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Salud

¿Por qué 308 personas murieron por sobredosis en Catalunya en 2024?

En Catalunya murieron 308 personas por sobredosis en 2024. El policonsumo y los fallecimientos en casa muestran la dimensión real del problema.

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persona con drogas en el suelo

Catalunya registró 308 muertes por reacción aguda a las drogas en 2024, la cifra más alta de la serie disponible desde 2017. Pero el número, por sí solo, cuenta apenas media historia. Más del 80% de los fallecimientos estuvieron relacionados con el consumo de varias sustancias y el 68% se produjo en el domicilio. La sobredosis, lejos del viejo estereotipo de una tragedia asociada casi exclusivamente a la calle, aparece cada vez más detrás de una puerta cerrada.

Los datos difundidos por el Departament de Salut dibujan un problema menos visible y bastante más complejo. De las 308 personas fallecidas, 215 eran hombres y 93 mujeres. La edad media rondaba los 50,5 años. Alcohol, hipnosedantes y cocaína aparecen entre las sustancias detectadas con mayor frecuencia, mientras que los opioides estuvieron presentes en el 36% de los casos.

Hay, eso sí, una cautela importante antes de convertir la estadística en una sirena de alarma. El máximo registrado desde 2017 está condicionado en parte por cambios en la metodología: durante los últimos años se han ampliado los supuestos contabilizados, incluyendo a mayores de 65 años y fallecimientos en los que el alcohol o los antidepresivos eran la única sustancia identificada. El aumento existe en los registros; compararlo de forma automática con todos los años anteriores sería bastante más dudoso.

308 muertes y un máximo histórico que necesita contexto

Las cifras corresponden a lo que técnicamente se denomina mortalidad por reacción aguda a sustancias psicoactivas. En términos más cotidianos, son fallecimientos producidos poco después del consumo y en los que las drogas desempeñan un papel relevante.

En 2024 se superó por primera vez la barrera de las 300 muertes dentro de la serie iniciada en 2017. El dato anterior ya venía mostrando una evolución preocupante: en 2023 se habían contabilizado 278 fallecimientos con los criterios entonces disponibles.

No significa necesariamente que Catalunya haya sufrido de repente una explosión proporcional de sobredosis. Parte de la subida responde a que el sistema estadístico mira más y cuenta situaciones que antes podían quedar fuera. Es una diferencia poco vistosa, pero fundamental. Una estadística sanitaria sin metodología es como un termómetro sin escala: ofrece un número, sí, aunque no sabemos muy bien qué estamos midiendo.

Eso no rebaja el problema. Al contrario. Los nuevos datos permiten observar dónde, cómo y con qué combinaciones de sustancias están ocurriendo estas muertes. Y ahí aparece una fotografía bastante precisa.

El policonsumo está detrás de más de ocho de cada diez casos

El elemento que sobresale es el policonsumo. En más del 80% de las muertes había implicada más de una sustancia. El riesgo no reside, por tanto, únicamente en una droga concreta ni puede reducirse al relato clásico de la heroína o de los opioides.

El alcohol, los hipnosedantes —medicamentos con efecto sedante, entre ellos algunas benzodiacepinas— y la cocaína conforman el grupo de sustancias que aparece con mayor frecuencia en las defunciones. Los opioides fueron detectados en el 36% de los casos.

Mezclar sustancias vuelve el cuadro más imprevisible. Los efectos pueden sumarse, potenciarse o enmascararse. Un estimulante puede convivir con un depresor del sistema nervioso central; el alcohol puede añadirse a medicamentos sedantes; distintos productos pueden permanecer simultáneamente en el organismo. La palabra “sobredosis” invita a imaginar simplemente una cantidad excesiva de una droga. La realidad que muestran estos datos es bastante menos ordenada.

Alcohol, cocaína y sedantes: una combinación que complica el riesgo

El protagonismo del alcohol resulta especialmente significativo porque sigue siendo una sustancia plenamente normalizada socialmente. No siempre se percibe como parte de un episodio de consumo de drogas y, sin embargo, puede formar parte de combinaciones peligrosas.

Algo parecido ocurre con los hipnosedantes. El hecho de que un producto pueda proceder de una receta médica no convierte cualquier mezcla en inocua. Cuando concurren diferentes sustancias que afectan al sistema nervioso, valorar los efectos se vuelve más difícil y una intoxicación puede progresar mientras quienes están alrededor interpretan que la persona simplemente duerme o está muy sedada.

La cocaína completa el otro gran vértice de la fotografía catalana. El problema contemporáneo de las sobredosis, en definitiva, se parece cada vez menos a una droga aislada y más a un cóctel de sustancias legales, prescritas o ilegales.

Dos de cada tres muertes ocurren dentro de una vivienda

Quizá el dato más incómodo sea el lugar. El 68% de las muertes por sobredosis ocurrió en un domicilio. Prácticamente siete de cada diez.

Durante décadas, el imaginario público vinculó la sobredosis con espacios marginales, consumo callejero y determinadas escenas urbanas. Esa imagen todavía pesa. Los datos de 2024 cuentan otra cosa: buena parte del riesgo está dentro de viviendas particulares, fuera de los lugares donde puede existir supervisión profesional inmediata.

Esto cambia también la prevención. Cuando el consumo tiene lugar en casa, quienes pueden detectar primero una pérdida de conciencia, una respiración anormal o una intoxicación grave son a menudo parejas, familiares, amistades o personas que comparten el domicilio.

La intimidad, en estos casos, puede convertirse en un punto ciego. Especialmente cuando se consume a solas. Una emergencia que nadie presencia no concede demasiados minutos de cortesía.

El patrón territorial también merece atención. En las comarcas de Lleida, las muertes por sobredosis registradas en 2024 crecieron un 67% respecto al año anterior. Una variación especialmente llamativa, aunque también debe interpretarse teniendo presentes los cambios generales en los criterios de contabilización.

El perfil de las víctimas rompe algunos tópicos

La edad media de las personas fallecidas fue de 50,5 años. No estamos, por tanto, ante un fenómeno concentrado exclusivamente en adolescentes o jóvenes que experimentan con drogas durante una noche de ocio.

Los hombres representan aproximadamente el 70% de las muertes, con 215 fallecidos frente a 93 mujeres. Otro dato añade complejidad: en alrededor del 57% de los casos constaba algún diagnóstico relacionado con la salud mental. Eso no permite establecer una relación automática de causa y efecto, pero sí muestra hasta qué punto consumo problemático, vulnerabilidad sanitaria y necesidades asistenciales pueden cruzarse.

La edad resulta especialmente relevante porque también obliga a revisar determinados mensajes preventivos. Una persona de 50 años que lleva mucho tiempo consumiendo, quizá combina alcohol con medicamentos o atraviesa períodos de abstinencia, no presenta exactamente las mismas circunstancias que alguien que consume de manera ocasional en un entorno recreativo.

El fenómeno ha envejecido junto a una parte de quienes consumen. La prevención de las sobredosis, inevitablemente, tiene que adaptarse también a esa realidad.

Naloxona y prevención ante una sobredosis

Catalunya lleva años extendiendo un modelo de reducción de daños que incluye formación para reconocer una sobredosis y acceso a la naloxona, un medicamento capaz de revertir temporalmente los efectos de una intoxicación por opioides mientras llegan los servicios sanitarios.

Durante 2025 participaron 64 centros en el Programa de Prevención de Sobredosis. Se formó a 1.119 personas y se distribuyeron 908 viales de naloxona. Desde 2009, cuando la iniciativa contaba con apenas 12 centros, la red ha formado a 17.686 personas y ha entregado más de 18.000 viales.

También se han desarrollado programas específicos en las prisiones catalanas, otro entorno donde la prevención de intoxicaciones tiene particular importancia.

Ante una sospecha de sobredosis, la recomendación sanitaria es llamar inmediatamente al 112, colocar a la persona en posición lateral de seguridad y utilizar naloxona cuando esté disponible y exista sospecha de consumo de opioides. No es un tratamiento para cualquier intoxicación ni sustituye la atención médica urgente, pero puede ganar un tiempo decisivo.

Y ahí está probablemente el reto que dejan los datos de 2024. No basta con tener naloxona en determinados servicios especializados si buena parte de los episodios graves se producen dentro de viviendas. La prevención tendrá que atravesar esa última frontera: llegar al consumidor y también a las personas que viven con él.

La sobredosis ha cambiado de escenario

Las 308 muertes registradas en Catalunya obligan a mirar más allá del récord. El cambio metodológico explica parte de la subida estadística, pero no borra lo que aparece debajo: policonsumo en más de ocho de cada diez fallecimientos, domicilios como principal escenario y víctimas cuya edad media supera los 50 años.

Es una fotografía bastante alejada del cliché. No hay una única droga, ni un único perfil, ni una esquina concreta donde situar el problema para olvidarse de él después.

La sobredosis contemporánea puede ocurrir en un piso corriente, mezclando sustancias muy distintas, con alguien aparentemente dormido en una habitación y otra persona que quizá no sabe que está ante una emergencia médica. Ese desplazamiento hacia el ámbito privado es probablemente el dato más importante de todos. Porque allí donde ocurre la mayoría de estas muertes es, precisamente, donde la prevención resulta más difícil de ver.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.