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Naturaleza

¿Cómo será la Escuela Madrileña de Caza anunciada por Ayuso en Madrid?

Madrid prepara una Escuela de Caza con formación, cetrería, tiro con arco y relevo generacional. La inversión prevista es de 80.000 euros en dos años.

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Escuela Madrileña de Caza anunciada por Ayuso

Resumen

  • La escuela formará a nuevos cazadores y fomentará el relevo generacional
  • Tendrá zonas para perros, cetrería, tiro con arco y observación de aves
  • La Comunidad prevé invertir 80.000 euros durante los próximos dos años

La Comunidad de Madrid pondrá en marcha una Escuela Madrileña de Caza concebida para formar a nuevos aficionados, facilitar el relevo generacional y enseñar distintas modalidades cinegéticas con una combinación de teoría y práctica. Isabel Díaz Ayuso anunció el proyecto el 10 de septiembre, durante el Debate del Estado de la Región, con una inversión prevista de 80.000 euros durante los próximos dos años.

La escuela se instalará en terrenos propiedad del Gobierno regional y tendrá zonas para entrenamiento de perros, cetrería y tiro con arco. También acogerá competiciones, contará con un programa de acompañamiento para jóvenes cazadores e incorporará espacios dedicados a la observación y al estudio de la naturaleza. Por ahora, eso sí, el Ejecutivo madrileño no ha comunicado públicamente el municipio donde estará situada, la fecha exacta de apertura ni cómo funcionará la inscripción.

Qué enseñará la Escuela Madrileña de Caza

La palabra «escuela» puede llevar a imaginar pupitres, pizarras y un profesor señalando especies con una vara. La propuesta es bastante más de campo. El proyecto prevé cursos de habilitación con conocimientos teóricos y experiencia directa, de manera que quienes se acerquen a la actividad cinegética puedan aprender no solo técnicas de caza, sino también normativa, seguridad y gestión del medio natural.

Uno de sus elementos será el llamado Mentoring Cinegético, un programa en el que expertos acompañarán a jóvenes aficionados durante su aprendizaje teórico y práctico. Es uno de los puntos que mejor explica la intención política de la iniciativa: incorporar nuevas generaciones a una actividad cuyo futuro depende, precisamente, de que no se quede encerrada en un círculo cada vez más envejecido.

La dimensión del sector madrileño no es pequeña. La propia Comunidad cifraba recientemente en alrededor de 50.000 las licencias de caza en vigor, mientras que aproximadamente el 69% de la superficie regional, unas 576.000 hectáreas, tiene consideración de terreno cinegético. Son magnitudes que ayudan a entender por qué una política aparentemente muy especializada acaba entrando en un Debate del Estado de la Región.

Perros, cetrería, arco y competiciones oficiales

Las instalaciones tendrán zonas diferenciadas para varias disciplinas. Habrá espacios destinados al entrenamiento de perros de caza, prácticas de cetrería y recorridos con arco. También se prevé que puedan celebrarse pruebas oficiales de la Federación Madrileña de Caza, incluidas competiciones de caza menor con perro, modalidades al diente y cetrería.

El proyecto incorpora incluso pruebas de field target, una disciplina de precisión que utiliza carabinas de aire comprimido y blancos con siluetas de animales. Conviene hacer aquí una distinción que evita equívocos: estas actividades sobre blancos simulados no son caza de fauna viva. Forman parte del componente deportivo y de entrenamiento previsto para las instalaciones.

El arco, por su parte, sí está contemplado por la legislación madrileña como medio autorizado para determinadas modalidades cinegéticas. La normativa permite su utilización dentro de las condiciones establecidas y prohíbe, entre otras cosas, flechas equipadas con elementos tóxicos, explosivos o en forma de arpón.

Una escuela de caza que también observará aves

Hay un elemento menos obvio. Entre perros, arcos y rapaces, el proyecto reserva espacio para actividades que no consisten en cazar. La Escuela Madrileña de Caza tendrá un centro de observación de aves y un aula práctica de naturaleza dedicada al conocimiento e investigación de especies silvestres y de los espacios donde viven.

Se anuncian asimismo programas para monitorizar poblaciones animales, estudiar la biodiversidad, mejorar hábitats y conservar ecosistemas. La Comunidad quiere vincular de este modo la formación cinegética con la gestión de fauna y con actividades agroganaderas. Una combinación que refleja la línea argumental empleada desde hace años por el sector: presentar la caza no únicamente como aprovechamiento de especies, sino también como herramienta de gestión del territorio.

Esa relación, naturalmente, seguirá siendo objeto de debate. Organizaciones cinegéticas y administraciones defienden el papel de determinadas actuaciones de control poblacional y conservación; sectores ecologistas mantienen posiciones críticas ante distintas prácticas y modelos de gestión. La existencia de una escuela pública no elimina esa discusión. Más bien la coloca bajo un techo institucional, donde será especialmente importante separar evidencia científica, intereses sectoriales y mensajes políticos.

Cuánto costará y dónde estará

El presupuesto anunciado es relativamente contenido: 80.000 euros repartidos durante dos años. A fecha del 11 de septiembre de 2026, la Comunidad ha señalado que la Escuela Madrileña de Caza ocupará terrenos de titularidad autonómica, pero no ha hecho pública en su anuncio oficial una ubicación concreta. Tampoco se han detallado el calendario de obras o acondicionamiento, la fecha de comienzo de las clases, las tarifas ni los requisitos específicos para acceder a cada actividad.

Es una diferencia importante entre un anuncio político y un servicio plenamente operativo. La escuela está anunciada y dispone de una previsión económica; faltan todavía piezas prácticas para que un interesado pueda llamar a una puerta, rellenar un formulario y presentarse el lunes por la mañana con botas de campo.

Lo que no cambia para obtener una licencia de caza

La creación de la escuela no significa que desaparezcan los requisitos legales para ejercer la actividad. La normativa madrileña establece que la licencia de caza acredita, entre otras condiciones, haber superado el examen del cazador o un sistema equivalente, salvo las excepciones previstas. La edad mínima para obtenerla es de 14 años, con autorización del representante legal cuando se trate de menores.

Durante 2026, la Comunidad mantiene convocatorias específicas para quienes solicitan por primera vez la licencia. La prueba incluye legislación cinegética, reconocimiento de especies, modalidades de caza y normas de seguridad. La Federación Madrileña de Caza figura, además, como entidad homologada para impartir el curso del cazador.

Por tanto, habrá que esperar al desarrollo concreto de la Escuela Madrileña de Caza para saber cómo se integrarán sus cursos de habilitación con ese sistema y cuáles tendrán reconocimiento administrativo específico. Escuela, examen y licencia son conceptos relacionados, pero no deben darse por equivalentes mientras la Comunidad no detalle el funcionamiento definitivo del centro.

El proyecto llega tras la nueva Ley de Caza y Pesca

El anuncio tampoco aparece en un vacío legislativo. Madrid estrenó este verano la Ley 4/2026, de 2 de julio, de Caza y Pesca, que regula licencias, exámenes, modalidades, seguridad, armas, planificación cinegética, gestión de cotos y utilización de animales como perros o aves de cetrería.

La escuela encaja así en una política más amplia del Gobierno de Ayuso para reforzar institucionalmente la actividad cinegética. La propia Comunidad ha presentado ambas iniciativas como partes de ese compromiso con el sector, aunque la nueva escuela añade un matiz especialmente visible: intenta convertir la formación, la seguridad y la conservación en la puerta de entrada para quienes empiezan.

Hay también una cuestión generacional. Madrid registró 5.314 licencias federadas de caza en 2025, frente a las 3.833 contabilizadas en 2018. La cifra federativa no debe confundirse con el total de licencias administrativas de caza, mucho mayor, pero muestra que existe una comunidad deportiva organizada alrededor de esta actividad y que en los últimos años ha recuperado parte del terreno perdido.

Entre el campo, la formación y la política madrileña

La Escuela Madrileña de Caza nace con una fotografía bastante definida y varios márgenes todavía en blanco. Sabemos que contará con 80.000 euros, que estará en suelo autonómico, que ofrecerá formación teórica y práctica y que tendrá espacios para perros, cetrería, arco, competiciones, observación de aves e investigación de fauna. Sabemos también que pretende captar a jóvenes y ligar la actividad cinegética a la conservación del medio natural. Lo que falta saber es casi igual de concreto: dónde abrirá, cuándo empezará a funcionar y cuáles serán las condiciones para convertirse en alumno.

Ese será el verdadero examen del proyecto. No el disparo, ni el arco, ni siquiera el nombre —que inevitablemente dará para discusión política—, sino qué formación termina ofreciendo y bajo qué criterios. Porque enseñar a cazar en 2026 no consiste únicamente en saber seguir un rastro o manejar una herramienta. Implica seguridad, legislación, conocimiento de especies, bienestar animal y gestión de ecosistemas. El monte, al fin y al cabo, tiene bastante más letra pequeña de la que parece desde la carretera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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