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Fallece Pablo Vázquez, expresidente de Renfe y asesor de Feijóo
Pablo Vázquez muere a los 60 años sin causa oficial conocida, tras una carrera marcada por Renfe, Fedea y su cercanía a Alberto Núñez Feijóo.

Pablo Vázquez Vega murió el lunes 3 de agosto de 2026 a los 60 años. Alberto Núñez Feijóo comunicó el fallecimiento del presidente de Reformismo21, la fundación vinculada al Partido Popular, y recordó a uno de sus principales asesores como un hombre inteligente, trabajador y bondadoso.
La causa de la muerte no ha sido revelada. Las primeras comunicaciones públicas tampoco precisan el lugar exacto ni la hora del fallecimiento. Por ahora, cualquier versión que atribuya su muerte a una enfermedad concreta, un accidente o una complicación determinada carece de confirmación. Internet, siempre tan veloz para rellenar los silencios, no convierte una conjetura repetida en un hecho.
Vázquez había construido una trayectoria poco habitual en la política española: economista académico, jurista, gestor público, consultor y, durante un breve periodo, diputado. Presidió Renfe e Ineco, dirigió Fedea y Madrid Futuro, pasó por la Subsecretaría de Sanidad y terminó ocupando una posición discreta pero influyente junto a Feijóo. No era un dirigente de mitin ni un coleccionista de titulares. Su terreno estaba detrás del escenario, entre documentos, reformas y números.
De qué murió Pablo Vázquez y qué se sabe del fallecimiento
El fallecimiento fue anunciado durante la mañana del 3 de agosto de 2026 por el presidente del PP. Los medios que difundieron la noticia confirmaron la edad de Vázquez y repasaron su trayectoria, pero no aportaron detalles médicos ni indicaron dónde murió. Tampoco se comunicó que hubiera sufrido una dolencia determinada.
La respuesta rigurosa, por tanto, es bastante menos espectacular que algunos titulares fabricados al minuto: no se conoce públicamente de qué murió Pablo Vázquez. La familia y su entorno tienen derecho a preservar esa información, especialmente durante las primeras horas de duelo. La ausencia de una explicación oficial no es una pista secreta. Es, simplemente, una ausencia.
Feijóo lo describió como el corazón de Reformismo21 y trasladó su pésame a la madre, la esposa y los hijos de Vázquez. Miguel Tellado, secretario general del PP, destacó su preparación intelectual y su carácter afable, mientras numerosos dirigentes populares difundían mensajes de reconocimiento.
También Luis Garicano, economista y antiguo eurodiputado de Ciudadanos, dejó uno de los testimonios más personales. Recordó a Vázquez como una persona íntegra, brillante y comprometida con mejorar España, incluso cuando ese compromiso le suponía costes personales. El tono de las despedidas dibujó una pérdida inesperada y especialmente dolorosa para su círculo cercano.
Quién era Pablo Vázquez: biografía y formación
Pablo Vázquez Vega nació en Cáceres el 16 de diciembre de 1965. Estaba casado y era padre de cuatro hijos. Su ficha del Congreso lo presentaba como profesor de Economía, licenciado en Derecho y profesor titular universitario, un perfil más próximo al técnico de la Administración que al político profesional criado entre juventudes de partido.
Se licenció en Derecho y obtuvo el doctorado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid. Completó estudios de posgrado en Economía en la Universidad de California en Berkeley, uno de los centros académicos más reconocidos de Estados Unidos. Ejerció la docencia en la Complutense, la Universidad de Cantabria y CUNEF, institución de la que llegó a ser director general.
Un economista acostumbrado a cruzar fronteras
La formación jurídica le permitía comprender la arquitectura del Estado; la económica, medir sus costes y sus resultados. Esa mezcla definió buena parte de su carrera. Vázquez se movía entre la universidad, la Administración y la empresa con una soltura poco común, como quien cambia de vagón sin abandonar el mismo tren: las políticas públicas, la gestión y las reformas institucionales.
Participó en proyectos de investigación financiados con fondos públicos y desarrolló una carrera académica vinculada a la Economía Aplicada. Sin embargo, su nombre empezó a cobrar mayor relevancia fuera de las aulas, cuando comenzó a ocupar puestos de responsabilidad en organismos públicos y centros de análisis económico.
De Sanidad y Fedea a la presidencia de Renfe
Entre 2002 y 2004 fue subsecretario de Sanidad y Consumo, durante la etapa de Ana Pastor al frente del ministerio. El cargo lo situó en la primera línea de la gestión administrativa, aunque lejos del escaparate político. Después dirigió la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, desde mediados de la década de 2000 hasta comienzos de 2012.
Fedea era —y continúa siendo— uno de los principales laboratorios españoles dedicados al análisis económico. Bajo esa experiencia, Vázquez reforzó una imagen de economista reformista, preocupado por la sostenibilidad de las políticas públicas, el mercado laboral y la eficiencia institucional. Su aproximación no era revolucionaria. Tampoco inmovilista. Prefería tocar las tuberías del edificio antes que incendiarlo para presumir de haber encontrado calefacción.
En 2012 fue nombrado presidente de Ineco, la ingeniería pública especializada en transportes e infraestructuras. Durante ese periodo también presidió el consorcio español encargado de desarrollar el proyecto ferroviario de alta velocidad entre La Meca y Medina, una de las operaciones internacionales más ambiciosas de las empresas españolas del sector.
Su etapa al frente de Renfe
En octubre de 2014, el Gobierno de Mariano Rajoy lo nombró presidente de Renfe en sustitución de Julio Gómez-Pomar. Permaneció en el puesto hasta diciembre de 2016. Su mandato coincidió con un proceso de saneamiento financiero, renovación de plantilla y preparación de nuevas inversiones en material ferroviario.
Renfe cerró 2015 con ganancias y esperaba encadenar un segundo ejercicio positivo en 2016. Durante aquellos meses también adjudicó a Talgo un pedido de trenes de alta velocidad valorado inicialmente en 1.495 millones de euros, una inversión que entonces fue presentada como la mayor operación de compra de material ferroviario realizada por la compañía.
El contrato estuvo rodeado de una atención considerable por su volumen y por el método de adjudicación. Renfe recurrió a un acto público para resolver el concurso, una fórmula con la que pretendía reforzar la transparencia y la seguridad jurídica del procedimiento. El pedido acabaría dando origen a los trenes Avril de la serie 106, cuya puesta en servicio, muchos años después, resultó bastante más accidentada de lo que prometían los folletos. La gestión pública tiene esas ironías: quien firma la compra rara vez presencia el último capítulo.
Tras abandonar Renfe, Vázquez asumió la dirección general de CUNEF y regresó al ámbito académico y empresarial. Más adelante trabajó como asesor sénior de McKinsey & Company y dirigió Madrid Futuro, una asociación concebida para impulsar proyectos de recuperación y colaboración empresarial en la capital tras la pandemia.
Reformismo21 y su relación con Alberto Núñez Feijóo
Feijóo recuperó a Pablo Vázquez para la política nacional en febrero de 2023. Le encargó la dirección de Concordia y Libertad, la fundación vinculada al PP, que poco después fue relanzada con el nombre de Reformismo21. La intención era construir un centro de pensamiento capaz de elaborar propuestas económicas, sociales e institucionales para el proyecto del partido.
La fundación ocupó el espacio orgánico que había quedado libre después de que FAES, presidida por José María Aznar, dejara de estar vinculada jurídicamente al PP. Vázquez trabajó junto a especialistas, antiguos ministros, académicos y profesionales procedentes de ámbitos diversos. El objetivo era ofrecer a Feijóo una estructura estable de ideas y programas, algo más sólido que la habitual colección de ocurrencias elaboradas entre una tertulia y otra.
En las elecciones generales de julio de 2023 fue incluido en el número 13 de la candidatura del PP por Madrid y obtuvo un escaño en el Congreso. Su paso por la Cámara fue breve. Tomó posesión en agosto y renunció en enero de 2024 para concentrarse plenamente en Reformismo21, siendo sustituido por Edurne Uriarte.
La decisión retrataba bastante bien su manera de entender la política. Vázquez parecía sentirse más cómodo preparando una reforma que defendiéndola a gritos desde una tribuna. Bajo su presidencia, la fundación abordó cuestiones económicas, sanitarias, culturales, institucionales y de política exterior, con una defensa explícita de la democracia liberal, los derechos humanos y la necesidad de modernizar el país mediante cambios graduales.
Su proximidad a Feijóo fue creciendo hasta convertirlo en uno de los asesores de confianza del dirigente popular. No pertenecía al grupo de portavoces que ocupan diariamente las pantallas, pero sí al círculo que elaboraba diagnósticos, documentos y propuestas. En enero de 2026 todavía participó en la reunión convocada por Feijóo para analizar el accidente ferroviario de Adamuz, aportando su experiencia como antiguo responsable de Renfe.
El legado de un reformista poco dado al espectáculo
La muerte de Pablo Vázquez deja a Reformismo21 sin su principal impulsor intelectual y obliga al PP a reorganizar una pieza importante de su estructura programática. La fundación había sido diseñada para acompañar a Feijóo en la construcción de una alternativa de Gobierno, traduciendo principios generales en propuestas concretas. Vázquez era quien mantenía unidos esos dos mundos: el político y el técnico.
Su legado no se mide únicamente por los cargos que ocupó. Queda también una determinada forma de trabajar, basada en la preparación académica, la gestión profesional y la búsqueda de reformas posibles. Puede discutirse el contenido de sus ideas, como corresponde en una democracia adulta, pero resulta más difícil negar la coherencia de su trayectoria: Sanidad, Fedea, Ineco, Renfe, universidad, consultoría y política estuvieron conectadas por una preocupación constante por el funcionamiento del Estado.
En una época enamorada del gesto, Pablo Vázquez representaba el método. El documento antes que el eslogan; el dato antes que la ocurrencia; la reforma frente a la demolición teatral. No es una figura que vaya a ocupar demasiados minutos en los vídeos virales, quizá porque dedicó su carrera a asuntos que exigen algo más de quince segundos de atención.
Murió a los 60 años, con una familia joven y numerosos proyectos abiertos. La causa, el lugar y las circunstancias concretas de su fallecimiento no han sido comunicados públicamente. Lo confirmado es suficiente para contar la noticia sin invadir el duelo: desaparece uno de los economistas y gestores más próximos a Feijóo, un hombre que hizo del reformismo no una etiqueta brillante, sino una manera paciente —y bastante menos ruidosa— de intervenir en la vida pública.

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