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¿Fue Marilyn Monroe asesinada? Patterson reabre el caso

El escritor plantea una hipótesis llamativa, pero el dictamen oficial y los hechos conocidos no han cambiado.

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Fue Marilyn Monroe asesinada

Foto: PublicDomainPictures

La muerte de Marilyn Monroe fue clasificada en 1962 como probable suicidio por barbitúricos. Más de seis décadas después, James Patterson ha vuelto a poner en circulación la hipótesis de un homicidio, apoyándose en las relaciones de la actriz con figuras políticas, celebridades y personas vinculadas al crimen organizado. Pero su planteamiento no ha cambiado la conclusión oficial ni aporta, según la información disponible, una prueba nueva que demuestre que alguien la asesinó.

La noticia gira también en torno a un libro que Patterson escribió con Imogen Edwards-Jones, The Last Days of Marilyn Monroe: A True Crime Thriller. Aunque se presenta con el lenguaje del true crime, la obra incluye una aclaración que la define como ficción y combina documentación con escenas y diálogos recreados. Esa diferencia importa: una hipótesis narrativa no equivale a una conclusión forense, y el caso sigue abierto en la cultura popular, no por una nueva resolución judicial.

Qué se sabe de la muerte de Marilyn Monroe

Marilyn Monroe, cuyo nombre de nacimiento fue Norma Jeane Mortenson, tenía 36 años cuando la encontraron muerta en su casa de Brentwood, en Los Ángeles, el 5 de agosto de 1962. En la habitación había frascos de medicamentos junto a la cama y una botella vacía de Nembutal en el suelo. La escena y los análisis toxicológicos formaron parte de una investigación que concluyó con la calificación de probable suicidio, no con una declaración de homicidio.

Los informes citados en la cobertura del caso también mencionan hidrato de cloral, un sedante que se utilizaba entonces para tratar el insomnio. La referencia disponible señala una concentración de ocho miligramos por cada cien mililitros en el organismo de la actriz, además de niveles de fármacos descritos como muy superiores a los límites letales. Es importante no confundir esos datos: la presencia de varias sustancias y la interpretación de los análisis forman parte del expediente, mientras que la conclusión oficial se expresó como probable suicidio por barbitúricos.

La palabra probable es relevante. No significa que las autoridades declararan probado un asesinato ni que establecieran con certeza absoluta cada circunstancia de las últimas horas. Expresa la conclusión a la que llegaron tras valorar la información disponible entonces. Ese matiz puede alimentar preguntas sobre el grado de certeza, pero no convierte por sí solo la muerte en un crimen. Hasta donde alcanza la información de referencia, no hay una resolución oficial posterior que haya sustituido ese dictamen.

La hipótesis de Patterson y el peso de sus afirmaciones

Patterson sostiene que Monroe pudo haberse movido en un entorno peligroso por sus vínculos con el presidente John F. Kennedy, su hermano Robert Kennedy, Frank Sinatra y figuras de la mafia. Según su planteamiento, algunos de esos hombres le confiaban información delicada y ella podía conservarla o anotarla. La idea dibuja una trama de secretos y poder, pero el salto entre haber conocido a personas influyentes y haber sido asesinada exige pruebas que no aparecen demostradas en los datos disponibles.

El escritor también ha llamado la atención sobre aspectos menos conocidos de la biografía de Monroe y sobre irregularidades que, según él, merecen consideración. Entre ellas menciona que la autopsia no habría sido tan completa como cabía esperar y que un detective creyó que la escena podía estar montada. Son afirmaciones atribuidas a Patterson y deben leerse como tales, no como hechos judiciales confirmados. La sospecha de un investigador o de un autor no sustituye el respaldo documental necesario para establecer una intervención criminal.

El principal atractivo de la hipótesis es que reúne piezas capaces de sostener un relato de suspense: una estrella rodeada de poder, una muerte prematura y aspectos del procedimiento que han sido discutidos durante años. Sin embargo, un motivo posible no es una prueba del motivo real, y una anomalía aparente no demuestra quién la causó ni con qué intención. Para afirmar un homicidio harían falta evidencias que conectaran de forma verificable a una persona con la muerte. En la información citada no aparece una prueba de ese tipo.

Un libro entre la investigación y la ficción

La obra de Patterson y Edwards-Jones reconstruye las últimas semanas de la actriz con ritmo de thriller y se acerca a lugares y personajes que forman parte de la leyenda del caso. Su título en inglés anuncia un enfoque de true crime, pero la aclaración incluida en el libro lo identifica como ficción. Eso significa que el relato puede apoyarse en acontecimientos conocidos y, al mismo tiempo, imaginar conversaciones, escenas o detalles que no constan como hechos acreditados.

La fecha anunciada para su llegada a las librerías fue el 1 de diciembre de 2025. El interés editorial reside en recuperar una historia que sigue despertando atención y en presentar la versión de Patterson sobre las conexiones de Monroe. No obstante, que un libro vuelva a examinar un caso no implica que haya reabierto una investigación policial ni que haya modificado el expediente. La novedad es la narración y el debate que genera, no un nuevo veredicto.

La etiqueta de ficción es especialmente significativa en una obra que utiliza el lenguaje del crimen real. El lector puede encontrarse con hechos documentados junto a escenas creadas para dar continuidad dramática a la historia. No hay nada necesariamente irregular en esa combinación si se identifica con claridad; el riesgo aparece cuando la recreación se confunde con una transcripción fiel o con una prueba. En este caso, la propia advertencia obliga a separar la reconstrucción literaria de la evidencia histórica.

Qué papel tienen los Kennedy, Sinatra y la mafia

Las relaciones de Monroe con figuras conocidas forman parte de la explicación que Patterson propone para hablar de posibles secretos. Los nombres de John F. Kennedy, Robert Kennedy y Sinatra sitúan el relato en el cruce entre política, espectáculo y vida social de la época. El autor añade referencias a la mafia y sostiene que la actriz pudo escuchar información comprometedora. Sin embargo, la existencia de contactos o amistades no demuestra que esas personas participaran en un delito ni que tuvieran un motivo para hacerlo.

La conexión funciona con fuerza en la imaginación porque la fama de Monroe se entrelaza con ámbitos que suelen asociarse a influencia y confidencialidad. Pero una historia sugerente no es necesariamente una historia probada. Para pasar de la posibilidad a una acusación histórica hacen falta documentos, testimonios corroborados u otros elementos que sostengan la relación entre un supuesto móvil y una acción concreta. Los vínculos sociales, por sí solos, no establecen responsabilidad penal.

El mismo cuidado se aplica a lugares como el Cal Neva Lodge, asociado a Sinatra y convertido en una pieza recurrente de los relatos sobre el entorno de la actriz. Que un escenario resulte atractivo para una reconstrucción no lo convierte en prueba de lo sucedido en Brentwood. La investigación histórica puede estudiar redes personales y ambientes de poder, pero tiene que distinguir entre lo que está documentado y lo que se infiere. En ausencia de nuevos elementos verificables, la trama de conexiones sigue siendo una hipótesis interpretativa.

Las dudas sobre la escena y la investigación

Desde hace décadas, los relatos sobre las últimas horas de Monroe han vuelto sobre los medicamentos, el teléfono cercano a la cama, la botella vacía y las personas que formaban parte de su entorno. También se han discutido los horarios y las versiones de quienes estuvieron cerca de ella. Esos detalles explican por qué el episodio sigue provocando preguntas, pero la existencia de versiones distintas no demuestra automáticamente que la escena fuera manipulada. Una contradicción necesita ser comprobada y contextualizada antes de convertirse en una conclusión.

La crítica a la autopsia ocupa un lugar central en algunas teorías. Patterson considera que el examen no habría sido suficientemente completo y recuerda la sospecha de un detective sobre una posible escenificación. La información de referencia no proporciona nuevos resultados forenses que confirmen esas afirmaciones ni permite resolver por sí sola qué consecuencias tuvieron. La diferencia entre un procedimiento cuestionado y una prueba de asesinato es decisiva: el primero puede justificar una revisión crítica de los registros, pero no establece quién hizo qué.

También persiste el interés por saber a quién pudo llamar Monroe y qué ocurrió exactamente en las horas previas a su muerte. El teléfono aparece en los relatos del caso, aunque esa imagen no permite determinar por sí misma el destino de una llamada ni el contenido de una conversación. En una investigación histórica, los huecos pueden mantenerse incluso después de años de revisión. Que un detalle no esté resuelto no autoriza a completar el vacío con una certeza inventada.

Una vida difícil de reducir a la última noche

La atención a las circunstancias de su muerte suele dejar en segundo plano la vida de Monroe antes de convertirse en una estrella. Patterson ha destacado que pasó por once hogares durante su infancia y que tartamudeaba de niña. Son datos biográficos que ayudan a recordar a Norma Jeane Mortenson como una persona con una historia previa a la fama, no solo como el rostro de una tragedia célebre. Aun así, esos episodios no explican de forma automática sus decisiones adultas ni permiten deducir qué ocurrió la noche de su muerte.

Su trayectoria profesional tampoco se reduce a la imagen que proyectaba en la pantalla. Monroe buscó papeles con mayor peso y se enfrentó a las expectativas de una industria que la promocionaba sobre todo como símbolo sexual. La actriz participó en la creación de su propia productora a mediados de los años cincuenta y defendió su lugar en un Hollywood que no siempre le ofrecía el control que reclamaba. Esa faceta muestra una carrera construida con ambición y trabajo, más allá de la leyenda de fragilidad que a menudo domina las narraciones sobre ella.

En los meses finales, su vida profesional atravesaba tensiones. El rodaje de Something’s Got to Give sufrió retrasos y conflictos con el estudio, y Monroe fue despedida antes de que se anunciara su readmisión. También se encontraba bajo tratamiento y tomaba medicamentos, elementos que forman parte del contexto conocido, aunque no bastan para reconstruir de manera completa su estado ni sus intenciones. El cuidado periodístico consiste en describir ese entorno sin convertirlo en un diagnóstico retrospectivo. El contexto biográfico aporta matices, no una explicación cerrada.

Por qué el caso vuelve una y otra vez

La persistencia del interés no depende únicamente de las sospechas. Monroe continúa siendo una figura central de la cultura popular, y su muerte reúne ingredientes que invitan a la revisión: una estrella mundial, una vida privada expuesta y un final que dejó detalles discutidos. Cada generación vuelve a mirar las mismas piezas con sus propias preguntas. La repetición puede mantener vivo el debate, aunque no añada necesariamente datos nuevos al expediente.

En 2022, Netflix estrenó dos proyectos que renovaron la conversación desde géneros distintos. Blonde, protagonizada por Ana de Armas, adaptó la novela homónima de Joyce Carol Oates y apostó por una representación dramática de la actriz. The Mystery of Marilyn Monroe: The Unheard Tapes, en cambio, se presentó como documental y recuperó voces y testimonios vinculados al trabajo del periodista Anthony Summers, autor de Goddess, publicado en 1985. Una ficción y un documental no ofrecen el mismo tipo de prueba, aunque ambos contribuyan a la memoria pública.

El regreso editorial de Patterson se inserta en esa larga cadena de biografías, películas y documentales. La audiencia recibe relatos con grados distintos de documentación y libertad creativa, por lo que la forma de presentarlos importa tanto como la historia que cuentan. Una dramatización puede acercar el contexto y hacer comprensible una época; también puede fijar como recuerdo una escena que nunca se acreditó. La advertencia de ficción permite reconocer ese límite, pero no elimina la necesidad de comprobar cada afirmación histórica.

El veredicto oficial y lo que sigue sin demostrarse

La respuesta más rigurosa a la hipótesis de un asesinato es que no hay, en la información disponible, una prueba nueva que invalide la conclusión oficial de 1962. La muerte de Monroe fue clasificada como probable suicidio asociado a barbitúricos. Patterson ha expresado su convicción de que la actriz pudo estar en peligro por sus relaciones y por la información que supuestamente conocía, pero esa convicción se presenta dentro de una obra que se define como ficción y no como una revisión forense con resultados inéditos.

Esto no obliga a tratar como irrelevantes todas las preguntas sobre la investigación original. Se puede examinar la calidad de una autopsia, comparar testimonios y estudiar las condiciones en que se recogieron los datos sin dar por demostrado un homicidio. La cautela funciona en ambas direcciones: no convierte las sospechas en hechos, pero tampoco transforma la palabra probable en certeza absoluta sobre cada detalle. El margen de incertidumbre existe, aunque no respalde por sí solo una teoría concreta.

La diferencia entre el misterio cultural y el estado del caso es, en definitiva, el punto que conviene mantener a la vista. El libro vuelve a colocar a Monroe en el centro de una trama de poder y secretos, pero su lanzamiento no equivale a una reapertura oficial ni a una modificación del dictamen. Mientras no aparezcan pruebas verificables que cambien el cuadro conocido, la hipótesis de asesinato seguirá siendo una posibilidad planteada por Patterson, no un hecho establecido. La historia puede volver a contarse; la evidencia, en cambio, no cambia con el suspense.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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