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¿Qué se sabe del alemán apaleado por dos menores en Palma y su muerte?

Ronald Bulss, alemán afincado en Mallorca, murió tras más de un año en coma por una agresión en Palma. Así avanzó el caso de los dos menores.

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murió el alemán apaleado en Palma

Resumen

  • Ronald Bulss murió tras más de un año en coma por una paliza en Palma
  • Dos menores fueron detenidos por la agresión y el robo de sus pertenencias
  • Su muerte obligó a replantear la acusación dentro del procedimiento judicial

Ronald Bulss, ciudadano alemán afincado en Mallorca, murió el 3 de enero de 2026 en Palma después de permanecer durante más de un año sin recuperar la conciencia por las gravísimas lesiones sufridas en una agresión. Tenía 59 años cuando falleció. Dos menores fueron detenidos por la Policía Nacional semanas después del ataque como presuntos responsables de un robo con violencia y una tentativa de homicidio.

La agresión ocurrió durante la madrugada del 30 de noviembre de 2024, cuando Bulss regresaba a casa después de una cena de empresa. La investigación situó el episodio en la calle Manacor de Palma, en las inmediaciones del parque Wifi. No consta que existiera una disputa previa entre la víctima y los adolescentes: se encontraron en la calle y la agresión comenzó de forma repentina. Bulss cayó, quedó prácticamente indefenso y recibió más golpes. Después le sustrajeron el teléfono móvil y la cartera.

Una madrugada en Palma que acabó en una agresión mortal

Habían pasado las tres de la madrugada. Ronald Bulss volvía a su domicilio cuando se cruzó con un grupo de jóvenes. Tenía entonces 58 años —cumpliría 59 durante su larguísima hospitalización— y llevaba años instalado en Mallorca. De hecho, describirlo simplemente como el “turista alemán apaleado en Palma”, fórmula con la que se ha buscado el caso en internet, deja fuera una parte importante de la historia: vivía y trabajaba en la isla.

Según la reconstrucción conocida de los hechos, los dos adolescentes estaban acompañados por unas jóvenes cuando se fijaron en él. Uno de ellos habría pronunciado una frase sobre mostrar un “KO” antes de que comenzara la agresión. Ese detalle adquirió después relevancia dentro del procedimiento porque ayuda a reconstruir cómo comenzó el ataque y cuál pudo ser la intención de los implicados, una cuestión que corresponde determinar judicialmente.

El primer golpe, la caída y las patadas cuando estaba en el suelo

Uno de los menores habría sujetado a Bulss mientras el otro le propinaba un fuerte puñetazo en el rostro. El impacto hizo que el alemán se golpeara contra una barandilla y terminara en el suelo. Pero la agresión, según las diligencias conocidas, no terminó con aquella caída.

Los jóvenes habrían continuado golpeándolo y propinándole patadas en la cabeza cuando se encontraba tendido y apenas podía reaccionar. La víctima quedó inconsciente. La violencia ejercida cuando Bulss estaba ya en el suelo se convirtió en uno de los elementos centrales de una causa que inicialmente se instruyó por hechos mucho más graves que una simple pelea callejera.

Después llegó el robo. Los agresores se llevaron la cartera y un teléfono móvil Samsung antes de abandonar el lugar. Un ciudadano encontró posteriormente a Bulss gravemente herido y ensangrentado y avisó a los servicios de emergencia. Fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario Son Espases con un traumatismo craneoencefálico grave y otras lesiones.

No fue una noche de hospital y vuelta a casa. Ni siquiera unas semanas. Aquellos minutos de violencia abrieron un periodo médico que acabaría prolongándose durante más de trece meses.

El móvil robado ayudó a reconstruir el recorrido

La Policía Nacional abrió una investigación después de que Bulss fuera localizado inconsciente en la vía pública. Posteriormente, un familiar comunicó también la desaparición de sus pertenencias y facilitó datos relacionados con la última localización del teléfono móvil.

Aquella señal tuvo importancia. El dispositivo apareció localizado en calles próximas a Son Gotleu después del ataque. Los investigadores del Grupo de Atracos de la Brigada de Policía Judicial tomaron declaración a testigos y fueron reconstruyendo los movimientos realizados tras la agresión.

El teléfono terminó apareciendo dentro de una alcantarilla, mientras que la cartera fue localizada en el buzón de un vecino de la víctima. Conservaba documentación, aunque faltaban tarjetas. Un móvil, una cartera, movimientos posteriores a la paliza: piezas pequeñas que permitieron ir dibujando el recorrido de aquella madrugada.

El 27 de diciembre de 2024, casi un mes después del ataque, la Policía Nacional detuvo a los dos adolescentes. Las diligencias los situaron como presuntos responsables de un robo con violencia y de una tentativa de homicidio. Al ser menores de edad cuando ocurrieron los hechos, el procedimiento quedó sometido a la jurisdicción especializada de menores.

Ambos fueron internados inicialmente en centros de menores. Las informaciones conocidas tras el fallecimiento de Ronald señalaban que habían recuperado la libertad meses antes, mientras el procedimiento judicial seguía su curso. Su puesta en libertad no equivalía, por supuesto, a que la causa estuviese archivada ni a una resolución definitiva sobre su responsabilidad.

Más de un año sin recuperar la conciencia

Las consecuencias médicas fueron devastadoras. Bulss permaneció inicialmente ingresado en cuidados intensivos y posteriormente continuó bajo asistencia médica. El traumatismo sufrido durante el ataque lo dejó en un estado vegetativo del que no consiguió recuperarse.

Su entorno puso en marcha una campaña de donaciones para afrontar la situación provocada por una hospitalización extraordinariamente prolongada, los gastos derivados de sus cuidados y el procedimiento judicial. Ronald tenía su vida profesional entre Alemania y Mallorca y llevaba más de una década vinculado a la isla.

El tiempo pasó con una lentitud difícil de imaginar desde fuera. Navidad de 2024. Primavera. Verano. Otra Navidad. Mientras el expediente penal seguía su recorrido, Ronald permanecía sin recuperar la conciencia.

Finalmente, el 3 de enero de 2026, Ronald Bulss falleció en el Hospital Universitario Son Espases. Habían transcurrido aproximadamente trece meses desde la agresión sufrida aquella madrugada de noviembre.

La muerte cambió necesariamente el escenario del procedimiento. Hasta ese momento, las actuaciones se habían desarrollado partiendo de una víctima que había sobrevivido a la agresión, aunque con daños neurológicos extremos. Desde enero de 2026 había que valorar también la relación entre aquellos golpes y el fallecimiento.

Qué cambió judicialmente tras la muerte de Ronald

Antes del fallecimiento, la acusación particular ejercida por la familia sostenía un delito de homicidio en grado de tentativa junto con el robo con violencia. La representación de los familiares reclamaba para los investigados ocho años de internamiento en régimen cerrado y cuatro de libertad vigilada, además de una indemnización cercana al millón y medio de euros por los daños ocasionados.

Tras la muerte de Bulss, la abogada de la familia anunció que modificaría su escrito para adaptar la acusación al nuevo resultado. La intención comunicada entonces era solicitar que los hechos fueran calificados como asesinato consumado. También la Fiscalía debía revisar su posición a raíz del fallecimiento.

Eso no significa que una determinada calificación penal quede fijada porque la solicite una acusación. El procedimiento debe establecer qué hechos pueden considerarse probados, qué participación tuvo cada investigado y, especialmente, si existe la relación causal jurídicamente exigible entre la agresión de noviembre de 2024 y la muerte producida más de un año después.

Hasta septiembre de 2026, el caso no había trascendido públicamente como resuelto mediante una sentencia firme. Por eso conviene separar los hechos documentados —la agresión, el robo, las detenciones, las graves lesiones y el posterior fallecimiento— de la calificación penal definitiva, que corresponde establecer a los tribunales.

Qué supone que los acusados fueran menores

La edad relevante es la que tenían los investigados cuando sucedieron los hechos. Ambos eran menores y se encontraban en la franja de edad a la que se aplica la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal de los Menores, de modo que su eventual responsabilidad no se determina siguiendo exactamente el régimen de penas previsto para una persona adulta.

Para delitos como el homicidio o el asesinato cometidos por un menor de 16 o 17 años, la legislación permite imponer una medida de internamiento en régimen cerrado de uno a ocho años, que puede complementarse con libertad vigilada con asistencia educativa de hasta cinco años. De ahí que la acusación particular planteara ocho años de internamiento en su petición.

El lenguaje importa también aquí. En la justicia juvenil se habla de medidas de internamiento, no simplemente de una condena de prisión idéntica a la que cumpliría un adulto. Que una persona alcance posteriormente los 18 años tampoco altera, por sí mismo, el régimen jurídico correspondiente a unos hechos cometidos mientras era menor.

Ronald Bulss llevaba años viviendo en Mallorca

El caso quedó condensado en algunos titulares como la historia de un alemán atacado en Palma. La realidad era bastante más cercana. Ronald Bulss había construido parte de su vida en Mallorca, desarrollaba actividad profesional vinculada al marketing y los servicios digitales y mantenía conexiones laborales tanto con la isla como con Alemania.

La secuencia conocida resulta especialmente dura por su aparente banalidad. Volvía a casa. Se cruzó con personas a las que no conocía. Un golpe, una caída contra una barandilla, patadas en la cabeza, un teléfono y una cartera robados. Después vinieron la ambulancia, el hospital, los meses sin conciencia y una familia esperando una recuperación que nunca llegó.

Ronald tenía 58 años cuando fue atacado y 59 cuando murió. Ese dato explica también por qué distintas informaciones sobre el caso mencionaron edades diferentes sin referirse a personas distintas ni a episodios separados.

Lo ocurrido aquella madrugada del 30 de noviembre de 2024 terminó, en términos humanos, con su muerte el 3 de enero de 2026. Judicialmente, sin embargo, el fallecimiento abrió una nueva fase. La agresión, las detenciones y las consecuencias médicas están en el centro del caso; la calificación definitiva y las medidas que puedan imponerse pertenecen al terreno de los tribunales. Una historia que comenzó en pocos segundos, en una calle de Palma, y cuyas consecuencias se prolongaron durante más de trece meses.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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