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¿Por qué Álvaro Morata vuelve a disfrutar del fútbol con el Leganés?
Morata cuenta por qué eligió el Leganés, cómo ha recuperado el disfrute por el fútbol y qué sintió al quedarse fuera del Mundial de 2026 con España.

Resumen
- Morata asegura que en el Leganés ha vuelto a disfrutar del fútbol
- Eligió Segunda pese a tener opciones en España y en el extranjero
- Admite que podía aportar a España, pero entendió quedar fuera del Mundial
Álvaro Morata ha encontrado en el Leganés algo que llevaba tiempo echando de menos y que no aparece en las vitrinas: disfrutar de un partido de fútbol sin que todo pese una tonelada. El delantero madrileño, de 33 años, reconoce que tras su estreno con el conjunto pepinero volvió a casa con una sensación que hacía mucho que no experimentaba. Estaba contento. Sin más. Una frase sencilla después de una carrera que rara vez lo ha sido.
Su llegada a Segunda División tampoco responde, según explica, a una jubilación anticipada ni al simple deseo de regresar a Madrid. Morata tuvo otras posibilidades en España y en el extranjero, incluso la opción de continuar en un equipo que disputaba competición europea, pero eligió un Leganés que le convenció por su proyecto, su organización y la posibilidad de pelear por algo distinto: el ascenso a Primera. Su forma de explicarlo es reveladora. Meter otros 20 o 30 goles quizá no cambiaría demasiado su carrera; subir con el Leganés, cree, sí podría hacerlo.
Morata cambia la Champions por un reto mucho más terrenal
Hay algo extraño, casi a contracorriente, en ver a un futbolista que ha pasado por Real Madrid, Juventus, Chelsea, Atlético de Madrid, Milan, Galatasaray y Como bajar voluntariamente a Segunda cuando todavía podía buscar otro contrato bajo los focos europeos. El fútbol moderno suele vender la carrera como una escalera que solo admite una dirección. Morata ha decidido bajar un peldaño para intentar respirar mejor.
El Leganés cerró el 28 de agosto su incorporación mediante una cesión por una temporada procedente del Como 1907, con una opción de compra al término del curso. Llega con más de 600 partidos profesionales, más de 200 goles y un palmarés que incluye dos Champions, ligas nacionales, una Nations League y la Eurocopa de 2024, conquistada como capitán de España. No es precisamente el currículo habitual de un delantero que aterriza en LaLiga Hypermotion.
Pero ahí está precisamente el interés de la historia. Morata asegura que pudo escoger otros caminos y que incluso rechazó la posibilidad de jugar competición europea. Define su nueva misión de una forma bastante gráfica: su Champions es ascender con el Leganés. Cambia las noches de himno solemne y cámaras por una competición donde un balón dividido en noviembre puede ser bastante menos elegante y bastante más importante.
El Leganés le devuelve pequeñas cosas que había dejado de ver
El delantero habla del ambiente de Butarque, de la ciudad deportiva, del funcionamiento interno del club y del trato cotidiano con sus compañeros. Pero, sobre todo, habla de detalles casi insignificantes. Un vuelo regular a Canarias. Las bromas durante el viaje. El equipaje. Situaciones normales que en la burbuja de la élite habían desaparecido detrás de los vuelos chárter, los hoteles cerrados y una logística milimétrica.
Ahí parece encontrarse buena parte del cambio. Morata llevaba años viviendo el fútbol rodeado de ruido: grandes clubes, selección, fichajes, críticas, expectativas, debates sobre cada ocasión fallada. A fuerza de convertir un juego en una profesión gigantesca, uno puede terminar olvidándose del juego. Él mismo reconoce que se había acostumbrado a determinadas comodidades y que volver a una rutina más corriente le recordó a sus años en los filiales.
Un debut sin gol, pero con una sensación distinta
Su primer partido con la camiseta pepinera llegó el 4 de septiembre frente a Las Palmas, en el Estadio de Gran Canaria. Rubén Albés lo colocó directamente como titular después de apenas unos entrenamientos con sus nuevos compañeros. El encuentro terminó 0-0 y Morata no marcó, aunque participó con intensidad, buscó desmarques y tuvo alguna llegada peligrosa. El Leganés salió de Canarias con un punto.
Desde la pura estadística, poca pólvora. Desde el punto de vista del delantero, bastante más. Explicó después que llegó a casa pensando que había vuelto a disfrutar sobre el césped después de bastante tiempo. Incluso confesó que antes del partido le costó dormir la siesta por los nervios, una sensación que asociaba a finales de Champions o partidos enormes con la selección.
Es una pequeña paradoja muy futbolera: después de Wembley, Turín, Stamford Bridge, el Bernabéu, San Siro y el Metropolitano, un empate sin goles en Gran Canaria puede devolver una emoción que los grandes escenarios habían ido desgastando.
La herida del Mundial y su mensaje a Luis de la Fuente
La entrevista también ha vuelto a colocar a Morata frente a uno de los episodios más delicados de su último año: quedarse fuera del Mundial de 2026. El antiguo capitán admite que conservó hasta el final cierta esperanza de estar en la convocatoria y considera que podía haber aportado experiencia y equilibrio al grupo.
No convierte, sin embargo, esa decepción en un ajuste de cuentas con Luis de la Fuente. Morata entiende que su presencia podía haber generado un debate incómodo alrededor de la selección y admite que para el técnico quizá resultaba más sencillo iniciar el torneo sin ese ruido. También reconoce los méritos de los delanteros elegidos. De la Fuente, además, le comunicó personalmente la decisión mediante una llamada realizada antes incluso de la prelista. Morata dice que la aceptó y deseó suerte al equipo.
Hay una diferencia importante entre sentirse capaz de haber estado y denunciar una injusticia. Morata se mueve en ese matiz. Cree que podía ayudar, sí; también acepta que el seleccionador tenía alternativas y una decisión que tomar. En el fútbol español no siempre se maneja bien semejante zona gris: parece obligatorio salir enfadado o fingir que nada importa. Él admite las dos cosas, la decepción y la comprensión.
La selección no está completamente cerrada
Tampoco ha anunciado una renuncia definitiva a España. Le gustaría volver, aunque considera que ahora resulta muy difícil por la competencia en el puesto de delantero centro. El panorama ha cambiado respecto a otras épocas: a los atacantes consolidados se suma una generación joven que multiplica las alternativas para De la Fuente.
Morata suma 87 internacionalidades y 37 goles con España, cifras que lo mantienen entre los principales goleadores históricos de la selección. Fue campeón de la Nations League en 2023 y levantó la Eurocopa de 2024 como capitán. Su ausencia del Mundial de 2026 marca, por tanto, una ruptura evidente respecto a aquella etapa, pero no necesariamente un adiós oficial.
Él mismo lo asume con bastante pragmatismo. No considera imposible regresar, simplemente improbable. Y a estas alturas de su carrera parece haber dejado de pelear contra cada pronóstico externo. No es poca cosa para un futbolista cuya trayectoria ha estado acompañada por una extraña lupa permanente: cada gol parecía confirmar algo y cada fallo, también.
La etapa más difícil estuvo en el Atlético
Cuando Morata intenta explicar por qué necesitaba recuperar el placer de jugar, aparece inevitablemente su última etapa en el Atlético de Madrid. El delantero reconoce que aquel fue el periodo más complicado de su carrera y que su salida tuvo bastante de búsqueda de tranquilidad.
Después llegaron Milan, Galatasaray y Como. En Italia sufrió una lesión importante en el aductor y perdió continuidad. Sobre Cesc Fàbregas, su entrenador en el Como y antiguo compañero en el Chelsea, no guarda reproches. Considera que la salida terminó siendo la mejor solución para ambas partes y elogia abiertamente su capacidad como técnico.
El recorrido ayuda a entender por qué el Leganés no debe interpretarse únicamente como un descenso de categoría. Morata está intentando cambiar el contexto de su carrera. Menos obsesión con añadir otro escudo prestigioso al currículo y más interés en encontrar un proyecto que todavía le produzca curiosidad. El cuerpo decidirá cuánto fútbol le queda; él reconoce que está bien físicamente, aunque todavía necesita ritmo de competición.
En Butarque, Morata busca algo que no cabe en el palmarés
El fichaje beneficia también a un Leganés que incorpora a un delantero con una experiencia descomunal para Segunda División. Morata no llega solo para finalizar jugadas. Su peso puede aparecer en el vestuario, en la gestión de los partidos y en esos meses desagradables de una categoría larguísima donde dos victorias disparan a un equipo y dos derrotas lo meten en problemas.
Él insiste en que quiere ser uno más dentro del grupo, no una celebridad de visita. Incluso ha dejado abierta la posibilidad de quedarse más allá de la cesión si se cumplen determinadas condiciones. Existe una opción de compra y, por lo que transmite el jugador, el movimiento no está planteado necesariamente como una escala de nueve meses antes de buscar otro destino.
Su carrera ya tiene suficientes trofeos como para no necesitar maquillaje. Real Madrid, Juventus, Chelsea, Atlético, Milan; finales, títulos, selección, goles y también temporadas difíciles. Por eso su etapa en Leganés propone otro tipo de examen. No consiste en demostrar que puede jugar en un grande. Eso quedó probado hace años. Consiste en comprobar si todavía puede levantarse por la mañana con ganas de ir a entrenar, competir un viernes de Segunda, perseguir un ascenso con el Leganés y volver a casa pensando que se lo ha pasado bien.
Álvaro Morata ha cambiado de escenario, no necesariamente de ambición. Antes la recompensa podía ser levantar una Champions. Ahora puede ser ver al Leganés en Primera. Menos focos, otras carreteras, estadios diferentes. El balón, después de todo, sigue siendo el mismo.












