Economía
¿Por qué cae el KOSPI? Samsung golpea la Bolsa coreana tras su plan
Samsung golpea al KOSPI tras un plan millonario que decepciona al mercado y vuelve a sembrar dudas sobre la fiebre bursátil de Corea del Sur.

El KOSPI se desplomó un 3,12% este lunes, 24 de agosto, y cerró en 6.696,96 puntos, arrastrado sobre todo por Samsung Electronics. La mayor compañía surcoreana cayó un 8,7%, hasta 257.000 wones, después de que su nuevo programa de remuneración al accionista, pese a manejar cifras gigantescas, decepcionara a unos inversores que esperaban más recompras de acciones y compromisos más concretos.
No ha sido, por tanto, un simple susto provocado por Nvidia ni una sesión asiática cualquiera teñida de rojo. El golpe tiene una explicación bastante más doméstica: Samsung anunció que devolverá a sus accionistas entre 90 y 110 billones de wones, alrededor de 65.000 a 80.000 millones de dólares, pero el mercado había colocado el listón todavía más arriba. En Bolsa ocurre esa pequeña extravagancia: anunciar una montaña de dinero y conseguir que la respuesta sea vender.
Samsung cae casi un 9% y arrastra al KOSPI
Samsung Electronics cerró con un descenso del 8,7%, mientras que SK hynix perdió un 3,41%, hasta 1.671.000 wones. La combinación pesa mucho más de lo que sugieren dos simples nombres en una pantalla: ambos fabricantes de semiconductores han llegado a representar conjuntamente más de la mitad del valor del KOSPI, de modo que sus movimientos pueden inclinar el índice entero.
La presión vendedora fue especialmente intensa entre los grandes inversores. Extranjeros e instituciones se desprendieron conjuntamente de acciones por unos 4,97 billones de wones, mientras los particulares compraron cerca de 3,32 billones. El mercado coreano volvió así a enseñar una de sus estampas más características de estos meses: inversores minoristas recogiendo papel mientras el dinero profesional reduce riesgo.
Y, curiosamente, no fue una jornada de derribo indiscriminado. En el mercado principal hubo más valores al alza que a la baja, 576 frente a 286. El problema estaba concentrado en gigantes suficientemente grandes como para tapar el verde de buena parte del parqué. Hanmi Pharm, por ejemplo, rozó el límite diario de subida con un avance cercano al 30% después de anunciar un acuerdo de licencia valorado en 3,2 billones de wones.
El plan récord de Samsung que al mercado le supo a poco
Sobre el papel, las cifras de Samsung parecen cualquier cosa menos decepcionantes. La compañía prevé distribuir entre 90 y 110 billones de wones durante el ejercicio, incluyendo unos 30 billones en dividendos en efectivo correspondientes al tercer trimestre. El volumen supone aproximadamente cinco veces el anterior récord de remuneración alcanzado en 2020.
Pero los inversores no compran únicamente cantidades; compran expectativas. Y ahí apareció el problema. Samsung mantuvo su política de dedicar a los accionistas el 50% del flujo de caja libre acumulado durante el periodo 2024-2026, sin ofrecer el salto que parte del mercado esperaba ni concretar una gran operación de recompra y posterior amortización de títulos.
La diferencia con SK hynix resultó incómodamente visible. Su rival había anunciado un programa de recompra y cancelación de acciones propias por 40 billones de wones y el compromiso de destinar más del 50% de su flujo de caja libre de 2025 a 2027 a remunerar al accionista. Samsung ofreció muchísimo dinero; SK hynix ofreció, además, una estructura que el mercado entendió con mayor facilidad.
Por qué las recompras importan tanto
Un dividendo pone efectivo directamente en el bolsillo del accionista. Una recompra funciona de otra manera: la empresa adquiere sus propias acciones y, si posteriormente las cancela, reduce el número de títulos en circulación. En términos sencillos, cada acción restante pasa a representar una porción ligeramente mayor de la compañía.
De ahí la obsesión del mercado con las recompras. No son magia —aunque a veces Wall Street y sus parientes asiáticos hablen de ellas como si lo fueran—, pero pueden reforzar el beneficio por acción y proporcionar apoyo directo a la cotización.
Samsung tiene, además, un obstáculo particular. Su compleja estructura accionarial hace difícil ejecutar recompras demasiado agresivas, porque podrían elevar el peso relativo de Samsung Life y Samsung Fire por encima de determinados límites regulatorios. Algunos analistas calculan que solo entre 10 y 20 billones de wones del dinero restante podrían terminar dedicándose a recompras y cancelaciones, mientras una parte mayor acabaría en dividendos. Samsung Life cayó un 9,9% y Samsung Fire, un 8%.
El KOSPI llega herido después de una fiebre bursátil histórica
La caída tampoco aterriza sobre un mercado tranquilo. Corea del Sur lleva meses atravesando una de las etapas bursátiles más extraordinarias de su historia reciente. El KOSPI llegó a superar los 8.000 puntos después de haberse más que duplicado desde los niveles de octubre, impulsado por el entusiasmo alrededor de la inteligencia artificial y por la escalada de Samsung y SK hynix.
La fiesta, sin embargo, cambió de música. Desde el máximo alcanzado el 19 de junio, el índice había perdido alrededor del 30% antes de esta nueva sacudida. La volatilidad se disparó y el VKOSPI, conocido como el índice coreano del miedo, llegó a tocar 97,99 a comienzos de julio, su nivel más alto desde que existen registros en 2009.
Detrás del movimiento hubo algo más que entusiasmo tecnológico. Muchos pequeños inversores entraron utilizando crédito, derivados y fondos cotizados con apalancamiento, productos que multiplican las oscilaciones diarias de una acción. Funcionan estupendamente cuando el mercado avanza en la dirección prevista. Cuando gira, la matemática deja de resultar tan simpática.
Los préstamos utilizados para invertir en el KOSPI crecieron alrededor de un 75% desde principios de año y alcanzaron un récord de 29,8 billones de wones el 24 de junio. Una estimación de Citi calculó posteriormente unas pérdidas de 38.700 millones de dólares entre inversores particulares en ETF apalancados.
La inteligencia artificial sigue mandando en Seúl
La próxima gran referencia vuelve a llevar un nombre estadounidense: Nvidia. Los inversores esperan sus resultados para medir hasta qué punto continúa intacto el ciclo extraordinario de inversión en inteligencia artificial que ha enriquecido a fabricantes de memoria como Samsung y, especialmente, SK hynix.
No es una relación superficial. Los grandes modelos de inteligencia artificial necesitan cantidades enormes de memoria avanzada, particularmente HBM, y Corea del Sur ocupa una posición central dentro de esa cadena industrial. Cuando el mercado duda de la rentabilidad futura del gasto en IA, Samsung y SK hynix tiemblan; cuando vuelve el entusiasmo, ocurre exactamente lo contrario.
La sesión de este lunes comenzó precisamente con cierta cautela antes de las cuentas de Nvidia. El KOSPI abrió un 0,73% abajo, pero la caída fue ensanchándose a medida que Samsung acumulaba ventas. También pesan los rendimientos de la deuda estadounidense y las expectativas sobre la política monetaria, factores especialmente sensibles para compañías tecnológicas cuyas valoraciones dependen de beneficios esperados muchos años hacia delante.
Una Bolsa que quiere dejar atrás el «descuento coreano»
Todo este episodio tiene también una dimensión económica y política. Corea del Sur lleva años intentando combatir el llamado Korea Discount, el descuento con el que tradicionalmente cotizan numerosas compañías del país respecto a empresas comparables de otros mercados desarrollados.
Entre las razones figuran la peculiar estructura de los grandes conglomerados familiares, los llamados chaebol, ciertos problemas históricos de gobierno corporativo y una protección del accionista minoritario que durante décadas fue considerada insuficiente. El Gobierno del presidente Lee Jae Myung ha impulsado reformas dirigidas a mejorar el atractivo del mercado y acercarlo a los estándares de las grandes plazas financieras internacionales.
El problema es que la liberalización coincidió con una auténtica fiebre especulativa. Corea permitió ETF apalancados sobre acciones individuales justo cuando el entusiasmo por la IA empujaba el mercado hacia máximos. La deuda para invertir aumentó, los comentaristas financieros multiplicaron audiencias y los particulares —conocidos popularmente como «hormigas»— se lanzaron sobre productos capaces de multiplicar tanto beneficios como pérdidas.
El resultado ha obligado a las autoridades a endurecer algunas condiciones y ha dejado una discusión bastante incómoda: una Bolsa puede aspirar a ser más abierta, sofisticada y competitiva sin convertir el acceso al riesgo extremo en una especie de política industrial. Liberalizar no significa retirar el quitamiedos de una autopista y felicitarse después porque los coches circulan más deprisa.
Samsung convierte una cifra gigantesca en un examen para el KOSPI
El desplome del KOSPI no significa que Samsung haya dejado de ganar dinero ni que la industria coreana de semiconductores haya perdido de repente su posición estratégica. Significa algo menos dramático y, para el mercado, mucho más importante: las expectativas se habían adelantado demasiado.
Samsung ha prometido una remuneración extraordinaria, pero los inversores querían señales más contundentes sobre recompras, cancelación de acciones y utilización del efectivo generado por el auge de la inteligencia artificial. La compañía tendrá que concretar todavía parte de esos pagos y su consejo decidirá posteriormente cómo combinar dividendos, recompras y amortizaciones.
Mientras tanto, el KOSPI queda en 6.696,96 puntos, muy lejos del vértigo de los 8.000 pero todavía claramente por encima de los niveles desde los que comenzó la gran carrera bursátil coreana. El mercado no ha perdido su apuesta por la tecnología; ha perdido parte de aquella despreocupación con la que parecía dar por hecho que los chips, la IA y el apalancamiento solo sabían viajar en una dirección. Ese tiempo, al menos por ahora, se terminó.

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