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Historia

¿Quién era José Eloy Gutiérrez Molero, sacerdote fallecido a los 70?

José Eloy Gutiérrez Molero, sacerdote lucentino, falleció a los 70 años después de 45 años de ministerio entre parroquias y hospitales de Córdoba.

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José Eloy Gutiérrez

Resumen

  • José Eloy Gutiérrez Molero murió a los 70 años en Córdoba
  • Fue sacerdote durante 45 años y pasó por numerosas parroquias cordobesas
  • También ejerció como capellán del Hospital Reina Sofía

El sacerdote cordobés José Eloy Gutiérrez Molero murió el lunes 7 de septiembre de 2026 a los 70 años. Natural de Lucena, dedicó 45 años al ministerio sacerdotal y pasó por numerosas parroquias de la provincia de Córdoba antes de desarrollar la última etapa de su labor pastoral en la capital. Su fallecimiento fue comunicado por la Diócesis de Córdoba.

Nacido el 8 de abril de 1956, Gutiérrez Molero había sido ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1981 en la parroquia de San Mateo Apóstol de Lucena. Desde entonces recorrió pueblos, hospitales y comunidades parroquiales en una trayectoria poco dada a los focos y bastante más familiar para quienes conocieron la Iglesia cordobesa desde dentro. Las informaciones difundidas tras su muerte no han detallado públicamente la causa del fallecimiento y se han centrado, sobre todo, en reconstruir su largo servicio pastoral.

De Lucena al sacerdocio: una vocación iniciada en 1981

José Eloy Gutiérrez Molero nació en Lucena, una de las principales localidades de la provincia de Córdoba. Allí tuvo también uno de los momentos decisivos de su vida: fue ordenado presbítero en San Mateo Apóstol por José Antonio Infantes Florido, entonces obispo de Córdoba. Tenía 25 años. Era el 30 de mayo de 1981, una fecha que abrió una carrera eclesiástica de casi medio siglo.

No empezó precisamente con un destino cómodo en un despacho. Sus primeros años estuvieron ligados al trabajo parroquial en localidades de la provincia. Entre 1981 y 1984 formó parte del equipo sacerdotal de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna. Después pasó por Aguilar de la Frontera y Jauja, donde permaneció hasta 1988. Eran años de kilómetros por carreteras secundarias, pueblos donde el párroco todavía ocupaba un lugar muy reconocible en la vida cotidiana y una Iglesia española que empezaba a convivir, no siempre sin tirones, con una sociedad aceleradamente secularizada.

Su recorrido permite entender también el perfil del sacerdote diocesano de aquellos años: menos personaje público que figura de proximidad. Bautizos, funerales, matrimonios, catequesis, visitas a enfermos, celebraciones dominicales. Una labor repetitiva vista desde fuera, pero construida precisamente con esa repetición. La parroquia como oficio diario, no como escenario.

Zuheros, Luque, Jauja y Monturque: años por la provincia

En 1988 fue nombrado párroco de Nuestra Señora de los Remedios de Zuheros y se incorporó al equipo sacerdotal de Nuestra Señora de la Asunción de Luque. Posteriormente quedó encargado de esta última parroquia, responsabilidad que mantuvo hasta 1999. Durante ese periodo atendió también comunidades como San José de Jauja, San Mateo Apóstol de Monturque y San Antonio de Padua de Huertas Bajas.

Dicho de otro modo: Gutiérrez Molero pasó buena parte de su ministerio lejos del centro institucional de Córdoba. Zuheros, Luque, Monturque y Jauja no son simples nombres en una hoja de servicios; representan más de una década trabajando en comunidades pequeñas donde la relación entre sacerdote y vecinos suele adquirir una dimensión distinta. Allí apenas existe el anonimato. La gente sabe quién oficia la misa, pero también quién visita a una familia cuando llega una enfermedad o quién acompaña un entierro una mañana fría de enero.

Ese componente local ayuda a explicar por qué su muerte ha tenido eco más allá de una sola parroquia. Su trayectoria dejó huella en lugares y generaciones distintas. No fue un ministerio encerrado en una única comunidad, sino una especie de mapa cordobés trazado a base de destinos.

El salto a Córdoba capital y su etapa hospitalaria

En 1999 llegó a Córdoba capital como vicario parroquial de San Pedro Apóstol. Allí amplió su actividad con una responsabilidad especialmente delicada: ejerció durante varios años como capellán del Hospital Universitario Reina Sofía. También fue consiliario de la Hermandad del Socorro entre 2000 y 2004.

La capellanía hospitalaria tiene poco de ceremonial. Significa entrar en habitaciones donde la vida cotidiana ha quedado suspendida, acompañar a personas enfermas y tratar con familias que a menudo atraviesan sus horas más difíciles. Es uno de esos trabajos eclesiales que casi nunca aparece en una fotografía solemne, pero que deja memoria. En la trayectoria de Gutiérrez Molero, aquella etapa amplió un ministerio que hasta entonces había estado fundamentalmente pegado a parroquias rurales.

Quince años entre San Sebastián de los Ballesteros y La Victoria

En 2004 comenzó el periodo más prolongado de su carrera en un mismo ámbito pastoral. Fue responsable de las parroquias de la Inmaculada Concepción de San Sebastián de los Ballesteros y San Pedro de Alcántara de La Victoria. Permaneció vinculado a ambas durante 15 años, hasta 2019.

Quince años dan para mucho. Niños bautizados que terminan llegando a la confirmación, familias que cambian, vecinos que envejecen, fiestas patronales que regresan puntualmente mientras todo alrededor parece moverse. Esa continuidad explica una parte esencial de su biografía: aunque pasó por numerosos destinos, también conoció el otro lado del ministerio, el de permanecer durante años en una comunidad y convertirse en una presencia habitual.

El calendario eclesiástico puede parecer inmóvil desde fuera —Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y vuelta a empezar—, pero las personas nunca vuelven iguales. Ahí está, precisamente, buena parte del trabajo de un párroco de pueblo. Gutiérrez Molero desarrolló esa función durante tres lustros en dos municipios cordobeses antes de regresar a la capital.

Sus últimos años en la parroquia del Beato Álvaro de Córdoba

Desde 2020 estuvo adscrito a la parroquia del Beato Álvaro de Córdoba. En abril de 2022 fue nombrado vicario parroquial y allí transcurrieron los últimos años de su ministerio, según la información divulgada por la propia Diócesis.

Su actividad continuó siendo visible en la vida religiosa de la comunidad. En noviembre de 2024, por ejemplo, figuraba entre los sacerdotes encargados de predicar los cultos en honor a Nuestro Padre Jesús de la Fe de la Hermandad Sacramental de la Sagrada Cena. En febrero de 2025 participó también, ya como vicario parroquial del Beato Álvaro, en los cultos dedicados al titular de la parroquia. Es decir, no se trataba únicamente de una adscripción administrativa: seguía participando en celebraciones y tareas pastorales.

Habían pasado más de cuatro décadas desde aquella ordenación de 1981 en Lucena. El mapa era ya considerable: Fuente Obejuna, Aguilar de la Frontera, Jauja, Zuheros, Luque, Monturque, Huertas Bajas, Córdoba, San Sebastián de los Ballesteros y La Victoria. Cuarenta y cinco años de sacerdocio, con buena parte de la provincia recorrida.

Una vida ligada a la Iglesia cordobesa hasta el final

La muerte de José Eloy Gutiérrez Molero deja una de esas biografías que difícilmente caben en una sola parroquia. Fue sacerdote rural y urbano, trabajó en pequeñas localidades, pasó por una de las principales instituciones hospitalarias de Andalucía y mantuvo relación con hermandades y comunidades parroquiales de Córdoba. Su recorrido no estuvo construido alrededor de grandes cargos, sino de destinos pastorales sucesivos y de una presencia sostenida durante décadas.

Falleció a los 70 años, apenas cinco meses después de cumplirlos. Había comenzado su ministerio con 25. Entre ambas fechas quedan 45 años de trabajo pastoral, una vida adulta casi entera vinculada a la diócesis y a los municipios cordobeses por los que fue pasando. Poco ruido, muchos kilómetros. En determinadas biografías, esa aritmética sencilla cuenta más que cualquier adjetivo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.