Síguenos

Actualidad

La restauración de la Mezquita-Catedral de Córdoba ya está en marcha

La primera fase repara los tejados dañados y refuerza la protección del conjunto sin cerrar sus puertas al público.

Publicado

el

obras en la Mezquita-Catedral

Foto de Alonso de Mendoza vía Wikimedia Commons, bajo CC BY-SA 3.0

La restauración de la Mezquita-Catedral de Córdoba recibió autorización formal de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía el miércoles 15 de octubre de 2025 y, según el calendario comunicado entonces, los trabajos debían ponerse en marcha de inmediato. La primera intervención se concentra en las cubiertas dañadas por el incendio del 8 de agosto de ese año, en la nave 1, junto a las capillas afectadas. El monumento permanece abierto: la obra se delimita con un perímetro de seguridad para que las visitas y el culto puedan continuar.

La fecha del 15 de octubre marca el visto bueno patrimonial y el inicio de la fase autorizada, pero no equivale necesariamente al primer día de cada tarea sobre el tejado. La llegada de materiales, el montaje de medios auxiliares y la organización de los equipos forman parte del despliegue. La secuencia, en cambio, está definida: primero se recupera la protección de las cubiertas y después se aborda con más detalle la restauración interior de las capillas.

Esta intervención por el incendio no debe confundirse con las reparaciones del pavimento y los cortes de tráfico difundidos en otras noticias locales. Aquellas actuaciones afectan a calles y plazas del centro; la restauración aquí descrita se desarrolla dentro del conjunto monumental y busca reparar los daños del fuego y del agua utilizada para extinguirlo. Son obras distintas, con objetivos y espacios de trabajo diferentes.

El tejado, primera prioridad tras el incendio

La autorización inicial permite restituir las cubiertas de la nave 1, en el tramo situado entre la canal junto al muro oriental de la antigua mezquita y la que corona la primera arquería. En esa zona se encuentran el Baptisterio, la capilla de San Nicolás de Bari, el vestíbulo de la Puerta de San Nicolás, la Anunciación o Encarnación y la capilla del Espíritu Santo. El propósito inmediato es recuperar la estanqueidad y la seguridad antes de trabajar a fondo en los interiores.

La reparación reproduce la lógica constructiva previa: se reponen las cerchas y sus piezas asociadas, se revisan las canales que recogen el agua y se vuelve a colocar la teja curva con el sistema tradicional de canales y cobijas. También se atienden la ventilación bajo cubierta y los encuentros entre la madera y la fábrica histórica. No se plantea cambiar el perfil visible del tejado, sino restituir lo dañado con materiales y geometrías compatibles con el edificio.

El alcance se limita al área comprometida y procura intervenir solo donde hace falta. El conocimiento acumulado en reparaciones anteriores de las cubiertas, incluidas las realizadas desde los años ochenta, ayuda a reconocer las soluciones existentes y a reducir incertidumbres. La prioridad es devolver estabilidad e impermeabilidad, pero también dejar el espacio accesible para futuras inspecciones: una cubierta conservada necesita poder revisarse, no quedar oculta e inaccesible tras la reparación.

Una restauración por etapas, no una obra única

La secuencia de trabajo responde a una razón práctica. Mientras la cubierta siga expuesta o debilitada, el agua de lluvia y la humedad pueden agravar los daños en los elementos interiores. Por eso la primera fase asegura el cerramiento superior y las estructuras de soporte; solo después tiene sentido avanzar con limpieza, consolidación y tratamiento de retablos, paramentos y otros bienes afectados. El orden busca proteger lo que queda por restaurar, no limitarse a reparar la parte más visible.

El incendio no dañó únicamente aquello que alcanzaron las llamas. El humo dejó hollín en elementos decorativos y el agua empleada durante la extinción añadió complicaciones en zonas de la estructura. En el balance difundido al cumplirse un año del siniestro, la restauradora responsable indicó que se había recuperado cerca del 80% de los daños, aunque dos capillas seguían cerradas y se esperaba completar el conjunto de las labores en 2027. Ese porcentaje describe el avance global comunicado entonces, no significa que todas las áreas estén terminadas ni que cada fase tenga el mismo ritmo.

Entre los trabajos interiores ya realizados en ese balance figuraban la restauración del retablo de la capilla de San Nicolás de Bari y la recuperación de la capilla del Espíritu Santo. También se trabajaba sobre otro retablo trasladado al taller, el vestíbulo de San Nicolás y la consolidación de una columna afectada. La duración depende del estado y del material de cada pieza: limpiar hollín de una superficie no equivale a estabilizar una estructura ni a devolver a un retablo su condición anterior.

Cómo se reconstruye una cubierta histórica

El proyecto mantiene las cubiertas a dos aguas que existían en el tramo afectado y prevé recuperar una estructura de cerchas de par e hilera, con tirante y nudillo. En términos sencillos, esas piezas forman un entramado que sostiene el tejado y distribuye su peso hacia los apoyos. Allí donde había durmientes sobre los muros, como en San Nicolás, se reponen; en los demás puntos se conservan los apoyos directos una vez saneados los encuentros. La forma tradicional se mantiene, con controles actuales sobre su ejecución.

La madera continúa siendo el material principal de la estructura, en lugar de sustituirse por una solución que altere su comportamiento o la lectura del edificio. La propuesta contempla tratamientos protectores frente al fuego y frente a organismos que deterioran la madera, además de certificados de aplicación y revisiones programadas. La elección no es solo estética: la madera aporta ligereza y permite conservar la lógica constructiva existente, siempre que se controle su estado y su relación con la humedad. Conservar también implica tratar y vigilar.

La teja curva se coloca en filas de canales y cobijas, con solapes que favorecen la evacuación del agua y permiten que circule aire bajo la cubierta. Las canales longitudinales y los remates de plomo son piezas decisivas para evitar filtraciones en los encuentros con los muros. El plomo se adapta a esas uniones y requiere una colocación cuidadosa, con espacio para sus movimientos. Los detalles que apenas se ven son los que impiden que la lluvia vuelva a abrir la cubierta.

La ventilación también cuenta. Si el aire queda atrapado bajo el tejado, la humedad puede perjudicar la madera y otros materiales; si el agua no es conducida correctamente, aparecen filtraciones en puntos difíciles de detectar. Por eso la restitución incorpora la revisión de canales, tejas, respiraderos y registros de inspección. No se trata de añadir complejidad por sí misma, sino de facilitar el mantenimiento posterior y localizar posibles problemas antes de que se extiendan. La prevención empieza por poder observar lo que ocurre bajo las tejas.

La seguridad que no se verá desde el patio

Una de las novedades de la fase está bajo la cubierta: la compartimentación mediante muretes y puertas cortafuegos, junto con una menor separación entre cerchas. Los sectores separados pueden dificultar que un fuego o el humo avancen sin obstáculos por el espacio superior. La reducción del paso entre cerchas, por su parte, distribuye mejor las cargas y añade redundancia estructural. Son medidas discretas, pensadas para cambiar cómo responde el edificio ante un incidente, sin modificar su aspecto desde el interior o el exterior.

La capilla del Espíritu Santo presenta una situación particular porque su estructura, documentada en 2014, ya está formada por durmientes sobre los muros norte y sur y por tirantes y cerchas de par e hilera con nudillo. La restitución puede concentrarse en las piezas afectadas por el calor y el humo, además de ajustar los encuentros que hayan perdido integridad. La intervención busca mantener la geometría y la lectura artística de la capilla. El estado previo de cada espacio determina cómo se actúa; no hay una reparación idéntica para todas las cubiertas.

Los trabajos de emergencia para asegurar el conjunto tras el fuego fueron comunicados como ejecutados en más de un 90% en una actualización anterior. Ese dato corresponde a las medidas urgentes de seguridad y no debe confundirse con el avance de la restauración artística ni con la reconstrucción completa de las cubiertas. La diferencia importa: una medida puede estar ya ejecutada mientras otras labores, más lentas y minuciosas, siguen en marcha. Emergencia, cubierta y restauración interior son fases relacionadas, pero no intercambiables.

Qué puede notar quien visite el monumento

La apertura al público se mantiene durante la obra, sin que eso signifique que todos los espacios afectados sean necesariamente accesibles en todo momento. El área de intervención queda separada y puede haber andamios, operarios en altura y movimientos de materiales. También pueden escucharse ruidos propios de los trabajos de carpintería y de montaje. El objetivo operativo es reducir las interferencias con las visitas y el culto, pero la actividad de una obra patrimonial puede exigir ajustes puntuales.

El montaje de andamios perimetrales y de pasarelas en altura permite trasladar tejas y piezas de madera sin cruzar los recorridos habituales del público. Los accesos de los equipos se organizan para mantener separados, en la medida prevista por el plan, el tránsito de obra y el de visitantes. La señalización y los perímetros indican qué zonas no deben atravesarse; si la logística requiere estrechar o desviar temporalmente un paso, las indicaciones sobre el terreno son las que ordenan el recorrido. La seguridad depende tanto del diseño de la obra como de respetar sus límites.

Los horarios de visita y de culto se plantearon para continuar con normalidad, con la posibilidad de ajustes si las necesidades de la intervención lo exigían. Los medios de primera intervención, el control de accesos y la coordinación de seguridad forman parte de las medidas previstas. La convivencia entre restauración y uso público no elimina las molestias, pero permite que el monumento siga funcionando mientras se trabaja en una zona delimitada. La continuidad de la visita no implica que la restauración haya terminado.

Quién autorizó y supervisa los trabajos

El Cabildo promueve la intervención y la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Córdoba, dependiente de la Junta de Andalucía, autorizó la primera fase con condiciones técnicas. Esa supervisión busca que las decisiones respeten el valor histórico del conjunto y que la obra no altere innecesariamente sus materiales, volúmenes o acabados. En un monumento de esta complejidad, la autorización no es un trámite separado de la restauración: marca el marco en el que los equipos pueden intervenir.

La documentación de la obra permite dejar constancia de las actuaciones, los materiales empleados y los tratamientos aplicados. Las memorias fotográficas, las fichas técnicas y los registros de decisiones sirven para comprender qué se hizo y por qué, tanto durante la ejecución como en futuras tareas de conservación. Esa información resulta especialmente útil cuando los elementos quedan ocultos bajo la cubierta. Lo que no se ve después debe quedar documentado mientras se ejecuta.

La coordinación reúne oficios distintos: carpintería de armar, trabajos de plomo, restauración de bienes muebles y supervisión arquitectónica, entre otros. Cada equipo afronta un problema diferente, pero las decisiones se condicionan entre sí. Un encuentro mal resuelto puede permitir el paso del agua; un tratamiento inadecuado puede ser incompatible con un material histórico. La suma de conocimientos especializados es parte de la protección del edificio, no un detalle administrativo.

Un frente histórico que exige cautela

Las capillas de este tramo oriental reúnen elementos de épocas distintas, desde el ámbito medieval hasta intervenciones posteriores, con retablos, yeserías y vidrieras. La cubierta protege, por tanto, tanto la estructura como espacios de culto y bienes artísticos sensibles. Cambiar una pendiente o modificar el perfil de un faldón podría alterar la relación entre las piezas y la arquitectura. La fidelidad a la forma existente responde a razones patrimoniales y constructivas.

La experiencia de intervenciones anteriores también explica por qué no se plantea una transformación visible del tejado. Las dimensiones de las cerchas, la disposición de las tejas y la manera de conducir el agua forman parte de un sistema que ha evolucionado dentro del monumento. La obra incorpora mejoras preventivas donde puede hacerlo sin desfigurar ese sistema. La novedad está menos en la imagen que en la seguridad y el mantenimiento.

El incendio recordó la vulnerabilidad de un edificio con amplias estructuras de madera, pero también mostró la importancia de la respuesta de emergencia. Los bomberos evitaron que el fuego se propagara a zonas que habrían podido sufrir daños mucho mayores. Después llegaron la evaluación, las actuaciones urgentes y la restauración. No son momentos aislados: la conservación se construye antes, durante y después de una emergencia.

La fecha de inicio y el horizonte de los trabajos

La referencia concreta para el arranque de la primera fase es la autorización emitida el 15 de octubre de 2025, tras la cual el plan preveía iniciar de inmediato la reparación de las cubiertas. No se comunicó en el material disponible un día distinto para la entrada de cada equipo ni un calendario diario cerrado. El despliegue podía ajustarse a las condiciones encontradas en obra, especialmente en un edificio histórico donde abrir una zona puede revelar daños que no eran visibles desde el exterior. La fecha administrativa está clara; el ritmo de cada tarea depende de su ejecución real.

La previsión de completar las labores de restauración en 2027, difundida al cumplirse un año del incendio, sitúa el alcance temporal del proceso más allá de la primera reparación de los tejados. No contradice que las obras comenzaran en octubre: una fecha de inicio y un horizonte de finalización describen extremos distintos de un trabajo por fases. Reponer la cubierta es un primer paso, no la fecha de reapertura definitiva de todas las capillas.

La restauración combina urgencia y paciencia. Había que cerrar el edificio a la intemperie y recuperar la seguridad, pero limpiar hollín, consolidar materiales y estabilizar bienes artísticos exige intervenciones cuidadosas. Los informes difundidos tras el primer año situaban el avance cerca del 80%, con tareas aún pendientes y sin justificar una aceleración que comprometiera el resultado. En patrimonio, acabar antes no es más importante que conservar bien.

Una reparación que deja una protección más sólida

La primera fase devuelve a las cubiertas su función esencial y suma medidas para dificultar la propagación del fuego, facilitar inspecciones y ordenar el mantenimiento. Desde el patio, el perfil tradicional de tejas y faldones debe seguir dominando la vista; bajo esa superficie se incorporan cambios que buscan responder a lo aprendido tras el incendio. La restauración persigue reparar el daño y reducir vulnerabilidades, sin convertir el monumento en un edificio distinto.

La Mezquita-Catedral continúa abierta mientras los equipos trabajan en una parte acotada del conjunto, aunque algunas zonas afectadas pueden seguir restringidas durante la restauración. El calendario completo no se resume en la fecha de autorización: incluye la reparación de cubiertas, la intervención sobre capillas y bienes muebles y las comprobaciones posteriores. El comienzo está ligado al visto bueno de octubre de 2025; la recuperación total requiere más tiempo.

En edificios de esta escala, la conservación no se acaba cuando desaparecen los andamios. La revisión de canales, tejas, madera y barreras de protección forma parte del trabajo futuro y permite que las soluciones instaladas sigan cumpliendo su función. El tejado que se recompone ahora debe proteger generaciones de materiales y espacios que no admiten atajos. La mejor señal de una restauración eficaz será que sus mejoras sigan trabajando sin alterar la historia que protegen.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído