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¿Qué se juegan hoy Celta y Betis en la Europa League?

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Partidos Conference League hoy 18 diciembre

La Europa League de este jueves 16 de abril llega partida en dos franjas muy distintas y, para los clubes españoles, con un contraste bastante brusco. A las 18.45 arrancó en Balaídos el Celta-Friburgo y, en el momento en que se actualiza este texto, el equipo gallego pierde 0-2 tras un gol de Igor Matanovic en el minuto 32, un golpe que deja la eliminatoria en un durísimo 0-4 global después del 3-0 encajado en la ida. A las 21.00 le toca al Betis en La Cartuja frente al Braga, con el cruce completamente abierto tras el 1-1 de Portugal. Completan la noche Aston Villa-Bolonia, con ventaja inglesa de 3-1, y Nottingham Forest-Oporto, que llega empatado 1-1.

La lectura rápida, la que busca cualquiera antes de sentarse delante de la tele, es bastante simple: el Celta necesitaba una heroicidad y el partido, de momento, se la está negando; el Betis, en cambio, llega a su cita con la puerta entreabierta, delante de un estadio enorme y con la posibilidad real de plantarse en semifinales. Además, el cuadro no deja mucho espacio a las fantasías raras: del lado español, el ganador del Betis-Braga se medirá con el que salga vivo de Celta-Friburgo. O sea, la noche no solo reparte billetes. También ordena el mapa de media Europa.

Balaídos, del sueño al golpe de realidad

El Celta había llegado a la vuelta con una misión ya de por sí áspera, casi de piedra: remontar el 3-0 que el Friburgo le endosó en Alemania, donde el equipo de Julian Schuster le pasó por encima de una manera bastante menos discutible de lo que invitaba a pensar la previa. El comienzo en Vigo no cambió el guion; lo endureció. Los gallegos necesitaban un partido volcánico y se encontraron un rival frío, serio, casi clínico, que ya había golpeado con Matanovic y dejaba la serie con un 0-5 total. Ahí ya no había remontada en marcha. Había una pared.

Lo peor para el Celta no era solo el marcador. Era la sensación. El partido retrataba a un equipo incómodo, espeso por momentos, sin continuidad suficiente arriba y obligado a remar contra un Friburgo muy intenso sin balón, muy dispuesto a dormir el ritmo cuando convenía y bastante punzante por fuera. Fer López había dejado un par de señales al inicio, Jutglà intentó alguna arrancada, pero el encuentro fue derivando hacia esa clase de noche que huele a reloj en contra desde demasiado pronto. Para un equipo que necesitaba aire, cada pausa alemana era una mano en el cuello.

El once de Giráldez y la herida de Starfelt

Claudio Giráldez apostó por un 3-4-3 reconocible, con Radu en portería; Javi Rodríguez, Yoel Lago y Marcos Alonso atrás; Javi Rueda y Mingueza en los carriles; Vecino e Ilaix Moriba por dentro; y arriba Fer López, Borja Iglesias y Ferran Jutglà. Aspas empezó en el banquillo como pieza de agitación para la segunda mitad, una decisión comprensible si se quería guardar una palanca emocional y futbolística para el momento de la verdad. Enfrente, el Friburgo salió con Atubolu; Treu, Ginter, Lienhart y Makengo; Eggestein y Manzambi en la base; Suzuki, Beste y Grifo por detrás de Matanovic. No era un once de especulación. Era un once para cerrar la puerta.

También pesaba una baja que no es menor, ni decorativa. Carl Starfelt no llegó a tiempo y el central sueco seguía fuera por lumbalgia. La estadística reciente era mala de verdad: en los partidos oficiales que el Celta había jugado sin él, el equipo había encajado demasiados goles y había perdido estabilidad. La buena noticia era la recuperación de Hugo Álvarez, de vuelta tras su esguince de tobillo, pero en una noche así la ausencia que te rompe el eje se nota más que la recuperación que te ensancha el banquillo. Y se notó.

No conviene, aun así, reducir la eliminatoria del Celta a una sola ausencia. Este equipo había llegado a cuartos después de eliminar a PAOK en el ‘playoff’ y a Lyon en octavos, siempre con una mezcla de orden, ida y vuelta y cierta osadía. En casa, además, había dejado actuaciones convincentes en esta Europa League. El problema es que enfrente ha crecido un rival que venía lanzado y que olió sangre desde la ida. A veces el fútbol te exige una noche perfecta; esta vez al Celta le exigía, además, que el rival no apareciera. Y el rival apareció.

El Betis llega con una puerta abierta de par en par

La otra gran escena española se juega a las 21.00 en La Cartuja y tiene un color muy distinto. El Betis recibe al Braga con el cruce nivelado tras el 1-1 de la ida, con Cucho Hernández como autor del empate verdiblanco desde el punto de penalti y con una sensación menos dramática que la del Celta, aunque tampoco exactamente cómoda. En Sevilla no hay épica de rescate; hay examen serio. Y hay ambiente de cita grande: se esperaba una asistencia de más de 66.000 espectadores en La Cartuja, una cifra que empuja por sí sola y que convierte el partido en algo más que una simple vuelta de cuartos. En noches así el estadio suena a argumento.

El Betis llega hasta aquí después de una secuencia bastante propia de este club, mezcla de insistencia y sacudida. En octavos cayó 1-0 en la ida ante el Panathinaikos y luego lo trituró 4-0 en casa; en la fase liga había firmado una campaña sólida y se ganó el derecho a decidir este tipo de noches ante su gente. Braga, por su parte, también viene de una remontada europea importante y no ha pisado Sevilla con cara de comparsa. El 1-1 de la ida, por tanto, no fue un accidente entre dos equipos ocasionales, sino el choque bastante lógico entre dos bloques que venían recorriendo Europa con peso real.

Isco vuelve y Pellegrini recupera una pieza simbólica

La gran noticia de la previa bética no está tanto en la pizarra como en el aura. Isco vuelve a la convocatoria cinco meses después de su lesión y Pellegrini ya había dejado claro que no está para demasiados minutos, pero sí para cambiar una atmósfera, que no es poca cosa. Empezará, salvo sorpresa, en el banquillo, pero su simple reaparición ya altera el tono emocional del partido. Braga también trae su parte médica: recupera a Rodrigo Zalazar para la convocatoria, aunque con pinta de suplente, pero llega sin Sikou Niakaté y sin Diego Rodrigues, dos ausencias importantes en su estructura.

En cuanto a las alineaciones probables, el dibujo del Betis deja un pequeño margen de duda en la previa. La base más repetida coloca a Pau López bajo palos; una defensa con Bellerín, Bartra, Llorente y Ricardo Rodríguez; una sala de máquinas con Amrabat y apoyo interior de futbolistas como Fornals o Fidalgo, según el ajuste; y arriba una mezcla de talento, ritmo y desequilibrio con Antony, Abde y Cucho Hernández. Braga, mientras tanto, apunta a salir con Horníček; Arrey-Mbi, Carvalho y Lagerbielke; Gabri Martínez, Grillitsch, Gorby y Víctor Gómez; y arriba Ricardo Horta, Fran Navarro y Pau Víctor. Más vertical, más directo, más incómodo. Un rival muy poco dado a desmayarse.

La razón por la que el beticismo se permite soñar no es sentimental; es estadística y también de costumbre reciente. El equipo de Pellegrini se ha mostrado muy fiable en casa en Europa y ha convertido sus noches continentales en un terreno más firme que el campeonato doméstico. Ahí vive una de las paradojas del club: en Liga a veces titubea, en Europa respira distinto. Más concentrado, más limpio en la toma de decisiones, más dueño de lo que le conviene. El regreso de Isco, aunque sea con minutos medidos, multiplica esa sensación de que el partido todavía tiene una escena reservada para un jugador capaz de cambiarle el pulso a cualquier noche.

El resto del mapa europeo de este jueves

La jornada no termina en España, ni mucho menos. A las 21.00, Aston Villa recibe al Bolonia con un 3-1 a favor que le da aire, pero no licencia para dormirse. El equipo de Unai Emery ganó en Italia con autoridad y llega al regreso con una fortaleza casera muy respetable. El Bolonia, eso sí, no viaja a Birmingham como turista resignado. Ya ha demostrado fuera de casa que sabe competir en escenarios pesados, de esos en los que el rival intenta imponer su estadio como si fuera una aduana.

El otro cruce de las 21.00, Nottingham Forest-Oporto, es probablemente el más fino de todos en términos de equilibrio puro. El 1-1 de la ida dejó la sensación de que el Oporto había tenido más control por tramos, pero también de que Forest sabe sobrevivir en partidos feos, embarrados, incómodos, esos encuentros de bota dura y área pequeña donde una segunda jugada vale media clasificación. No convierte a los ingleses en favoritos indiscutibles, claro, pero sí explica por qué el empate portugués no se vive en Nottingham como alivio, sino como antesala.

Todo eso importa también para los españoles porque el cuadro está cerrado como una cremallera. De un lado saldrá el vencedor de Betis-Braga o Friburgo-Celta; del otro, el que sobreviva entre Oporto y Forest o entre Villa y Bolonia. Dicho en castellano llano: si el Betis hace su trabajo y el Celta no resucita la eliminatoria, habrá una semifinal con color verdiblanco frente al bloque alemán. Si el Betis cae y el Celta sigue fuera, el representante de ese lado será portugués o alemán. Y si Balaídos hubiera dado un giro imposible y el Betis respondiera después, el sueño español habría seguido vivo por partida doble. El fútbol europeo tiene esa crueldad elegante: te deja dibujar combinaciones mientras te va borrando algunas en directo.

Dónde ver los partidos y cómo se reparte la noche

Para el lector que va al grano, que bastante tiene con llegar a tiempo a la cena y al sofá, las referencias son muy concretas. El Celta-Friburgo se programó a las 18.45 y puede verse en Movistar Plus+, en M+ Liga de Campeones 2, en la señal HDR y en la multiseñal. El Betis-Braga, a las 21.00, repite prácticamente la misma ventana: Movistar Plus+, M+ Liga de Campeones 2, HDR y multiseñal. En ambos casos la cobertura incluye previa, onces, narración minuto a minuto y postpartido.

El horario también ayuda a leer el día como un relato en dos actos. Primero Balaídos, con esa mezcla de remontada prometida y realidad feroz, desde las 18.45. Luego La Cartuja a las 21.00, ya con el partido del Celta seguramente resuelto o casi, y con el Betis jugando además contra el ruido que llegue desde Vigo. Si el Celta se cae, el foco español se concentra entero en Sevilla; si hubiera cambiado la película en Galicia, el país habría entrado en la noche con otra electricidad. Pero incluso sin épica compartida, la cartelera tiene suficiente materia como para que nadie mire el móvil por compromiso.

Lo que separa a los dos españoles en esta Europa League

A esta hora, el Celta representa la parte más amarga del fútbol europeo: la de los planes razonables que se estrellan pronto, la de las noches en las que el rival te obliga a correr detrás de una sombra que nunca alcanzas. La alineación de Giráldez buscaba ritmo, altura y sorpresa; el partido le devolvió control alemán, una defensa sin Starfelt y un marcador que huele a sentencia. No es solo perder. Es perder viendo cómo el guion que necesitabas no llega a escribirse.

El Betis, en cambio, encara la noche con una mezcla muy distinta: menos dramatismo, más responsabilidad. Tiene un empate de la ida que le permite decidir en casa, un estadio lleno, a Isco de vuelta aunque sea con minutos medidos, una tradición reciente favorable en eliminatorias europeas y un rival que compite bien pero llega con bajas sensibles. Nada de eso garantiza nada, claro. Europa no firma cheques antes del pitido. Pero entre el abismo que ha encontrado el Celta y la puerta que se abre para el Betis hay una diferencia esencial: uno pelea ya contra la gravedad; el otro aún juega, de verdad, por empujar la historia un poco más allá.

Una noche que deja a España entre la herida y la esperanza

No todas las jornadas europeas se reparten igual. Hay noches que parecen una moneda lanzada al aire y otras, como esta, en las que el fútbol te enseña dos caras al mismo tiempo. En Vigo, el golpe temprano del Friburgo convierte la remontada en un ejercicio casi imposible y deja al Celta atrapado en una eliminatoria que se le ha puesto del revés demasiado pronto. En Sevilla, en cambio, el Betis sigue con la llave en la mano y con una atmósfera de gran cita que invita a pensar en algo serio, en algo que puede durar unas semanas más.

Eso es lo que de verdad se juega España en esta Europa League. No solo dos clasificaciones. Se juega el relato de su noche continental. Un equipo intenta escapar de una losa que pesa como plomo; el otro intenta abrir una puerta que todavía cede. Y entre Balaídos y La Cartuja queda dibujada esa vieja verdad del fútbol europeo: a veces, en cuestión de horas, un mismo país puede pasar del golpe seco a la ilusión encendida sin cambiar siquiera de canal.

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