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Ahmad Zamzam en Gaza: quién era y qué se sabe de su muerte

La muerte de un mando de seguridad desató acusaciones cruzadas y mostró la pugna entre Hamás y las milicias rivales.

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Israel mató a Ahmad Zamzam en Gaza

Ahmad Zamzam, teniente coronel del aparato de seguridad interna del Gobierno de Hamás en Gaza, fue abatido a tiros el 14 de diciembre de 2025 en el campamento de refugiados de Al Maghazi, en el centro de la Franja. Hamás acusó a agentes que, según su versión, actuaban bajo supervisión directa de los servicios de inteligencia israelíes; Israel dijo que desconocía el incidente. La información disponible no permite afirmar como hecho probado que Israel ordenara el asesinato.

La atribución es controvertida porque las Fuerzas Populares, una milicia palestina enfrentada a Hamás y respaldada por Israel, reivindicaron la muerte, mientras una investigación periodística señaló a hombres del grupo de Shawqi Abu Nasira como responsables materiales. Zamzam no era un comandante militar conocido fuera de Gaza, sino un funcionario de seguridad con rango de teniente coronel. Su caso quedó en el cruce entre una acusación de operación israelí y la violencia entre facciones palestinas.

Qué se sabe del ataque contra Zamzam

El asesinato ocurrió en Al Maghazi, un campamento densamente poblado de la zona central de Gaza. Según el Ministerio del Interior gazatí, hombres armados dispararon contra Zamzam y uno de los sospechosos fue detenido poco después. La autoridad afirmó que continuaba la investigación para localizar a los demás implicados, pero no hizo públicos detalles que permitan reconstruir de forma independiente cómo se organizó el ataque. La existencia de un detenido no demuestra por sí sola quién dio la orden.

En su primera versión, el ministerio vinculó a los atacantes con los servicios de inteligencia israelíes y presentó el crimen como una operación dirigida. Esa acusación fue recogida por medios y funcionarios palestinos, pero la respuesta israelí disponible entonces fue que el Ejército desconocía el incidente. No consta en la información de referencia una confirmación pública israelí de participación ni pruebas divulgadas que acrediten una cadena de mando desde Israel. Por eso es necesario separar la denuncia oficial de Hamás de los hechos establecidos.

La reivindicación atribuida a las Fuerzas Populares añadió otra pieza al caso, aunque no zanjó la autoría. Una investigación de Asharq al-Awsat identificó a miembros del grupo de Shawqi Abu Nasira como quienes llevaron a cabo el ataque. Estos relatos pueden referirse a niveles distintos —la autoría material, la reivindicación política o una supuesta dirección externa—, pero la información pública aportada no aclara cómo se relacionan. El dato más firme es que Zamzam murió por disparos; quién encargó la operación sigue sin demostración concluyente.

Quién era Ahmad Zamzam dentro del aparato de Hamás

Zamzam era un oficial de la Seguridad Interna de Gaza, la estructura que responde al Gobierno dirigido por Hamás en el territorio. La referencia lo identifica como teniente coronel y como una figura clave de ese aparato, aunque no ofrece un cargo concreto, una biografía detallada ni información verificable sobre sus responsabilidades cotidianas. No era, según los datos disponibles, un dirigente político visible ni una figura de la jerarquía militar de las Brigadas al-Qassam. Su importancia estaba ligada a la seguridad y al control interno, no a un perfil público de primer nivel.

La Seguridad Interna forma parte de un sistema de gobierno que Hamás mantiene en Gaza desde que asumió el control del territorio en 2007. Sus funciones se solapan con la vigilancia, la investigación de amenazas y la aplicación de decisiones de las autoridades locales. En un contexto de guerra, desplazamientos y control fragmentado, los funcionarios de este aparato pueden convertirse en objetivos por su papel institucional, pero también quedar expuestos a rivalidades y disputas locales. El rango de Zamzam ayuda a explicar por qué su muerte tuvo relevancia política más allá de su entorno inmediato.

La escasez de datos biográficos aconseja no atribuirle tareas específicas que no estén confirmadas. El artículo original lo situaba en la seguridad de los campamentos centrales, pero la información de referencia no detalla su destino concreto ni sus atribuciones operativas. Tampoco ofrece pruebas sobre amenazas previas contra él o sobre sus desplazamientos el día del ataque. Lo que puede sostenerse es que era un mando de seguridad interna, no el papel exacto que desempeñaba sobre el terreno. Esa diferencia importa: conocer el cargo no equivale a saber por qué fue elegido como objetivo.

La pugna entre Hamás y las milicias rivales

El asesinato ocurrió en medio de enfrentamientos entre Hamás y grupos armados palestinos contrarios a su autoridad. Entre ellos destacan las Fuerzas Populares, dirigidas por Yasser Abu Shabab hasta su muerte en diciembre de 2025 y activas desde 2024. La información de referencia las describe como una milicia respaldada por Israel, con presencia sobre todo en el este de Rafah y Jan Yunis, y señala que el grupo reivindicó la muerte de Zamzam. Ese contexto hace plausible una dimensión de conflicto interno, aunque no establece por sí mismo el móvil del crimen.

La relación entre estas milicias y Hamás se había deteriorado durante meses. En noviembre de 2024, las Fuerzas Populares fueron acusadas de atacar un convoy de ayuda de Naciones Unidas cerca de Kerem Shalom y saquear casi un centenar de camiones, un episodio que agravó las disputas por la seguridad y el control de los suministros. Hamás lanzó operaciones contra saqueadores y miembros de grupos armados rivales, mientras estos denunciaban persecución. En Gaza, controlar rutas, ayuda y territorio también significa disputar autoridad política.

Israel reconoció en junio de 2025 que apoyaba a las Fuerzas Populares, según la información recopilada, y Abu Shabab admitió ese respaldo. Ese hecho da contexto a las acusaciones de colaboración y a la desconfianza de Hamás, pero no prueba que Israel planificara cada acción de la milicia ni que dirigiera el ataque contra Zamzam. El apoyo a un grupo y la orden de un asesinato concreto son afirmaciones distintas, que requieren evidencias diferentes. La conexión política no sustituye a la prueba de mando operativo.

Además de las Fuerzas Populares de Abu Shabab, en el norte de Gaza actuaban grupos armados locales que decían compartir esa orientación anti-Hamás. La referencia menciona una formación vinculada a Shawqi Abu Nasira y otra encabezada por Ashraf al-Mansi, cuyas fuerzas afirmaban controlar áreas del norte tras el alto el fuego de octubre. La fragmentación dificulta describir el conflicto como un enfrentamiento entre dos bloques homogéneos. Hay milicias con liderazgos, territorios y relaciones propias, aunque algunas reciban apoyo israelí o se coordinen con otras.

Por qué la atribución del asesinato sigue abierta

Las versiones disponibles no encajan en una explicación única. El Ministerio del Interior de Gaza imputó la operación a agentes respaldados por Israel; las Fuerzas Populares se atribuyeron la muerte; y una investigación periodística apuntó a integrantes de la facción de Abu Nasira como ejecutores. Es posible que una reivindicación y la identificación de los autores materiales describan aspectos compatibles, pero los datos publicados no muestran de forma clara si hubo coordinación, instrucciones externas o una disputa entre grupos. La autoría material y la responsabilidad política no son necesariamente lo mismo.

El hecho de que el ministerio anunciara la detención de un sospechoso podría ser relevante para una investigación, pero no se han difundido públicamente elementos verificables como una resolución judicial, pruebas forenses o una reconstrucción independiente del ataque. Tampoco se conoce, con la información disponible, qué declaró el detenido ni si esas declaraciones fueron corroboradas. En un territorio donde las autoridades locales controlan buena parte de la comunicación sobre estos casos, los anuncios oficiales deben leerse con cautela. Una detención es un avance policial, no una confirmación automática de la hipótesis oficial.

La falta de claridad no vuelve equivalentes todas las versiones. La muerte a tiros y el lugar del ataque aparecen en las distintas informaciones; en cambio, la participación directa de los servicios israelíes es una acusación de Hamás que Israel no confirmó. La atribución a miembros de Abu Nasira procede de una investigación periodística, mientras la reivindicación de las Fuerzas Populares ofrece otro elemento, pero no resuelve el vínculo entre ambas facciones. La formulación más rigurosa es que la autoría y el grado de implicación externa permanecen disputados.

El trasfondo de las Fuerzas Populares

Las Fuerzas Populares aparecieron en Rafah en mayo de 2024, durante la ofensiva israelí en esa zona, y se enfrentaron a Hamás desde entonces. El grupo, encabezado por Abu Shabab, afirmó haber expulsado a las fuerzas de Hamás de sectores del este de Rafah. Las informaciones disponibles describen una fuerza de varios cientos de combatientes y señalan que Israel empezó a reconocer públicamente su apoyo en junio de 2025. Su crecimiento coincidió con el debilitamiento de las instituciones y la fragmentación del control territorial durante la guerra.

Su actividad no se limitó a enfrentamientos armados. En 2025, miembros del grupo fueron descritos como escoltas de convoyes de ayuda y Hamás los acusó de colaborar con Israel. También se informó de incidentes violentos en torno a puntos de distribución y de ataques contra fuerzas policiales de Hamás. Estas acusaciones y hechos se produjeron en un escenario donde el acceso a alimentos, la protección de los convoyes y la autoridad sobre los barrios estaban íntimamente ligados. La ayuda humanitaria se convirtió también en un espacio de disputa por el control.

Abu Shabab murió el 4 de diciembre de 2025, tras resultar herido en un enfrentamiento, y Ghassan al-Duhaini asumió después el liderazgo de las Fuerzas Populares. La muerte de Zamzam ocurrió apenas diez días más tarde, cuando las tensiones entre Hamás y las milicias opositoras seguían activas. La proximidad temporal ayuda a situar el ataque en un periodo de cambios dentro de esos grupos, pero no demuestra que la sucesión de Abu Shabab fuera su causa directa. El contexto de una milicia en transición añade incertidumbre, no una explicación definitiva.

La muerte de Raed Saad y la tregua frágil

El caso de Zamzam coincidió con otro episodio de alto impacto. El día anterior, Israel anunció la muerte de Raed Saad, un alto responsable de Hamás vinculado a la producción de armas y señalado por Israel como una figura relacionada con los ataques del 7 de octubre de 2023. Fue alcanzado en un ataque contra un vehículo en la carretera costera de Rashid, en la ciudad de Gaza, junto con otras personas. Hamás confirmó después su muerte y denunció la operación como una violación del alto el fuego. El ataque con dron y el tiroteo contra Zamzam fueron sucesos distintos, aunque ocurrieran en un intervalo de menos de un día.

Israel justificó la acción contra Saad como una respuesta a una amenaza activa; Hamás sostuvo que el alto el fuego impedía ese tipo de operaciones. La disputa refleja el principal problema de una tregua con excepciones de seguridad: cada parte interpreta de forma distinta qué permite actuar y qué constituye una ruptura. La información de referencia no ofrece los términos completos del acuerdo ni permite determinar de manera independiente si el ataque cumplía sus condiciones. La sucesión de golpes debilitó la confianza, pero no prueba que ambos asesinatos formasen una operación coordinada.

También circuló un balance de al menos 386 palestinos muertos desde el inicio del alto el fuego del 10 de octubre, atribuido a las autoridades sanitarias de Gaza. Esa cifra debe entenderse como un recuento de esa autoridad y no como un dato aceptado por todas las partes; el material disponible no aporta una verificación independiente detallada. La existencia de incidentes letales durante la tregua muestra que el cese de las grandes operaciones no equivale a una ausencia total de violencia. La pausa puede reducir la escala de los combates sin eliminar ataques, enfrentamientos ni riesgos para la población.

Qué revela el crimen sobre el control en Gaza

Un asesinato a tiros en un campamento como Al Maghazi tiene una dimensión distinta a la de un ataque aéreo. Exige que los agresores se acerquen al objetivo y actúen en un entorno urbano, donde conviven residentes, desplazados y servicios básicos. Sin detalles públicos sobre la escena, no puede determinarse cuánto duró la operación ni qué apoyos tuvo. Aun así, el método evidencia que la violencia no se limita a los frentes militares: alcanza también a funcionarios y adversarios dentro de zonas habitadas. La frontera entre conflicto armado y lucha por el poder local queda especialmente borrosa en estos episodios.

Para Hamás, la muerte de un responsable de seguridad representa un golpe a la imagen de control y plantea un desafío práctico: investigar el crimen mientras intenta impedir nuevas acciones de rivales. Para las milicias opositoras, atacar a un funcionario de ese aparato puede presentarse como una demostración de capacidad y como una disputa por quién manda en determinados barrios. Sin embargo, ninguna de esas lecturas permite atribuir un móvil concreto a los autores sin pruebas adicionales. El efecto político puede ser claro incluso cuando la motivación exacta sigue sin conocerse.

Una respuesta basada en controles más estrictos podría afectar a la vida de la población, especialmente si dificulta los desplazamientos o el movimiento de bienes y ayuda. Esa posibilidad estaba planteada en la información inicial, pero no hay datos concretos que confirmen qué medidas se adoptaron en Al Maghazi tras el asesinato. Conviene distinguir entre el riesgo de que aumente la vigilancia y una consecuencia efectivamente documentada. En un territorio sometido a una emergencia prolongada, cada disputa por la seguridad puede añadir presión a una vida cotidiana ya condicionada por la guerra.

Lo que falta para aclarar quién lo mató

Para cerrar la investigación harían falta pruebas que conecten a los presuntos autores materiales con quienes pudieron ordenar o facilitar el ataque. Entre ellas podrían figurar testimonios corroborados, evidencias físicas y una explicación verificable de cómo se identificó al detenido y qué papel se le atribuye. La información disponible no incluye ese material ni una resolución judicial que permita evaluar la solidez de la acusación. Sin pruebas públicas contrastables, la imputación política no debe presentarse como una conclusión forense.

También sería necesario aclarar la relación entre las Fuerzas Populares y el grupo de Abu Nasira en este episodio, así como el significado preciso de la reivindicación. Las fuentes de referencia ofrecen esos datos de manera fragmentaria y no especifican si una facción actuó por cuenta propia, en coordinación con otra o con apoyo externo directo. Esa laguna impide reducir el caso a una operación israelí demostrada o a una represalia interna confirmada. La explicación más sólida, por ahora, reconoce varias atribuciones y mantiene abierta la cuestión de la cadena de mando.

Ahmad Zamzam era un oficial de seguridad de Hamás asesinado en una zona central de Gaza en plena confrontación entre el movimiento y milicias rivales. Hamás responsabilizó a Israel, una milicia reivindicó el crimen y una investigación señaló a miembros de otra facción; Israel afirmó desconocer el ataque. La pregunta sobre quién era tiene una respuesta concreta —un teniente coronel de la Seguridad Interna—, pero la de quién ordenó su muerte continúa sin resolver. Esa incertidumbre no es un detalle secundario: refleja un territorio donde la tregua convive con operaciones selectivas, rivalidades armadas y versiones enfrentadas sobre quién ejerce el poder.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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