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Partidos de Champions hoy 25-F: horarios, TV y pronósticos

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Partidos de Champions hoy 25-F

Horarios y TV de la Champions del 25-F en España, con Madrid-Benfica, PSG-Mónaco, Juve-Galatasaray y Atalanta-Dortmund, y claves del playoff.

La Champions se pone seria este miércoles 25 de febrero de 2026 con la vuelta del playoff, esa repesca que nadie presume de jugar pero que decide quién se sienta en la mesa grande de los octavos. Hay cuatro eliminatorias en cartel y, en todas, el marcador de la ida manda como un semáforo: en rojo para quien va a remolque, en ámbar para quien tiene ventaja corta, en verde para quien viaja con colchón pero sabe que en Europa los colchones a veces pinchan.

En España, la noche se vive con el mando en una mano y el móvil en la otra: una franja temprana a las 18:45 y el gran bloque de las 21:00, con partidos simultáneos y la sensación de que, si se mueve un marcador, se mueve el ambiente entero. No es una jornada de “ver uno y ya”; es una jornada de marcadores cruzados, de notificaciones, de gritos que llegan desde otra casa y hacen levantar la cabeza como si hubiese pasado algo en la habitación de al lado.

La agenda del 25-F: horarios y TV en España

El primer pitido llega a las 18:45 con el Atalanta–Borussia Dortmund, que se verá en Movistar Liga de Campeones 3. Luego, a las 21:00, se superponen tres partidos: el Real Madrid–Benfica, en Movistar Liga de Campeones; el PSG–Mónaco, en Movistar Liga de Campeones 2; y el Juventus–Galatasaray, en Movistar Liga de Campeones 3. Todo pasa, en la práctica, por el ecosistema de Movistar Plus+ (con su paquete de Champions) y por las operadoras que integran esos canales en su oferta, con el mismo mapa de siempre: un partido “principal” y los otros repartidos por señales específicas.

La foto de la jornada queda clara, pero la experiencia no tanto: con tres encuentros a la vez a las nueve, la noche invita al “multi”, a saltar de un estadio a otro en cuanto llega el primer gol. Y ahí aparece un detalle muy español, muy de sofá y bar: el partido que se está viendo no es el único que se está “siguiendo”. Se sigue, también, el rumor del otro. El fútbol de hoy ya no se mira solo con ojos, se mira con ecos.

Qué vale para pasar: desempates, prórroga y penaltis

El playoff se juega a ida y vuelta y manda el resultado global. Si, tras los dos partidos, el marcador total queda igualado, hay prórroga y, si hace falta, penaltis. Aquí conviene recordar una regla que todavía arrastra malentendidos: el valor doble de los goles fuera de casa ya no existe desde hace años, así que un 1-0 en casa no “vale menos” que un 0-1 fuera. La eliminatoria es una cuenta simple, sin truco, lo que no la hace menos cruel: cualquier empate en el global abre un tramo extra de media hora que suele ser puro nervio, piernas pesadas y decisiones pequeñas que se vuelven gigantes.

Este contexto coloca a cada equipo en una postura distinta, casi como si jugasen deportes diferentes. Quien tiene ventaja corta vive con la calculadora en el bolsillo, pero sin sacarla demasiado para que no se note; quien va por detrás necesita gol temprano o, al menos, necesita que el partido “se parezca” al guion que le conviene. Y quien llega con ventaja grande, como Galatasaray, sabe que lo peor que puede pasar es alimentar una remontada con errores tontos: una tarjeta evitable, un penalti por llegar tarde, una pérdida en la salida. Cosas que suenan pequeñas hasta que ya no lo son.

Bernabéu: Real Madrid-Benfica, el 0-1 que no relaja

El Real Madrid defiende en el Santiago Bernabéu un 0-1 logrado en Lisboa, una ventaja mínima que protege, sí, pero no anestesia. En noches así, el marcador de la ida se comporta como una manta corta: si tapa la ansiedad, deja al descubierto el miedo a un gol en contra; si el equipo se va arriba a buscar el segundo, deja espacios atrás y el partido entra en una zona que nadie controla del todo. La Champions se ha llenado de eliminatorias que cambian por una jugada aislada, y una ventaja de un gol no alcanza para vivir tranquilo.

La aritmética es directa y, por eso, pesada: al Madrid le vale ganar, empatar o perder por un gol siempre que el Benfica no supere el resultado global. Si el Benfica gana 0-1, el total quedaría igualado y el partido se iría a prórroga. Si el Benfica gana por dos goles de diferencia, la eliminatoria se gira. Es el tipo de escenario que convierte el primer tanto en el centro del universo. Marcar primero no es solo marcar: es elegir el clima.

El Benfica llega con el punto de orgullo de quien se sabe capaz de incomodar a cualquiera, y con el incentivo claro de que no necesita un partido perfecto, solo un partido que rompa el plan del rival. Su amenaza, en estas visitas, suele nacer de lo mismo: transiciones rápidas, algún balón parado bien ejecutado y la paciencia para esperar el error, porque el error siempre aparece cuando hay tensión. El Bernabéu, mientras, juega su papel habitual, ese empuje que a veces acelera y otras veces exige, como si el estadio tuviera su propia respiración. El ruido puede levantar un equipo o puede apretarle el cuello si el marcador no se mueve.

En cuanto a televisión, el encuentro se coloca como el gran foco de la franja de las 21:00 en Movistar Liga de Campeones, el carril principal. Esa etiqueta importa porque marca el tono: más previa, más relato, más cámara buscando gestos. La imagen de una vuelta de Champions suele estar en los goles, pero también en la cara del entrenador cuando el rival pisa el área, en el defensa que mira al banquillo pidiendo calma, en el delantero que se queda medio segundo quieto porque decide si presiona o guarda piernas.

Aquí el pronóstico razonable, sin vender humo, empuja hacia un partido con tramos: un arranque intenso del Benfica, un Madrid tratando de imponer ritmo sin volverse loco y una segunda parte que puede depender de un detalle. La ventaja madridista existe, pero no es una puerta cerrada; es una puerta entornada. Y una puerta entornada, en Champions, no deja de ser una invitación.

París: PSG-Mónaco, un derbi con Europa de por medio

El PSG trae a París un 2-3 de la ida en el Stade Louis II, un resultado con filo: suficiente para sentirse por delante, insuficiente para jugar con el piloto automático. El Mónaco, con un gol, se mete en el partido; con dos, le da la vuelta a todo. Y en un cruce entre equipos que se conocen demasiado, el “se conocen” pesa tanto como el “demasiado”. A veces ese conocimiento evita sorpresas; otras, multiplica los venenos, porque cada uno sabe dónde duele el otro.

El Parque de los Príncipes suele ser un escenario de pulsaciones altas, pero también de impaciencia: cuando el PSG no manda pronto, el estadio empieza a pedirlo. Y el Mónaco, precisamente, es de esos equipos que pueden vivir bien sin mando, esperando el momento, dejando que el partido se llene de pequeñas dudas. En eliminatorias así, el PSG suele tener una obsesión: que el duelo no se convierta en una carrera desordenada, porque el desorden da oportunidades al que va por detrás y mete nervios al que va por delante.

La clave aquí suele estar en la gestión del riesgo. Si el PSG marca, la eliminatoria se abre como un paraguas: al Mónaco le obligaría a un mínimo de dos goles para forzar prórroga, y el partido se estira. Si marca el Mónaco, el PSG entra en ese terreno incómodo donde el talento individual ya no basta, porque el reloj empieza a presionar y el rival se crece. La ventaja parisina existe, pero exige cabeza fría.

En España, el partido se sigue en Movistar Liga de Campeones 2 a las 21:00, lo que lo convierte en el segundo gran foco de la noche. Eso, en términos reales, significa que muchos ojos lo verán a ratos y muchos lo vivirán por marcadores, pero el que se siente a verlo entero suele encontrar lo mismo: detalles tácticos, duelos individuales repetidos hasta que uno se impone, y una eliminatoria que puede pasar de controlada a incierta en cinco minutos. El pronóstico lógico coloca al PSG un paso por delante por el resultado de la ida y por el factor casa, aunque en cruces domésticos europeos la lógica dura lo que dura un error.

Turín: Juventus-Galatasaray, el 5-2 como cicatriz

El golpe más sonoro de la ida lo encajó la Juventus: 5-2 en contra ante el Galatasaray. No es una desventaja, es una montaña. En estos casos, el partido de vuelta se transforma: deja de ser solo un duelo de fútbol y se convierte en una prueba de carácter, de estadio, de si la realidad puede doblarse un poco. Turín, en noches de fe, sabe empujar; el problema es que empujar no mete goles por sí solo.

La matemática es áspera. La Juventus necesita ganar por tres goles para igualar la eliminatoria y llevarla a prórroga; por cuatro para pasar directamente. Un 3-0, por ejemplo, forzaría tiempo extra; un 4-0 clasificaría. Pero cualquier gol del Galatasaray sube la exigencia como si alguien moviese la portería hacia atrás. Ese es el detalle que suele matar remontadas: la ansiedad por marcar rápido, el riesgo de quedar expuesto, la posibilidad de encajar un gol que, de golpe, convierte el objetivo en casi imposible.

Para el Galatasaray, el plan es casi obvio y por eso delicado: no regalar el partido. No conceder un penalti torpe, no entrar en provocaciones, no caer en una expulsión por discutir. Con una ventaja tan amplia, el rival necesita un incendio; la manera de apagarlo es no echar gasolina. Y Turín, si la Juventus marca en el primer tramo, puede volverse un lugar incómodo, con ese ambiente que aprieta y que convierte cada balón dividido en una pequeña final. El primer gol aquí no es importante: es determinante.

En España, el partido va a las 21:00 por Movistar Liga de Campeones 3, compartiendo franja con el Madrid y el PSG. Eso tiene un efecto curioso: la remontada, si asoma, se convierte en noticia dentro de la noticia. Basta que el marcador se ponga 1-0 pronto para que la atención se desplace, para que los móviles vibren, para que el partido “secundario” se vuelva el partido del que todo el mundo habla. Ese es el encanto de estas noches múltiples: el foco no siempre lo decide el cartel, lo decide el gol.

El pronóstico aquí suele ser prudente por una razón sencilla: el 5-2 protege muchísimo al Galatasaray. Pero la prudencia no elimina el riesgo de un tramo de locura, de esos en los que la Juventus se lanza y el partido se rompe. Si se rompe, aparecen los espacios, y en los espacios no hay historia que aguante demasiado tiempo sin cambiar.

Bérgamo: Atalanta-Dortmund, remontar sin volverse loco

El Atalanta recibe al Borussia Dortmund con un 2-0 en contra de la ida. Es una desventaja seria, pero no definitiva: un 2-0 en la vuelta iguala el global y manda a prórroga; un 3-0 clasifica directamente. El matiz importa porque condiciona el ritmo. No es lo mismo necesitar “solo” empatar la eliminatoria que necesitar ganarla sin tiempo extra. En ambos casos se necesita marcar, sí; lo que cambia es cuándo se considera aceptable el riesgo.

Bérgamo, con el Gewiss Stadium apretado y cercano, suele ofrecer ese tipo de atmósfera donde el rival siente la presión más por la proximidad que por el volumen. El Atalanta, además, tiene una identidad que suele empujar hacia partidos de ritmo alto, de ataques constantes, de segundos balones, de insistencia. Eso, para una remontada, ayuda… hasta que deja de ayudar. Porque insistir también abre puertas atrás, y el Dortmund, con ventaja, sabe que un gol fuera puede convertirse en una sentencia psicológica: obligaría al Atalanta a marcar tres solo para empatar el global.

En España, este cruce abre la jornada a las 18:45 por Movistar Liga de Campeones 3, un horario que a veces pasa más desapercibido, pero que tiene su propio atractivo: es un partido que se puede ver con continuidad, sin la interferencia de otros directos a la misma hora. Y eso permite captar lo que en el resumen no aparece: la evolución del plan, el ajuste del Dortmund si sufre, el momento exacto en que el Atalanta decide acelerar, como si la eliminatoria tuviese un interruptor.

El pronóstico, si se mira con frialdad, coloca al Dortmund con ventaja clara por el 2-0. Pero una vuelta con 2-0 en contra tiene una norma silenciosa: si el equipo que va por detrás marca antes del descanso, la eliminatoria cambia de color. El gol temprano convierte el partido en otra cosa, y el Dortmund lo sabe. Por eso este tipo de duelos se deciden muchas veces en pequeños detalles defensivos: un despeje correcto, una falta a tiempo, una cobertura bien hecha cuando el estadio empuja y el balón quema.

Lo que deja la noche: el billete a octavos y la letra pequeña

Cuando cierre el miércoles, quedará una lista de clasificados y, con ella, una lectura inevitable: quién avanzó con autoridad y quién avanzó con susto. En Champions, incluso en esta fase de repesca, el “cómo” importa porque deja huella. Un equipo que pasa con un tramo final agónico arrastra esa tensión; un equipo que pasa controlando se permite pensar en marzo con otra cara. El estado de ánimo también compite.

La lógica de los marcadores de ida empuja hacia unos favoritos nítidos: el Real Madrid por el 0-1, el PSG por el 2-3, el Dortmund por el 2-0 y el Galatasaray por el 5-2. Pero la lógica, en esta competición, es un mapa; el territorio es otra cosa. La noche está llena de variables que cambian en un suspiro: una lesión que obliga a reajustar, una amarilla que condiciona, un gol que desordena un plan que parecía perfecto. A las 21:00 se jugarán tres partidos a la vez y esa simultaneidad tiene un efecto narrativo: el fútbol se vuelve coral, con historias que se pisan, con giros que llegan de golpe desde otro estadio.

En el Bernabéu, el Madrid busca una clasificación que no le obligue a ponerse nervioso; en París, el PSG quiere cerrar sin dramas un derbi que siempre trae dientes; en Turín, la Juventus pelea contra un resultado que pesa como una losa y que, aun así, no impide soñar con un inicio furioso; en Bérgamo, el Atalanta intenta que el primer gol llegue lo bastante pronto como para que el Dortmund empiece a dudar. Y, al final, la Champions suele decidir con la frialdad de siempre: pasan los que convierten una ventaja en seguridad y los que, sin ventaja, son capaces de construir un partido casi perfecto. Todo lo demás, por muy bonito que suene, se queda en ruido.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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