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Economía

¿Por qué la vendimia 2026 se adelanta y prevé más uva pese al calor?

El calor adelanta la vendimia 2026, pero la cosecha puede superar a 2025. El viñedo español afronta una campaña precoz, seca y muy desigual.

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Vendimia

España está recogiendo la uva antes que nunca y, aun así, el sector vitivinícola espera una cosecha mayor que la de 2025. Parece una contradicción: el verano ha castigado los viñedos con sucesivas olas de calor, ha acelerado la maduración y ha obligado a muchas bodegas a cambiar su calendario. Pero la explicación está bajo las hojas. La vid llegó a esta campaña en mejores condiciones sanitarias y con mucha menos incidencia de enfermedades que el año pasado.

La previsión más reciente de Asaja apunta a que la producción española podría crecer alrededor de un 10 % respecto a 2025, una mejora considerable aunque bastante inferior al 17 % que se barajaba inicialmente. El calor se ha comido una parte de aquella expectativa. En otras palabras, habrá previsiblemente más uva porque el punto de partida era muy bajo y el viñedo está más sano, no porque este verano haya sido precisamente amable con el campo.

Y hay una segunda realidad que conviene no perder de vista: hablar de «la vendimia española» es cómodo para las estadísticas, pero la uva no entiende de medias nacionales. Mientras algunas denominaciones esperan incrementos importantes y una calidad excelente, otras afrontan racimos de menor peso, estrés hídrico o pérdidas severas. El mapa de 2026 es desigual, casi parcela por parcela.

Una cosecha mayor que en 2025, pero ya rebajada por el verano

La comparación favorece a 2026 porque el listón del año pasado quedó muy bajo. Cooperativas Agro-alimentarias de España terminó situando su estimación de la campaña 2025-2026 en unos 31,5 millones de hectolitros de vino y mosto, después de sucesivas revisiones a la baja. El calor de agosto y la escasez de precipitaciones redujeron el peso de los racimos, especialmente en los viñedos de secano. La campaña anterior había alcanzado 36,8 millones de hectolitros y la de 2023-2024, 32,1 millones. Tres años con poca alegría en las cubas.

Este año el escenario sanitario es bastante mejor. Eduardo Pérez, responsable de Vino de Asaja, señala que los viñedos han sufrido menos problemas vegetales, lo que permite mantener una previsión de producción superior pese a las temperaturas extremas. La organización calcula ahora un incremento próximo al 10 %, después de que las primeras estimaciones hablaran de alrededor del 17 %.

Ahí está el matiz importante. La cosecha mejora respecto a un 2025 excepcionalmente corto, pero pierde volumen frente a lo que prometía al comienzo del ciclo. El termómetro ha hecho de tijera.

No todas las organizaciones agrarias comparten, de hecho, la misma estimación. UPA advertía a principios de agosto de que la producción podía terminar en niveles similares o incluso inferiores a los de 2025. La diferencia entre previsiones no implica necesariamente que alguien esté leyendo mal el viñedo: en una campaña sometida a calor extremo, ausencia de lluvia y maduraciones aceleradas, unas pocas semanas pueden cambiar de manera considerable el resultado final.

El calor ha movido el calendario de la vendimia española

La gran singularidad de 2026 no está únicamente en los kilos. Está en el reloj.

En buena parte de España, la vendimia se ha adelantado entre varias semanas y aproximadamente un mes. Recoger uva en agosto en territorios donde durante generaciones septiembre marcaba el comienzo de la campaña ya no resulta una extravagancia. En Rioja Alavesa, por ejemplo, productores hablan de un adelanto de entre 15 y 18 días; en otras regiones las organizaciones agrarias han registrado anticipos superiores a veinte días.

La causa inmediata es sencilla. Las temperaturas elevadas aceleran la maduración: aumenta rápidamente la concentración de azúcares mientras la acidez puede caer. Si el viticultor espera demasiado, corre el riesgo de encontrarse con una uva desequilibrada, deshidratada o excesivamente madura.

Y el vino, por mucho romanticismo que le echemos después en la etiqueta, empieza siendo agricultura. Química, agua, suelo y calendario.

Recoger antes también sirve para proteger la calidad

Adelantar la vendimia no consiste solamente en salvar kilos. También permite conservar acidez, aromas y frescura antes de que una maduración demasiado rápida altere el perfil de la uva.

Por eso algunas bodegas están trasladando parte de la recogida a las horas nocturnas o a primera hora de la mañana. Una uva que entra más fresca en bodega requiere menos refrigeración y llega en mejores condiciones para comenzar el proceso de elaboración. La vendimia nocturna, que hace años podía parecer una rareza pintoresca para fotografías con focos entre las cepas, se está convirtiendo en una herramienta de adaptación bastante prosaica. Y bastante lógica.

Las viñas viejas parten con cierta ventaja

El comportamiento tampoco es idéntico dentro de una misma denominación. En zonas de la Ribera del Duero se observa que algunas viñas viejas resisten mejor el estrés hídrico gracias a sistemas radiculares más profundos, capaces de acceder a humedad que queda fuera del alcance de plantas jóvenes.

Eso no convierte a un viñedo antiguo en inmune al calor —milagros, en viticultura, los justos—, pero ayuda a explicar por qué dos parcelas separadas por pocos kilómetros pueden llegar a la vendimia en condiciones sorprendentemente distintas.

Rioja, Galicia y Jerez muestran las dos caras de 2026

Rioja inició la vendimia el 6 de agosto, una semana antes que en 2025. A fecha de los últimos datos disponibles se habían recogido cerca de 8,5 millones de kilos de uva, de ellos aproximadamente 4,7 millones de variedades blancas. El Consejo Regulador espera inicialmente una producción superior a la campaña anterior y considera muy buenas las condiciones fitosanitarias.

El agua, otra vez, marca diferencias. Los viñedos que han podido recibir aportes mediante riego llegan en mejores condiciones, mientras que en parcelas sin esa posibilidad se espera una uva de menor peso. Más cosecha nacional no equivale a más rendimiento en cada explotación.

Galicia también ha adelantado de forma excepcional la recogida. Ribeiro, Ribeira Sacra, Valdeorras y Rías Baixas comenzaron a mover cuadrillas durante la primera mitad de agosto en determinadas parcelas. En Rías Baixas, las previsiones publicadas a comienzos de mes apuntaban a unos 49,9 millones de kilos, un 5,05 % más que en 2025 y potencialmente un registro histórico para la denominación.

Más al sur aparece uno de los ejemplos más claros de recuperación. En el Marco de Jerez la vendimia comenzó el 27 de julio y, hacia mediados de agosto, rozaba ya los 53 millones de kilos recogidos. La campaña anterior había quedado muy dañada por el mildiu y terminó con unos 34,5 millones de kilos, mientras que en 2026 el mejor estado sanitario ha permitido recuperar buena parte del terreno perdido.

Málaga recuerda que la mejora no es general

Basta desplazarse hasta la Axarquía malagueña para que el dibujo cambie. Allí, las estimaciones de Asaja apuntan a que el calor podría provocar pérdidas de hasta el 40 % en la uva moscatel. En León, por el contrario, se prevén alrededor de tres millones de kilos después de un adelanto de casi tres semanas. Bizkaiko Txakolina también ha llevado el comienzo de determinadas recolecciones a finales de agosto.

Una misma ola de calor atraviesa España, sí. Sus consecuencias no pasan la factura de la misma manera.

Más uva tampoco resuelve el problema económico del viñedo

Hay otro asunto menos fotogénico que los racimos dorados bajo el sol: la rentabilidad.

El adelanto de la cosecha obliga a reorganizar trabajadores, maquinaria, transporte y capacidad de entrada en bodega. Al mismo tiempo, agricultores y organizaciones sectoriales denuncian costes elevados y precios de la uva que, en determinadas zonas, continúan sin ofrecer márgenes suficientes. Unión de Uniones ha reclamado incluso un programa de arranque de viñedo ante la situación de algunas explotaciones.

UPA añade un dato que explica por qué el debate va mucho más allá de una vendimia concreta: entre 2005 y 2025, según sus cálculos, España perdió más de 200.000 hectáreas de viñedo. La organización vincula esa reducción al deterioro de la rentabilidad y reclama medidas específicas para mantener las explotaciones familiares.

Aquí aparece una paradoja incómoda. Una producción limitada y unas existencias reducidas podrían sugerir precios más favorables para quien cultiva la uva. No necesariamente ocurre. El mercado del vino soporta también un consumo débil en varios mercados y una estructura comercial en la que el valor de una botella en la estantería dice bastante poco sobre lo que ha cobrado quien cuidó la cepa durante todo el año.

Que la cosecha sea un 10 % mayor, por tanto, puede aliviar la cuenta de resultados de algunas explotaciones, pero difícilmente arreglará por sí sola los problemas estructurales del sector.

Una vendimia temprana deja de parecer excepcional

La campaña de 2026 vuelve a demostrar que el calendario tradicional del viñedo español está cambiando. Hay regiones donde las referencias heredadas —brotación en determinada fecha, envero unas semanas después, vendimia entrando septiembre— empiezan a servir más como memoria que como agenda.

UPA atribuye expresamente el fuerte adelanto observado este año a los efectos del cambio climático, mientras bodegas y denominaciones llevan tiempo introduciendo respuestas concretas: cosechas nocturnas, selección de parcelas según altitud, cambios en las fechas de recogida, gestión más precisa del agua y atención creciente a variedades capaces de soportar ciclos más cálidos.

No significa que todas las vendimias futuras vayan a empezar en julio o agosto. El viñedo depende de una combinación bastante más compleja de lluvia, temperaturas, suelo, orientación, variedad y disponibilidad de agua. Una primavera fresca puede ralentizar el ciclo; una ola de calor prolongada puede hacerlo correr. La naturaleza tiene esa irritante costumbre de no leer las previsiones anuales.

Lo que sí empieza a resultar difícil es considerar cada adelanto como una anomalía aislada.

La cosecha será mejor; el equilibrio, mucho más delicado

La fotografía disponible a finales de agosto permite un optimismo moderado. España puede recoger más uva que en 2025, probablemente alrededor de un 10 % más según la previsión de Asaja, y muchas regiones presentan un estado sanitario excelente. Pero aquella primera expectativa de una recuperación cercana al 17 % se ha desinflado bajo semanas de temperaturas extraordinariamente altas.

Quedan diferencias enormes entre denominaciones y todavía queda vendimia por delante. Jerez muestra una fuerte recuperación, Rías Baixas apunta muy alto, Rioja espera superar el año pasado; la Axarquía, en cambio, teme pérdidas severas. Y sobre todo permanece la cuestión menos visible: cuánto de esa cosecha terminará convirtiéndose en rentabilidad para el viticultor.

La vendimia de 2026 será recordada por llegar antes. Quizá lo verdaderamente relevante sea otra cosa: el viñedo español está aprendiendo a producir con un reloj distinto, mientras intenta conservar calidad, volumen y viabilidad económica al mismo tiempo. Tres racimos que ya cuesta bastante meter en la misma cesta.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.