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Jalis de la Serna regresa a laSexta con nuevos reportajes
El reportero vuelve con ocho entregas que recorren conflictos y vidas que suelen quedar fuera de cámara.

Foto: atresmedia.com
Jalis de la Serna regresó a laSexta con la tercera temporada de Apatrullando, estrenada el martes 27 de enero a las 23:00, después de El Intermedio. El programa cambia los viajes internacionales por un recorrido por calles y dispositivos reales de España, con el propósito de mostrar de cerca conflictos sociales, situaciones de riesgo y trabajos que suelen transcurrir lejos de la mirada pública. En esta nueva etapa, el periodista está acompañado por David Casasús, Sara Solomando, Miguel Rabaneda e Isabel Balado.
La temporada reúne ocho entregas y amplía el enfoque del formato: no se limita a observar un escenario desde fuera, sino que se introduce en los operativos y sigue a quienes trabajan en ellos. El regreso también conecta con la trayectoria anterior de De la Serna en la cadena, marcada por reportajes internacionales de Enviado Especial y por el especial Apatrullando la Navidad, realizado junto al youtuber Zazza el italiano.
Un regreso con el foco puesto en la calle
La tercera temporada de Apatrullando plantea un periodismo de inmersión: la cámara acompaña a equipos y profesionales durante su actividad, en vez de reconstruir después lo ocurrido. El acceso a dispositivos reales permite seguir el desarrollo de situaciones complejas desde dentro, aunque el formato televisivo también selecciona y ordena lo que muestra. La promesa central es acercar al espectador a escenarios que normalmente solo conoce por sus consecuencias o por noticias breves.
De la Serna lidera un grupo de cuatro reporteros con experiencia en televisión, que se reparte por espacios muy distintos. El recorrido va de la intervención policial a labores científicas y oficios de alto riesgo, y de los grandes dispositivos urbanos a entornos aislados. Esa variedad evita que la temporada se reduzca a una crónica de sucesos: junto a la tensión de una operación aparecen las condiciones de trabajo, la precariedad y las vidas cotidianas que sostienen actividades poco visibles.
El programa se presenta así como una ventana a procesos completos, no solo a sus momentos más espectaculares. Uno de los ejemplos anunciados es el trayecto de la droga desde su incautación hasta su destrucción; otro, la atención urgente a un trasplante multiorgánico, contado mientras sucede. La diferencia está en seguir el funcionamiento de cada dispositivo y en mostrar a las personas que intervienen, con sus límites y responsabilidades.
El trabajo que permanece fuera de plano
La nueva temporada se adentra en ocupaciones que rara vez ocupan el centro de la conversación pública, pese a que responden a necesidades concretas. Entre ellas figuran las limpiezas traumáticas en viviendas donde se han producido muertes o situaciones de abandono, el trabajo funerario y las tareas de reciclaje realizadas en condiciones precarias. Son labores que comienzan allí donde otros se marchan, y cuya dificultad no siempre se percibe desde un espacio limpio y seguro.
El equipo también acompaña a buzos profesionales que mantienen grandes cruceros desde el agua. El reportaje permite observar una cara menos evidente del turismo de masas: además de pasajeros, puertos y rutas, existe una infraestructura técnica que exige intervenciones bajo el casco de los barcos. La imagen del buzo trabajando en un espacio reducido y oscuro contrasta con la superficie luminosa del viaje vacacional y recuerda que la comodidad de unos depende a menudo de tareas arriesgadas de otros.
La exploración alcanza, además, a científicos que estudian terremotos en cuevas donde puede haber gas radón y a investigadores que trabajan aislados en el Observatorio de Sierra Nevada, expuestos al frío y a la soledad. Son contextos distintos, pero comparten una tensión: el conocimiento y ciertos servicios dependen de personas que aceptan condiciones exigentes para realizar tareas que no siempre reciben reconocimiento. Al ponerlas en primer plano, el programa desplaza la atención desde el resultado hacia el coste humano de conseguirlo.
Operativos policiales, droga y urgencias médicas
Otra línea de la temporada sigue actuaciones en las que el margen de error es pequeño. El recorrido de una sustancia incautada hasta su destrucción permite observar las fases de un proceso que suele quedar resumido en el anuncio de una operación policial. El formato también se acerca a dispositivos antidisturbios durante partidos de alto riesgo, donde la organización, la vigilancia y la gestión de una multitud se convierten en parte esencial de la seguridad.
En el extremo más delicado, el programa acompaña una urgencia relacionada con un trasplante multiorgánico. El interés narrativo reside en la coordinación y en el tiempo real, pero el asunto también exige cuidado: la televisión puede hacer visible la complejidad de un procedimiento sin convertir una experiencia médica individual en una explicación clínica general. El reportaje observa el trabajo de los equipos; no sustituye la información de los profesionales sanitarios ni permite extraer conclusiones aplicables a cada paciente.
La mirada sobre estos operativos tiene una continuidad con el método de De la Serna: acercarse al lugar donde se toman decisiones y mostrar sus efectos inmediatos. La presencia de la cámara no elimina las dificultades ni resuelve por sí sola los conflictos, pero cambia la distancia desde la que el público los contempla. Esa proximidad puede hacer más comprensible el trabajo; también obliga a distinguir entre lo que el programa registra y lo que, por límites de tiempo y formato, queda fuera del relato.
Turismo masivo y vidas desplazadas
La temporada aborda también las consecuencias del turismo masivo y la expulsión de vecinos en ciudades como Cádiz. El crecimiento de la actividad turística suele hacerse visible en calles llenas, alojamientos y negocios, pero el programa desplaza el foco hacia quienes pierden espacio o estabilidad en los lugares donde viven. El conflicto no se reduce a una oposición sencilla entre visitantes y residentes: afecta a la forma en que una ciudad distribuye sus viviendas, sus servicios y sus zonas comunes.
Al mostrar ese impacto junto a otros asuntos de seguridad y trabajo, Apatrullando amplía el sentido de la palabra calle. No se trata solo de un escenario para perseguir o intervenir, sino de un lugar donde se cruzan decisiones económicas, rutinas y derechos. La convivencia urbana aparece como una trama de intereses que no siempre se ven desde la perspectiva del visitante, y la cámara puede registrar tanto la actividad comercial como la presión que soportan quienes permanecen allí todo el año.
El programa también se aproxima a oficios estigmatizados o poco reconocidos, como el de chatarrero, cuya labor forma parte de la cadena de reciclaje. La precariedad laboral y la utilidad social pueden convivir en el mismo trabajo, sin que una dimensión borre la otra. Ese contraste es uno de los puntos más fértiles del enfoque: mirar de cerca permite detectar contradicciones que una etiqueta rápida, ya sea de éxito turístico o de marginalidad, deja sin explicar.
De la calle española a los reportajes internacionales
El regreso a laSexta también recupera una etapa anterior de De la Serna como conductor de Enviado Especial. En su cuarta temporada, anunciada para el 24 de octubre, el periodista volvió a viajar por Asia, África y América para investigar el reverso de fenómenos cotidianos. Aquella serie de seis capítulos partía de una idea distinta a la del formato actual: seguir el recorrido internacional de productos, costumbres y decisiones que parecen lejanas, pero que mantienen vínculos con la vida diaria.
La temporada situaba sus reportajes en Ghana, República Dominicana, Dubái, Turkmenistán, Costa de Marfil y la India. En lugar de recorrer dispositivos dentro de España, el equipo buscaba las consecuencias ambientales, sociales y sanitarias que pueden quedar escondidas detrás de la ropa, el turismo, la energía, el cacao o el uso de antibióticos. El hilo común era conectar lo cotidiano con sus costes menos visibles, aunque cada capítulo abordaba un problema diferente y situado en un contexto propio.
Ese enfoque explica por qué el trabajo internacional de De la Serna sigue siendo pertinente para entender su regreso: ambos formatos buscan acercar al público a una realidad que normalmente se observa desde lejos. La diferencia está en el terreno y en la unidad de análisis. Enviado Especial seguía cadenas de producción y fenómenos globales; Apatrullando entra en escenas locales y acompaña a quienes actúan sobre el terreno.
La ropa descartada y el coste de la moda rápida
En el reportaje sobre Ghana, Enviado Especial seguía la ropa desechada hasta uno de los lugares que recibe grandes cantidades de prendas usadas. El episodio vinculaba el contenido de los armarios con un problema ambiental que no desaparece cuando una camiseta o unos pantalones se tiran. La llamada moda rápida acelera la producción y el reemplazo de prendas; después, una parte de ese volumen acaba convertida en residuo en comunidades que no necesariamente pueden reutilizarlo ni gestionarlo sin consecuencias.
El programa describía el fenómeno como una catástrofe que comienza en los hábitos de consumo y alcanza a quienes viven junto a esos desechos. Su recorrido por Ghana pretendía poner rostro a una cadena en la que los beneficios de la industria y los daños no se reparten por igual. La pregunta de fondo no es únicamente dónde termina una prenda, sino quién soporta el impacto cuando deja de ser útil para quien la compró.
El reportaje también señalaba que la industria textil se había convertido en una de las más contaminantes del planeta y utilizaba una comparación visual para dimensionar el ritmo de descarte: cada segundo, el equivalente a un camión de ropa termina en vertederos. Más que una cifra aislada, esa imagen buscaba hacer perceptible una corriente constante de residuos. La acumulación, como una marea que no se retira, permite entender por qué la gestión de ropa usada no es solo un asunto de orden doméstico.
El turismo sexual y la cara menos visible del destino
En República Dominicana, el programa contraponía la imagen de destino de playa con la explotación sexual de mujeres y niñas. La promoción turística de un lugar puede concentrarse en paisajes y descanso, mientras deja fuera las condiciones de quienes son sometidas a redes de trata. El reportaje abordaba la presencia de turistas internacionales y denunciaba que la demanda de servicios sexuales puede sostener situaciones de violencia y explotación.
La cuestión no consiste en confundir prostitución con trata en todos los casos, sino en mostrar que algunas mujeres y niñas son víctimas de coerción y abuso. El capítulo describía la trata sexual como una actividad criminal de enorme alcance económico y presentaba a sus víctimas como personas sometidas a explotación, no como parte del decorado de un destino vacacional. Ese cambio de perspectiva importa: la postal paradisíaca no cuenta quién paga el precio de la industria.
El viaje a República Dominicana trasladaba así el método de la serie a una realidad donde el consumo no se expresa en una prenda ni en un producto alimentario, sino en una experiencia turística. La denuncia se dirigía tanto a las redes que explotan a las víctimas como a los clientes que contribuyen a sostenerlas. Frente a la imagen amable de una playa, el episodio proponía mirar las relaciones de poder que pueden permanecer ocultas tras la oferta de ocio.
Dubái, nubes sembradas y ambiciones ambientales
El capítulo dedicado a Dubái presentaba una ciudad transformada por décadas de riqueza y proyectos de gran escala. La construcción de islas artificiales, el cultivo de nubes y la atracción de residentes extranjeros adinerados componían un retrato de una urbe capaz de modificar su entorno y convertir la abundancia en escaparate. El reportaje situaba esas iniciativas junto a los problemas ambientales y a una elevada huella ecológica, una combinación que pone en cuestión la idea de que la capacidad económica basta para compensar cualquier impacto.
El contexto de la COP28, la conferencia climática de Naciones Unidas celebrada en Emiratos Árabes Unidos en 2023, daba al reportaje una dimensión adicional. La región que acogía el encuentro era presentada como un territorio con grandes desafíos ambientales, mientras Dubái aspiraba a proyectarse como una ciudad sostenible. La tensión entre esa aspiración y su trayectoria de consumo y transformación urbana constituye el centro del episodio. La sostenibilidad no se mide solo por los planes anunciados, sino también por el modelo que esos planes pretenden cambiar.
La serie describía además el peso del oro en la actividad de la ciudad y recogía que por allí pasa hasta el 40% del oro mundial. Más que presentar el dato como una curiosidad, lo vinculaba a la escala económica que ha permitido levantar infraestructuras y alimentar nuevos caprichos. El contraste entre poder construir casi cualquier cosa y las limitaciones físicas del entorno hacía que Dubái funcionara como un caso extremo: una ciudad que puede desafiar la naturaleza, pero no dejar de depender de ella.
Gas, cacao y antibióticos: la conexión con la vida diaria
En Turkmenistán, Enviado Especial investigaba la posibilidad de que Europa recurriera al gas de Asia Central en plena crisis energética. El país, descrito como una república hermética y poco conocida, cuenta con las cuartas mayores reservas de gas natural del mundo, según la información del reportaje. Esa riqueza energética convive con un sistema opaco y una vida política que el programa presentaba como dominada por un régimen autoritario. La cuestión no era solo de dónde obtener combustible, sino qué relaciones y dependencias puede implicar una nueva ruta de suministro.
El viaje a Costa de Marfil trasladaba el foco al cacao, un producto habitual en España cuyo origen puede quedar oculto tras el envoltorio del chocolate. El país aporta el 40% del cacao que llega a los supermercados españoles, de acuerdo con el material del programa. El reportaje denunciaba que niños sin escolarizar trabajan en campos y bosques, en condiciones difíciles y con escaso control, mientras las grandes marcas comercializan un producto asociado al placer y al consumo cotidiano.
El episodio cuestionaba además la eficacia de algunos sellos de comercio justo y la distancia entre la certificación que ve el consumidor y las condiciones reales de producción. No todos los sistemas de garantía tienen necesariamente el mismo alcance, pero el programa planteaba que una etiqueta no basta para demostrar que se han erradicado abusos. La pregunta que deja abierta es incómoda: ¿qué puede asegurar realmente un sello cuando la cadena de suministro es extensa y difícil de vigilar?
El capítulo sobre resistencia a los antibióticos cerraba aquella temporada con una amenaza sanitaria que no depende de fronteras. El uso excesivo o inadecuado de estos medicamentos en personas, ganadería y agricultura favorece la aparición de bacterias resistentes, frente a las que algunos tratamientos pierden eficacia. El programa viajó a la India para mostrar un contexto de consumo elevado y advertir de un posible escenario en el que infecciones comunes y lesiones menores vuelvan a ser más peligrosas.
La resistencia antimicrobiana no significa que todos los antibióticos hayan dejado de funcionar ni que cada infección vaya a volverse intratable. El riesgo es progresivo y depende de la bacteria, el medicamento y el contexto clínico. La advertencia del reportaje apuntaba a intervenciones que hoy se consideran rutinarias, desde una cesárea hasta la implantación de una prótesis, para explicar por qué perder tratamientos eficaces tendría consecuencias amplias. El problema no es solo individual: afecta a la capacidad de la medicina para prevenir y tratar infecciones.
Una trayectoria televisiva entre el acceso y la denuncia
La cuarta temporada de Enviado Especial había llegado después de que el formato registrara una media del 7,8% de cuota de pantalla, alrededor de 1,2 millones de espectadores por emisión y cerca de 3,7 millones de espectadores únicos en cada entrega. También alcanzó el 10% en el segmento de público comercial, según los datos difundidos entonces. Esas cifras situaban el programa como una apuesta reconocible de la cadena por el reportaje internacional y la investigación televisiva.
Apatrullando ha tenido otra trayectoria de audiencia. Su primera temporada, emitida en 2024, registró un 6% de cuota de pantalla, mientras que la segunda, en 2025, obtuvo un 4,8%, según los datos publicados sobre el formato. Las dos primeras etapas sumaron 1.865.000 espectadores únicos y la primera temporada fue señalada como el mejor estreno de laSexta en cuatro años. Las cifras describen el recorrido del programa, aunque no permiten anticipar por sí solas la respuesta a la tercera temporada ni comparar formatos con métricas distintas.
En Navidad, De la Serna también compartió pantalla con Zazza el italiano en un especial de Apatrullando dedicado a distintas formas de vivir esas fechas en el mundo. La colaboración reunía a un reportero televisivo y a un creador conocido por sus vídeos en zonas conflictivas, con grabaciones realizadas durante las propias fiestas. Ese especial prolongó la vocación viajera del periodista y mostró que los formatos de laSexta pueden combinar el acceso documental con voces y estilos procedentes de otros espacios digitales.
El regreso con nuevos capítulos no borra las diferencias entre sus programas, pero sí deja ver una constante en la carrera de De la Serna: desplazarse hasta el lugar donde una historia ocurre y observar qué hay detrás de la imagen más conocida. En una ocasión, el punto de partida era la ropa, el cacao o la energía; en otra, un operativo policial, una guardia médica o un trabajo extremo. El interés está en hacer visible el mecanismo que conecta esas escenas con la vida común, sin confundir la cercanía de la cámara con una explicación total del problema.
Mirar de cerca sin perder el contexto
El atractivo de estos reportajes nace de una paradoja: cuanto más se acerca la cámara a una situación, más detalles aparecen, pero también se vuelve necesario preguntar qué queda fuera del encuadre. Un equipo puede registrar la actividad de un operativo o las condiciones de un oficio, pero la comprensión completa exige relacionar esas imágenes con sus causas y consecuencias. En ese equilibrio se juega el valor del periodismo de inmersión.
La nueva temporada de Apatrullando pone el foco en España y en quienes se mueven por escenarios tensos, invisibles o exigentes. La etapa de Enviado Especial ampliaba esa mirada hacia otros países y hacia las cadenas globales que abastecen los hogares. Juntas, ambas facetas dibujan una misma inquietud periodística: lo que parece cotidiano suele apoyarse en trabajos, decisiones y costes que no vemos. Hacerlos visibles no resuelve por sí mismo los conflictos, pero sí permite entender mejor qué los mantiene en marcha.

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