Síguenos

Ocio

La plaza de Irán en el Mundial 2026: Irak, la opción más probable

El futuro del grupo G dependería de una decisión de la FIFA y de lo que ocurriera con Irak en la repesca.

Publicado

el

Irán renuncia al Mundial 2026

La declaración del ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali, abrió la posibilidad de que Irán no disputara el Mundial de 2026, pero no dejó vacante su plaza de forma automática. En el escenario conocido el 11 de marzo de 2026, la selección seguía incluida en el torneo y la FIFA no había anunciado su exclusión, una sustitución ni cambios en el calendario. La diferencia es decisiva: una amenaza política de retirada no equivale todavía a una renuncia formal aceptada por el organismo rector.

Si Irán confirmara su baja y la FIFA optara por cubrir el puesto, Irak aparecía como el candidato con más argumentos deportivos. Sin embargo, su situación dependía de la repesca intercontinental que debía disputar a finales de marzo. Si Irak obtenía allí una plaza por la vía ordinaria, Emiratos Árabes Unidos podía entrar en la conversación como siguiente alternativa asiática. No había un reemplazo confirmado ni una regla que adjudicara el puesto de forma automática: el desenlace dependía de la decisión de la FIFA y de los resultados pendientes.

Una declaración política no cambia por sí sola el cuadro

El anuncio iraní llegó en un momento de fuerte tensión entre Teherán y Estados Unidos e Israel. Donyamali sostuvo que el país no estaba en condiciones de participar después de los ataques contra Irán y de la muerte del líder supremo Ali Khamenei. Sus palabras elevaron el conflicto a una cuestión deportiva inmediata, porque el torneo estaba organizado por Estados Unidos, México y Canadá y los partidos de Irán estaban previstos en territorio estadounidense. El choque político convertía la participación iraní en una incógnita real, pero no modificaba por sí mismo la situación reglamentaria del equipo.

La FIFA, por su parte, no había formalizado ninguna medida contra la federación iraní. Gianni Infantino comunicó que había hablado con el presidente estadounidense, Donald Trump, quien le había asegurado que la selección era bienvenida para competir. También se había expresado la expectativa de que todas las selecciones clasificadas participaran. Ese mensaje diplomático no resolvía las objeciones de Teherán ni garantizaba la presencia del equipo, pero dejaba claro que, desde la organización, la posibilidad de que Irán jugara seguía sobre la mesa.

La ausencia iraní en una reunión de planificación para las selecciones participantes celebrada en Atlanta alimentó las especulaciones. Era un indicio de la distancia entre la federación y la organización, no una notificación formal de retirada. Para alterar el cuadro hacía falta que la renuncia se materializara y que la FIFA determinara sus consecuencias. Hasta que ocurriera ese paso, Irán conservaba su condición de equipo clasificado, aunque la tensión política hiciera cada vez menos sencillo tratar su participación como un asunto rutinario.

La FIFA tendría margen para decidir cómo cubrir la vacante

El reglamento de la competición contempla el supuesto de que una federación participante se retire o quede excluida. Su apartado 6.7 establece que la FIFA decidirá a su entera discreción y podrá tomar las medidas que considere necesarias, incluida la sustitución de la federación por otra. La redacción ofrece al organismo capacidad de maniobra, pero no impone que el puesto deba entregarse al siguiente equipo de una clasificación concreta. La sustitución es una posibilidad reglamentaria, no una promoción automática.

Por eso conviene distinguir entre la decisión de cubrir el hueco y el nombre de la selección que podría ocuparlo. La FIFA también podría valorar el formato, la distribución continental, el calendario y las circunstancias de la retirada. El reglamento citado no determina que deba organizarse una nueva repesca ni que la plaza corresponda necesariamente a un país asiático. Aun así, respetar el recorrido clasificatorio de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) sería la salida más coherente con el cuadro existente. Irak y Emiratos Árabes Unidos encajaban mejor que una selección de otra confederación por su posición en la ruta clasificatoria.

El reglamento también prevé sanciones económicas por una retirada. La información disponible sobre el artículo 6.2 señalaba una multa mínima de 275.000 euros si la baja se comunicaba más de 30 días antes del primer partido de la fase final, y de 550.000 euros si se producía dentro de los últimos 30 días. Esas cantidades son mínimos reglamentarios, no una decisión ya impuesta a Irán, y la normativa contempla además posibles sanciones deportivas. El importe dependería del momento en que se formalizara la retirada y de la aplicación disciplinaria del caso.

Por qué Irak parte con ventaja en la carrera deportiva

En el mapa asiático, ocho selecciones habían logrado una plaza directa: Arabia Saudí, Australia, Qatar, Corea del Sur, Uzbekistán, Japón, Jordania e Irán. El torneo intercontinental ofrecía a Irak otra posibilidad de clasificación. El equipo iraquí había llegado a esa repesca después de superar a Emiratos Árabes Unidos en el play-off regional y, por tanto, era la selección asiática que más había avanzado entre las que todavía no tenían billete. Su ventaja no nacía de una designación de la FIFA, sino de su recorrido competitivo.

La repesca estaba prevista para el 31 de marzo en Monterrey. Irak debía enfrentarse al vencedor del partido entre Bolivia y Surinam, mientras que la fase previa estaba programada para el 26 de marzo. Si los iraquíes ganaban, entrarían en el Mundial por su propia vía, sin necesidad de heredar el lugar iraní. Si perdían, seguirían fuera del torneo y podrían convertirse en la alternativa más sólida para cubrir una eventual vacante, siempre que la FIFA decidiera mantener la plaza dentro de Asia. El resultado de ese cruce era la bisagra que ordenaba los posibles escenarios.

Emiratos Árabes Unidos aparecía un escalón después. Había perdido ante Irak en la eliminatoria regional y podía quedar como siguiente selección en la cadena competitiva si los iraquíes se clasificaban por la repesca. No era seguro que la FIFA siguiera ese orden, porque el reglamento le reservaba discreción, pero la trayectoria de los equipos proporcionaba un criterio reconocible. Así, el posible relevo no se reducía a escoger una selección por reputación: la ruta asiática ya había establecido una jerarquía deportiva entre los aspirantes.

La repesca de marzo no se creó para sustituir a Irán

La palabra repesca podía inducir a pensar que la baja iraní se resolvería con un torneo adicional, pero el play-off intercontinental ya formaba parte del sistema de clasificación y tenía sus propias plazas en juego. Participaban seis selecciones de cinco confederaciones: Irak, por Asia; República Democrática del Congo, por África; Bolivia, por Sudamérica; Nueva Caledonia, por Oceanía; y Jamaica y Surinam, por la Concacaf. El torneo debía conceder los dos últimos billetes ordinarios para el Mundial. No era una eliminatoria convocada para cubrir la plaza de Irán.

Irak esperaba en una de las rutas al ganador del encuentro entre Bolivia y Surinam. El vencedor de esa llave debía obtener un puesto en el torneo y quedar asociado al lugar que el sorteo había reservado a esa ruta, en el Grupo I. Irán, en cambio, estaba encuadrado en el Grupo G. Por tanto, aunque Irak ganara la repesca, su clasificación no lo trasladaría automáticamente al grupo iraní: ocuparía su plaza propia y la eventual vacante de Irán seguiría pendiente de otra decisión. Se trataba de dos plazas distintas dentro del cuadro.

Esta diferencia también aclara por qué no podía darse por hecho que el ganador del cruce Bolivia-Surinam ascendiera al Grupo G si Irak pasaba directamente a ocupar el puesto iraní. Ese equipo disputaría la final por un billete intercontinental, con independencia de lo que resolviera la FIFA sobre la selección asiática. El organismo podía decidir cómo cubrir una vacante, pero el reglamento y el sorteo no convertían la repesca existente en una solución automática para el problema. Una ruta clasificatoria ya asignada no absorbía por sí sola una baja posterior.

El grupo y el calendario ya tenían un lugar reservado para Irán

Irán había quedado en el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. Su presencia no era solo una línea en el resultado del sorteo: los partidos, los desplazamientos y la preparación de las selecciones rivales se habían organizado en torno a ese grupo. Si la FIFA confirmaba una sustitución, el equipo elegido heredaría, en principio, ese lugar y el calendario correspondiente. La vacante no implicaría volver a sortear todo el torneo. El cambio afectaría a una pieza concreta dentro de una estructura ya definida.

El primer encuentro iraní estaba previsto en Seattle, frente a Nueva Zelanda, y sus tres partidos de la fase de grupos se disputarían en Estados Unidos, dos en Los Ángeles y uno en Seattle. Esa distribución añadía una dimensión práctica a la controversia: la selección debía jugar precisamente en el país que estaba en el centro de las objeciones políticas iraníes. No se trataba únicamente de una discusión sobre viajar o participar en una competición internacional, sino de hacerlo en un territorio anfitrión directamente implicado en la crisis. La sede de los partidos hacía más concreta la tensión entre deporte y diplomacia.

La edición de 2026 sería la primera con 48 selecciones y 104 partidos, repartidos en 16 ciudades de tres países. Con el sorteo y el calendario publicados, una baja tardía podía obligar a adaptar vuelos, acreditaciones, protocolos de seguridad y planes de competición. El torneo seguía teniendo margen para resolver cambios, pero cada semana reducía el espacio para hacerlo sin fricciones. La decisión tenía consecuencias organizativas además de deportivas, sobre todo porque el reemplazo tendría que incorporarse a un grupo y a una logística ya en marcha.

La incertidumbre también rodeaba a la propia selección iraquí

La candidatura de Irak parecía la más natural por méritos deportivos, aunque su propio camino hacia el Mundial tampoco estaba libre de dificultades. El seleccionador australiano Graham Arnold había denunciado problemas para salir del país y viajar a México para disputar la repesca. La federación iraquí pidió a la FIFA que aplazara el partido, una petición que añadía presión al calendario ya ajustado. El candidato con más opciones también debía resolver primero su posibilidad de competir.

Si Irak no podía jugar su eliminatoria, el escenario se complicaba. La FIFA tendría que decidir tanto qué hacer con el partido pendiente como quién, si alguien, ocuparía la plaza iraní. Emiratos Árabes Unidos podía adquirir más peso por ser el equipo derrotado por Irak en el play-off regional, pero no había una garantía pública de que pasara directamente al Mundial. La falta de una regla automática dejaba abierta la posibilidad de que el organismo valorara otras soluciones. La proximidad en el orden clasificatorio no eliminaba la discrecionalidad reglamentaria.

La misma cautela se aplicaba a cualquier hipótesis sobre la exclusión de Irak. Las dificultades logísticas descritas no demostraban que la selección fuera a quedar fuera del torneo, igual que la declaración del ministro iraní no bastaba para confirmar la retirada de su país. En ambos casos era necesario distinguir los obstáculos y las declaraciones de las decisiones oficiales. El cuadro dependía de hechos formalizados, no solo de escenarios posibles, aunque la planificación tuviera que contemplarlos.

Por qué una selección europea no era la alternativa más lógica

En el debate también podía aparecer Italia, una selección de gran peso futbolístico que debía jugar su propia ruta de repesca europea. Sin embargo, esos partidos determinaban las últimas plazas asignadas a la UEFA y no estaban conectados con la vacante potencial del Grupo G. La semifinal italiana frente a Irlanda del Norte y una eventual final ante Gales o Bosnia y Herzegovina pertenecían a otro proceso clasificatorio. El prestigio de un equipo no alteraba la distribución continental ya establecida.

La FIFA podía, en virtud del apartado 6.7, actuar con discreción, pero eso no convertía cualquier posibilidad teórica en una alternativa con la misma probabilidad. Invitar a un equipo europeo que siguiera disputando su clasificación habría significado apartarse del recorrido asiático y de la estructura que había producido la plaza iraní. Sin una decisión oficial que apuntara a ese camino, Irak y Emiratos ofrecían una continuidad más clara. La opción asiática se apoyaba en la clasificación; la europea, en una hipótesis sin respaldo anunciado.

También era importante no confundir el interés mediático con una candidatura formal. El nombre de Italia podía circular por la dimensión política y deportiva de una eventual sustitución, pero no había una indicación de que la FIFA fuera a escoger al equipo mejor clasificado en un ranking mundial ni al país con mayor audiencia. La organización disponía de margen para decidir, aunque los resultados de la competición seguían siendo el criterio más visible para ordenar a los aspirantes. Hasta que la FIFA comunicara otra cosa, el debate europeo no cambiaba el panorama asiático.

Un precedente útil, aunque no idéntico

El ejemplo histórico más citado en este tipo de debates es la Eurocopa de 1992. Yugoslavia fue suspendida en el contexto de la guerra y de las sanciones internacionales, y Dinamarca ocupó su lugar después de haber terminado segunda en su grupo de clasificación. Los daneses acabaron ganando el torneo, en una historia excepcional que convirtió una sustitución de emergencia en uno de los desenlaces más recordados del fútbol europeo. El antecedente muestra que una plaza puede cambiar de manos por una decisión externa al rendimiento ordinario.

La comparación, sin embargo, tiene límites. La Eurocopa no era un Mundial y las circunstancias políticas, reglamentarias y organizativas no eran las mismas. El episodio sirve para entender que las autoridades pueden buscar una salida dentro de la clasificación existente, pero no establece un precedente vinculante para la FIFA en 2026. En el caso iraní, además, todavía no se había formalizado la retirada ni existía una resolución de exclusión. La historia ayuda a leer el problema, pero no dicta la respuesta.

Irán había vivido otra intervención de la FIFA en 2006, cuando el organismo suspendió temporalmente al país por interferencia gubernamental en el fútbol. La sanción se levantó semanas después y respondía a una disputa institucional distinta, no a un conflicto armado ni a una decisión de renunciar a un Mundial. Recordar ese episodio permite apreciar la relación delicada entre el fútbol iraní y las autoridades, pero no permite anticipar qué haría la FIFA ahora. El contexto actual era diferente y no tenía una resolución previa que pudiera aplicarse sin matices.

El escenario dependía de dos decisiones todavía pendientes

En el corte informativo del 11 de marzo de 2026, no había una plaza oficialmente vacante, una repesca extraordinaria anunciada ni un reemplazo designado. La primera decisión pendiente era la de Irán: convertir la declaración ministerial en una retirada formal de la federación o mantener su participación. La segunda correspondía a la FIFA, que tendría que determinar si cubría el puesto y con qué criterio. Sin esos dos pasos, cualquier nombre seguía siendo una previsión.

Si Irán formalizaba la baja y la FIFA optaba por preservar la composición del torneo, Irak era el candidato con mayor lógica si perdía su repesca y permanecía fuera. Si se clasificaba por esa vía, Emiratos Árabes Unidos podía convertirse en la alternativa asiática mejor situada para la vacante. La secuencia parecía clara en términos deportivos, aunque la normativa no obligaba a seguirla de manera mecánica. El resultado de Irak podía cambiar quién encabezaba la lista de posibles sustitutos.

La respuesta más precisa, por tanto, no era anunciar que Irak ocuparía automáticamente el lugar iraní, sino explicar por qué era el principal candidato y qué podía desplazarlo. La FIFA conservaba la última palabra; el reglamento le permitía sustituir a una federación, no le imponía una solución única. Mientras la participación iraní siguiera sin resolverse y la repesca de marzo estuviera pendiente, el Grupo G permanecía intacto sobre el papel. La incertidumbre no estaba en quién tenía más argumentos, sino en si la vacante llegaría a existir y en cómo decidiría cubrirla el organismo rector.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído