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Ciencia

¿Ha encontrado la NASA señales de vida antigua en Marte? Esto se sabe

Perseverance detecta carbono orgánico en Marte y reabre el debate sobre la vida antigua, aunque la prueba definitiva todavía queda pendiente.

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Hubo vida en Marte

Resumen

  • Perseverance detectó carbono orgánico complejo en rocas del cráter Jezero
  • El hallazgo encaja con vida antigua, pero todavía no constituye una prueba
  • La confirmación exige analizar en la Tierra las muestras guardadas en Marte

La NASA ha encontrado carbono orgánico complejo en unas rocas marcianas que ya habían despertado sospechas por sus extrañas manchas, minerales y huellas químicas. Todo apareció en Bright Angel, una formación sedimentaria del cráter Jezero examinada por el vehículo Perseverance. El conjunto encaja con un ambiente donde pudo existir vida microscópica hace miles de millones de años. Pero no, todavía no hay una prueba definitiva.

La distinción importa. Mucho. Las moléculas detectadas pueden proceder de organismos antiguos, aunque también podrían haberse formado mediante reacciones entre agua y roca o haber llegado a Marte dentro de meteoritos. El hallazgo no permite anunciar marcianos —ni siquiera microbios fosilizados—, pero estrecha el cerco alrededor de una pregunta que durante décadas parecía vivir cómodamente instalada en la ciencia ficción.

La respuesta corta: una pista seria, no una prueba de vida

Perseverance ha identificado carbono macromolecular, una forma compleja de materia orgánica, en lutitas de Bright Angel. Estas rocas se formaron en Neretva Vallis, el cauce de un antiguo río que vertía agua en el cráter Jezero cuando Marte era un planeta más húmedo, con lagos, corrientes y paisajes bastante menos hostiles que el desierto helado actual.

La materia orgánica contiene carbono y constituye la base química de la vida conocida. Eso no significa que todo compuesto orgánico haya sido fabricado por un ser vivo. El universo produce estas moléculas sin ayuda de células, bacterias ni criaturas con antenas. Aparecen en meteoritos, nubes interestelares y reacciones puramente minerales. Orgánico no equivale a biológico; ahí está el pequeño detalle que suele perderse cuando el titular despega antes que la ciencia.

Lo verdaderamente sugerente es el contexto. El carbono aparece en sedimentos depositados por agua y cerca de minerales cuya formación, en la Tierra, suele estar relacionada con reacciones químicas aprovechadas por microorganismos. No es una pistola humeante, pero tampoco una mancha cualquiera en mitad del polvo.

Qué ha detectado Perseverance en las rocas de Bright Angel

El instrumento SHERLOC, situado en el brazo robótico del vehículo, utilizó un láser ultravioleta y espectroscopia Raman para estudiar la composición de las rocas. Dicho sin bata blanca: iluminó superficies minúsculas y analizó cómo respondía la materia. Esa respuesta reveló señales compatibles con grandes estructuras de carbono en varios puntos de la formación.

Una de las rocas examinadas es Cheyava Falls, una pieza rojiza y alargada que llamó la atención por sus vetas blancas y unas marcas circulares bautizadas informalmente como manchas de leopardo. Perseverance perforó allí y guardó un cilindro de roca llamado Sapphire Canyon dentro de uno de sus tubos de muestras.

Por qué el carbono macromolecular resulta especial

Este material está formado por redes de átomos de carbono más grandes y resistentes que las moléculas orgánicas sencillas. En la Tierra puede proceder de restos biológicos transformados durante millones de años, como ocurre con la materia fósil y ciertos depósitos ricos en carbono. También puede nacer de procesos no biológicos. La química, conviene recordarlo, no firma sus obras.

La detección tiene otro valor: parte del carbono apareció sobre una superficie natural expuesta, pese a la radiación y a los compuestos oxidantes que castigan el suelo marciano. Marte carece de la protección atmosférica y magnética terrestre; su superficie recibe una lluvia de radiación capaz de romper moléculas durante periodos inmensos. Que estructuras complejas hayan sobrevivido convierte esas rocas en pequeñas cajas fuertes geológicas.

Un rastro que no se limita al cráter Jezero

El vehículo Curiosity ya había identificado materia orgánica en el cráter Gale, situado a miles de kilómetros. Que Perseverance encuentre compuestos semejantes en otro lugar sugiere que los ingredientes químicos asociados a entornos habitables pudieron estar extendidos por buena parte del Marte antiguo, no confinados en un oasis excepcional.

Eso cambia la escala del problema. La cuestión ya no sería únicamente si un rincón del planeta tuvo agua y carbono, sino cuánto duraron esas condiciones y cuántas regiones pudieron reunirlas al mismo tiempo. Un Marte húmedo, químicamente activo y con materia orgánica ofrece más oportunidades para la biología que una poza aislada y fugaz.

Las manchas de leopardo que encendieron las alarmas

Cheyava Falls ya era una roca célebre antes del nuevo análisis. En su superficie aparecieron pequeños puntos oscuros y halos blanquecinos enriquecidos en hierro, fósforo y azufre. Los investigadores los compararon con semillas de amapola y manchas de leopardo, nombres casi poéticos para unas estructuras de apenas milímetros.

Los instrumentos de Perseverance detectaron en ellas minerales probablemente relacionados con la vivianita, un fosfato de hierro, y la greigita, un sulfuro de hierro. En ambientes acuáticos terrestres, minerales parecidos pueden formarse cuando ciertos microorganismos obtienen energía mediante reacciones que alteran el hierro y el azufre.

La coincidencia resulta tentadora: sedimentos de agua, carbono orgánico, fósforo, azufre y minerales vinculados a transformaciones químicas que los microbios realizan en la Tierra. Puestos juntos, los indicios componen una escena coherente. Casi demasiado coherente. La prudencia científica entra precisamente ahí, antes de que una posibilidad razonable se disfrace de certeza.

La explicación geológica todavía sigue sobre la mesa. Los investigadores no han descartado que todas estas señales surgieran sin intervención de vida. El carbono pudo generarse mediante reacciones hidrotermales o entre minerales y agua; también pudo llegar en meteoritos. Los fosfatos y sulfuros de hierro podrían haberse formado por procesos químicos lentos dentro del sedimento.

Algunas de esas alternativas presentan dificultades. Determinadas reacciones necesitan temperaturas elevadas, acidez o condiciones para las que no existe una evidencia clara en Bright Angel. Sin embargo, una explicación incompleta no se convierte automáticamente en una explicación biológica. La ausencia de un mecanismo geológico sencillo tampoco equivale a encontrar una bacteria con certificado de nacimiento.

La expresión utilizada es biofirma potencial. Designa una característica compatible con procesos biológicos, pero que todavía admite causas no biológicas. Es una categoría incómoda y útil: obliga a investigar sin vender certezas prematuras. La ciencia avanza a menudo así, con una puerta entreabierta y alguien sujetándola para que la imaginación no salga corriendo.

El gran problema está en traer la roca a la Tierra

Perseverance puede fotografiar, perforar, irradiar y analizar las rocas marcianas, pero sus instrumentos no poseen la sensibilidad de los grandes laboratorios terrestres. Para determinar si el carbono conserva patrones isotópicos, estructuras microscópicas o moléculas inequívocamente relacionadas con organismos, habría que estudiar Sapphire Canyon en la Tierra.

Ese era el propósito del programa Mars Sample Return, concebido por la NASA y la Agencia Espacial Europea para recoger los tubos almacenados por Perseverance y devolverlos a nuestro planeta. El proyecto original quedó descarrilado por su enorme coste, la complejidad técnica y la falta de financiación. Existen propuestas para reformularlo, pero no hay una misión cerrada ni un calendario firme que garantice la recuperación de estas muestras.

La paradoja tiene cierto aroma burocrático: la humanidad quizá haya encerrado su mejor pista sobre la antigua vida marciana dentro de un tubo de titanio, pero todavía no sabe cómo ir a buscarlo sin convertir la factura en otra misión interplanetaria.

China trabaja en Tianwen-3, su propio proyecto de retorno de muestras marcianas, con el objetivo de traer material durante la próxima década. No recogería necesariamente las rocas seleccionadas por Perseverance, aunque podría proporcionar una comparación decisiva y convertir la astrobiología en otro escenario de la competencia espacial.

Marte se acerca a una respuesta, sin alcanzarla todavía

El nuevo hallazgo no demuestra que Marte albergara vida. Sí muestra que Bright Angel reunió agua, sedimentos finos, materia orgánica y reacciones químicas capaces de sostener un entorno habitable. La combinación es más sólida que cada indicio por separado y convierte a Cheyava Falls en una de las rocas más valiosas examinadas fuera de la Tierra.

Perseverance continúa trabajando después de haber recorrido más de 42 kilómetros, la distancia de un maratón, sobre un terreno de polvo, pendientes y piedras afiladas. Avanza despacio, apenas unos kilómetros por año, pero cada pequeño tramo abre páginas de una historia escrita hace más de 3.000 millones de años.

Puede que aquella historia sea únicamente geológica: agua que fluyó, minerales que reaccionaron y carbono acumulado por azar. Puede también que esconda el rastro químico de organismos diminutos desaparecidos cuando Marte perdió su atmósfera y sus ríos. La diferencia entre ambas versiones cabe, por ahora, dentro de un tubo sellado a millones de kilómetros.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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