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¿Cómo Marruecos acaba favoreciendo al PP y Vox con la crisis de Ceuta?
PP y Vox superan juntos el 50% en dos sondeos mientras la crisis de Ceuta castiga al Gobierno y endurece el debate sobre Marruecos e inmigración.

Resumen
- PP y Vox superan juntos el 50% en dos sondeos tras la crisis de Ceuta
- Marruecos concentra el rechazo y Sánchez recibe un fuerte castigo político
- Vox gana terreno cuando inmigración y control de fronteras dominan el debate
Alberto Núñez Feijóo no ha dado las gracias a Marruecos. Más bien todo lo contrario: acusa al país vecino de haber tolerado y auspiciado la entrada masiva de migrantes en Ceuta y habla incluso de una “invasión” destinada, según su interpretación, a obtener alguna cesión española. Pero la política tiene esas ironías que a veces parecen escritas por un novelista con bastante mala leche. La crisis que el líder del PP atribuye a Rabat está coincidiendo con un fortalecimiento electoral de PP y Vox, precisamente los partidos que defienden una política más dura frente a Marruecos y la inmigración.
Los números son suficientemente claros como para no necesitar demasiada decoración. El último barómetro de 40dB sitúa al PP en el 32,4% y a Vox en el 17,8%, de modo que ambos alcanzan conjuntamente el 50,2% de la estimación de voto, su máximo en esta legislatura. Otro estudio, elaborado por GAD3, dibuja prácticamente la misma frontera: 31,1% para el Partido Popular y 19,2% para Vox, un 50,3% entre los dos. En estimación de escaños, ese segundo sondeo les atribuye 133 y 69 diputados respectivamente: 202 escaños, bastante más que los 176 necesarios para la mayoría absoluta.
Ahí está el pequeño contrappasso político, como habría dicho Dante. Marruecos aparece para una mayoría abrumadora de españoles como responsable de la crisis y, mientras crece la irritación hacia Rabat, suben quienes ofrecen el discurso más severo sobre fronteras, devoluciones y control migratorio. No significa que Marruecos haya querido beneficiar a PP o Vox; no existe prueba alguna de semejante propósito. Significa algo políticamente más sencillo: el efecto electoral de una crisis puede favorecer exactamente a quienes prometen combatir con mayor dureza aquello que la provocó.
PP y Vox rompen una barrera que hasta ahora se les resistía
El 50,2% registrado por 40dB tiene importancia porque PP y Vox llevaban meses acercándose a esa frontera sin atravesarla. Habían alcanzado conjuntamente el 49,8% en otros momentos de 2026. Tras un verano dominado por Ceuta, los dos avanzan: el Partido Popular gana cuatro décimas respecto a julio y Vox seis.
No estamos ante un terremoto electoral de diez puntos ni ante una conversión repentina del país. Conviene decirlo porque las encuestas también sirven para fabricar espejismos si se las mira demasiado de cerca. La variación es relativamente pequeña. Lo importante es la dirección del movimiento: sube toda la derecha mientras retroceden PSOE, Sumar y Podemos. Estos tres partidos suman el 36,1% en el estudio de 40dB, muy lejos de sus adversarios.
GAD3, con un trabajo de campo realizado entre el 1 y el 3 de septiembre sobre 1.010 entrevistas, confirma además que no se trata de una extravagancia de una sola encuesta. Su fotografía es incluso más favorable a Vox, que alcanza el 19,2% de los votos y 69 diputados. El PP continúa siendo claramente el primer partido del bloque, pero su socio potencial crece con más intensidad.
Ese detalle debería interesar especialmente a Génova. El endurecimiento del debate migratorio beneficia al conjunto de la derecha, sí, pero no necesariamente en la misma proporción.
Vox pesca mejor cuando la conversación gira hacia inmigración
La explicación aparece bastante desnuda en otra parte del estudio de 40dB. Cuando se pregunta qué partido es considerado más capaz de gestionar la inmigración, Vox ocupa la primera posición. No el PP. Ahí está el problema estratégico para Feijóo.
El líder popular ha elevado considerablemente el tono desde la crisis de Ceuta. Ha hablado de “invasión”, ha acusado al Gobierno de actuar con subordinación hacia Marruecos y sostiene que la reacción del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, frustró un supuesto plan que habría comenzado con la entrada masiva de migrantes y terminado con alguna concesión española a Rabat. Feijóo ha insistido además en que España debería haber exigido a Marruecos detener lo que define como una “agresión”.
El problema para el PP es casi de propiedad intelectual política. Cuando la discusión se desplaza hacia la inmigración irregular, Vox lleva años construyendo su identidad alrededor de ese asunto. Feijóo puede endurecer el vocabulario, pero Santiago Abascal juega ese partido en su estadio.
Los movimientos entre electorados lo muestran. Alrededor del 13% de quienes votaron al PP en 2023 se inclinarían ahora por Vox, mientras que el movimiento contrario apenas ronda el 3,4%. Vox conserva además al 85,9% de sus votantes de las últimas generales, una fidelidad superior a la de cualquier otro gran partido.
De modo que la paradoja se vuelve todavía más interesante. La crisis perjudica al Gobierno, ayuda a la derecha y, dentro de la derecha, puede fortalecer especialmente al competidor que más preocupa al PP.
La sociedad española endurece su mirada sobre la inmigración
Detrás de los porcentajes electorales hay un cambio de clima político bastante más profundo. Cerca del 90% de los encuestados atribuye mucha o bastante responsabilidad a Marruecos en la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta a finales de julio. El 72% considera que el Gobierno español también tuvo mucha o bastante responsabilidad.
La valoración de Pedro Sánchez es especialmente mala. Casi un 63% considera que gestionó la crisis mal o muy mal, mientras apenas un 14,2% aprueba su actuación. Son cifras que explican mejor el momento político que cualquier consigna pronunciada desde una tribuna.
También se ha endurecido la percepción general sobre la cuestión migratoria. Un 70% prioriza el control de las fronteras sobre la acogida humanitaria, mientras el 54% considera negativa la inmigración. Eso no convierte automáticamente a España en un país hostil a los inmigrantes —las respuestas sobre ayuda individual ofrecen una realidad bastante más matizada—, pero sí revela que la seguridad fronteriza ha escalado posiciones entre las preocupaciones de los ciudadanos.
Aquí aparece una de las contradicciones más viejas de la política europea. Es perfectamente posible defender unas fronteras controladas y, al mismo tiempo, recordar que detrás de cada cifra hay personas, menores incluidos, sometidas a las leyes españolas y europeas. La firmeza democrática no consiste en elegir entre legalidad y humanidad. Consiste precisamente en evitar esa falsa elección.
Marruecos recibe el rechazo que Sánchez no consiguió desactivar
La estrategia del Gobierno durante las primeras semanas de la crisis tampoco parece haber convencido a la opinión pública. Pedro Sánchez ha defendido que no existen pruebas suficientes para afirmar que Marruecos diseñó deliberadamente la entrada masiva y ha señalado factores como las mafias, los rumores difundidos por redes sociales y distintas circunstancias acumuladas en la frontera. También ha destacado la colaboración marroquí para realizar devoluciones posteriores.
Pero esa prudencia diplomática ha tenido un coste político considerable. Para una parte amplia de la sociedad, Marruecos aparece como responsable directo de lo ocurrido. Casi nueve de cada diez españoles así lo creen según el sondeo de 40dB. Y cuando la percepción ciudadana corre varios kilómetros por delante del discurso gubernamental, el hueco termina ocupándolo la oposición.
Feijóo lo ha entendido y ha entrado por esa puerta con todo el equipaje. Ha afirmado que lo sucedido fue una entrada “tolerada y auspiciada” por Marruecos y reclama saber qué conversaciones mantuvo el Ejecutivo español con Rabat y qué respuesta obtuvo. El PP intenta así convertir la crisis migratoria en algo más amplio: una cuestión de soberanía, seguridad nacional y relación con Marruecos.
La operación política es transparente. Cuanto más se discuta sobre Ceuta y Marruecos y menos sobre otros asuntos, mejor territorio encuentra la oposición. Otra cosa es quién recoge finalmente la cosecha.
Feijóo gana terreno, pero Abascal corre más deprisa
Hay un dato que resume casi todo. El PP sigue siendo el partido más votado en ambas encuestas y mantiene una enorme ventaja sobre Vox. Nadie está discutiendo ese liderazgo. Pero Vox es quien dispone de mayor fidelidad electoral, quien recibe más trasvases desde el PP y quien aparece mejor situado cuando la pregunta concreta es inmigración.
Por eso algunos dirigentes populares observan el escenario con bastante menos entusiasmo del que sugeriría superar el 50%. En el PP existe la preocupación de que una movilización social centrada obsesivamente en Ceuta termine beneficiando sobre todo a Vox. La contradicción es delicada: el Partido Popular necesita castigar al Gobierno por la gestión de la crisis, pero cuanto más convierte la inmigración en el centro absoluto de la conversación política, más entra en el terreno favorito de Abascal.
Es una especie de carrera en la que Feijóo necesita correr hacia la derecha para evitar perder corredores por ese lado, procurando al mismo tiempo no alejarse demasiado del electorado moderado que necesita para gobernar. Fácil sobre el papel; bastante menos cuando las cámaras están encendidas.
Mientras tanto, el PSOE pierde antiguos votantes en varias direcciones. El 6,8% de quienes apoyaron a Sánchez en 2023 dicen inclinarse ahora por el PP y otro 4,3% por Vox. Los movimientos hacia Sumar o Podemos son inferiores. La sangría, al menos en este momento, beneficia más a la derecha que a los socios situados a la izquierda del PSOE.
Una encuesta no vota, pero dos empiezan a dibujar tendencia
Hay una precaución elemental. Los sondeos no permiten afirmar que la crisis de Ceuta sea la causa exclusiva de la subida de PP y Vox. Influyen el desgaste del Gobierno, la situación económica, los liderazgos, la fragmentación de la izquierda, la legislatura acumulada y una docena de factores más que ningún cuestionario consigue aislar con bisturí.
El propio barómetro de 40dB muestra movimientos modestos y no una revolución súbita. Su trabajo de campo se realizó antes incluso de que algunas informaciones posteriores sobre la actuación de agentes marroquíes entraran de lleno en la discusión pública. La fotografía, por tanto, debe leerse como tendencia y no como sentencia electoral.
Pero dos institutos diferentes ofrecen prácticamente la misma cifra conjunta: 50,2% para PP y Vox en 40dB y 50,3% en GAD3. Eso ya resulta difícil de despachar como una simple anomalía estadística.
Las elecciones, naturalmente, se celebran con urnas y no con hojas de cálculo. De aquí a una convocatoria pueden cambiar candidatos, campañas, economía y hasta el asunto que monopoliza las conversaciones en los bares. Septiembre parece muy lejano desde una cabina electoral.
El extraño regalo político que nadie pidió a Rabat
La gran ironía de Ceuta termina ahí. Marruecos concentra el rechazo ciudadano; el Gobierno paga buena parte del coste de su gestión; PP y Vox atraviesan juntos la barrera del 50%; y el partido que defiende la posición más contundente sobre inmigración, Vox, consigue además crecer dentro del propio espacio conservador.
Feijóo no tiene ningún motivo diplomático para dar las gracias a Rabat y, obviamente, no lo ha hecho. Pero desde la aritmética electoral el resultado contiene una ironía casi literaria: una crisis atribuida mayoritariamente a Marruecos está reforzando a quienes quieren endurecer más la política española frente a Marruecos y la inmigración.
Dante reservaba el contrappasso para castigos mucho más solemnes. La democracia moderna lo resuelve con encuestas, porcentajes y una papeleta doblada dentro de una urna. Menos épico, quizá. Bastante más eficaz.












