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Naturaleza

¿Cómo sigue el incendio de Riglos y qué pueblos pueden volver a casa?

El incendio de Riglos mejora y siete pueblos preparan el regreso, mientras doce siguen evacuados y el fuego continúa todavía bajo vigilancia.

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detenido por el incendio mortal en Chile

El incendio forestal de Las Peñas de Riglos, en Huesca, afronta este miércoles 19 de agosto su momento más esperanzador desde que comenzó el día 10: la evolución permite preparar el regreso progresivo de los vecinos de siete de los 19 núcleos desalojados. No significa, conviene subrayarlo, que el incendio esté extinguido, controlado o siquiera declarado formalmente estabilizado. El fuego ha entrado en fase de estabilización y los equipos siguen trabajando sobre un territorio enorme, caliente y todavía capaz de dar algún disgusto.

La última medición eleva la superficie afectada de 17.500 a 18.400 hectáreas. Hay aquí un matiz importante: esas 900 hectáreas adicionales no corresponden a una nueva carrera de las llamas, sino a una medición más precisa de la superficie quemada. Mientras tanto, doce localidades continúan pendientes de poder regresar y la seguridad, el agua, las carreteras y el resto de servicios básicos pesan tanto como la propia evolución del frente.

Siete pueblos preparan la vuelta a casa

Los núcleos para los que se ha preparado el realojo son Santa María de la Peña, Salinas de Jaca, Villalangua, Larués, Bailo, Arbués y Alastuey. La intención es que el retorno se produzca durante la mañana de manera escalonada y con acompañamiento de la Guardia Civil, siempre condicionado a que no aparezca un cambio que vuelva a comprometer la seguridad de los vecinos.

No es una formalidad. Volver después de más de una semana fuera de casa supone entrar en pueblos que han estado prácticamente vacíos mientras alrededor trabajaban autobombas, maquinaria pesada, helicópteros y brigadas. La Guardia Civil tiene previsto mantener un punto de atención en Bailo para atender posibles incidencias que encuentren los vecinos al regresar.

El incendio llegó a mantener evacuadas a 1.046 personas, correspondientes a 19 núcleos de población, además de dos campings y un campamento. Buena parte de ellas encontró alojamiento por sus propios medios o con familiares; otras tuvieron que recurrir a los recursos habilitados por las administraciones. El regreso de los primeros siete pueblos es, por eso, algo más que una buena cifra en un parte: es el primer movimiento claro hacia una normalidad que todavía queda lejos.

Por qué otros doce núcleos todavía tienen que esperar

Apagar las llamas próximas a una población no basta para abrir la carretera y repartir llaves imaginarias. Antes deben comprobarse las redes eléctricas, las comunicaciones, los accesos y, especialmente, el suministro de agua potable.

El agua y los servicios básicos condicionan los regresos

En Atarés, el incendio dañó una de las captaciones de agua y aproximadamente 300 metros de tubería. En Osia también se detectaron desperfectos en distintos elementos de la balsa de abastecimiento. Salud Pública ha tomado muestras en los municipios afectados y Protección Civil tiene preparado suministro de agua embotellada para los vecinos que puedan regresar mientras se garantiza la calidad de las redes.

Esa es una de las razones por las que el retorno no puede hacerse de golpe. Un pueblo puede conservar las casas y, sin embargo, no estar todavía en condiciones de recibir a sus habitantes. El incendio no termina donde desaparece la llama; deja tuberías dañadas, árboles inestables y tendidos afectados, además de taludes frágiles y carreteras convertidas durante días en corredores de emergencia.

El fuego mejora, pero todavía conserva puntos calientes

La evolución durante el martes permitió hablar ya de fase de estabilización. La estrategia prevista para este miércoles mantiene una fuerte presencia aérea, con seis helicópteros preparados para trabajar simultáneamente y alrededor de una veintena de medios aéreos a lo largo de la jornada. Sobre el terreno continúan las cuadrillas buscando, enfriando y asegurando puntos calientes que pueden volver a prender.

Es una fase menos espectacular que una pared de fuego atravesando el monte, pero decisiva. Bajo una capa aparentemente negra pueden quedar raíces, tocones y materia vegetal manteniendo temperatura durante horas. Basta aire seco, combustible y una racha incómoda para que un punto aparentemente muerto recupere pulso. El incendio ya ha dado ejemplos de ello con reproducciones en sectores sensibles, entre ellos el entorno de Santa Cruz de la Serós y San Juan de la Peña.

De ahí la cautela con las palabras. «En estabilización» no equivale a «estabilizado»; menos aún a «controlado». En incendios de esta dimensión, el vocabulario tiene consecuencias bastante más serias que una discusión semántica de sobremesa.

El calor sigue siendo un adversario incómodo

La previsión meteorológica para Huesca sitúa este miércoles una máxima cercana a los 39 grados y una humedad relativa muy baja en algunos momentos, aunque las condiciones concretas pueden variar considerablemente dentro del área montañosa afectada por el incendio.

Para los equipos de extinción, calor y aire seco significan combustible vegetal más disponible para arder y menos margen ante cualquier reproducción. El relieve tampoco ayuda: barrancos, laderas, pinares y zonas de difícil acceso convierten pocos kilómetros sobre un mapa en bastante más trabajo sobre el terreno.

El descenso térmico puede ayudar, pero no apaga el incendio

El cambio meteorológico previsto para los próximos días puede ofrecer cierto alivio, con un descenso progresivo de las temperaturas y mayor posibilidad de precipitaciones. Eso facilitaría algunas tareas de extinción y reduciría la agresividad potencial del fuego. Pero la lluvia, hasta que cae y cae donde hace falta, es una promesa meteorológica, no una manguera.

Carreteras cortadas y pueblos que aún no recuperan su rutina

La movilidad sigue siendo otro indicador de que la emergencia continúa. Permanecen restricciones en la A-1205, A-132, N-240 y A-1603, además de la A-2602 hacia Bailo, la HU-V-3001 de acceso a Rasal, la HU-V-3003 hacia Javierrelatre y la carretera local de acceso a Atarés.

No son cortes ornamentales. Por esas vías circulan vehículos pesados de extinción, maquinaria, patrullas y equipos de emergencia que necesitan entrar y salir sin encontrarse tráfico curioso. En incendios así aparece también ese extraño deporte nacional de acercarse a mirar; la escena puede resultar impresionante, sí, pero una carretera tomada por autobombas no es un mirador.

La reapertura llegará conforme puedan revisarse taludes, firme, señalización y seguridad del entorno. En algunos puntos habrá que reparar infraestructuras antes de recuperar plenamente la circulación ordinaria.

Una emergencia que también deja una pérdida humana

La mejoría de las últimas jornadas no borra la parte más dura de este incendio. El cabo Javier García Sancho, miembro del BIEM IV de la Unidad Militar de Emergencias, falleció el 16 de agosto mientras participaba en las labores de extinción. La autobomba en la que viajaba volcó en un camino de la zona de operaciones; otros tres militares resultaron heridos. Las circunstancias concretas del accidente siguen bajo investigación.

Durante los días más difíciles, el operativo llegó a movilizar recursos de numerosas comunidades autónomas, ministerios, administraciones locales y del Mecanismo Europeo de Protección Civil, con efectivos franceses desplazados a Aragón. En la noche del martes al miércoles permanecían sobre el terreno nueve cuadrillas terrestres y siete autobombas del operativo aragonés, dos secciones de la UME con 80 militares, maquinaria pesada y 61 bomberos franceses con 22 vehículos, entre otros recursos.

Volver a casa será la primera victoria, no la última

El regreso de siete pueblos marca un cambio de paisaje en el incendio de Las Peñas de Riglos. Después de jornadas gobernadas por evacuaciones, carreteras cerradas y frentes imprevisibles, el operativo empieza a hablar de realojo, reparación y recuperación de servicios. Es una diferencia enorme.

Pero quedan doce núcleos esperando, una superficie provisional de 18.400 hectáreas afectadas y numerosos puntos del perímetro bajo vigilancia. El monte conservará durante mucho tiempo la cicatriz: troncos carbonizados, laderas desnudas, olor a ceniza cuando se remueva el suelo. Luego vendrán la erosión, la evaluación ambiental y la recuperación de caminos, explotaciones e infraestructuras.

Por el momento, el dato realmente importante es más sencillo. El fuego evoluciona favorablemente y algunos vecinos pueden empezar a recuperar sus casas, pero la emergencia no ha terminado. En incendios de esta magnitud, quizá la prudencia suene poco épica. Suele ser, precisamente, lo que evita tener que volver atrás.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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