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¿Qué dijo Mourinho sobre los pitos a Vinicius y Mbappé en el Bernabéu?

Mourinho protege a Vinicius y Mbappé tras los pitos del Bernabéu y admite que al Real Madrid aún le falta control pese a vencer al Inter en Champions.

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Vuelve Mourinho al Madrid

Resumen

  • Mourinho protege a Vinicius y Mbappé tras los pitos del Bernabéu
  • El Madrid ganó 2-1 al Inter, pero volvió a sufrir para controlar el partido
  • Courtois fue decisivo y Mourinho reclama más equilibrio al equipo

José Mourinho salió del triunfo del Real Madrid ante el Inter con tres puntos, unas cuantas dudas futbolísticas y una idea muy clara: no piensa abandonar a Vinicius cuando lleguen los pitos. El portugués evitó enfrentarse directamente al Santiago Bernabéu, pero defendió al brasileño después de los silbidos escuchados durante su sustitución y resumió su postura con una frase muy suya, aunque esta vez sin veneno: quien lo da todo no está obligado a dar más.

El mensaje alcanzó también a Kylian Mbappé, que escuchó parte del descontento de la grada cuando dejó el campo. Mourinho no quiso juzgar al público —y aseguró que mantendrá esa posición mientras sea entrenador del Madrid—, pero explicó que el gesto afectuoso con el delantero francés después del cambio era precisamente eso: respeto por el trabajo realizado.

El asunto importa porque ocurrió después de una victoria. El Real Madrid ganó 2-1 al Inter de Milán en su estreno en la Champions League 2026-27, con goles de Mbappé y Federico Valverde, pero el marcador dejó una fotografía bastante más amable que algunas fases del partido. El equipo de Mourinho generó ocasiones para sentenciar, sí, pero también permitió que el encuentro se convirtiera en una especie de partido de patio de colegio con futbolistas de 100 millones: ida, vuelta, espacios y Courtois apagando incendios.

Ahí apareció el otro Mourinho. El entrenador que protege al futbolista ante el ruido exterior pero que, puertas adentro y micrófono delante, no disfraza demasiado lo que ha visto. Ganó el Madrid, pero no controló el partido. Para un técnico obsesionado precisamente con el control, eso no es un detalle.

Mourinho cierra filas alrededor de Vinicius

Vinicius fue sustituido en el minuto 87 y recibió silbidos desde una parte del Bernabéu. El brasileño respondió aplaudiendo hacia la grada antes de abandonar el terreno de juego. Mourinho, mientras tanto, hizo visible su respaldo al jugador.

No negó lo evidente. Vinicius todavía no está en su mejor versión, especialmente en aquellas acciones de uno contra uno donde durante años ha convertido medio metro de césped en una autopista. El entrenador reconoció que al brasileño le falta ese punto que le permite decidir partidos, pero destacó algo distinto: su esfuerzo.

Según Mourinho, el extremo está trabajando más que nunca para recuperar su nivel. Ante el Inter participó también en tareas poco asociadas a la imagen más popular de Vinicius, hasta terminar con nueve recuperaciones de balón, una cifra llamativa para un delantero del Real Madrid en Champions.

La defensa del portugués, por tanto, no consistió en afirmar que Vinicius estuvo extraordinario. Más bien al contrario. Admitió que no está a tope y, acto seguido, separó dos cosas que a menudo se mezclan alrededor de las grandes estrellas: rendimiento y compromiso.

Mientras exista el segundo, Mourinho parece dispuesto a esperar al primero.

Los pitos a Mbappé y una respuesta calculada

Mbappé tampoco quedó al margen del malestar del Bernabéu. El francés, autor del primer gol del encuentro, escuchó silbidos en el tramo final cuando fue sustituido. Mourinho volvió a aplicar la misma doctrina.

“No comento reacciones del público”, vino a establecer como norma. No quiso corregir a la afición ni entrar en el viejo juego de entrenador contra grada, terreno pantanoso donde un comentario aparentemente inocente puede acabar convertido en una semana de tertulias.

Con Mbappé, el mensaje lo dio de otra manera. Mourinho explicó que le había dado un beso tras el cambio como reconocimiento a su trabajo para el equipo. El detalle tiene su importancia: el entrenador portugués está intentando construir una cultura donde las estrellas no sean evaluadas únicamente por el gol, sino también por lo que hacen cuando el balón lo tiene el adversario.

Y en el Madrid, claro, pedir paciencia con las estrellas es casi un género literario de riesgo.

El 2-1 al Inter escondió un partido demasiado loco

El Real Madrid se puso 2-0 con los goles de Mbappé y Valverde, pero nunca terminó de domesticar el encuentro. El Inter siguió encontrando caminos hacia el área de Courtois y Carlos Augusto recortó distancias en el minuto 77. Los últimos minutos tuvieron más adrenalina de la que Mourinho habría encargado por catálogo.

El propio entrenador llegó a plantear que el marcador podría haber terminado en una goleada madridista o en un resultado disparatado, porque hubo ocasiones en ambas porterías. Esa es precisamente la clase de fútbol que suele incomodarle.

Mourinho acepta el vértigo cuando sirve como arma. Otra cosa es vivir instalado en él.

Thibaut Courtois volvió a resultar decisivo, con siete intervenciones durante una noche en la que el Inter obligó al belga a trabajar bastante más de lo recomendable para un equipo que pretende gobernar Europa. El entrenador llegó a señalar al portero como merecedor del reconocimiento al mejor jugador, aunque el premio oficial terminó en manos de Valverde.

Las bajas explican parte del desorden, no todo

El Madrid llegó al partido especialmente condicionado en el centro del campo. Las ausencias de Arda Güler, Bernardo Silva y Camavinga, junto al estado físico de otros jugadores, obligaron a Mourinho a improvisar.

Trent Alexander-Arnold apareció en una posición interior junto a Valverde. Mourinho valoró su trabajo táctico, especialmente a la hora de vigilar las incorporaciones de los centrocampistas del Inter, aunque reconoció las dificultades naturales de colocar a un lateral en una zona donde debe recibir balones con rivales también a su espalda.

Tchouaméni, recién recuperado, entró durante la segunda mitad. El dibujo fue cambiando sobre la marcha. Y se notó.

No obstante, reducir todo el problema a las bajas sería demasiado cómodo. El Madrid encontró enormes espacios para atacar, pero también permitió al Inter jugar con demasiada facilidad durante determinadas fases. En ese equilibrio entre correr y gobernar partidos está probablemente uno de los grandes trabajos pendientes del nuevo proyecto.

Raúl diagnostica el problema y Mourinho responde

La misma sensación apareció en el análisis posterior de Raúl González, que se estrenó como comentarista televisivo. El histórico delantero madridista valoró los tres puntos, recordó la calidad estructural del Inter y señaló las importantes bajas del Madrid en el centro del campo.

También apareció esa palabra que persiguió al partido: control.

Mourinho escuchó después parte del análisis y respondió con cierta ironía. “No solo críticas”, deslizó antes de matizar que tampoco el Inter había dominado realmente el encuentro de principio a fin.

Su argumento tiene lógica. El Madrid dispuso de numerosas situaciones de transición con las que pudo haber marcado el tercero mucho antes y liquidar la noche. El rival tuvo balón y generó peligro, pero los blancos también desperdiciaron ocasiones muy claras.

El debate, en realidad, admite las dos fotografías. El Madrid pudo golear y el Madrid pudo sufrir un empate. Precisamente por eso Mourinho salió incómodo pese al triunfo.

Mourinho cambia el tono, pero no su naturaleza

La escena ofrece además otra pista sobre esta segunda etapa de José Mourinho en el Real Madrid. El portugués regresó al club este verano con contrato hasta 2029, más de una década después de su primera aventura en el Bernabéu, y su discurso parece algo menos inflamable que entonces.

No significa que se haya convertido de pronto en un diplomático suizo. Hace apenas unos días recuperó su célebre “¿por qué?” para protestar por una decisión arbitral contra el Betis. El ADN sigue ahí, perfectamente localizable.

Pero con Vinicius ha elegido otro terreno: protección pública y exigencia futbolística. No esconde que el extremo debe recuperar su mejor nivel, pero tampoco acepta que esa dificultad borre su esfuerzo. Mourinho está marcando una frontera entre jugar mal y no trabajar, conceptos que para un entrenador rara vez significan lo mismo.

El matiz explica buena parte de sus declaraciones después del Inter.

El Bernabéu no regala indulgencias

El Real Madrid comenzó la Champions con tres puntos y eso, en septiembre, vale más que cualquier diagnóstico prematuro. Pero el encuentro dejó señales difíciles de ignorar. El equipo tiene velocidad, talento y capacidad para generar ocasiones casi sin elaboración previa; cuando el partido se abre, puede hacer daño en segundos. También tiene a Courtois, una especie de seguro contra incendios con guantes.

Lo que todavía busca Mourinho es algo menos vistoso y posiblemente más importante: mandar sobre los partidos.

Mientras llega ese control, deberá gestionar también el ruido del Bernabéu. Vinicius continúa teniendo una relación complicada con parte de la grada y Mbappé acaba de comprobar que ni marcar garantiza inmunidad. En Madrid la paciencia suele venir sin instrucciones y con fecha de caducidad desconocida.

Mourinho, por ahora, ha elegido lado. No contra la afición, porque sería absurdo, sino junto a sus futbolistas cuando considera que han trabajado hasta vaciarse. Después podrá exigirles más fútbol.

Porque el 2-1 al Inter dejó tres puntos, pero también una paradoja bastante madridista: se ganó una noche en la que nadie terminó completamente satisfecho.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.