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Historia

¿Qué hacía una granada de mortero de la Guerra Civil en el Pirineo?

Una granada de la Guerra Civil apareció en una ruta del Pirineo aragonés y reabre la memoria enterrada bajo el Ibón de Plan, a 2.300 metros.

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explosivo de guerra en el Pirineo aragonés

Resumen

  • Un senderista halló una granada de mortero en el Ibón de Plan
  • La Guardia Civil la destruyó con una explosión controlada
  • Estos restos de guerra aún pueden aparecer en rutas de montaña

Un senderista encontró una granada de mortero de 50 milímetros en la Colladeta del Ibón de Plan, en pleno Pirineo aragonés, a más de 2.300 metros de altitud. El artefacto, procedente de la Guerra Civil española, obligó a activar un operativo de la Guardia Civil para retirarlo y destruirlo mediante una explosión controlada en la propia zona. La montaña, tan dada a vendernos silencio, nieve vieja y fotos con filtro azul, recordó de golpe que también guarda hierro enterrado.

El hallazgo se produjo el 27 de junio en un paso situado a 2.351 metros, la Colladeta del Ibón de Plan, que conecta el conocido ibón de Plan con el valle de Chistau y la sierra de Chía. La Guardia Civil movilizó a especialistas del Gedex de Zaragoza, al Greim de Boltaña y a la Unidad Aérea de la Zona de Aragón, porque el acceso por tierra era complicado y porque una granada de guerra no se baja en la mochila, por mucho que algunos confundan aventura con insensatez.

Un explosivo real en una ruta de alta montaña

El episodio no dejó heridos, pero sí una advertencia bastante nítida: estos artefactos no son restos pintorescos, ni souvenirs oxidados, ni piezas para decorar una estantería de casa con aires de museo improvisado. Una granada de mortero puede conservar capacidad explosiva aunque lleve décadas expuesta al frío, a la humedad, al deshielo y a esa erosión lenta con la que el Pirineo lima la piedra, pero no borra del todo la historia.

En este caso, el senderista hizo lo correcto: avisar. A partir de ahí, el dispositivo pasó a manos de unidades especializadas. Los agentes retiraron el artefacto y lo destruyeron de forma controlada, una operación que en la alta montaña exige algo más que técnica. Exige coordinación, helicóptero cuando la orografía se pone áspera, especialistas que sepan leer el terreno y una dosis de prudencia que, por desgracia, no siempre viene de serie en el turismo de montaña.

Qué se sabe de la granada hallada en el Ibón de Plan

El artefacto localizado era una granada de mortero de 50 mm, un tipo de munición empleada durante la Guerra Civil. Su presencia en la Colladeta del Ibón de Plan encaja con una realidad conocida por los equipos de desactivación: todavía aparecen explosivos antiguos en zonas rurales, barrancos, campos de labor, obras y también en rutas de montaña. La guerra terminó en los libros; en el suelo, a veces, tarda bastante más.

La Guardia Civil recuerda que estos hallazgos siguen siendo relativamente habituales en zonas de montaña. No hablamos de una rareza de novela negra, sino de una consecuencia material de un país que fue frente, retaguardia, refugio y cicatriz. El Pirineo aragonés, con sus pasos, collados y valles, tiene esa doble cara: postal luminosa al mediodía, memoria áspera bajo la hierba.

Una zona donde ya se habían localizado artefactos

La Colladeta del Ibón de Plan no aparece por primera vez en una noticia de este tipo. En 2023 ya se neutralizó en esa zona una granada de mortero de 50 milímetros hallada por un montañero en la senda GR-15, también a más de 2.300 metros de altitud. En aquella intervención, los especialistas localizaron y destruyeron el material con una explosión controlada, después de constatar que estaba cerca de un itinerario frecuentado por senderistas.

También en 2024 la Guardia Civil detonó una granada de mano de la Guerra Civil en la Colladeta del Ibón de Plan, encontrada a pocos metros del camino por una persona que recorría la zona. Aquel operativo contó con técnicos especialistas en desactivación, apoyo aéreo y miembros del Greim de Boltaña, una combinación ya familiar cuando el monte obliga a trabajar donde no llega una pista ni por cortesía.

Por qué siguen apareciendo explosivos de la Guerra Civil

La explicación es menos misteriosa de lo que parece, aunque no por eso resulta menos inquietante. Durante la Guerra Civil se usaron y abandonaron miles de proyectiles, granadas y municiones en lugares muy distintos. Muchos no explotaron. Otros quedaron semienterrados. Algunos fueron movidos por lluvias, desprendimientos, obras, crecidas o deshielos. El paso del tiempo no los convierte automáticamente en inofensivos; a veces solo los vuelve más imprevisibles.

En la provincia de Huesca se han registrado varios episodios similares en los últimos años. En 2024, por ejemplo, la Guardia Civil informó de la eliminación de tres granadas de mano, seis proyectiles de artillería y una granada de mortero procedentes de la Guerra Civil en la provincia. La estadística es fría, sí, pero tiene una virtud: baja el titular del sobresalto al terreno de la realidad. No es una invasión de fantasmas bélicos. Es munición antigua que sigue apareciendo.

Cómo actuó la Guardia Civil tras el aviso

El operativo activado en la Colladeta del Ibón de Plan reunió a especialistas del Gedex, al Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de Boltaña y a la Unidad Aérea de Aragón. La intervención no fue sencilla por el acceso al punto del hallazgo, situado en una zona de alta montaña donde cualquier maniobra se complica: pendiente, distancia, meteorología cambiante, piedra suelta, comunicación irregular. El Pirineo no perdona la improvisación, y menos con un explosivo de por medio.

La destrucción se realizó de manera controlada en el lugar, la fórmula más segura cuando mover el artefacto puede aumentar el riesgo. En estas operaciones, los especialistas aseguran el entorno, valoran el estado del explosivo, preparan la detonación y evitan que nadie permanezca cerca. Desde fuera parece un fogonazo breve. Desde dentro, es una suma de decisiones milimétricas.

Qué debe hacer un senderista si encuentra un proyectil

La norma básica es casi brutal de sencilla: no tocar. No moverlo, no levantarlo, no limpiarlo para verlo mejor, no posar la bota al lado para hacer la foto del año, no intentar comprobar si “todavía pesa”. La Guardia Civil recomienda avisar de inmediato al 062 ante el hallazgo de este tipo de artefactos y, cuando sea posible sin asumir riesgos, facilitar la ubicación exacta para que los especialistas puedan localizarlo con rapidez.

Conviene alejarse, advertir a otras personas que pasen por la zona y evitar la curiosidad de corrillo, esa pequeña institución nacional que funciona muy bien en una plaza y muy mal junto a un explosivo. Un objeto oxidado puede parecer muerto, pero la apariencia engaña. La herrumbre no es certificado de seguridad. La prudencia, en cambio, sí suele funcionar.

La montaña también conserva memoria peligrosa

El hallazgo de la granada en la Colladeta del Ibón de Plan deja una imagen incómoda: la belleza del Pirineo atravesada por una pieza de guerra que sobrevivió al invierno, al deshielo y a varias generaciones de caminantes. No cambia la seguridad general de la montaña ni convierte las rutas en un campo minado, pero sí recuerda algo elemental: el paisaje no es solo paisaje. También es archivo.

Para quienes recorren el Pirineo aragonés, la lección es clara y útil. Ante un artefacto sospechoso, la decisión inteligente no es investigar, sino avisar. La historia ya hizo bastante ruido una vez; no hace falta darle otra oportunidad.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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