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Economía

¿Por qué España no recupera salarios reales pese al récord laboral?

España crea empleo, pero los salarios reales siguen bajo presión: el bolsillo no alcanza el ritmo de los precios ni la recuperación salarial.

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España no recupera salarios reales

Resumen

  • España sigue con salarios reales por debajo del nivel de 2021
  • El empleo crece, pero la inflación ha vaciado parte de las nóminas
  • Productividad débil y desigualdad territorial frenan la recuperación

España vuelve a aparecer en una fotografía económica incómoda: es uno de los tres países de la OCDE donde más han caído los salarios reales desde la crisis de la COVID-19, junto con Italia y Australia. La clave no está en que las nóminas no hayan subido en euros, sino en que los precios subieron más deprisa durante los años de inflación fuerte. Resultado: el sueldo llega, pero llega más flaco; abre la puerta de casa con menos bolsas en la mano. Según los datos manejados por la OCDE, los salarios reales han crecido un 2% en el último año, pero siguen un 2% por debajo del nivel del primer trimestre de 2021.

La previsión tampoco invita al aplauso con confeti. La OCDE calcula que los salarios reales en España se estancarán durante 2026 y 2027, por una mezcla bastante española y poco exótica: productividad débil, presión de precios y un mercado laboral que crea empleo, sí, pero no convierte esa creación de empleo en una mejora suficiente del poder adquisitivo medio. El paro bajó al 10,3% en mayo, pero sigue siendo más del doble de la media de la OCDE, situada en el 4,9%. Mucho trabajo nuevo, mucho contrato, mucha estadística presentable. Y, aun así, demasiadas carteras con eco.

La trampa del salario real: cobrar más y vivir igual, o peor

El salario real es el sueldo una vez descontada la inflación. No mira solo cuántos euros entran en la cuenta, sino qué se puede comprar con ellos. Por eso una subida nominal puede ser una pequeña victoria administrativa y, a la vez, una derrota doméstica. El supermercado no cobra en porcentajes, cobra en leche, aceite, alquiler, transporte, luz. Y ahí la contabilidad se vuelve menos amable.

La OCDE señala que el crecimiento limitado de los salarios reales es uno de los puntos débiles de España. No es un detalle marginal ni una rareza estadística. Es el nudo. Los sueldos han recuperado algo de terreno en el último año, pero no han cerrado la herida abierta por el golpe inflacionario posterior a la pandemia, especialmente desde 2022, cuando la energía y los alimentos hicieron de la cesta de la compra una especie de montaña rusa sin cinturón. En el conjunto de la OCDE, los salarios reales crecieron un 2,2% interanual en el primer trimestre de 2026, menos que el 2,7% registrado un año antes, y muchos países aún no habían recuperado lo perdido por el pico inflacionario de 2022.

España, sin embargo, queda peor colocada que la media. La economía presume de resistencia, el empleo avanza, el turismo sigue empujando, los servicios exportan más de lo que muchos creen, pero la nómina media ajustada por precios continúa por debajo de 2021. Es el viejo truco del escaparate iluminado y la trastienda con goteras. El país crece, pero una parte relevante de los trabajadores no lo nota en el bolsillo con la misma intensidad.

El empleo mejora, pero el sueldo no despega

El mercado laboral español vive una paradoja que ya no sorprende, aunque debería. La ocupación ha seguido subiendo desde la pandemia y la participación laboral alcanzó el 75,1%, muy cerca del promedio de la OCDE, pero la tasa de empleo de 15 a 64 años se quedó en el 67,3% en el primer trimestre de 2026, todavía 4,8 puntos por debajo de la media del organismo. Hay más gente trabajando, pero España continúa lejos de los países con mercados laborales más sólidos.

La diferencia importa. Un país puede crear empleo y, al mismo tiempo, generar puestos con salarios moderados, jornadas parciales no deseadas, interrupciones, discontinuidad o poco margen de negociación. La reforma laboral de 2021 redujo la temporalidad clásica y dio estabilidad formal a millones de relaciones laborales, pero eso no convierte automáticamente cada contrato en una nómina robusta. La estabilidad ayuda. La estabilidad, sola, no llena la nevera.

La OCDE también observa que las empresas españolas se han vuelto más rápidas a la hora de ajustar plantilla cuando cambia el entorno económico. Dicho en cristiano: el mercado laboral parece más flexible ante los golpes, para bien y para mal. Eso puede mejorar la adaptación empresarial, pero también deja al trabajador en una posición delicada cuando la productividad no acompaña y la inflación vuelve a enseñar los dientes. La cuerda siempre se tensa por el lado más fino.

El salario mínimo ha protegido abajo, pero no ha levantado toda la casa

Las subidas del salario mínimo interprofesional han servido de dique para los trabajadores peor pagados. En 2026, el SMI quedó fijado oficialmente en 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, es decir, 17.094 euros brutos anuales para una jornada completa. Es una cifra relevante, porque impide que la parte más baja del mercado laboral quede todavía más expuesta al encarecimiento de la vida.

Pero el diagnóstico deja una lectura menos cómoda: si los salarios reales siguen estancados pese a esas subidas del SMI, el problema se ha desplazado al resto de la escala salarial. Muchos trabajadores que no cobran el mínimo tampoco han visto mejoras reales suficientes. Es la zona gris de la clase media trabajadora: demasiado arriba para aparecer en los titulares sociales más urgentes, demasiado abajo para vivir con holgura.

La productividad, ese elefante que siempre vuelve al salón

La palabra productividad suele sonar a seminario con café aguado, pero aquí explica buena parte del asunto. Si una economía no produce más valor por hora trabajada, subir salarios de forma sostenida se vuelve más difícil. No imposible, pero sí más frágil. La OCDE advierte de que la productividad laboral española lleva una década estancada y que seguirá débil, justo cuando vuelven presiones de precios a corto plazo. Esa combinación deja poco oxígeno para una recuperación clara de los salarios reales en 2026 y 2027.

La discusión no va solo de empresarios y trabajadores tirando de una cuerda. También va de tamaño empresarial, inversión, formación, tecnología, gestión, competencia, sectores de bajo valor añadido y una economía que aún carga con demasiado empleo poco productivo. España ha aprendido a crear puestos de trabajo con más intensidad que en otras épocas. Ahora el problema es que muchos de esos puestos no producen ingresos suficientes como para sostener salarios más altos sin que el edificio cruja.

El mapa también pesa: no todos los sueldos viven en el mismo país

La OCDE introduce otro aviso importante: en España, el lugar donde se vive condiciona mucho las oportunidades laborales. La brecha entre las regiones con mejores y peores tasas de empleo alcanza 15,5 puntos porcentuales, por encima de la media de los países analizados, situada en 11,4 puntos. En 2024, Melilla registraba una tasa de paro del 28,3%, frente al 6,4% de Gipuzkoa. No es una diferencia; es casi otro clima económico.

Esa desigualdad territorial se traduce en renta disponible. Madrid supera en más de 1,5 veces la renta mediana disponible de Almería, según el diagnóstico de la OCDE. Y la movilidad laboral no corrige lo bastante esa fractura, porque quienes se trasladan suelen ser los trabajadores con más formación y mejor enganche al mercado. Los demás quedan más atados: al alquiler, a los cuidados, a la falta de red, al miedo razonable de mudarse para descubrir que el sueldo sube pero la vida cuesta el doble.

Aquí aparece una España conocida, casi de sobremesa familiar: la del primo que se fue a Madrid y gana más, pero paga una habitación como si fuera una hipoteca en miniatura; la de quien se queda en una provincia con menos oportunidades porque allí tiene abuelos, colegio, comunidad, algo parecido a una vida. El poder adquisitivo no se entiende solo mirando el recibo de nómina. También hay que mirar el código postal.

España crece, pero el bolsillo pide otra prueba

La economía española mantiene un crecimiento notable en comparación con buena parte de Europa, aunque la OCDE prevé una moderación: del 2,8% en 2025 al 2,2% en 2026 y al 1,7% en 2027. La demanda interna seguirá sosteniendo la actividad, apoyada por el empleo, pero los precios de la energía y el entorno internacional pueden restar fuerza al consumo. Crecer, sí. Crecer de forma suficiente para que el salario real medio recupere alegría, todavía no.

Este es el punto político y económico más sensible. Durante años se ha vendido la creación de empleo como la gran prueba de salud del país. Y lo es, en parte. Mejor trabajar que no trabajar, vaya descubrimiento. Pero la nueva frontera ya no es solo tener empleo, sino tener un empleo que no convierta cada final de mes en una negociación con la nevera, el casero y la factura de la luz.

La OCDE no está diciendo que España esté en recesión salarial absoluta ni que todo vaya peor. Está diciendo algo más preciso y más incómodo: el salario real todavía no ha recuperado el nivel previo al golpe inflacionario y no se espera un repunte claro hasta después de 2027. En una economía que presume de resistencia, esa es la grieta por la que se cuela el malestar.

El dato que desmonta el triunfalismo

La noticia deja una enseñanza sencilla, áspera, casi doméstica: crear empleo no basta cuando los salarios reales se quedan atrás. España ha mejorado en ocupación, ha elevado el salario mínimo y ha reducido parte de la temporalidad más evidente, pero sigue arrastrando paro alto, productividad floja, desigualdad territorial y una recuperación salarial incompleta. Es mucho avance con poco alivio.

La pregunta económica de fondo ya no es si España trabaja más, sino si trabaja mejor pagada. Porque el país puede crecer en los gráficos, en las ruedas de prensa y en los informes internacionales, pero el examen final se hace en otro sitio: en la caja del supermercado, en el recibo del alquiler, en el depósito del coche, en esa transferencia que llega el día 28 y parece evaporarse el día 3. Ahí no hay relato que aguante demasiado. Solo poder adquisitivo. O su ausencia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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