Salud
Muere un hombre por fiebre Crimea-Congo: ¿qué se sabe del contagio?
Un hombre de 84 años fallece por fiebre Crimea-Congo tras una picadura de garrapata en Salamanca: síntomas, contagio y prevención en España.

Resumen
- Un hombre de 84 años murió por Crimea-Congo tras una picadura en Salamanca
- El virus puede causar hemorragias graves, aunque el riesgo general sigue bajo
- Retirar bien la garrapata y vigilar fiebre o sangrados resulta esencial
Un hombre de 84 años ha fallecido en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, después de contraer la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo por la picadura de una garrapata en la provincia de Salamanca. El paciente, natural de la comarca de Ciudad Rodrigo, sufrió un deterioro clínico muy rápido y murió a última hora de la mañana del viernes 10 de julio.
El diagnóstico fue confirmado por el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III. Las autoridades sanitarias han identificado a las personas que estuvieron en contacto con el enfermo y mantienen sobre ellas el seguimiento previsto: control periódico de la temperatura y comunicación inmediata de cualquier cambio de salud. No se ha informado de contagios secundarios ni existe, con los datos disponibles, un brote entre la población.
Del CAUSA al Gómez Ulla: un deterioro rápido
El hombre acudió inicialmente al Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, conocido como CAUSA, tras sufrir una picadura de garrapata. Las pruebas realizadas ante la sospecha clínica dieron positivo en el virus de Crimea-Congo y las muestras de sangre fueron enviadas al laboratorio nacional de referencia de Majadahonda, que confirmó la infección.
Una vez conocido el resultado, el paciente fue trasladado desde su domicilio al hospital Gómez Ulla, preparado para atender enfermedades infecciosas de alto riesgo biológico. Permaneció ingresado con medidas de aislamiento y con los equipos sanitarios protegidos mediante los protocolos específicos para evitar el contacto con sangre o fluidos corporales.
La evolución, sin embargo, fue fulminante. La Junta de Castilla y León ha explicado que sufrió un deterioro clínico muy rápido antes de fallecer. No se han difundido detalles sobre posibles enfermedades previas ni sobre las complicaciones concretas que precipitaron la muerte, de modo que atribuir el desenlace únicamente a su edad sería llenar con especulación el espacio que todavía no ocupa la información médica.
El último balance estatal consolidado contabilizaba 21 casos confirmados y seis muertes por esta enfermedad. Al sumar el nuevo episodio, la serie quedaría provisionalmente en 22 casos y siete fallecidos, pendiente de la actualización formal del registro epidemiológico. Son cifras pequeñas frente a otras infecciones, pero cada caso obliga a desplegar una maquinaria sanitaria considerable. El virus es raro; inofensivo, desde luego, no.
Qué hace tan grave a la fiebre de Crimea-Congo
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad causada por un orthonairovirus que circula principalmente entre garrapatas y animales silvestres o domésticos. La transmisión al ser humano suele producirse mediante la picadura de ejemplares infectados del género Hyalomma, abundantes en distintas áreas del centro y el oeste de la Península.
Una parte de las infecciones no provoca síntomas o causa un cuadro leve. En otros pacientes, la enfermedad avanza con rapidez y puede alterar la coagulación sanguínea, dañar varios órganos y desencadenar hemorragias o un choque circulatorio. Esa enorme diferencia entre una infección silenciosa y un cuadro crítico explica por qué la vigilancia médica resulta tan importante: al principio, el virus puede parecerse a muchas otras dolencias estivales.
Síntomas, incubación y tratamiento
Los primeros síntomas suelen aparecer entre uno y doce días después de la exposición, aunque el intervalo depende de la vía de contagio. La fiebre, el cansancio intenso, los dolores musculares y de cabeza, las náuseas, los vómitos o las molestias abdominales forman el cuadro inicial. Nada especialmente exótico a primera vista; ahí reside parte del problema.
En los casos graves puede comenzar una fase hemorrágica, a menudo entre el sexto y el noveno día, con moratones, sangrados, alteraciones de la coagulación, caída de la presión arterial y fallo multiorgánico. La letalidad descrita internacionalmente oscila mucho, desde alrededor del 5 % hasta más del 40 %, dependiendo de la cepa, la edad y salud del paciente, la detección de casos leves y la capacidad asistencial de cada país.
No existe una vacuna disponible en España ni un tratamiento antiviral específico autorizado. La atención se basa en sostener al organismo mientras combate la infección: hidratación, vigilancia estrecha, control del sangrado y de la coagulación, transfusiones cuando son necesarias y soporte de los órganos afectados. Medicina intensiva, en suma; nada parecido a tomar un antibiótico y esperar a que escampe.
Por qué Salamanca aparece una y otra vez
España es el único país de Europa occidental que ha registrado casos humanos autóctonos de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. El virus se encontró por primera vez en garrapatas en 2010 y el primer diagnóstico humano se confirmó en 2016, aunque posteriormente se identificó de forma retrospectiva una infección anterior.
Las exposiciones conocidas se concentran en el oeste y centro-oeste peninsular, con antecedentes en Ávila, Badajoz, Cáceres, Córdoba, León, Salamanca y Toledo. El mapa oficial no convierte esas provincias enteras en zonas peligrosas ni significa que cualquier garrapata porte el virus. Señala algo más concreto: existen espacios rurales donde coinciden el vector adecuado, animales que mantienen el ciclo y condiciones ambientales favorables.
Salamanca sobresale dentro de ese corredor. El catedrático de Parasitología de la Universidad de Salamanca Antonio Muro ha señalado que es la provincia con más casos detectados y ha situado una parte relevante de las exposiciones en el entorno de la comarca de Béjar. En años recientes también se han diagnosticado infecciones en otros puntos salmantinos, como Santibáñez de Béjar, y en 2025 hubo dos casos que afectaron a hombres de 63 y 70 años.
Las garrapatas Hyalomma y el mapa del oeste peninsular
Las garrapatas Hyalomma prefieren ambientes cálidos, secos y abiertos, aunque su actividad también depende de la humedad, la vegetación y la presencia de animales huéspedes. Son más grandes y móviles que otras especies: no se limitan a esperar inmóviles sobre una brizna de hierba, sino que pueden desplazarse hacia un posible huésped. Una pequeña criatura con iniciativa, justo lo que nadie había pedido.
El aumento de las temperaturas puede prolongar sus periodos de actividad y favorecer su expansión hacia nuevas áreas. Esto no permite culpar al cambio climático de una infección concreta, pero sí obliga a vigilar cómo se transforma el territorio. El calor no fabrica virus de la nada; modifica el escenario donde vectores, fauna y personas se encuentran con mayor frecuencia.
Las aves migratorias, los ciervos, los jabalíes y el ganado participan de distintas formas en el ciclo natural del virus. Los animales pueden transportar garrapatas infectadas sin desarrollar una enfermedad visible, mientras el parásito actúa como vector y reservorio. De ahí que el control no consista en fumigar el campo como quien limpia una cocina: se necesita vigilancia coordinada de la salud humana, animal y ambiental.
Seguimiento de contactos sin alarma colectiva
La fiebre de Crimea-Congo puede transmitirse entre personas, pero no lo hace mediante el contacto casual. No se contagia por compartir una habitación, cruzarse en un pasillo o sentarse junto a alguien en el transporte público. La transmisión exige contacto directo con sangre, secreciones o fluidos de una persona infectada, sobre todo durante las fases sintomáticas más graves.
Por ese motivo, el mayor riesgo secundario afecta a familiares que hayan prestado cuidados muy estrechos y a profesionales sanitarios expuestos sin la protección adecuada. El precedente más conocido en España ocurrió en 2016, cuando una enfermera contrajo el virus después de atender al primer paciente autóctono diagnosticado en el país.
En el caso del hombre fallecido, Epidemiología y los profesionales del CAUSA localizaron a las personas que pudieron haber tenido una exposición relevante. Su vigilancia sanitaria no significa que estén enfermas ni que vayan a desarrollar la infección. Es el cinturón de seguridad del sistema: comprobar la temperatura, observar síntomas y actuar pronto si aparece alguna señal.
La población general mantiene un riesgo bajo. Conviene repetirlo porque las palabras «fiebre hemorrágica» tienen la delicadeza de una sirena de bombardeo y porque las redes sociales suelen rellenar cualquier hueco informativo con una generosa capa de pánico. Vigilancia, sí. Fantasías sobre contagios masivos, no.
Cómo actuar antes y después de una picadura
La prevención empieza con gestos poco heroicos, pero eficaces. En zonas de campo conviene utilizar pantalón largo, manga larga, calzado cerrado y calcetines que cubran la parte inferior de la pierna. La ropa clara facilita ver la garrapata antes de que llegue a la piel, y los repelentes autorizados añaden protección cuando se aplican siguiendo las instrucciones.
Caminar por el centro de los senderos reduce el roce con hierbas altas y matorrales. Al regresar es recomendable revisar el cuerpo, especialmente las axilas, ingles, cuero cabelludo, cintura, ombligo, corvas y parte posterior de las orejas. También deben inspeccionarse la ropa, las mochilas y los animales de compañía, eficaces polizones para un parásito que no necesita billete.
Cuando una garrapata está adherida debe retirarse cuanto antes con unas pinzas finas, sujetándola lo más cerca posible de la piel y tirando de manera firme y suave hacia arriba. No hay que aplastarla, retorcerla ni cubrirla con aceite, alcohol, vaselina o calor. El repertorio doméstico tiene mucha tradición y bastante poca ciencia; irritar al animal puede favorecer que libere fluidos en la herida.
Después se limpia la zona y se lavan bien las manos. Si parte de la garrapata queda dentro, si no se puede completar la extracción con seguridad o si la persona tiene alguna circunstancia médica especial, lo prudente es acudir a un centro sanitario.
Durante los días posteriores hay que observar la herida y el estado general. La aparición de fiebre, malestar intenso, dolor muscular, cefalea, vómitos, diarrea, sangrado o moratones exige consulta médica y conviene explicar desde el primer momento que hubo una picadura o una actividad reciente en el campo. Ese dato, aparentemente pequeño, puede acortar mucho el camino hasta el diagnóstico.
Una enfermedad rara que ya forma parte del paisaje sanitario
La muerte del paciente salmantino confirma la capacidad de la fiebre Crimea-Congo para evolucionar con violencia, pero no altera un dato fundamental: continúa siendo una enfermedad muy poco frecuente en España. El campo no se ha convertido en territorio prohibido ni cada garrapata es una amenaza letal.
Lo que sí ha cambiado es la comodidad de pensar que ciertos virus pertenecen siempre a mapas lejanos. La circulación de Crimea-Congo en áreas concretas de la Península está demostrada, los diagnósticos se repiten y Salamanca ocupa una posición central en esa geografía. Las autoridades conocen el riesgo, los hospitales disponen de protocolos y la vigilancia funciona; precisamente por eso los casos se detectan.
Entre la despreocupación y la alarma hay un espacio bastante razonable: ropa adecuada, revisión al volver a casa, extracción correcta del parásito y consulta rápida cuando aparecen síntomas. Prevención sin miedo, atención sin dramatismo. La garrapata es diminuta, pero el descuido puede darle demasiado terreno.

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