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Naturaleza

¿Puede Italia frenar la invasión del cangrejo azul soltando pulpos?

Italia prueba a liberar pulpos en el Adriático para contener al cangrejo azul, una especie invasora que golpea pesca, almejas y ecosistemas.

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soltando pulpos

Italia prepara un experimento que, contado deprisa, parece sacado de una sobremesa marinera: criar pulpos y liberarlos en el Adriático para que se coman al cangrejo azul, una especie invasora que lleva años golpeando ecosistemas, pesquerías y cultivos de moluscos. Pero detrás de la imagen —tentáculos contra pinzas— hay bastante más ciencia y mucha menos improvisación.

El proyecto se llama Octo-Blu y lo impulsan la región de Emilia-Romaña y la Universidad de Bolonia. Su planteamiento consiste en reproducir Octopus vulgaris, el pulpo común del Mediterráneo, en condiciones controladas y liberar ejemplares en determinados puntos de la costa donde puedan ejercer presión sobre Callinectes sapidus. No se trata, al menos por ahora, de llenar el Adriático de pulpos como quien repuebla un estanque: es una prueba experimental de control biológico cuyos resultados todavía deben medirse.

La siguiente operación anunciada está prevista para el 24 de agosto frente a Cesenatico, en la costa romañola. Investigadores y autoridades observarán qué hacen los pulpos una vez fuera del laboratorio, si permanecen en la zona elegida, cómo utilizan los refugios instalados en el fondo y, sobre todo, si realmente pueden reducir la abundancia del invasor en condiciones naturales.

Italia prueba un enemigo que el cangrejo azul ya conoce

La idea tiene una lógica sencilla. El pulpo común come crustáceos, es extraordinariamente hábil cazándolos y el cangrejo azul puede formar parte de su dieta. El equipo dirigido por Oliviero Mordenti, profesor del Departamento de Ciencias Médicas Veterinarias de la Universidad de Bolonia, lleva tiempo estudiando esa relación.

Octo-Blu nació precisamente de las investigaciones sobre reproducción controlada del pulpo desarrolladas en el Centro Universitario de Producciones Pesqueras de Cesenatico. El proyecto, financiado mediante fondos europeos vinculados a pesca y acuicultura, se desarrolla entre 2025 y finales de 2026.

No es una mera intuición de laboratorio. Investigaciones recientes han documentado al pulpo común cazando ejemplares adultos de cangrejo azul en el Mediterráneo español. Se han registrado episodios de depredación en aguas de Valencia y Baleares, una interacción especialmente interesante porque demuestra que el cefalópodo puede incorporar a su dieta a un recién llegado que, ecológicamente hablando, se ha presentado en el Mediterráneo con bastante poca educación.

El cangrejo azul es grande, rápido, agresivo y adaptable. Puede soportar amplias variaciones de temperatura y salinidad y tiene una capacidad reproductiva formidable. Las hembras producen millones de huevos, una ventaja nada menor cuando una población encuentra aguas favorables y abundancia de alimento.

Del laboratorio al fondo del Adriático

La primera dificultad aparece bajo el agua. Los pulpos necesitan grietas, piedras, huecos y refugios donde ocultarse. Buena parte de la costa septentrional del Adriático presenta, en cambio, fondos arenosos que no son precisamente un bloque de apartamentos para cefalópodos.

Los investigadores han recurrido por ello a refugios artificiales, estructuras sencillas instaladas en el fondo marino para ofrecer madrigueras a los animales liberados. La intención es que los ejemplares permanezcan en el área durante el tiempo suficiente para establecerse, alimentarse y permitir que los científicos evalúen su comportamiento.

Ahí comienza el experimento de verdad. En una instalación controlada se sabe dónde está el pulpo, dónde está el cangrejo y qué hay para cenar. En el Adriático, no. El animal puede marcharse, buscar otras presas, encontrar condiciones poco adecuadas o comportarse de una manera que ningún modelo había previsto. El mar no es un acuario, detalle a veces incómodo cuando una solución funciona estupendamente entre cuatro paredes.

Por qué el cangrejo azul se ha convertido en un problema enorme

Callinectes sapidus procede de las costas atlánticas de América. Su presencia en aguas europeas no es nueva, pero durante las últimas décadas su expansión por el Mediterráneo se ha acelerado hasta formar poblaciones abundantes en numerosos humedales, estuarios y lagunas costeras.

El problema no consiste simplemente en que haya aparecido un cangrejo nuevo. Es un depredador oportunista capaz de alimentarse de moluscos, otros crustáceos y peces. En lugares con grandes explotaciones de almejas o mejillones, semejante apetito deja rápidamente de ser una curiosidad zoológica para convertirse en una factura.

Italia lo sabe bien. El delta del Po, la laguna de Venecia y otras zonas del alto Adriático llevan años soportando una presión especialmente elevada. La expansión del crustáceo ha afectado con dureza a la producción de almejas, hasta el punto de que las autoridades italianas han reconocido oficialmente el carácter excepcional de los daños en áreas de Emilia-Romaña y Véneto y han articulado ayudas para empresas pesqueras y acuícolas.

La lucha tampoco se limita al pulpo. Italia combina capturas intensivas, protección de instalaciones de acuicultura, estudio de otros depredadores y aprovechamiento comercial del propio invasor. Una solución bastante mediterránea, por cierto: si no consigues expulsar al recién llegado, quizá termine en la cazuela.

El control biológico tiene un atractivo evidente

Utilizar un depredador autóctono ofrece una ventaja seductora frente a otros métodos: aprovechar relaciones ecológicas existentes en lugar de introducir productos químicos o una nueva especie exótica. El pulpo común pertenece al ecosistema mediterráneo y ya consume crustáceos.

Eso no convierte automáticamente la operación en inocua. Aumentar artificialmente la presencia de un depredador puede afectar también a otras presas. El pulpo no distingue entre un cangrejo azul invasor y un crustáceo local porque ningún animal consulta el catálogo administrativo de especies exóticas antes de comer.

Por eso Octo-Blu debe demostrar algo bastante más complicado que la capacidad del pulpo para matar un cangrejo. Tiene que comprobar si ese comportamiento puede generar una reducción apreciable y sostenible de la población invasora sin provocar efectos secundarios indeseados.

Las dudas: donde abundan los cangrejos quizá falten pulpos

Aquí aparece la principal objeción científica al proyecto. Algunos especialistas italianos y representantes del sector pesquero consideran que el pulpo puede resultar útil en determinadas zonas marinas, pero difícilmente resolverá el problema dentro de las lagunas del alto Adriático, precisamente uno de los lugares donde la biomasa del cangrejo azul alcanza niveles más preocupantes.

El profesor de Ecología de la Universidad de Ferrara Giuseppe Castaldelli ha advertido de que las condiciones de salinidad de algunos ambientes lagunares no son adecuadas para mantener poblaciones de pulpo. A eso se suman los fondos arenosos y las elevadas temperaturas estivales. El riesgo es bastante elemental: liberar al depredador y que este, en lugar de patrullar obedientemente la zona asignada, se marche hacia aguas más favorables.

Otros investigadores miran hacia especies como la lubina e incluso hacia los mújoles o cefálidos, que pueden actuar sobre diferentes fases del ciclo del cangrejo. Estudios desarrollados en lagunas mediterráneas han observado que algunos peces consumen sus larvas, atacando al invasor precisamente cuando es más vulnerable.

No hay, pues, una batalla cinematográfica entre dos especies con ganador asegurado. Lo que empieza a dibujarse es algo más complejo: una combinación de pesca dirigida, barreras para proteger cultivos, comercialización, vigilancia y posiblemente varios depredadores naturales actuando en distintos momentos y hábitats.

España tiene motivos para mirar hacia Italia

El experimento italiano interesa especialmente en España porque el cangrejo azul también está asentado en nuestras aguas. Su expansión afecta a distintos medios acuáticos y puede alterar ecosistemas y actividades pesqueras allí donde alcanza densidades elevadas.

El delta del Ebro ofrece quizá el ejemplo más conocido. Allí la especie protagonizó una expansión extraordinariamente rápida y terminó colonizando prácticamente todo el sistema deltaico y las aguas próximas. También existen poblaciones en otros puntos del litoral mediterráneo y atlántico.

En el Mar Menor se ha constatado una población estable y una elevada capacidad reproductiva. Algunas hembras estudiadas pueden alcanzar fecundidades del orden de 3,6 millones de huevos. No hace falta ser especialista en dinámica de poblaciones para entender el problema: capturar muchos adultos no garantiza controlar una especie capaz de reponer números con semejante facilidad.

Precisamente en España se documentaron algunos de los primeros casos mediterráneos de pulpos salvajes depredando sobre cangrejos azules adultos. Eso refuerza la base biológica del planteamiento italiano, aunque existe una distancia considerable entre observar varios ataques y demostrar que miles de interacciones pueden modificar una población a escala regional.

La estrategia española ha descansado fundamentalmente en el seguimiento científico, la captura y el aprovechamiento pesquero, con actuaciones diferentes según cada territorio. La experiencia de Emilia-Romaña permitirá comprobar si merece la pena añadir el refuerzo de depredadores autóctonos a esa caja de herramientas.

El Adriático decidirá si Octo-Blu sale del laboratorio

Octo-Blu tiene algo atractivo: utiliza una relación depredador-presa que ya existe y trata de reforzarla sin importar otra especie. Pero sería prematuro presentar los pulpos como el remedio que Italia ha encontrado contra el cangrejo azul. Todavía no lo ha encontrado.

Las liberaciones controladas deben aclarar primero cuántos ejemplares permanecen en las zonas seleccionadas, cuánto cangrejo azul consumen realmente, qué otras presas incorporan a su dieta y si el efecto persiste durante suficiente tiempo. Después habrá que decidir si el sistema puede ampliarse sin alterar el equilibrio ecológico que pretende proteger.

La invasión tampoco desaparecerá por completo. Cuando una especie tan adaptable ha colonizado una porción extensa del Mediterráneo, hablar de erradicación resulta poco realista. La batalla consiste más bien en contener sus poblaciones y reducir los daños, especialmente allí donde amenaza humedales y producciones de moluscos de enorme valor económico.

Por eso los pulpos de Cesenatico son interesantes aunque no terminen convirtiéndose en el arma definitiva. La escena tiene algo de justicia ecológica —un invasor voraz encontrándose con un depredador todavía más ingenioso—, pero la naturaleza suele arruinar los titulares demasiado perfectos. A partir del 24 de agosto, bajo las aguas del Adriático, empezará la parte que importa: averiguar si los tentáculos funcionan también fuera del laboratorio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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