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Ciencia

¿Quién puede ser voluntario en la misión lunar y marciana de la NASA?

La NASA busca cuatro voluntarios para vivir un año aislados en una misión simulada de Luna y Marte. Requisitos, pruebas y rutina en Houston.

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NASA busca voluntarios

Resumen

  • La NASA busca cuatro voluntarios para una misión simulada de Luna y Marte
  • El aislamiento durará un año en dos hábitats del Centro Espacial Johnson
  • La selección exige ciudadanía estadounidense, formación STEM y buena salud

La NASA busca cuatro voluntarios dispuestos a pasar aproximadamente un año aislados en dos hábitats del Centro Espacial Johnson, en Houston, para reproducir las distintas fases de una expedición humana a la Luna o Marte. La experiencia no incluye un lanzamiento, gravedad reducida ni una fotografía junto a un cráter auténtico. Incluye algo bastante menos vistoso y quizá más difícil: convivencia prolongada, espacio escaso, recursos limitados, trabajo bajo presión y la imposibilidad de abrir la puerta para despejarse un rato.

La misión, denominada Moon and Mars Exploration Analog, no comenzará antes de agosto de 2027. Los candidatos seleccionados simularán tanto el viaje interplanetario como las operaciones sobre una superficie extraterrestre, incluidos paseos marcianos ficticios y desplazamientos en un pequeño vehículo de exploración. El compromiso completo rondará los 14 meses: doce dentro de las instalaciones y otros dos dedicados a preparación, evaluaciones y recogida de datos antes y después del aislamiento.

Para un lector español hay una condición decisiva, conviene dejarla clara desde el principio: no basta con tener formación científica y ganas de desaparecer del mundo durante un año. La convocatoria está reservada a ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes de Estados Unidos con tarjeta de residencia. El pasaporte europeo, por muy espacial que se sienta uno al mirar el cielo de agosto, no abre esta escotilla.

La misión no despega: empieza en Houston

El nuevo experimento une por primera vez elementos de dos programas anteriores de la agencia. Por un lado está HERA, una instalación concebida para imitar el interior de una nave durante un viaje de larga duración. Por otro, CHAPEA, el hábitat impreso en tres dimensiones que representa una base instalada sobre la superficie de Marte.

La tripulación comenzará viviendo en el módulo de tránsito, como si hubiera abandonado la Tierra y se encontrara viajando durante meses por el espacio profundo. Más tarde pasará al recinto de superficie. El cambio permitirá estudiar una misión completa, desde el encierro del trayecto hasta las jornadas de exploración, mantenimiento y trabajo científico sobre otro mundo. Todo seguirá ocurriendo en Texas, naturalmente. Marte queda lejos; la burocracia experimental, bastante más cerca.

No es exactamente una nueva edición de CHAPEA, aunque ambos proyectos comparten paredes, métodos y buena parte de su filosofía. La NASA pretende integrar las simulaciones para observar cómo varían el rendimiento, la salud y la convivencia cuando cambian las fases de la expedición, las tareas y la percepción del espacio disponible.

Quién puede presentarse a la selección de la NASA

La franja de edad preferente va de los 30 a los 55 años, aunque la agencia contempla excepciones que necesitarían autorizaciones adicionales. Los aspirantes deben medir un máximo de 74 pulgadas, alrededor de 1,88 metros, dominar el inglés y aceptar un proceso de selección de varios días. Después llegarán los controles médicos y psicológicos, comparables a los utilizados en estudios de larga duración con perfiles similares a los de los astronautas.

La convocatoria exige también habilidades técnicas sólidas, ausencia de restricciones alimentarias y ningún historial de sonambulismo o consumo de medicamentos para dormir. No son caprichos decorativos. En una instalación cerrada, con una dieta fijada por el experimento y horarios estrictamente controlados, una intolerancia alimentaria o una alteración persistente del sueño puede desordenar los datos y, de paso, la convivencia de cuatro personas que no tienen exactamente dónde esconderse.

Nacionalidad, edad y resistencia al aislamiento

Ser ciudadano estadounidense o titular de una green card es obligatorio. También lo es aceptar que la intimidad será relativa, que la jornada quedará sometida a protocolos científicos y que el contacto con el exterior estará condicionado por la simulación. La NASA estudia precisamente lo que ocurre cuando el cansancio se acumula, las comunicaciones no son inmediatas y una avería menor deja de ser un asunto doméstico para convertirse en parte de la misión.

No se buscan aventureros improvisados ni concursantes de un programa de telerrealidad con decoración marciana. El candidato debe soportar la rutina y la presión, seguir procedimientos con precisión, resolver problemas y convivir sin que una discusión por la limpieza del baño termine convertida en crisis interplanetaria. La épica espacial suele aparecer después; antes están los turnos, los informes y la comida almacenada.

La formación académica que pide la agencia

El perfil educativo se parece al exigido a quienes aspiran a convertirse en astronautas. La NASA solicita al menos una licenciatura o grado universitario en ingeniería, matemáticas, ciencias biológicas o ciencias físicas. La calidad de la preparación académica y la experiencia profesional pesan en la evaluación.

Un máster en una disciplina STEM —ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas— puede computar como un año de experiencia, mientras que un doctorado puede equivaler a tres. La experiencia militar también puede ser considerada. No hace falta haber pilotado un cohete, pero sí demostrar una trayectoria que inspire confianza cuando una máquina falla, el procedimiento ocupa veinte páginas y el resto de la tripulación espera una solución, no una conferencia motivacional.

Los participantes recibirán una compensación económica, aunque la NASA no ha publicado la cuantía en el anuncio. La agencia habla de reembolso a los voluntarios y advierte de condiciones específicas para empleados públicos y contratistas. La convocatoria permanece abierta sin una fecha concreta de cierre; aparece oficialmente como un proceso en curso y puede terminar cuando se cubran las necesidades de selección.

Un año dentro de dos mundos artificiales

El primer espacio será una versión adaptada de HERA, una estructura de dos plantas diseñada para representar una nave en tránsito. Dispone de zona de trabajo, área común, dormitorios y módulo de higiene. No sobra nada. La arquitectura responde a una idea sencilla: en el espacio cada metro cúbico cuesta combustible, dinero y una cantidad casi obscena de cálculos.

La segunda parte transcurrirá en el hábitat de superficie utilizado por CHAPEA, una construcción impresa en 3D de unos 158 metros cuadrados. Dentro hay dormitorios privados, cocina, sala médica, zona de ocio, espacio para hacer ejercicio, área de cultivo, puestos de trabajo, esclusa y dos baños. Fuera se extiende un terreno cubierto con material que imita el paisaje marciano, donde se realizan salidas simuladas.

La tripulación podrá emplear asimismo un módulo rover para desplazarse hasta supuestos puntos de exploración alejados de la base. Cuenta con dos asientos de conducción, dos camas, una pequeña esclusa para muestras y un inodoro sin descarga. La conquista del sistema solar también pasa por esas minucias: diseñar dónde duerme alguien, cuánto agua consume o qué ocurre con los residuos cuando el camión municipal se encuentra a decenas de millones de kilómetros.

Durante el aislamiento habrá tareas científicas, mantenimiento, ejercicio físico, operaciones robóticas y paseos extravehiculares simulados. Algunas actividades recurrirán a realidad virtual. Otras serán muy terrenales: preparar alimentos, limpiar equipos, cultivar vegetales o reaccionar ante un fallo técnico provocado por los investigadores.

Qué quiere medir la NASA con este aislamiento

La finalidad no consiste en comprobar quién aguanta más tiempo encerrado, aunque la resistencia psicológica forma parte inevitable del estudio. La NASA quiere analizar cómo cambia el rendimiento humano cuando una tripulación trabaja durante meses bajo aislamiento, carga elevada de tareas, limitaciones de suministros y retrasos en las comunicaciones.

Una misión a Marte no permitiría mantener una conversación normal con la Tierra. Las señales necesitarían varios minutos para recorrer la distancia en cada dirección. Una pregunta sencilla podría tardar decenas de minutos en obtener respuesta, así que la tripulación tendría que tomar decisiones con mayor autonomía. Houston podrá simular esa demora; no puede reproducir la radiación ni la gravedad marciana, pero sí el silencio que aparece después de pedir ayuda.

Los investigadores recogerán datos físicos, cognitivos y conductuales. Observarán la calidad del sueño, la coordinación del grupo, la capacidad para cumplir procedimientos, el efecto de la fatiga y la respuesta ante emergencias o escasez de recursos. También evaluarán equipos médicos, sistemas de suministro de agua, tecnologías de diagnóstico, protocolos y herramientas concebidas para misiones de larga duración.

La experiencia acumulada ya es considerable. La primera misión CHAPEA reunió a cuatro personas durante 378 días, entre junio de 2023 y julio de 2024. La segunda comenzó el 19 de octubre de 2025 y está previsto que termine el 31 de octubre de 2026. Sus ocupantes afrontan averías simuladas, restricciones de recursos, retrasos de comunicación, cultivo de alimentos y operaciones robóticas mientras la agencia registra cómo trabajan, descansan y resuelven conflictos.

Los resultados servirán para preparar futuras expediciones del programa Artemis, posibles estancias prolongadas en la Luna y, a más largo plazo, la primera misión humana a Marte. Una base lunar permitiría ensayar tecnologías relativamente cerca de casa. Marte no concede esa comodidad: no habrá evacuación rápida, pieza de repuesto entregada al día siguiente ni videollamada sin retardo.

El viaje más lejano empieza sin salir de Texas

La convocatoria ofrece una imagen menos cinematográfica de la exploración espacial y, precisamente por eso, más interesante. Llegar a Marte no depende solo de motores, cohetes gigantes y trajes blancos recortados contra el horizonte. Depende de que cuatro personas puedan trabajar juntas cuando están cansadas, coman durante meses dentro de un menú limitado y acepten que cualquier problema debe resolverse con lo que ya tienen a mano.

Los seleccionados no serán astronautas ni viajarán fuera de la Tierra. Serán participantes de una investigación, sometidos a controles constantes y a una rutina diseñada para producir datos fiables. Su aportación, sin embargo, puede influir en decisiones muy concretas: el tamaño de los futuros hábitats, la distribución de los espacios, los alimentos transportados, los equipos médicos necesarios o la forma de organizar el trabajo a millones de kilómetros.

La NASA busca perfiles científicos, técnicamente solventes y capaces de convivir bajo presión. Nada de turistas espaciales. El paisaje marciano será un decorado de Houston, sí, pero el cansancio, el aislamiento y los roces humanos no necesitarán simulador. Esos viajarán con la tripulación desde el primer día.

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