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¿Por qué Halloween se celebra el 31 de octubre? Del Samhain celta al truco o trato
La fecha viene de hace más de dos mil años: el año nuevo celta caía justo en la noche del 31 de octubre y la Iglesia la rebautizó sin moverla.

Resumen
- Halloween es la víspera de Todos los Santos: «All Hallows’ Eve» se contrajo hasta la palabra actual, y se celebra el 31 de octubre porque heredó la fecha del Samhain celta.
- Las calabazas fueron nabos: la talla de jack-o’-lantern viajó de Irlanda a América con la hambruna de 1845-1849.
- La expresión «trick or treat» no aparece por escrito hasta 1927, en un pueblo de Alberta (Canadá).
Esta noche millones de niños llamarán a puertas ajenas disfrazados de criaturas que deberían asustarles a ellos, y pedirán caramelos a cambio de no dar un susto. La escena parece un invento reciente de Hollywood, pero cada uno de sus elementos —la fecha, el disfraz, la calabaza, la petición puerta a puerta— tiene siglos de historia detrás. Halloween no se celebra el 31 de octubre por capricho comercial: se celebra porque hace más de dos milenios los celtas decidieron que esa noche, exactamente esa, era la frontera del año.
Samhain: la noche en que se afinaba el velo entre los dos mundos
El origen documentado está en el Samhain (se pronuncia «sow-in»), el festival que marcaba el final de la cosecha y el comienzo del invierno para los pueblos celtas de Irlanda, Escocia, Gales y la Bretaña francesa. Caía a mitad de camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, y funcionaba como año nuevo celta: el momento en que los rebaños bajaban a los pastos de invierno y el trabajo de la tierra quedaba en suspenso.
La creencia central explicaba todo lo demás: durante esa noche, la barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se afinaba. Los difuntos familiares regresaban al hogar —y había que recibirlos bien, con un sitio en la mesa y ofrendas de comida y bebida, so pena de convertirlos en espíritus vengativos—, pero también cruzaban seres menos amables: demonios, hadas y espíritus de la naturaleza que huían de los campos baldíos del invierno.
- Hogueras comunales en las colinas
- Disfraces de pieles y ceniza para pasar por espíritus
- Ofrendas de comida en el umbral de las casas
- Adivinación sobre matrimonio, salud y muerte
- Fiestas de disfraces y pasajes del terror
- Calabazas talladas (jack-o’-lantern)
- Truco o trato infantil puerta a puerta
- Cine de terror y mercadotecnia estacional
De ahí descienden, casi en línea recta, los gestos de esta noche. El disfraz servía para confundirse con los espíritus y evitar sus ataques; las ofrendas del umbral son el antecedente directo del «truco o trato»; y las hogueras comunales protegían del frío y de lo que acechaba en la oscuridad. La adivinación completaba el ritual: el Samhain era la noche de preguntar por el futuro.
Cómo la Iglesia convirtió el Samhain en la víspera de Todos los Santos
La fecha del 31 de octubre no sobrevivió a pesar de la Iglesia: sobrevivió gracias a ella. Cuando el cristianismo se extendió por territorio celta, hizo lo que solía hacer con las fiestas paganas arraigadas —superponerlas en lugar de prohibirlas—. En el siglo VII, el papa Bonifacio IV consolidó la celebración de todos los santos mártires, que con el tiempo quedó fijada en el 1 de noviembre. El 2 se añadió el Día de las Ánimas, para rezar por los difuntos.
La noche anterior, la de siempre, siguió celebrándose con hogueras y disfraces, pero con nombre nuevo: la víspera de Todos los Santos. En la Inglaterra medieval, «hallow» significaba sagrado y servía de sinónimo de santo; la festividad era All Hallows, y su víspera, All Hallows’ Eve. Contraigan la expresión en voz alta unas cuantas veces y obtendrán «Halloween».
La Reforma protestante suprimió la fiesta de Todos los Santos en buena parte del norte de Europa, pero en Gran Bretaña la víspera ya se había secularizado y aguantó como celebración popular. Ese es el puente que explica por qué una fiesta con nombre católico terminó siendo, siglos después, un fenómeno global sin contenido religioso.
Del nabo a la calabaza: el viaje irlandés a América
La jack-o’-lantern no nació de una calabaza. En la Europa atlántica se tallaban nabos, remolachas y colinabos con caras terroríficas para espantar espíritus; dentro se colocaba una vela, herencia de los nabos vaciados que los pobres llevaban durante el souling medieval, cuando recorrían las casas pidiendo «soul cakes» —tortas del alma— a cambio de oraciones por los difuntos del Purgatorio.
La tradición cruzó el Atlántico entre 1845 y 1849, empujada por la Gran Hambruna de la patata: la emigración masiva irlandesa llevó consigo el souling, el guising —disfrazarse y cantar o recitar a cambio de comida, documentado desde el siglo XVI— y los nabos tallados. En América, la calabaza, más grande y más fácil de vaciar, sustituyó al nabo con naturalidad. El símbolo más norteamericano de Halloween es, en realidad, un nabo irlandés reconvertido.
| Época | Hito | Qué aporta al Halloween actual |
|---|---|---|
| Hace +2.000 años | Samhain celta | La fecha, los disfraces, las ofrendas |
| Siglo VII | Bonifacio IV fija Todos los Santos | El nombre: All Hallows’ Eve |
| Edad Media | Souling y tortas del alma | Pedir puerta a puerta |
| Siglo XVI | Guising en Irlanda y Escocia | Disfraz a cambio de comida o actuación |
| 1845-1849 | Hambruna y emigración irlandesa | La fiesta cruza a América; el nabo se vuelve calabaza |
| 1927 | Primer «trick or treat» escrito | La fórmula del chantaje dulce |
| Años 50 | Boom de posguerra | El formato masivo e infantil que conocemos |
Fuentes: National Geographic Historia · Infobae · Biblioteca del Congreso de EE. UU.
«Truco o trato»: una frase más joven de lo que parece
Sorprende lo moderna que es la frase que esta noche pronunciarán millones de niños. «Trick or treat» no aparece por escrito hasta 1927, en un periódico de Blackie, un pueblo de la provincia de Alberta, en Canadá, que describía a niños recorriendo casas bajo esa consigna. La costumbre se extendió por Norteamérica en los años treinta, se interrumpió durante la Segunda Guerra Mundial —el racionamiento de azúcar no dejaba margen para chantajes golosos— y resurgió en los cuarenta con una fuerza que los años cincuenta convirtieron en masiva.
Y hay un antecedente aún más llamativo del disfraz con petición: la Mari Lwyd galesa y la Láir Bhán irlandesa, jóvenes envueltos en una sábana con un cráneo de caballo que recorrían las granjas en la víspera de Todos los Santos pidiendo comida y amenazando con desgracias al granjero que se negara. Literalmente: truco o trato, versión ecuestre del siglo XVI.
En España, Halloween convive desde hace décadas con sus propios ritos del 1 de noviembre: la castañada catalana, los panellets, los huesos de santo y los buñuelos, las visitas a los cementerios. Lejos de sustituirlos, la importación celta-americana se ha montado encima de ellos —y en muchos pueblos del norte aún se tallaban nabos y se dejaban velas para las ánimas mucho antes de que el cine trajera las calabazas.
Así que esta noche, cuando un pequeño fantasma llame a la puerta exigiendo dulces, conviene saber que está reproduciendo un gesto de hace dos mil años: dejar comida en el umbral para que lo que acecha en la oscuridad pase de largo. Lo único verdaderamente nuevo es que ahora el espíritu tiene menos de doce años y viene a por gominolas.












