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¿Por qué aumenta la actividad de marines en Puerto Rico?

Desde principios de septiembre y, con mayor visibilidad pública desde mediados de octubre, unidades del Cuerpo de Marines de Estados Unidos han realizado desembarcos de entrenamiento y operaciones aéreas en Puerto Rico, con escenas grabadas en playas del municipio de Arroyo y actividad sostenida en Ceiba.

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marines en Puerto Rico

Foto de Lance Cpl. Alexis C. Schneider / U.S. Marine Corps, dominio público (obra del Gobierno Federal de los Estados Unidos).

Marines de EE UU entrenan en Puerto Rico con F-35B; fechas, lugares y cifras del despliegue en Arroyo y Ceiba en plena tensión con Venezuela.

Desde principios de septiembre y, con mayor visibilidad pública desde mediados de octubre, unidades del Cuerpo de Marines de Estados Unidos han realizado desembarcos de entrenamiento y operaciones aéreas en Puerto Rico, con escenas grabadas en playas del municipio de Arroyo y actividad sostenida en Ceiba, sobre el perímetro de la antigua base naval de Roosevelt Roads (hoy Aeropuerto José Aponte de la Torre). No se trata de una operación de control interno ni de una ocupación del territorio, sino de maniobras planificadas dentro del despliegue de la 22nd Marine Expeditionary Unit (22nd MEU, Special Operations Capable) y del grupo anfibio que la transporta. El hecho coincide —y esto es clave— con el aumento de la tensión entre Washington y Caracas, con advertencias aéreas y mensajes duros desde la Casa Blanca. El relato oficial habla de seguridad marítima y lucha contra el narcotráfico; la lectura geopolítica es que Puerto Rico opera como plataforma de proyección para un dispositivo regional mayor.

En fechas y lugares, lo verificable es esto: 31 de agosto comienzan las actividades en Campamento Santiago (Salinas), base de la Guardia Nacional de Puerto Rico; 3 de septiembre el Mando del II Marine Expeditionary Force confirma “entrenamiento militar en Puerto Rico”; 16 de octubre se documenta un desembarco con embarcaciones LCU en la playa de Arroyo; 22 y 23 de noviembre se fotografían F-35B del Cuerpo de Marines operando desde Ceiba; 28 de noviembre llegan a difundirse imágenes de AV-8B Harrier II en la misma instalación. ¿Cuántos? Una MEU ronda los 2.000 a 2.200 marines cuando despliega, y navega con un grupo anfibio de tres buques —el USS Iwo Jima (LHD-7) como “miniportaaviones” y los USS San Antonio (LPD-17) y USS Fort Lauderdale (LPD-28)— que suma en total unos 4.500 marinos y marines. En tierra, las cifras oscilan por rotación; distintos recuentos de prensa y fuentes de defensa sitúan en torno a 5.000 los uniformados estadounidenses trabajando desde la isla en picos de actividad, dentro de un dispositivo regional que, con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford y escoltas, se mueve entre 10.000 y 15.000 efectivos repartidos por el Caribe. Son órdenes de magnitud plausibles en un despliegue de estas características; el Pentágono evita dar conteos finos diarios.

Qué se ha visto sobre el terreno en Puerto Rico

La secuencia pública encaja. El 16 de octubre, un equipo de marines toca playa en Arroyo desde una embarcación de desembarco tipo LCU; en la arena se ejecuta la secuencia clásica: asegurar perímetro, sacar vehículos ligeros y progresar unos metros para establecer la cabeza de playa. En el aire, rotaciones de helicópteros de asalto y aeronaves tilt-rotor MV-22 Osprey marcan la pauta de inserciones y reaprovisionamientos. El cierre de noviembre añade el elemento simbólico: cazas F-35B Lightning II maniobrando en Ceiba, tomando y despegando en la pista del antiguo enclave militar de Roosevelt Roads, clausurado en 2004 y reconvertido durante años a uso civil. Es una señal de capacidad expedicionaria: el F-35B, con despegue corto y aterrizaje vertical, puede operar en aeródromos austeros con apoyo logístico limitado.

En paralelo, el día 28 se difunden tomas de AV-8B Harrier II del USMC en la misma instalación, un vector aún en servicio en algunos escuadrones que aporta flexibilidad en apoyo aéreo cercano y interdicción. No son imágenes aisladas: se repiten secuencias de KC-130J de transporte y reabastecimiento, helicópteros AH-1Z Viper y UH-1Y Venom, e itinerancia de personal en equipo táctico entre Salinas, Ceiba y puntos costeros del sureste. La foto, en suma, es de adiestramiento realista con proyección anfibia y aérea desde y hacia la isla.

Quiénes están desplegados y con qué medios

El núcleo terrestre y logístico es la 22nd MEU (SOC), una Unidad Expedicionaria típica del USMC: elemento terrestre reforzado (infantería con apoyos), aviación con ala fija y rotatoria, y combate de servicio (logística, sanidad, ingenieros, comunicaciones). Su aviation combat element incluye F-35B —en esta rotación con presencia confirmada del VMFA-225 “Vikings”—, V-22 Osprey, helicópteros de ataque AH-1Z, utilitarios UH-1Y y aviones KC-130J para transporte y reabastecimiento. Al aparato se suman drones MQ-9 operando desde Aguadilla en misiones ISR, y aeronaves de patrulla marítima P-8A Poseidon que encajan con la narrativa de interdicción antinarcóticos.

En el mar, la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) proporciona movilidad y “hotel” para la MEU: el USS Iwo Jima (LHD-7) ofrece cubierta de vuelo para aparatos STOVL y helicópteros; el USS San Antonio (LPD-17) y el USS Fort Lauderdale (LPD-28) mueven tropa, lanchas y material, desplegando LCU y otras embarcaciones menores. La lógica de empleo es la de siempre: mar-tierra-mar, con periodos en los que una parte del contingente pisa isla y otra permanece embarcada para sostener la cadencia de ejercicios.

Los números que importan

Conviene no perderse entre especulaciones. Una MEU estándar suma alrededor de 2.000 marines y marinos. El ARG aporta tripulaciones y capacidades navales que elevan el número total en misión a unos 4.500. En Puerto Rico, con idas y venidas por necesidades de adiestramiento y seguridad, la presencia simultánea ha rondado los miles de uniformados, con picos de aproximadamente 5.000. En la región, con portaaviones, destructores, buques de apoyo y otras unidades —incluido el USS Gerald R. Ford—, las estimaciones más conservadoras colocan el dispositivo total en la horquilla 10.000-15.000. Estas cifras, aun aproximadas, explican la intensidad de vuelos, la ocupación de Ceiba y el movimiento visible en Arroyo y Salinas.

Dónde operan y por qué ahí

Arroyo ofrece playas con buen gradiente y fácil acceso para lanchas de desembarco, con baja densidad urbana inmediata y capacidad de controlar perímetros durante ventanas acotadas. Ceiba —bajo la denominación civil de José Aponte de la Torre— es más que una pista: hangares, zonas de estacionamiento y conexión directa al litoral del este de Puerto Rico permiten funcionar como nodo logístico para ala fija y ala rotatoria. Campamento Santiago, en Salinas, aporta polígonos de tiro, áreas de vida y red de apoyo para fases terrestres y de instrucción especializada (patrullaje, CBRN, inserciones por cuerda rápida). Es un triángulo práctico: costa para anfibio, aeródromo para F-35B y transporte, y campo para fuerza terrestre. Y está a menos de 1.500 kilómetros de la costa venezolana, un dato geográfico que nadie oculta.

La antigua Roosevelt Roads se cerró en 2004 tras décadas de uso. Esa clausura formal no impide, legalmente, que sus instalaciones —hoy en parte de uso civil— se habiliten temporalmente para operaciones militares o entrenamiento. Eso ha ocurrido este otoño boreal: obras en la plataforma, más tránsito militar y vuelos de combate. La discusión semántica sobre “reapertura” desvía el foco: lo relevante es que Ceiba funciona como hub operativo.

¿Tiene que ver con Venezuela?

Oficialmente, los mensajes de Washington y del Mando Sur repiten tres ideas: antinarcóticos, seguridad regional y preparación para emergencias. A la vez, el clima político es transparente: desde finales de noviembre, Donald Trump ha elevado el tono contra Nicolás Maduro, llegó a afirmar que el espacio aéreo venezolano “debería considerarse cerrado” y su equipo de seguridad nacional defiende una postura de máxima presión. La FAA ha publicado avisos de seguridad para el FIR Maiquetía (SVZM) —que cubre Venezuela— señalando actividad militar elevada y riesgo para aeronaves civiles; y operadores europeos han suspendido conexiones con Caracas o han trazado rutas alternativas. No hay un edicto de guerra, pero sí medidas de riesgo que suelen acompañar operaciones reales o previstas.

En ese marco, la presencia en Puerto Rico —con F-35B a minutos de vuelo de las Antillas Neerlandesas y cercanas a la fachada norte de Venezuela— es disuasión y logística. Entrenamiento, sí; postura, también. Las interdicciones marítimas han aumentado, con ataques a lanchas que Washington describe como vinculadas al tráfico ilícito. La narrativa de Caracas acusa “agresión” y refuerza costas y baterías, mientras el Pentágono sostiene que los golpes son selectivos y legales. Puerto Rico queda, por geografía y estatus, en el centro de la línea de suministro y mando.

Qué cambia con los F-35B en Ceiba

El vector F-35B no es un simple relevo del Harrier. Aporta sensorización (fusión de datos), guerra electrónica, detección multi-espectro y capacidad de ataque de precisión con firmas discretas. Operar diez aparatos —la cifra más repetida en esta rotación— en un aeródromo austero envía un mensaje técnico y político: respuesta rápida sin necesidad de bases permanentes en terceros países y cobertura ISR continua sobre mar Caribe. A eso se suman P-8A, MQ-9, KC-130J y el horizonte de bombarderos haciendo tránsitos de disuasión en la periferia. La cadena detectar-decidir-actuar se comprime.

Impacto en la isla: economía, memoria y convivencia

Toda militarización visible en Puerto Rico remueve memorias. Vieques queda cerca en el relato colectivo: décadas de tiros reales y protestas hasta el cierre del polígono. Esta vez, las autoridades insisten en que en la isla no hay fuego real ni maniobras con munición de guerra en áreas sensibles; el adiestramiento anfibio se hace en playa abierta, el tiro en zonas controladas y los vuelos con coordinación civil-militar. Aun así, movimientos pacifistas han convocado concentraciones y alcaldes de municipios del sureste han pedido información previa y mitigación de ruidos.

En el lado económico, la actividad arrastra contratos de combustible, alojamiento, comidas, transporte y mantenimiento. Hoteles de Ceiba, Fajardo, Humacao y San Juan notan picos de pernoctaciones. Proveedores locales han firmado servicios de catering y flota; aeropuertos y puertos registran movimiento logístico adicional. La gobernadora Jenniffer González ha defendido la utilidad estratégica de la isla y la oportunidad económica del despliegue, a la vez que exige respeto ambiental y transparencia operativa. La oposición y organizaciones cívicas, por su parte, reclaman límites claros, plazos y líneas rojas sanitarias y ecológicas.

El ruido aéreo es real en comunidades bajo rutas; los cierres temporales de espacios de costa, acotados en horas, generan fricciones con pescadores y turismo; y la movilización policial en áreas de entrenamiento altera rutinas. Son impactos temporales pero concretos que condicionan la aceptación social del dispositivo si se prolonga meses.

Qué es entrenamiento y qué es postura operativa

La palabra “entrenamiento” abarca aquí varias capas. Hay adiestramiento puro: patrullaje, inserciones, reconocimiento, CBRN, mantenimiento de sistemas, coordinación con la Guardia Nacional de Puerto Rico. Hay certificaciones internas que la MEU debe mantener en despliegue. Y hay algo más: “postura”. Por postura se entiende estar listo para saltos cortos de empleo real si la cadena política lo ordena, sea para operaciones de interdicción, evacuación de no combatientes, asistencia humanitaria tras un huracán o protección de infraestructuras críticas.

Ese listo para actuar explica la presencia en Ceiba de aviones de quinta generación, la rotación de unidades navales cerca de Antillas Menores, los avisos a la aviación civil y la visita a Puerto Rico de los máximos responsables de defensa estadounidenses en septiembre. También cuadra con el refuerzo de alianzas caribeñas, visitas del Jefe del Estado Mayor Conjunto a Trinidad y Tobago y cooperación en información marítima con países vecinos. La estrategia es regional; Puerto Rico es el centro logístico más cercano y políticamente cómodo.

Lo que dicen las normas y lo que ocurre en la práctica

Desde el punto de vista legal, Puerto Rico es territorio estadounidense y las Fuerzas Armadas pueden operar y entrenar en coordinación con autoridades locales y federales sin trámites de país anfitrión. Roosevelt Roads no ha “reabierto” formalmente como base con el estatus de hace dos décadas, pero su pista, plataformas y edificios han sido habilitados para acoger operaciones. La FAA controla el FIR de San Juan (TJZS) y ha emitido avisos por la mayor presencia de aeronaves de Estado en el entorno, con implicaciones en rutas, altitudes y tiempos. AESA y compañías como Iberia han ajustado vuelos hacia Venezuela por riesgo operacional, reflejando el entorno más que un cambio jurídico.

En la práctica, la ciudadanía ve columnas de vehículos y uniformados en tránsito por la PR-3, vuelos bajos en corredores de aproximación a Ceiba, lanchas y aerodeslizadores maniobrando frente a Arroyo y cortes temporales en zonas de playa. La Guardia Nacional y ayuntamientos emiten avisos para ordenar tráfico y garantizar seguridad. En el plano informativo, el USMC ha publicado notas oficiales y piezas audiovisuales de su entrenamiento, y agencias internacionales han documentado los hitos con fechas y lugares precisos.

Cronología básica del despliegue visible

31 de agosto. Inicio programado de actividades de la 22nd MEU en Campamento Santiago y costa del sur de Puerto Rico, con notificación pública.

3 de septiembre. II MEF publica que la MEU conduce entrenamiento militar en la isla y en su litoral, con apoyo de Guardia Nacional.

16 de octubre. Desembarco LCU grabado en Arroyo; columnas de marines toman posiciones en la playa en secuencia de cabeza de playa.

22-23 de noviembre. F-35B del USMC despegan y toman en Ceiba; fotografías muestran operaciones simultáneas de dos aparatos en pista.

28 de noviembre. AV-8B Harrier II captados en la misma instalación, confirmando la pluralidad de medios aéreos basados temporalmente en la isla.

Finales de noviembre. Trump eleva el tono con Venezuela y pide considerar su espacio aéreo “cerrado”; FAA publica KICZ A0012/25 con alerta reforzada en el FIR Maiquetía por actividad militar. Compañías europeas ajustan programación a la ruta Madrid-Caracas.

Principios de diciembre. Mantiene intensidad el ciclo de vuelos y movimientos en Ceiba; el grupo anfibio Iwo Jima permanece en zona con rotaciones.

Qué se puede esperar en las próximas semanas

Si no hay salto político mayor, lo más probable es la continuidad del ciclo de adiestramiento: rotaciones de vuelos, ejercicios costeros puntuales, uso recurrente de Ceiba y Salinas, y guardias marítimas a lo largo del arco antillano. Mensajes oficiales seguirán subrayando seguridad regional y antinarcóticos. Si la tensión con Caracas se intensifica —por incidentes en mar, nuevos avisos a la aviación o retórica más dura—, Ceiba ganará peso como hub logístico para operaciones de interdicción y demostraciones aéreas, sin que eso implique necesariamente acciones dentro del territorio venezolano. En cualquier caso, hay un indicador fácil de seguir: NOTAM y boletines de aviación civil; si se extienden o endurecen, el entorno operativo se complica.

Pistas para entender el “por qué” de Puerto Rico

La elección de Puerto Rico conjuga geografía, logística y política. Geografía: proximidad a la salida norte de Venezuela hacia ABC (Aruba-Bonaire-Curaçao), Antillas e islas Vírgenes, donde se cruza el tráfico ilícito y el comercial pesado. Logística: infraestructura existente que se reactiva con rapidez —pista, muelles, rutas— y clima que permite entrenar casi todo el año. Política: territorio estadounidense, sin los trámites de un “status of forces agreement” con terceros, y con autoridades locales que coordinan y acompañan el esfuerzo federal. A ello se suma el recuerdo de catástrofes naturales —María, sismos— que añade argumento humanitario a la puesta a punto de una unidad expedicionaria.

Datos claves, sin ruido

— Sí hay marines “desembarcando” en Puerto Rico, pero en maniobras de entrenamiento.
— Los lugares: Arroyo (costa), Ceiba (pista y hangares de Roosevelt Roads) y Campamento Santiago (Salinas).
— Las fechas: actividad visible desde septiembre; desembarco filmado el 16 de octubre; F-35B operando 22-23 de noviembre; Harrier y otros medios el 28 de noviembre.
— Las unidades: 22nd MEU (SOC) y la Iwo Jima ARG (Iwo Jima, San Antonio, Fort Lauderdale).
— Los números: ~2.000 marines en una MEU; ~4.500 sumando tripulaciones del ARG; miles en la isla por rotación, con picos en torno a 5.000; 10.000-15.000 en la región.
— El vínculo con Venezuela: cronología y postura apuntan a disuasión y antinarcóticos en contexto de tensión elevada; FAA y aerolíneas lo reflejan en avisos y cambios de ruta.

Panorama inmediato en Puerto Rico y el Caribe

A día de hoy, la respuesta a la gran duda es concreta: sí, hay marines operando en y desde Puerto Rico, sí, se han visto desembarcos y vuelos de combate en Ceiba, y sí, la actividad está planificada como entrenamiento y postura dentro de un despliegue regional que envía un mensaje a Venezuela. No hay ley marcial, no hay control militar del territorio ni operaciones contra civiles en la isla. Sí hay ruido de motores, señalizaciones aeronáuticas y un triángulo logístico —Arroyo-Ceiba-Salinas— funcionando a pleno.

En las próximas semanas, ese triángulo seguirá vivo mientras la política decide si el músculo se queda en disuasión o salta a otra cosa. De momento, los hechos son los que se pueden ver: desembarcos de práctica, F-35B sobre Ceiba y una isla que vuelve a ser pieza estratégica del tablero caribeño.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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