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¿Cómo venció un pequeño medio suizo a la poderosa Palantir en Zúrich?

Un pequeño medio suizo vence a Palantir en Zúrich y lleva al tribunal el pulso entre libertad de prensa, poder tecnológico y datos sensibles.

Publicado

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pequeño medio suizo gana a Palantir

Resumen

  • El tribunal rechazó 22 de las 23 réplicas exigidas por Palantir
  • Republik solo deberá rectificar un dato sobre el origen de Foundry
  • El fallo refuerza la libertad editorial frente al poder tecnológico

Un pequeño medio digital suizo ha derrotado casi por completo a Palantir, una de las compañías tecnológicas más poderosas, opacas y discutidas del planeta. El Tribunal Mercantil del cantón de Zúrich rechazó 22 de las 23 peticiones de réplica que la empresa estadounidense y su filial suiza habían presentado contra la revista Republik tras la publicación de dos investigaciones sobre sus negocios con las autoridades del país.

El resultado es contundente, aunque no absoluto. El tribunal solo aceptó una rectificación muy concreta relacionada con el origen del programa Foundry y obligó a Palantir a asumir el 95% de las costas judiciales. La resolución todavía puede recurrirse, pero el marcador provisional no necesita demasiada inteligencia artificial para interpretarse: 22 negativas frente a una única concesión.

La controversia comenzó con dos artículos publicados los días 8 y 9 de diciembre de 2025. Republik y el colectivo de investigación WAV reconstruyeron los intentos de Palantir por abrirse paso en la Administración suiza, incluidos sus contactos con organismos federales y con el Ejército suizo. La conclusión periodística era incómoda para una empresa acostumbrada a moverse por los pasillos del poder: llevaba años instalada en el país, pero no había logrado contratos públicos relevantes.

Palantir consideró que los textos contenían afirmaciones especulativas, engañosas o falsas. Primero reclamó al medio la publicación de extensas respuestas y, después de recibir una negativa, acudió a los tribunales. Republik sostuvo que aquellas exigencias no eran simples matizaciones, sino un intento de intervenir en el relato periodístico y convertir el derecho de réplica en una suerte de edición corporativa a distancia.

Un fallo de 22 a 1 contra el gigante tecnológico

La primera investigación contenía 11 pasajes cuestionados por Palantir. El tribunal rechazó las 11 peticiones. En el segundo artículo, la compañía impugnó otros 12 fragmentos; los magistrados desestimaron 11 y aceptaron uno. De las 23 peticiones de réplica planteadas, por tanto, solo sobrevivió una.

La propia distribución de los gastos refleja el tamaño de la derrota. Las costas judiciales fueron fijadas en 9.000 francos suizos. Palantir deberá abonar 8.550 francos, mientras que Republik asumirá 450. La compañía también tendrá que pagar al medio 9.900 francos para compensar parte de sus gastos legales.

No es una sentencia por difamación ni una condena penal. Tampoco obliga a Palantir a indemnizar a los periodistas por daños. El procedimiento se centraba en determinar si Republik debía publicar las respuestas exigidas por la tecnológica conforme al derecho de réplica suizo. Ese matiz importa. No estamos ante una película judicial en la que David deja inconsciente a Goliat con una piedra, sino ante algo menos cinematográfico y quizá más revelador: un tribunal explicándole al gigante que tener derecho a responder no equivale a tener derecho a reescribir.

El fallo está fechado el 4 de junio y trascendió públicamente el 12. Se trata de una decisión de primera instancia, de modo que las partes disponen de un plazo para recurrir ante el Tribunal Federal suizo. La victoria de Republik es clara, pero aún no puede considerarse definitivamente cerrada.

Qué investigó Republik sobre Palantir en Suiza

Palantir desarrolla plataformas capaces de integrar y analizar enormes cantidades de información procedente de sistemas distintos. Sus programas se utilizan en empresas privadas, servicios públicos, cuerpos policiales, organismos de inteligencia y operaciones militares. En términos cotidianos: convierte habitaciones llenas de archivos digitales inconexos en una pantalla donde aparecen relaciones, movimientos, riesgos y posibles decisiones.

Esa capacidad explica tanto su éxito como la desconfianza que despierta. Cuando la información tratada pertenece a un hospital, un servicio secreto o unas fuerzas armadas, la cuestión deja de ser únicamente técnica. Entra en escena la soberanía de los datos: quién los controla, dónde se almacenan, qué legislación se aplica y hasta qué punto una potencia extranjera podría reclamar acceso.

La investigación de Republik describió los esfuerzos de Palantir por vender sus soluciones a organismos suizos durante varios años. Según los documentos analizados por los periodistas, distintas autoridades suizas examinaron sus productos sin terminar incorporándolos. Entre las preocupaciones aparecían la dependencia tecnológica, el control sobre información sensible y las consecuencias jurídicas de trabajar con un proveedor estadounidense.

El medio también informó sobre una evaluación interna del Ejército suizo y resumió que recomendaba valorar alternativas y prescindir de las soluciones de Palantir. La empresa objetó que aquel documento no analizaba una oferta concreta ni contenía una evaluación técnica específica realizada con su participación.

El tribunal consideró, sin embargo, que la formulación de Republik era una conclusión periodística extraída del informe, no una afirmación factual susceptible de ser reemplazada mediante una réplica obligatoria. También observó que el artículo dejaba claro que se trataba de una evaluación general, no del rechazo formal de una propuesta comercial determinada.

Un año de documentos, entrevistas y puertas cerradas

El trabajo fue desarrollado durante más de un año por periodistas de Republik y WAV. Incluyó decenas de solicitudes de acceso a documentos públicos, entrevistas con especialistas y una reunión con directivos de Palantir en Zúrich. No fue, por tanto, una pieza improvisada a partir de rumores, capturas de pantalla y café recalentado.

Los autores sostienen que la compañía pudo exponer su postura antes de la publicación y que varias de sus explicaciones fueron incorporadas a los textos. Palantir mantiene lo contrario: considera que el conjunto de los artículos construyó una imagen falsa o desproporcionada de su actividad y que algunas respuestas empresariales no quedaron reflejadas con fidelidad.

La diferencia no es menor. Republik entiende que cumplió con su obligación de contrastar y que Palantir quiso ampliar ese derecho hasta controlar el significado global de la investigación. La empresa afirma que no pretendía censurar, sino corregir errores materiales. Entre ambas versiones se abrió un terreno pantanoso: el punto donde la protección de la reputación choca con la libertad editorial.

El derecho de réplica no permite reescribir un reportaje

La legislación suiza permite que una persona o una compañía afectada por afirmaciones de hecho difundidas en un medio periódico solicite una réplica. Esa respuesta debe ceñirse al asunto discutido, mantenerse dentro de una extensión razonable y concentrarse en hechos. No sirve para sustituir una interpretación incómoda por otra más favorable ni para exigir que el periódico adopte el lenguaje de la parte afectada.

Buena parte del litigio giró precisamente alrededor de esa frontera. Palantir discutió expresiones utilizadas para describir sus productos, entre ellas las referencias a tecnologías de vigilancia y a herramientas de guerra. Los magistrados entendieron que varias de esas formulaciones eran valoraciones o interpretaciones periodísticas admisibles, apoyadas además en declaraciones y materiales reunidos durante la investigación.

El criterio del tribunal deja una enseñanza bastante terrenal. Una empresa puede negar una acusación concreta, corregir una fecha o demostrar que una cifra es falsa. Lo que no puede hacer con la misma facilidad es transformar una opinión fundada en un supuesto error factual y ordenar que el medio publique la versión corporativa como antídoto obligatorio.

La única petición que sí aceptó el tribunal

La excepción se encuentra en una afirmación del segundo reportaje sobre Foundry, una de las principales plataformas de Palantir. Republik escribió que el programa había sido desarrollado originalmente para operaciones estadounidenses de contrainsurgencia en Afganistán e Irak.

El tribunal ordenó publicar una breve respuesta de la compañía negando esa descripción. Según la versión que deberá aparecer junto al artículo, Foundry nació como un producto generalista para clientes comerciales, entre ellos empresas del sector energético, sector sanitario, sector farmacéutico y transporte.

La rectificación deberá situarse al final del reportaje, con un tamaño de letra equivalente al del texto original y sin coste para Palantir. Tendrá que permanecer visible durante el mismo periodo que la publicación inicial o, al menos, durante 30 días, y conservarse junto al artículo cuando este pase al archivo digital.

Ese único punto impide hablar de una victoria total de Republik. También permite a Palantir defender que el tribunal reconoció la legitimidad de una parte de su reclamación. La empresa ha subrayado precisamente ese aspecto en su respuesta pública, sin detenerse demasiado —detalle comprensible— en las otras 22 peticiones rechazadas.

Intimidación para los periodistas, corrección para Palantir

Marguerite Meyer, una de las autoras, ha señalado que el equipo percibió la actuación judicial como un intento de intimidación. A su juicio, a Palantir no le gustó que una investigación minuciosa presentara una historia de fracaso comercial en Suiza, alejada del relato habitual de expansión, influencia y superioridad tecnológica.

La desigualdad de fuerzas alimentó esa sospecha. Republik es una revista independiente financiada principalmente por sus lectores. WAV es un colectivo de investigación de dimensiones reducidas. Palantir, en cambio, es una compañía internacional con abundantes recursos económicos, equipos jurídicos especializados y relaciones profundas con gobiernos, ejércitos y grandes corporaciones.

Una demanda que no solicita dinero también consume dinero. Requiere abogados, horas de trabajo, documentación y meses de incertidumbre. Para una redacción pequeña, esos costes pueden condicionar futuras investigaciones incluso cuando termina ganando. Ahí reside la lógica de las acciones judiciales intimidatorias: a veces el castigo no es la sentencia, sino el camino hasta ella.

Palantir rechaza esa lectura. La compañía asegura que respeta la libertad de prensa, que no pidió retirar los artículos, que no reclamó una indemnización y que se limitó a utilizar un mecanismo ordinario reconocido por el Código Civil suizo. Desde su perspectiva, el debate democrático exige que las empresas también puedan corregir informaciones que consideran falsas.

Ambas cosas pueden ser ciertas hasta cierto punto. Palantir tenía derecho a acudir a los tribunales y Republik tenía derecho a resistirse. Lo decisivo es que, una vez examinadas las reclamaciones, los jueces concluyeron que 22 no justificaban una respuesta forzosa. La intención subjetiva de la compañía seguirá discutiéndose; el resultado jurídico, de momento, es mucho menos nebuloso.

Una derrota pequeña con una sombra muy larga

El caso ha provocado el conocido efecto Streisand: cuanto más se intenta contener una información, más atención recibe. Los documentos sobre las gestiones de Palantir en Suiza, que en otras circunstancias habrían circulado sobre todo entre especialistas, han terminado apareciendo en medios internacionales y alimentando un debate europeo sobre la dependencia de proveedores tecnológicos estadounidenses.

La historia tampoco demuestra que todos los productos de Palantir sean inseguros ni que cualquier contrato con la empresa constituya una amenaza. Sí revela que las decisiones sobre software público afectan a cuestiones políticas de primera magnitud. Cuando una plataforma procesa datos militares, datos sanitarios o datos policiales, elegir proveedor se parece menos a comprar ordenadores y más a entregar las llaves de una habitación donde el Estado guarda sus secretos.

Republik ha conseguido proteger casi todo su trabajo ante una compañía con recursos muy superiores. Palantir ha obtenido una rectificación limitada y conserva la posibilidad de recurrir. Esa es la fotografía jurídica, sin mitologías.

La imagen política resulta más incómoda para la tecnológica. Una empresa que vende herramientas capaces de ordenar océanos de información no logró imponer su interpretación de 22 pasajes periodísticos. A veces el poder descubre que los datos no obedecen, los jueces tampoco y una redacción pequeña —mesa modesta, presupuesto estrecho, documentos bien atados— puede sostenerle la mirada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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