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Por qué tantos conductores evitan pasar la ITV y qué riesgos implica

El temor a un resultado desfavorable se cruza con coches envejecidos, reparaciones costosas y riesgos que no desaparecen al aplazar la revisión.

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miedo a la ITV dispara el absentismo

Casi tres de cada diez vehículos que deberían haber pasado la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) circulan sin tenerla al día, según las estimaciones citadas por el sector. El temor a que el coche no supere la revisión alimenta ese absentismo: algunos conductores aplazan la cita para evitar una reparación cara, quedarse temporalmente sin vehículo o enfrentarse a un defecto que ya sospechan. Pero el problema no se limita a un trámite pendiente. Sin inspección, nadie comprueba si el vehículo mantiene unas condiciones mínimas de seguridad y control de emisiones.

La cifra nacional ronda el 30%, aunque una estimación de AECA-ITV situó el incumplimiento de 2024 en el 32,7%. En Navarra, el responsable de Revisiones de Navarra, Francisco Uriz, describió una proporción algo menor que la media española, pero igualmente preocupante. La explicación tampoco es única: al miedo se suman el envejecimiento del parque, el coste de las reparaciones y la dependencia cotidiana del coche. Evitar la inspección puede aplazar el gasto, pero no corrige el defecto que quizá lo motivó.

El aplazamiento puede convertir el temor en hábito

La ITV funciona como un control periódico, no como una garantía de que el coche esté libre de cualquier avería entre una revisión y otra. Su valor está en detectar defectos que comprometen la circulación o elevan las emisiones. Cuando el conductor sospecha que el vehículo está en mal estado, sin embargo, la inspección puede dejar de percibirse como una comprobación preventiva y convertirse en la antesala de una factura. El miedo no siempre nace de desconocer la obligación; a menudo aparece al anticipar sus consecuencias económicas y prácticas.

Ese cálculo tiene una lógica inmediata: mientras no se acuda a la estación, no hay resultado desfavorable que obligue a reparar ni que altere los planes del día. El alivio dura poco. El coche sigue circulando con el mismo desgaste, y la demora puede permitir que un problema sencillo avance o que aparezcan otros. La inspección no causa el defecto: lo hace visible. Confundir el diagnóstico con el origen del problema ayuda a entender por qué algunos conductores prefieren no presentarse.

En las cifras sectoriales, la probabilidad de rechazo crece con el retraso. Entre quienes acuden en plazo, la tasa ronda el 15%; alcanza el 20% cuando la demora llega hasta seis meses, sube al 22% si se prolonga de seis a 12 meses y llega al 25% cuando supera el año. Son porcentajes de rechazo entre los vehículos inspeccionados en cada grupo, no una predicción individual. Aun así, dibujan una tendencia clara: cuanto más tiempo pasa sin revisar el vehículo, más probable es encontrar problemas cuando finalmente entra en la línea de inspección.

Los datos relacionan la demora con defectos más graves

La diferencia no se limita a cuántos vehículos suspenden. Los datos difundidos por el sector también muestran un aumento de defectos graves o muy graves a medida que se aplaza la revisión: el incremento señalado es del 28% cuando el retraso llega hasta seis meses, del 46% entre seis y 12 meses y del 62% cuando supera un año. Estos porcentajes describen el crecimiento de esos defectos en los grupos comparados; no significan que todos los coches retrasados presenten una avería grave. La demora, no obstante, se asocia con una mayor presencia de fallos relevantes para la seguridad.

La diferencia importa porque no todos los defectos tienen el mismo alcance. Un fallo en los frenos, unos neumáticos deteriorados o un problema de alumbrado pueden afectar a la capacidad de detenerse, agarrarse al asfalto o ser visto. Las emisiones también cuentan: un sistema en mal estado puede aumentar la contaminación. Francisco Uriz ha señalado que, sin inspección, no se conoce con certeza el estado real del parque que circula por carretera. La ausencia de una revisión no demuestra que cada vehículo sea inseguro, pero deja sin comprobar sus condiciones técnicas.

El sector ha difundido además la afirmación de que cada día fallece una persona en España por causas relacionadas con vehículos que no tienen la ITV al día. La cifra debe entenderse como una estimación sectorial, no como una atribución automática de cada siniestro a la falta de inspección: que un vehículo tenga la ITV caducada no demuestra por sí solo que esa circunstancia causara un accidente. La preocupación de fondo es más concreta y verificable: si no se detectan defectos, aumenta la incertidumbre sobre elementos que influyen en la circulación.

Los coches más antiguos concentran parte del problema

El absentismo se cruza con un parque móvil envejecido. Una referencia de ANFAC para 2024 situó en 14,5 años la edad media de los turismos en España y señaló que el 62,8% superaba los 10 años. Dentro de ese conjunto, el 48,8% tenía más de 15 años, equivalente a 12,9 millones de vehículos sobre un total de 26,47 millones de turismos. La antigüedad no convierte por sí sola a un coche en inseguro, pero hace más probable que el desgaste y el mantenimiento acumulado pesen en la inspección.

Los perfiles de retraso citados por el sector apuntan en la misma dirección: los vehículos que pasan la ITV puntualmente tienen una antigüedad media cercana a 15,1 años, frente a 18,7 años entre los que acumulan más de 12 meses de demora. La diferencia es de más de tres años y medio. En coches veteranos, una pieza gastada, una reparación aplazada o un mantenimiento irregular pueden combinarse y elevar la posibilidad de rechazo. El temor puede ser realista cuando el propietario conoce fallos pendientes, pero esquivar la revisión no los vuelve menos costosos ni menos peligrosos.

También hay una dimensión económica que no conviene reducir a irresponsabilidad individual. Para quien depende del coche para trabajar o vive donde hay pocas alternativas de transporte, dejarlo en el taller puede trastocar la semana. Si el vehículo tiene muchos años, el coste de reparar varios defectos puede acercarse o incluso superar su valor, según la advertencia recogida por Uriz. Ese escenario ayuda a explicar la conducta, aunque no la convierta en segura ni legal. El absentismo revela tanto un problema de cumplimiento como la presión que supone mantener un vehículo antiguo.

Qué ocurre cuando el vehículo no supera la inspección

Un resultado desfavorable indica que se han encontrado defectos graves que deben repararse. No equivale a que el coche haya quedado automáticamente fuera de circulación en todos los sentidos: el margen permitido es limitado y el vehículo solo puede trasladarse para acudir al taller y regresar a la estación de ITV en las condiciones previstas. Si el resultado es negativo por defectos muy graves, el vehículo queda inmovilizado y no debe circular por sus propios medios. La calificación determina qué puede hacerse después; no es una simple anotación sin consecuencias.

Ese paso posterior también influye en la decisión de aplazar. Reparar, coordinar horarios y volver a la estación exige tiempo, y el conductor puede temer que la segunda revisión prolongue todavía más la falta de coche. En Navarra, según Francisco Uriz, la segunda inspección no requiere cita previa, una facilidad que reduce parte de esa carga. En cualquier caso, el resultado desfavorable no convierte la revisión en un castigo: señala defectos que deben corregirse antes de que el vehículo vuelva a circular con normalidad. La inspección pone nombre al problema; la reparación es la que permite resolverlo.

Los fallos más comunes entre los vehículos que no pasan incluyen las emisiones contaminantes, especialmente en coches antiguos y con desgaste elevado, además de los neumáticos, los frenos y el alumbrado. No todos tienen el mismo coste ni la misma gravedad. Una lámpara puede ser una intervención menor; un problema de frenos o emisiones puede requerir un diagnóstico más amplio. Por eso el suspenso no permite deducir de antemano cuánto habrá que gastar: depende de los defectos concretos encontrados.

Multas, cita previa y efectos de circular fuera de plazo

Circular con la ITV caducada puede conllevar una sanción de 200 euros, de acuerdo con las cantidades recogidas en la información de referencia. Una inspección desfavorable también puede acarrear una multa de 500 euros si se circula fuera de las condiciones permitidas. La cita solicitada para una fecha posterior no prorroga la vigencia ni autoriza a utilizar el vehículo como si la inspección estuviera en regla. Tener una reserva pendiente explica que se vaya a realizar la revisión, pero no sustituye el resultado vigente.

Esta diferencia es relevante para quienes calculan que aplazar la visita les permite ganar tiempo sin asumir un coste inmediato. La sanción puede acabar sumándose a la reparación que se quería evitar, sin haber solucionado el defecto ni recuperado la validez de la inspección. La vigilancia puede apoyarse en los datos de ITV a los que acceden la Dirección General de Tráfico y las fuerzas policiales, además de los controles en carretera. El riesgo económico no desaparece por circular sin que se haya producido todavía una inspección policial.

La situación del seguro requiere más matices que la idea de que una ITV caducada anula automáticamente cualquier cobertura. La información disponible no permite afirmar que la compañía deje de pagar en todos los casos; la respuesta depende de las circunstancias del siniestro, de las condiciones de la póliza y de cómo se valore la relación entre el estado del vehículo y el accidente. Si hay un conflicto, corresponde analizarlo con asesoramiento profesional. La caducidad puede complicar una reclamación, pero no determina por sí sola un desenlace idéntico para todos.

Los defectos habituales y las diferencias entre tecnologías

En Navarra, los datos de 2025 citados por Revisiones de Navarra indican que el 18% de los turismos no superó la inspección en el primer intento, frente a una media nacional del 20%. La comparación se refiere a los coches que sí acudieron a la revisión; no incluye los que faltaron a la cita y, por tanto, no permite medir por sí sola el absentismo. Una tasa de rechazo menor entre quienes se presentan no elimina el problema de quienes quedan fuera del control.

Las emisiones encabezan los motivos de rechazo mencionados por Uriz, seguidas de los neumáticos, los frenos y el alumbrado. En los coches antiguos, los sistemas sometidos a desgaste pueden hacer más difícil pasar la prueba, sobre todo si el mantenimiento se ha ido aplazando. No se trata de que la estación rechace un vehículo por ser viejo, sino de que comprueba si cumple las condiciones exigidas en el momento de la inspección. La edad aporta contexto, pero son los defectos concretos los que explican el resultado.

Los híbridos y los eléctricos pasan una inspección muy parecida a la de los vehículos de combustión. Los híbridos se someten al control de emisiones; los eléctricos están exentos de esa prueba y de la de ruido, mientras que el resto de los puntos se mantiene. Uriz señaló que los eléctricos, por su menor antigüedad, superan la revisión a la primera en una proporción cercana al 100%. Ese dato describe el parque actual inspeccionado y no significa que un coche eléctrico esté exento del resto de controles.

Qué cambia en las inspecciones y qué conviene saber del calendario

La información disponible para 2026 no señalaba nuevas exigencias ya incorporadas a la ITV, aunque el ministerio trabajaba en nuevos puntos de control para vehículos eléctricos, entre ellos el estado de las baterías. La intención mencionada es detectar posibles manipulaciones que afecten al valor real del vehículo, un problema que recuerda a la alteración del kilometraje en los coches de combustión. Se trata de trabajos en desarrollo, no de una prueba de baterías que ya deba darse por implantada en todas las estaciones.

La inspección puede adelantarse hasta 30 días antes de la fecha de vencimiento sin que se pierda la fecha original de renovación. Ese margen permite organizar la revisión con antelación sin acortar el periodo que corresponde a la siguiente inspección. No cambia, sin embargo, la obligación de mantener el vehículo con la ITV en vigor para circular. Adelantar la cita y circular después de que venza la inspección son situaciones distintas.

También han cambiado las transformaciones que llegan a las estaciones. Francisco Uriz apuntó que el tuning tradicional prácticamente ha desaparecido y que ahora son más habituales las camperizaciones de furgonetas y las preparaciones de vehículos 4×4 para rutas exigentes. Las modificaciones pueden requerir comprobaciones específicas para verificar que el vehículo sigue ajustándose a las condiciones exigidas. En cuanto a las tarifas navarras, se sitúan entre las más bajas del país y la subida mencionada corresponde al IPC, aunque la información disponible no detalla importes concretos. El coste exacto depende de la tarifa aplicable y del tipo de vehículo, por lo que no cabe deducir una cifra única para toda España.

La inspección como termómetro del parque que circula

El absentismo es más que una suma de citas olvidadas: refleja la relación entre el estado de los vehículos, la capacidad de sus propietarios para mantenerlos y la confianza en el sistema de inspección. Si un coche antiguo acumula reparaciones pendientes y su conductor depende de él, la ITV puede sentirse como el momento en que varios problemas aparecen juntos. Pero aplazar el diagnóstico no reduce la factura potencial ni devuelve al vehículo unas condiciones que haya perdido por desgaste.

La inspección tampoco resuelve por sí sola las dificultades económicas que empujan a algunos conductores a circular con vehículos veteranos. Sí ofrece un control común sobre frenos, neumáticos, alumbrado, emisiones y otros elementos, y permite distinguir entre un coche que cumple y otro que necesita intervención. Cuando una parte importante del parque no se presenta, esa fotografía queda incompleta. El resultado es una carretera donde el estado técnico de muchos vehículos sencillamente no se conoce.

De ahí que el miedo a suspender no deba confundirse con una protección frente al gasto o al riesgo. Puede retrasar el momento incómodo, pero deja intacta la causa que lo provocó y añade la posibilidad de una sanción por circular fuera de plazo. En un parque cuya edad media ronda los 15 años, esa diferencia importa: la ITV no rejuvenece los coches ni garantiza que nunca fallen, pero permite detectar defectos antes de que sigan acumulándose sin control. La ausencia de inspección no es una señal de que el vehículo esté bien; es, precisamente, la falta de una comprobación.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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