Economía
¿Por qué Antonio Garamendi seguirá al frente de la CEOE hasta 2030?
Antonio Garamendi seguirá al frente de la CEOE hasta 2030 sin rival para un tercer mandato que abre una nueva etapa en la patronal española.

Antonio Garamendi tiene despejado el camino para continuar al frente de la CEOE hasta 2030. El plazo para presentar candidaturas alternativas terminó sin que apareciera ningún rival, de modo que el actual presidente de la gran patronal española será el único candidato en la Asamblea General Electoral convocada para el 1 de octubre de 2026. Todo apunta, por tanto, a una proclamación sin votación competitiva y al inicio de su tercer mandato consecutivo.
No es un detalle menor. Antonio Garamendi dirige la Confederación Española de Organizaciones Empresariales desde 2018 y, al completar el nuevo periodo de cuatro años, habrá permanecido doce años en uno de los puestos con mayor influencia sobre la política económica y laboral española. La CEOE no gobierna, claro, pero se sienta en muchas de las mesas donde se negocian salarios, convenios, pensiones, empleo y reformas empresariales. Y ahí una presidencia larga pesa.
Garamendi llega al 1 de octubre sin ningún rival
La noticia quedó prácticamente resuelta antes de abrir las urnas. Ningún dirigente empresarial presentó una candidatura alternativa dentro del plazo previsto y Garamendi se quedó como único aspirante a la presidencia. La Asamblea General Electoral se celebrará el 1 de octubre y elegirá también al equipo directivo que acompañará al presidente durante los próximos cuatro años. La convocatoria oficial de CEOE había sido aprobada por su Comité Ejecutivo el pasado 1 de julio.
El calendario tiene una pequeña letra estatutaria que ayuda a entender lo ocurrido. Las normas de CEOE permiten presentar una candidatura hasta 40 días antes de las elecciones y establecen que, cuando el último día del plazo sea inhábil en Madrid, este se desplaza al siguiente día laborable. Como ese límite caía en fin de semana, el margen terminó extendiéndose hasta el lunes 24 de agosto. Nadie cruzó la puerta a última hora.
Para competir tampoco basta con levantar la mano. Una candidatura debe reunir avales de, al menos, el 10% de los electores y esos apoyos han de proceder de representantes de seis organizaciones empresariales diferentes como mínimo. La reforma estatutaria de 2023 endureció precisamente ese requisito respecto al sistema anterior.
El tercer mandato fue posible después de cambiar los estatutos
Garamendi podía presentarse porque la CEOE eliminó en 2023 el límite que impedía a su presidente encadenar más de dos mandatos consecutivos de cuatro años. La Asamblea General aprobó aquella reforma durante el comienzo de su segundo periodo al frente de la organización. Desde entonces, los estatutos fijan una duración de cuatro años para cada mandato, pero ya no establecen un máximo de dos.
Ahí está una de las piezas esenciales de esta elección. Sin aquella modificación, Garamendi habría tenido que abandonar la presidencia en 2026. Con ella, su continuidad hasta 2030 es perfectamente posible dentro de las reglas internas de la patronal. Otra cosa es el debate sobre la conveniencia de mandatos tan prolongados, que pertenece más al terreno de la gobernanza que al de la legalidad estatutaria.
La reforma también cambió aspectos del procedimiento electoral: aumentó los avales necesarios y amplió hasta 40 días la antelación para registrar candidaturas. Sobre el papel, cualquiera que reuniera los requisitos podía disputarle el cargo. Sobre el terreno, nadie lo hizo.
De 2018 a 2026: una presidencia cada vez más asentada
Garamendi llegó a la presidencia de la CEOE en 2018, cuando sucedió a Juan Rosell. Aquellas elecciones tampoco tuvieron rival. Cuatro años más tarde sí hubo batalla: en noviembre de 2022 se enfrentó a Virginia Guinda, vicepresidenta de Foment del Treball, y ganó con claridad, con 534 votos, alrededor del 83% de los sufragios emitidos.
La secuencia resulta bastante gráfica. Primer mandato sin adversario, segundo mandato ganado con una mayoría contundente y tercer mandato que vuelve a quedar sin alternativa. No significa que dentro del empresariado español exista unanimidad sobre cada decisión de Garamendi —sería mucho decir incluso para una organización patronal—, pero sí que ninguna discrepancia ha conseguido transformarse esta vez en una candidatura con suficientes apoyos.
Durante semanas circularon nombres capaces de articular una alternativa, especialmente después de las tensiones vividas en las organizaciones empresariales vinculadas a las pymes. Finalmente, la oposición interna no tomó cuerpo. El poder, también en los despachos empresariales, se mide menos por el ruido que por las firmas que uno logra reunir.
Cepyme reforzó el camino hacia la reelección
Uno de los apoyos más significativos llegó de Cepyme, la organización que representa a las pequeñas y medianas empresas y que forma parte del entramado de la CEOE. Su Comité Ejecutivo aprobó por unanimidad respaldar la candidatura de Garamendi para las elecciones de octubre, destacando su experiencia y la necesidad de mantener una representación empresarial cohesionada.
Ese respaldo tuvo especial valor político dentro de la patronal porque Cepyme había vivido en 2025 unas elecciones particularmente tensas. Ángela de Miguel se impuso entonces a Gerardo Cuerva en una pugna que dejó visibles algunas fracturas internas del mundo empresarial. De Miguel, que contó con el respaldo de Garamendi, pasó después a ocupar una vicepresidencia de CEOE. La tormenta dejó espuma, pero no una candidatura capaz de disputarle ahora la presidencia.
La ausencia de rival tampoco equivale a que desaparezcan las diferencias territoriales, sectoriales o ideológicas entre empresarios. La CEOE reúne intereses muy distintos: una gran multinacional industrial y una pequeña compañía hostelera pueden compartir patronal, pero no necesariamente dolores de cabeza. Mantener esa mezcla bajo una misma voz empresarial será parte de la tarea del nuevo mandato.
El frente laboral seguirá marcando la presidencia de la CEOE
El tercer mandato comenzará con una relación intensa, y a ratos áspera, entre la patronal y el Ministerio de Trabajo. Garamendi ha defendido repetidamente el diálogo social, pero también ha acusado al Gobierno de acumular cambios regulatorios y de dejar poco espacio a la negociación bilateral entre empresarios y sindicatos. Entre sus reclamaciones habituales figuran la estabilidad institucional, la moderación y una mayor seguridad jurídica para las empresas.
La reducción de la jornada laboral, el registro horario, los costes laborales, el absentismo y la negociación colectiva forman parte de ese paisaje. La patronal rechazó la propuesta gubernamental para reducir por ley la jornada máxima a 37,5 horas semanales, alegando que cuestiones de este tipo deberían resolverse fundamentalmente mediante convenios colectivos. También ha mostrado fuertes reparos ante algunos cambios planteados sobre el registro horario.
Una relación con el Gobierno que mezcla acuerdos y choques
Sería demasiado simple presentar a Garamendi como un adversario permanente del Ejecutivo. Durante sus años en la CEOE ha firmado acuerdos relevantes con gobiernos y sindicatos y ha reivindicado varias veces el valor de la concertación social. Esa capacidad para pactar y, al día siguiente, elevar bastante el tono forma parte de su estilo. En la mesa de negociación se habla bajito; fuera, los micrófonos hacen el resto.
La patronal afrontará también cuestiones que van mucho más allá de Trabajo: competitividad europea, energía, productividad, fiscalidad, regulación empresarial, inteligencia artificial, falta de trabajadores en determinados sectores y las dificultades de muchas pymes para absorber nuevos costes. Garamendi ha insistido especialmente en la seguridad jurídica y en reducir lo que CEOE considera una presión regulatoria excesiva sobre las empresas.
El tamaño de esos debates explica por qué las elecciones internas de CEOE importan fuera de CEOE. Su presidente participa en el diálogo social con el Gobierno y los sindicatos, representa posiciones empresariales ante instituciones españolas y europeas y condiciona, aunque no determine, buena parte de la conversación económica del país.
Hasta 2030, continuidad empresarial con mucho por negociar
La elección del 1 de octubre tendrá poco suspense competitivo, pero abre un periodo político y económico bastante menos previsible. Antonio Garamendi seguirá al frente de la CEOE hasta 2030 tras quedarse sin rival para un tercer mandato, una posibilidad abierta por la reforma de los estatutos aprobada en 2023. Cuando termine ese periodo habrá acumulado doce años consecutivos como presidente de la principal organización empresarial española.
Su principal desafío ya no será ganar unas elecciones que llegan prácticamente resueltas, sino demostrar que una presidencia tan prolongada conserva capacidad para representar intereses empresariales muy diferentes. Habrá acuerdos con sindicatos, encontronazos con el Gobierno y discusiones internas que probablemente no saldrán en fotografía. Normal. En la CEOE, como en tantos centros de poder, las decisiones importantes suelen hacer menos ruido que las campañas electorales. Y esta vez, campaña propiamente dicha habrá muy poca.

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