Tecnología
¿Por qué Peter Thiel dice que el mal puede ser bueno y se hace viral?
El comentario viral de Peter Thiel sobre el mal, la competencia y la inteligencia artificial tiene más contexto del que muestran las redes sociales.

Imagen: Dan Taylor / Heisenberg Media / Wikimedia Commons, CC BY 2.0
Resumen
- Peter Thiel dijo que alguien malvado puede ser competente y «algo bueno»
- Su argumento separa la bondad moral de la eficacia para conseguir resultados
- Después aclaró que considera mejor ser bueno que malvado
Peter Thiel vuelve a ocupar esa extraña zona de Internet donde una reflexión filosófica, un multimillonario de Silicon Valley y un vídeo de pocos segundos pueden producir una tormenta perfecta. El cofundador de PayPal y Palantir se ha hecho viral después de afirmar que alguien considerado «malvado» puede ser competente y, siguiendo su peculiar razonamiento, incluso «algo bueno» porque consigue hacer cosas.
La frase existe. No es una invención de las redes ni una paráfrasis especialmente creativa. Pero necesita contexto. Thiel no defendió que el mal sea moralmente deseable y, poco después, dejó claro que considera mejor ser bueno que malvado. Lo que hizo fue jugar con dos significados diferentes de «bueno» y «malo»: uno moral y otro relacionado con la capacidad de funcionar o conseguir resultados.
El matiz importa, aunque tampoco convierte la escena en una simple confusión lingüística. Thiel llevó deliberadamente ese juego hasta una conclusión provocadora. Y esa combinación —una idea incómoda, unas pocas palabras inflamables y uno de los empresarios más conocidos de Silicon Valley— explica buena parte de su enorme difusión en redes sociales.
La frase de Peter Thiel sobre el mal que se ha hecho viral
El episodio ocurrió durante una conversación celebrada en Berlín con Mathias Döpfner, consejero delegado de Axel Springer, en torno a tecnología, inteligencia artificial, crecimiento económico y futuro de las sociedades occidentales. En un momento del diálogo apareció una vieja cuestión: una tecnología puede utilizarse de maneras muy distintas y su eficacia no determina necesariamente su valor moral.
Thiel recogió esa idea y avisó de que probablemente iba a meterse en problemas por lo que estaba a punto de decir. Su punto de partida fue que la sociedad «moraliza demasiado» determinadas discusiones y termina mezclando categorías que, según él, deberían analizarse por separado.
Entonces planteó una distinción lingüística. En inglés, explicó, el contrario moral de good puede ser evil, mientras que el contrario funcional puede ser bad. Es decir: algo puede ser moralmente cuestionable pero funcionar extraordinariamente bien; otra cosa puede ser simplemente mala porque funciona mal.
A partir de ahí llegó la frase que recorrió Internet: si alguien es malvado, argumentó Thiel, al menos puede ser competente; y si no es «malo» en el sentido funcional, quizá pueda considerarse «algo bueno» porque está consiguiendo hacer cosas. Dicho así, desde luego, la frase llevaba incorporada su propia gasolina.
Ferrari, Trabant y Fausto: el peculiar razonamiento de Thiel
Para desarrollar su idea, Thiel recurrió primero a los automóviles. Puso como ejemplo un Ferrari, un coche que podría ser cuestionado por su consumo de combustible pero que difícilmente puede calificarse de deficiente desde el punto de vista de sus prestaciones. Al otro extremo situó al antiguo Trabant de Alemania Oriental como ejemplo de un vehículo simplemente malo en términos funcionales.
La comparación permite entender mejor el fondo de su argumento. Una cosa puede ejecutar perfectamente aquello para lo que fue diseñada y, al mismo tiempo, producir consecuencias discutibles. La eficacia y la bondad moral, sostiene esa lógica, pertenecen a planos diferentes.
Después llegó Fausto. Thiel comparó las versiones de Christopher Marlowe y Johann Wolfgang von Goethe y utilizó al personaje como otra forma de explorar la relación entre conocimiento, ambición, métodos moralmente dudosos y resultados. De un debate sobre inteligencia artificial habíamos pasado, sin demasiados semáforos, de los coches deportivos a la literatura alemana.
Fue entonces cuando introdujo la precisión que muchos fragmentos virales dejan fuera: considera mejor ser bueno que malvado. Esa aclaración cambia el sentido más extremo atribuido al vídeo, aunque no elimina la provocación que él mismo había construido unos segundos antes.
Por qué unas pocas palabras han provocado semejante reacción
La diferencia entre una conversación larga y un fragmento de pocos segundos es enorme. En una entrevista extensa caben matices, rectificaciones y ejemplos; en una red social, diez segundos pueden convertirse en doctrina completa antes de que termine el café. Y la frase de Thiel parecía diseñada, casi artesanalmente, para ese mecanismo.
El contexto demuestra que no estaba proclamando que cometer actos malvados convierta automáticamente a alguien en una buena persona. Estaba distinguiendo entre competencia técnica y juicio moral. Una persona puede ser eficaz en aquello que pretende hacer y resultar, al mismo tiempo, moralmente reprobable.
Eso no significa que eficacia y responsabilidad queden desconectadas. Un sistema puede ser muy eficiente causando un daño; una organización puede alcanzar sus objetivos y seguir actuando de manera injusta; una tecnología puede funcionar como un reloj y utilizarse para fines profundamente cuestionables. La competencia describe cómo se ejecuta una acción, no si esa acción merece aprobación.
Ahí está probablemente el punto más discutible de la formulación de Thiel. Su razonamiento separa ambos terrenos para criticar la incompetencia, pero la palabra «bueno» termina haciendo un trabajo doble: primero significa eficaz y luego roza inevitablemente el terreno moral. El resultado es una pirueta semántica que funciona muy bien como provocación y bastante peor como frase aislada.
La inteligencia artificial estaba en el origen de la discusión
La conversación no comenzó hablando del mal, del demonio ni de Fausto. El punto de partida era la inteligencia artificial y la dificultad de decidir si una tecnología debe calificarse como buena o mala por sí misma o según el uso que las personas hagan de ella.
Ahí apareció una comparación clásica: una herramienta puede servir para actividades completamente distintas dependiendo de quién la utilice. Thiel llevó esa idea hacia su terreno favorito, el de la capacidad de una sociedad para producir avances reales frente a estructuras que, según su diagnóstico, simplemente funcionan mal.
Su preocupación central no parecía ser presentar la maldad como virtud, sino atacar lo que considera una cultura de la incompetencia. Llegó a exagerar el argumento afirmando que una proporción enorme de empresas, dirigentes y personas son incompetentes. No era una estadística ni pretendía pasar por una medición científica: era una hipérbole para reforzar su tesis.
De ahí que reducir toda la conversación a «Peter Thiel cree que el mal es bueno» deje fuera una parte sustancial del razonamiento. Pero presentarlo como víctima de un recorte completamente manipulado tampoco encaja. La paradoja salió de su boca, fue consciente de su carácter provocador y la desarrolló durante varios minutos.
Por qué las palabras de Peter Thiel tienen un eco especial
Peter Thiel no es un empresario cualquiera improvisando filosofía durante una sobremesa. Es cofundador de PayPal y Palantir, fue uno de los primeros grandes inversores externos de Facebook y lleva décadas ocupando un lugar singular en la industria tecnológica y el capital riesgo de Silicon Valley.
El 24 de septiembre de 2026 recibió en Berlín el Axel Springer Award, un reconocimiento concedido por su influencia en la transformación digital y en los debates tecnológicos, económicos y sociales. Precisamente alrededor de ese acto se produjo la conversación de la que salió el fragmento viral.
Esa posición explica por qué una reflexión aparentemente abstracta adquiere inmediatamente otra dimensión. Cuando alguien con influencia sobre compañías tecnológicas de enorme tamaño habla de moralidad, poder, inteligencia artificial y competencia, sus palabras no circulan como una discusión académica cualquiera. Se examinan con lupa. A veces con una lupa bastante deformante, pero lupa al fin y al cabo.
El Anticristo también aparece en el paisaje intelectual de Thiel
Existe además otro elemento que ha amplificado la atención alrededor de sus palabras. Durante septiembre y octubre de 2026, Thiel participa en San Francisco en una serie de cuatro conferencias dedicadas al Anticristo bíblico, con sesiones centradas en ciencia, tecnología, historia, literatura y teología.
Las conferencias forman parte de un programa privado y sus intervenciones fueron planteadas fuera de registro. El contenido anunciado conecta la figura religiosa del Anticristo con cuestiones contemporáneas como el progreso tecnológico y el desarrollo de la inteligencia artificial.
Eso no convierte automáticamente su comentario sobre el mal en una declaración religiosa ni permite fundir ambas cosas en una única teoría. Son contextos diferentes. Pero ayuda a entender por qué cualquier frase suya relacionada con el bien, el mal y la tecnología encuentra inmediatamente un terreno especialmente fértil en Internet.
La frase completa cambia el tono, pero no borra la polémica
Escuchada con su contexto, la intervención resulta bastante menos rotunda de lo que sugieren algunos vídeos virales. Peter Thiel no dijo que hacer el mal sea moralmente bueno. Su argumento fue que alguien moralmente malo puede ser funcionalmente competente y que las sociedades quizá prestan demasiada atención a clasificar intenciones mientras toleran enormes dosis de incompetencia.
También dejó explícita una frontera: para él, es preferible ser bueno que malvado. Ese detalle resulta decisivo para interpretar el fragmento con precisión. No elimina la rareza de su formulación ni obliga a aceptar su razonamiento, pero impide convertir una paradoja sobre competencia en una defensa literal de la maldad.
La polémica, en realidad, sobrevive perfectamente sin deformar sus palabras. La cuestión interesante está en otra parte: hasta qué punto podemos separar la capacidad de conseguir resultados de la responsabilidad por esos resultados. Un Ferrari puede ser una máquina formidable y consumir demasiado; una tecnología puede ser brillante y emplearse de forma dañina. Con las personas, por supuesto, el asunto se vuelve mucho más incómodo.
Una provocación diseñada para sobrevivir al contexto
Ese es el detalle que mejor explica por qué el vídeo sigue circulando. Thiel construyó una reflexión relativamente compleja alrededor de una frase que, fuera de contexto, parece decir exactamente lo contrario de lo que después matiza. Internet hizo el resto. Era casi inevitable.
Entre un Ferrari, un Trabant, Fausto y la inteligencia artificial, una discusión sobre competencia y moralidad terminó convertida en un debate mundial sobre si el mal puede ser «algo bueno». La respuesta completa de Thiel es bastante más matizada que el titular viral, aunque quizá no mucho menos extravagante.
Y ahí permanece la paradoja: no hace falta aceptar su razonamiento para entender por qué funciona. Basta observar cómo seis o siete palabras pronunciadas por uno de los hombres más conocidos de Silicon Valley consiguieron abandonar una larga conversación, cruzar medio planeta y empezar una vida propia en las redes.

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