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¿Cómo ganó Polinyà a Pradejón y llegó a la final del Grand Prix 2026?

Polinyà supera a Pradejón por 32-29 y se convierte en finalista del Grand Prix 2026 tras un desenlace de máxima tensión en El Diccionario TV.

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TVE abre casting Grand Prix 2026

Polinyà ya tiene su sitio en la gran final del Grand Prix 2026. El municipio barcelonés derrotó a Pradejón en la primera semifinal del concurso de La 1 después de una noche que parecía controlada por el equipo azul y terminó reducida a lo más simple —y cruel— que admite la televisión: una palabra, una respuesta y cuatro puntos. El resultado definitivo fue 32-29 para Polinyà, que se convierte así en el primer finalista de la edición.

El desenlace llegó en El Diccionario. Polinyà afrontó la prueba con una cómoda ventaja de 28-19, pero Pradejón fue recortando hasta colocarse con 29 puntos. Todo quedó en manos del último turno catalán. La palabra era “conticinio” y Polinyà sostuvo que sí existía. Acertó. Cuatro puntos, 32 en el marcador y billete para la final. Una forma bastante sofisticada de decidir una noche de piscinas, disfraces, jamones y golpes contra colchonetas.

La semifinal emitida el lunes 24 de agosto enfrentaba a dos de los conjuntos más sólidos de la fase clasificatoria. Polinyà había llegado como segundo mejor equipo, con 36 puntos, mientras que Pradejón ocupó la tercera posición con 32. La clasificación previa, sin embargo, dejó de servir en cuanto empezó el programa. Aquí ya no había cuentas con otros pueblos ni margen para quedar cuarto y mirar de reojo la tabla: ganar significaba seguir; perder, volver a casa.

Polinyà mandó durante buena parte de la semifinal

El equipo azul, acompañado por Javi Hoyos, consiguió llevar la iniciativa durante buena parte de la noche. Pradejón, con Dafne Fernández como madrina y el amarillo en la grada, resistió lo suficiente para evitar que el enfrentamiento quedara resuelto antes de tiempo.

Hubo pruebas conocidas, otras incorporadas en esta edición y ese catálogo de situaciones absurdamente serias que explica buena parte del encanto del Grand Prix. Los concursantes pasaron por Los Troncos Locos, Baloncesto en pañales, La Patata Caliente, Los Recoge Cocos, Hormigas para siempre, Alicia en el país de las caídillas, La cucaña y los Súper bolos. Dicho en frío parece una reunión convocada por alguien que ha mezclado varios programas infantiles con unas fiestas patronales. En televisión, funciona.

Tras los Súper bolos, Polinyà consiguió llegar al tramo definitivo con 28 puntos frente a los 19 de Pradejón. Nueve puntos parecían una distancia respetable. Parecían. El Grand Prix conserva una vieja costumbre: reservar para el final una prueba diseñada precisamente para convertir las ventajas cómodas en material inflamable.

La carta dorada no salió como esperaba Polinyà

Antes de aquello hubo otro momento que pudo alterar bastante el recorrido de la semifinal. Polinyà decidió utilizar su carta dorada en La cucaña, buscando sacar partido de una de las pruebas físicas más características del programa.

La apuesta no funcionó como estaba prevista. Pradejón fue mejor y se llevó la prueba por un solo jamón de diferencia. La imagen encaja casi demasiado bien con el Grand Prix: meses de preparación, dos pueblos pendientes del marcador y un jamón separando el éxito del tropiezo. Pocas competiciones han conseguido tratar semejante circunstancia con absoluta normalidad.

La cucaña, recuperada esta temporada como uno de los clásicos del formato, volvió a exigir fuerza, equilibrio y coordinación. Los dos conjuntos llegaron hasta arriba del mástil y mantuvieron abierta una semifinal que Polinyà, pese a continuar por delante, nunca pudo dar realmente por terminada.

El Diccionario convirtió el 28-19 en un final de infarto

El marcador parecía favorable al equipo catalán cuando comenzó El Diccionario, pero las reglas de la prueba son especialmente propicias para la remontada. Las dos primeras palabras pueden sumar o restar tres puntos según el acierto; la tercera mueve cuatro. En unos minutos puede desaparecer lo construido durante buena parte del programa.

Pradejón comenzó afirmando que “crencha” existía. Acertó y alcanzó los 22 puntos. Polinyà respondió que “flis” no figuraba en el diccionario y también acertó, de modo que avanzó hasta los 31.

La segunda ronda estrechó mucho más la diferencia. Pradejón señaló correctamente que “volífero” no existía y subió hasta 25. Entonces Polinyà respondió que “miñosa” tampoco existía. Falló. Perdió tres puntos y regresó a 28.

De repente, el 28-19 con el que había empezado el juego era historia. El colchón había desaparecido y el estudio entraba en esa peculiar zona televisiva donde todo el mundo conoce las reglas pero nadie parece acordarse de respirar.

“Conticinio”, la palabra que llevó a Polinyà a la final

Pradejón afrontó su último turno con “tilano”. El equipo riojano consideró que la palabra no existía y acertó. Como la ronda final valía cuatro puntos, pasó de 25 a 29.

Polinyà tenía entonces la semifinal entera delante de una sola palabra: “conticinio”. Si acertaba, ganaba. El equipo azul sostuvo que el término sí aparecía en el diccionario. Era correcto. Sumó cuatro puntos, llegó a 32 y dejó el marcador definitivo en 32-29.

El Diccionario hizo así lo que lleva haciendo durante buena parte de esta edición: comportarse como un pequeño artefacto de demolición contra cualquier ventaja previa. El deporte tiene penaltis; el Grand Prix posee vocablos capaces de decidir una eliminatoria después de una noche de pruebas físicas, carreras imposibles y disfraces.

La victoria, eso sí, no nació únicamente de aquella respuesta. Polinyà había llevado el peso del marcador durante buena parte de la semifinal y llegó con ventaja al último juego. Pradejón tuvo el mérito de borrar casi toda esa diferencia y obligar al rival a acertar hasta el último instante.

Pradejón se queda a un paso después de rozar la remontada

Para Pradejón, la derrota tiene esa incómoda textura de las eliminaciones que estuvieron realmente cerca de cambiar de dueño. El municipio riojano había alcanzado las semifinales después de una notable fase clasificatoria y volvió a competir hasta el último turno, incluso cuando Polinyà había construido una diferencia considerable.

Su aventura termina entre los cuatro mejores pueblos del Grand Prix 2026. No es un detalle menor. Pradejón había ganado previamente su programa frente a Altura y consiguió situarse tercero en la clasificación general antes de las eliminatorias. La semifinal volvió a mostrar un equipo capaz de mantenerse vivo cuando el marcador parecía marcharse.

La participación tuvo además una dimensión bastante más tangible fuera del plató. En Pradejón, la semifinal fue seguida colectivamente mediante una pantalla gigante en la plaza, otra de esas escenas que explican por qué el formato continúa funcionando tres décadas después de su nacimiento: detrás de cada camiseta amarilla o azul hay un municipio entero reconociéndose durante unas horas en la televisión nacional.

El Grand Prix conserva una fórmula difícil de imitar

La edición de 2026 comenzó con 12 municipios y una mezcla deliberadamente poco solemne de pruebas físicas, cultura general, humor y competición. Ramón García continúa al frente del formato acompañado por Lalachus, Gorka Rodríguez, Wilbur y la Vaquilla, con padrinos diferentes para cada localidad.

La fórmula podría parecer de otra época. En parte lo es, y quizá ahí reside precisamente su resistencia. Mientras buena parte de la televisión persigue formatos cada vez más acelerados, el Grand Prix sigue colocando a alcaldes, vecinos y famosos delante de una patata gigante o haciendo cuentas mientras alguien vestido de bebé intenta encestar. Ninguna pretensión de cambiar la historia audiovisual. Un concurso entre pueblos, básicamente. Y eso basta.

La temporada ha mantenido además una respuesta sólida de público. Antes de las semifinales, una de las entregas reunió más de un millón de espectadores de media y situó al programa entre las opciones más competitivas de la noche del lunes. La nostalgia ayuda, claro, pero no explica por sí sola que un formato nacido hace décadas siga encontrando público nuevo.

Altura y Quintanar del Rey decidirán el otro finalista

Polinyà tendrá que esperar para conocer a su rival. La segunda semifinal enfrentará a Altura y Quintanar del Rey, los otros dos municipios que sobrevivieron a la fase clasificatoria.

Quintanar del Rey llega con un dato difícil de ignorar: obtuvo 42 puntos, la puntuación más alta de toda la primera fase. Altura se clasificó con 29 pese a no ganar su enfrentamiento original, precisamente contra Pradejón. Con el sistema anterior ya olvidado y una eliminatoria directa por delante, esos registros sirven como referencia, no como salvoconducto.

El vencedor acompañará a Polinyà en la última noche del Grand Prix del Verano 2026. El municipio barcelonés ya ha hecho su parte: comenzó la temporada imponiéndose en su programa clasificatorio, atravesó una semifinal que se complicó cuando parecía encarrilada y sobrevivió al Diccionario cuando solo quedaba una respuesta.

Polinyà llega a la última noche después de sobrevivir a todo

Hay victorias cómodas y victorias que se recuerdan por el momento exacto en que pudieron dejar de existir. La de Polinyà pertenece a las segundas. Tuvo nueve puntos de ventaja antes del Diccionario, vio cómo Pradejón se acercaba palabra tras palabra y acabó dependiendo de cuatro puntos encerrados en “conticinio”.

Acertó. El marcador quedó en 32-29 y Polinyà se convirtió en el primer finalista del Grand Prix 2026. Falta conocer quién ocupará la otra grada en la final, pero una cosa ya no necesita cálculos, jamones ni consultas al diccionario: el equipo azul estará allí.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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