Ocio
Cómo mantener activa la memoria después de los 70
Ideas sencillas para ejercitar distintas capacidades mentales y entender qué puede ofrecer este entrenamiento.

Recordar dónde se dejaron las llaves, seguir una conversación o retener los pasos de una receta son tareas distintas, aunque todas dependan de la memoria. A partir de los 70 años puede costar más aprender información nueva o recuperar un nombre con rapidez, pero la edad por sí sola no determina qué puede hacer cada persona. La memoria no funciona como una única capacidad ni cambia igual en todo el mundo.
Los juegos y las actividades cotidianas pueden ofrecer una forma agradable de mantener la mente activa. Emparejar imágenes, reconstruir lo ocurrido durante el día, leer y explicar una noticia o recordar un trayecto conocido son opciones variadas, que pueden adaptarse al nivel y a los intereses de cada uno. Su valor está en la práctica y la participación, no en prometer que evitarán una enfermedad: el entrenamiento cognitivo no garantiza prevenir la demencia ni reemplaza una evaluación sanitaria.
La memoria reúne capacidades diferentes
Recordar un rostro, mantener una dirección en mente mientras se busca una calle y evocar una anécdota de hace años no son exactamente el mismo trabajo mental. La memoria de trabajo permite conservar temporalmente información mientras se utiliza, como cuando se sigue una indicación o se hacen cuentas sencillas. La memoria semántica reúne conocimientos y palabras; la episódica, experiencias personales; y la visual ayuda a reconocer imágenes, objetos y lugares. Por eso, alternar actividades suele ser más completo que repetir siempre el mismo pasatiempo.
También interviene la memoria prospectiva, que permite acordarse de hacer algo más adelante, como llevar un objeto al salir o acudir a una cita. En la vida real, las capacidades se mezclan: preparar una comida exige recordar una secuencia, atender a lo que se está haciendo y recuperar conocimientos previos. Los ejercicios no tienen que parecerse a una prueba escolar; pueden partir de esas situaciones reconocibles y convertirlas en una ocasión para prestar atención y evocar información.
El objetivo tampoco es competir ni demostrar que se recuerda todo. La dificultad puede graduarse con naturalidad: empezar por pocos elementos, volver a ellos después de un intervalo o añadir un detalle cuando la tarea resulta fácil. Si una actividad produce frustración, se puede simplificar o cambiar. La regularidad y el interés personal importan más que forzar una dificultad elevada.
Juegos visuales que entrenan la atención
El juego de parejas es una forma sencilla de ejercitar la memoria visual. Se colocan cartas con imágenes boca abajo y se levantan dos en cada turno para encontrar las que coinciden. La persona debe recordar dónde apareció cada dibujo y atender a los cambios de turno; con menos cartas resulta más accesible y, al aumentar el número, el reto crece. Se puede jugar en solitario o en compañía, y adaptar las imágenes a objetos familiares en vez de usar diseños abstractos.
Otra posibilidad consiste en observar una habitación, una bandeja con objetos o una ilustración durante un momento y después describir lo que había. Para variar el ejercicio, alguien puede retirar o cambiar un elemento y pedir que se detecte la diferencia. Este tipo de actividad combina observación y recuerdo, pero no mide por sí sola la salud cognitiva: un resultado irregular en un juego no permite diagnosticar un problema.
Los rompecabezas también exigen fijarse en formas, colores y relaciones entre piezas. No es necesario elegir uno muy complejo: la satisfacción puede estar en encontrar una pieza concreta o completar una parte de la imagen. Los pasatiempos de buscar diferencias ofrecen un reto parecido, porque invitan a comparar detalles de manera ordenada. Lo esencial es que la actividad resulte comprensible y entretenida, no que se convierta en un examen del que haya que salir airoso.
Palabras, lectura y conversación
Los crucigramas, las sopas de letras, los anagramas y las palabras encadenadas ponen en juego el vocabulario y la capacidad de recuperar palabras. En las palabras encadenadas, por ejemplo, cada participante propone una que comience con la última sílaba de la anterior, procurando no repetir. También se pueden buscar palabras de una categoría, como nombres de frutas o ciudades, sin límite de competición. Compartir el juego añade conversación y convierte el ejercicio en una actividad social.
Leer un texto breve y explicarlo después con palabras propias combina comprensión, atención y memoria. Puede ser una noticia, una página de una novela o una receta; al terminar, basta con contar cuál era la idea principal y qué detalles se recuerdan, sin intentar reproducir cada frase. Si cuesta resumirlo, releer una parte o comentarlo con otra persona forma parte de la actividad. No hace falta aplicar un método rígido: el propósito es reconstruir el sentido y expresarlo.
La música y la poesía ofrecen otra vía para ejercitar la memoria verbal. Aprender una estrofa, recordar la letra de una canción conocida o recitar un poema familiar aprovecha el ritmo y las asociaciones personales. No es necesario memorizar una obra entera ni escoger un repertorio concreto. Una melodía vinculada a una época o a una experiencia puede facilitar la conversación sobre recuerdos, aunque cada persona evocará cosas distintas y no todas las canciones despiertan las mismas asociaciones.
Usar las tareas diarias como ejercicio
Una lista de la compra puede convertirse en una actividad de recuerdo sin alterar la rutina: primero se anotan los productos necesarios y, después, se intenta evocarlos antes de consultar el papel. Otra variante es agruparlos mentalmente por categorías, como alimentos frescos y productos de despensa. La lista sigue cumpliendo su función práctica; el ejercicio consiste en intentar recordar y comprobar después, sin que un olvido aislado tenga consecuencias.
El cálculo mental también puede incorporarse a una compra o a una receta, por ejemplo, sumando precios aproximados o ajustando mentalmente las cantidades de los ingredientes. No se trata de hacerlo deprisa ni de renunciar a una calculadora cuando sea útil. La precisión y la comodidad cuentan más que la velocidad. Si los números resultan poco atractivos, se puede sustituir esta propuesta por un juego verbal o una actividad visual.
Las instrucciones de una receta permiten practicar la memoria de trabajo: se lee un paso, se explica con las propias palabras y se comprueba qué viene después. También se pueden recordar los elementos necesarios antes de empezar y revisar la lista para evitar errores. En actividades que implican calor, cuchillos o aparatos, la seguridad debe prevalecer sobre el reto mental; la memoria se puede ejercitar sin introducir riesgos ni hacer tareas de forma distinta a la habitual.
Recuerdos personales y orientación
Escribir unas líneas sobre el día anima a reconstruir qué ocurrió, dónde y con quién, además de poner en palabras las impresiones que dejó. No hace falta llevar un diario extenso: puede bastar con recordar una conversación, un paseo o algo que llamó la atención. También se puede contar el episodio a un familiar o amigo. Evocar experiencias personales es distinto de memorizar datos nuevos y ofrece un punto de partida cercano.
Mirar fotografías y describir quién aparece, dónde se tomó la imagen o qué sucedió alrededor puede abrir una conversación sobre la historia familiar. Conviene dejar espacio a las versiones distintas y no convertir el recuerdo en una interrogación. En algunas personas, una imagen trae detalles con facilidad; en otras, apenas despierta una asociación. Esa diferencia no invalida la actividad, cuyo interés también está en compartir historias y escuchar a los demás.
La orientación espacial se puede ejercitar reconstruyendo mentalmente un recorrido conocido, como el camino hasta una tienda o una plaza. Se evocan puntos de referencia y el orden en que aparecen, sin necesidad de salir ni de probar un trayecto desconocido. Otra actividad consiste en explicar cómo llegar de una habitación a otra o recordar dónde se encuentran los objetos habituales. Trabajar con lugares familiares permite practicar sin confundir el ejercicio con una prueba de orientación en la calle.
Cómo adaptar la actividad a cada persona
Una misma propuesta puede resultar fácil para alguien y difícil para otra persona de la misma edad. Influyen la familiaridad con el juego, los intereses, la visión, la audición, el cansancio y el estado de ánimo, entre otros factores. Es razonable elegir materiales legibles, reducir el ruido ambiental o hacer pausas. Si las pantallas no resultan cómodas, las cartas, los libros, una conversación o un cuaderno sirven igualmente; la tecnología no es un requisito para ejercitar la mente.
La variedad ayuda a evitar la monotonía: un día puede tocar un juego de palabras y otro, una lectura o una actividad relacionada con recuerdos. No existe en la información disponible una duración única que asegure resultados para todas las personas. Mejor que perseguir un horario supuestamente perfecto es integrar actividades que encajen en la vida diaria y dejar margen para descansar. El ejercicio debe ajustarse a la persona, no al revés.
La compañía puede aportar un componente importante. Jugar a las cartas, comentar una noticia, cocinar siguiendo una receta o reconstruir una historia familiar une atención y lenguaje con interacción social. También es válido preferir actividades individuales. El acompañamiento no consiste en corregir cada fallo, sino en facilitar que la persona participe y conserve el control de la tarea siempre que sea posible.
Estimular la mente no equivale a prevenir una enfermedad
El cerebro puede aprender y adaptarse a lo largo de la vida, pero de ahí no se desprende que un juego concreto revierta el envejecimiento o impida desarrollar una enfermedad neurodegenerativa. Algunas investigaciones sobre entrenamiento cognitivo han estudiado mejoras en tareas practicadas y su relación con actividades cotidianas, pero esos resultados no justifican asegurar que cualquier ejercicio retrase la demencia durante un periodo determinado. Desconfiar de porcentajes rotundos o promesas de prevención es parte de una lectura rigurosa.
Además de las actividades mentales, el bienestar general se relaciona con distintos hábitos y circunstancias, como la actividad física, el descanso y las relaciones sociales. Ninguno convierte la salud cognitiva en algo completamente controlable, y no todos los cambios de memoria tienen la misma causa. Por eso, un pasatiempo puede ser valioso por el disfrute, la rutina y el contacto con otras personas, incluso sin atribuirle un efecto médico que no se puede asegurar.
Los olvidos ocasionales no significan por sí solos que exista una enfermedad. Sin embargo, si los cambios son persistentes, empeoran o interfieren de forma clara en actividades habituales, corresponde comentarlos con un profesional sanitario, que podrá valorar el contexto y decidir si hacen falta otras comprobaciones. Los juegos de memoria no sustituyen esa valoración ni sirven para establecer un diagnóstico.
Una práctica que conserve el placer de recordar
Las actividades más útiles para mantener el interés suelen ser las que conectan con la vida y los gustos de cada persona: un crucigrama, una canción conocida, una historia familiar o la planificación de una receta. Alternarlas permite poner en juego diferentes capacidades sin convertir cada jornada en una sesión de entrenamiento formal. Si una tarea deja de resultar agradable, cambiarla no es fracasar; también es una manera de respetar el ritmo propio.
A los 70 años y después, ejercitar la memoria puede formar parte de una vida activa, pero su sentido no se reduce a obtener una puntuación o evitar cualquier olvido. Recordar, conversar, aprender algo pequeño y participar en decisiones cotidianas mantienen a la persona en el centro de la actividad. La mejor medida de un ejercicio es que invite a seguir pensando sin prometer más de lo que puede ofrecer.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









