubiera una subasta competitiva ni una valoración independiente suficientemente robusta.

Los 4.200 millones que encendieron la rebelión

La pregunta económica resulta difícil de esquivar. FIFA dispone de miles de millones de dólares en reservas, de modo que UEFA considera necesario aclarar por qué hacía falta entregar una participación permanente del negocio a inversores externos para conseguir más recursos.

Infantino había defendido durante años precisamente el argumento contrario: generar más dinero para distribuirlo entre las federaciones, sobre todo aquellas que disponen de menos ingresos propios. Esa política de desarrollo explica una parte importante de su respaldo fuera de Europa.

Y ahí aparece una de las fracturas más interesantes de esta guerra. Para los críticos de Infantino, el desarrollo debe ser un derecho institucional de las federaciones, sujeto a reglas transparentes, no algo asociado al favor o capacidad negociadora de un presidente. Para quienes todavía apoyan al dirigente suizo, FIFA ha conseguido durante su mandato multiplicar ingresos, ampliar competiciones y hacer llegar más recursos a países históricamente periféricos en el negocio del fútbol.

No es una disputa tan sencilla como ricos europeos contra pobres del resto del mundo, aunque a veces interese venderla así. UEFA insiste precisamente en desmontar esa lectura y propone utilizar parte de las reservas acumuladas por FIFA para aumentar el desarrollo sin necesidad de vender una porción del negocio.

La batalla judicial crece mientras el boicot queda congelado

La novedad que ha elevado el conflicto otro peldaño está en los tribunales estadounidenses.

UEFA ha acudido a la justicia de Estados Unidos para conseguir documentos y testimonios relacionados con el FFE que podrían utilizarse posteriormente en Suiza. Una de las peticiones afecta a entidades de FIFA instaladas en Florida; otra busca información relacionada con los inversores implicados en el proyecto.

Los abogados europeos quieren reconstruir cómo nació la operación, quién participó en las conversaciones, qué valoraciones económicas se utilizaron, qué órganos internos fueron informados y qué procedimientos de aprobación se siguieron.

La posible causa penal en Suiza

La documentación presentada en Estados Unidos explica que UEFA contempla procedimientos en Suiza contra Infantino y eventualmente contra otros responsables por una posible gestión desleal, dentro del marco del artículo 158 del Código Penal suizo.

Ese matiz no es pequeño. UEFA no está denunciando que vender activos comerciales sea ilegal por definición. Lo que pretende determinar es si quienes administraban FIFA pudieron actuar contra los intereses patrimoniales de la propia organización, eludiendo controles, infravalorando activos o excediendo las facultades que les correspondían.

Habrá que probarlo. Una acusación política puede escribirse en un comunicado; una acusación penal necesita algo bastante menos vistoso y mucho más antipático: documentos, correos, contratos, actas y valoraciones que permitan atribuir responsabilidades concretas.

Por eso Estados Unidos importa tanto en esta historia. Parte de las sociedades, asesores e inversores relacionados con el proyecto se encuentran allí y la documentación estadounidense puede convertirse en la materia prima de un eventual procedimiento suizo.

Al mismo tiempo llega la aparente contradicción que ha confundido parte de la información publicada: UEFA ha suavizado su posición deportiva mientras endurece la jurídica.

Durante el momento más caliente de la crisis, las 55 federaciones de UEFA amenazaron con retirar sus equipos de las competiciones FIFA si el proyecto seguía adelante. Era la opción nuclear. Un Mundial sin selecciones europeas sería comercialmente extraño, deportivamente amputado y políticamente explosivo.

La amenaza funcionó. FIFA abandonó el FFE y posteriormente confirmó por escrito a UEFA que el proyecto había sido retirado de forma irrevocable y permanente, comprometiéndose a que no reaparecería bajo otra denominación o estructura.

Con esa garantía, UEFA ha suspendido provisionalmente su retirada de los torneos FIFA. Las selecciones europeas seguirán participando en las competiciones internacionales mientras se mantengan las condiciones acordadas.

Pero suspensión no significa reconciliación. UEFA mantiene expresamente la posibilidad de revisar su decisión si cambian las circunstancias. Digamos que las maletas vuelven al armario, aunque sin deshacerlas del todo.

La distensión deportiva permite además a UEFA librar la batalla donde realmente pretende hacerlo ahora: en la gobernanza, los tribunales y las elecciones. Sin convertir a jugadores y selecciones en munición inmediata.

El objetivo de fondo: sacar a Infantino en 2027

A estas alturas sería artificial fingir que todo se reduce al FFE. UEFA quiere que FIFA tenga otro liderazgo.

El comunicado europeo del 27 de agosto es explícito: considera destruida la confianza necesaria para ejercer la presidencia y sostiene que el fútbol mundial necesita una nueva dirección. Si Infantino busca otro mandato, UEFA trabajará con otras confederaciones para ofrecer a las 211 asociaciones nacionales una alternativa creíble.

Infantino tiene intención de presentarse de nuevo en 2027. Y derrotarlo no será sencillo.

El presidente de FIFA conserva apoyos importantes fuera de Europa. Arabia Saudí ha expresado públicamente su respaldo y el dirigente mantiene una considerable base política entre federaciones africanas y de otras regiones que valoran especialmente los programas de desarrollo y redistribución económica impulsados durante su presidencia.

Europa sola tampoco decide quién dirige FIFA. Cada asociación miembro participa en la elección y una diminuta federación dispone formalmente del mismo voto que Alemania, España, Brasil o Argentina. Es una de las peculiaridades —y una de las grandes fuentes de poder político dentro de FIFA— de su sistema electoral.

Por eso la estrategia europea necesita salir de Europa. Aleksander Ceferin no pretende presentarse contra Infantino y UEFA busca una candidatura que pueda atraer votos de otras confederaciones sin parecer simplemente el candidato de los grandes países europeos.

Ese detalle explica por qué el combate continuará durante meses aunque no aparezca una sola demanda más. La batalla jurídica puede erosionar a Infantino; la institucional puede limitarlo. Pero para sustituirlo hacen falta votos.

La pelea real es quién controla el fútbol mundial

Lo ocurrido con FIFA Forward Enterprise ha abierto una discusión bastante mayor que la venta frustrada de una participación comercial.

UEFA quiere saber cómo pudo prepararse una operación de miles de millones de dólares sin el nivel de consulta que considera obligatorio, quién tomó las decisiones, si la valoración protegía realmente los intereses de FIFA y hasta dónde puede llegar un presidente antes de encontrarse con un contrapeso institucional.

FIFA, mientras tanto, necesita demostrar que aquella operación fue un error corregido y no el síntoma de una manera de gobernar. Infantino cuenta todavía con aliados suficientes para resistir y puede argumentar resultados económicos, expansión global y redistribución de recursos que muchas asociaciones no quieren perder.

Ese es el tablero real. No se está discutiendo únicamente quién comercializa el próximo Mundial, sino quién controla el dinero, cómo se reparte y cuánto poder puede acumular el presidente de FIFA.

El boicot europeo ha quedado congelado y el FFE está oficialmente enterrado. La crisis, no. UEFA ha cambiado de arma: del calendario de competiciones a los expedientes judiciales y las urnas de 2027.

La batalla contra el proyecto terminó cuando FIFA retiró la venta. La batalla por la FIFA acaba de empezar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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