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Economía

¿Cómo desinfló la devaluación el Black Friday en Venezuela?

La respuesta rápida cabe en una frase: la devaluación acelerada del bolívar convirtió muchas rebajas en espejismos. Las tiendas anunciaron descuentos agresivos —hasta el 70%—, pero al pasar por caja, con precios etiquetados en dólares y cobro en bolívares al tipo oficial del día, el “chollo” se encogió.

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devaluación desinfló Black Friday en Venezuela

El salto del dólar y la caída del bolívar desinflaron ofertas: datos, voces y efectos en precios, pagos y salarios Black Friday en Venezuela.

La respuesta rápida cabe en una frase: la devaluación acelerada del bolívar convirtió muchas rebajas en espejismos. Las tiendas anunciaron descuentos agresivos —hasta el 70%—, pero al pasar por caja, con precios etiquetados en dólares y cobro en bolívares al tipo oficial del día, el “chollo” se encogió. O se evaporó. En Caracas y Maracaibo hubo movimiento, sí, aunque muy por debajo de las estampas multitudinarias de otros años. El dólar oficial subió con fuerza en noviembre y la realidad fue tozuda: si el tipo de cambio escala, el porcentaje de descuento pierde valor en bolívares.

Ese fue el patrón dominante: rótulos negros con cifras tachadas, terminales que actualizan la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV) varias veces al día, cajeros aclarando qué cambio se aplica en ese momento y consumidores calculadora en mano. El resultado práctico se midió en el ticket final. Una cazadora o un televisor podían tener un 40% menos sobre el precio de lista en dólares, pero la conversión a bolívares —en un mes con el dólar oficial cerca de Bs 247,30 para abrir diciembre y un alza de casi 10% solo en noviembre— se comió buena parte del supuesto ahorro. ¿Las colas? Localizadas. ¿El ánimo? Cauto, selectivo, con compras más tácticas que impulsivas.

Lo que ocurrió en las tiendas: de la vitrina a la caja

La mecánica del retail venezolano tiene una singularidad que este año pesó como nunca: las etiquetas hablan en dólares, la caja cobra en bolívares. Para el Black Friday, muchas cadenas fijaron listas de precios en moneda dura y se comprometieron a convertir al tipo de cambio oficial de las mesas del BCV en la hora del cobro. Es un doble anclaje que funciona cuando la divisa está estable; con el dólar subiendo día tras día, se vuelve una trampa para el descuento. La oferta que parece excelente a media mañana puede volverse “normalita” por la tarde si la tasa oficial sube unas décimas. Eso, trasladado al mostrador, implicó reimpresiones de etiquetas, avisos manuscritos con la “tasa del día”, dependientes pidiendo un minuto para recalcular y clientes comparando el precio de una semana atrás con el de hoy, no con el de ayer.

La estampa se repitió en centros comerciales de la capital y en ciudades como Maracaibo: escaparates con carteles de “-50%”, “-60%”, “Hasta -70%” y, al lado, módulos con la conversión en bolívares. Leonel Montoya y Keisly Villarreal, que se acercaron con listas cortas y un presupuesto muy concreto, lo resumieron con sencillez: hay rebajas, pero el bolsillo manda y el gasto se define artículo a artículo. Hubo quien fue a por unas botas “de oportunidad” —prometidas a 20 dólares en algunas vitrinas— y terminó retirándose cuando el importe en bolívares saltó por la tasa del mediodía. Margaret Padilla lo explicó de forma cruda tras pagar una prenda: hace un par de meses la vio en 49 dólares; en la víspera del Black Friday estaba en 89. Con esa foto, un “-40%” ya no luce tan generoso.

El retail respondió como pudo. Las tiendas de moda se animaron con liquidaciones profundas en segundas marcas y colecciones de temporadas pasadas; tecnología y línea blanca se movieron con rebajas más discretas y, sobre todo, con financiamiento en bolívares y combos. La consigna fue rotar inventario sin matar margen, trabajando con el reloj cambiario en contra. Ese ajuste fino bajó el volumen de compras impulsivas y empujó a los hogares a priorizar sustituciones necesarias: un móvil de gama media, un electrodoméstico específico, calzado escolar. El capricho caro, para otra ocasión.

Los números del bolívar: salto del dólar y poder de compra

El contexto macro no se dejó fuera de la foto. En lo que va de 2025, el dólar oficial pasó de moverse en la zona de Bs 52 a rozar los Bs 247 por unidad, un salto que encarece cada reposición de inventario y golpea toda campaña con porcentajes grandes en el cartel. En noviembre, el tipo de cambio oficial repuntó cerca del 10% y el BCV tuvo que vender divisas a la banca para contener la escalada; con esa pendiente, cualquier rebaja nominal se estrecha al dividir por un denominador más gordo. No es teoría: es la aritmética diaria de cientos de terminales de punto de venta.

El poder de compra, además, sigue rezagado. El salario mínimo permanece en 130 bolívares desde marzo de 2022 —apenas unos céntimos de dólar al tipo actual—, mientras el Gobierno intenta compensarlo con bonificaciones indexadas. En mayo, el ingreso mínimo integral para buena parte del sector público se llevó a 160 dólares al mes, sumando el bono de “guerra económica” y el cestaticket. Aun así, el coste de la cesta básica urbana supera con holgura los 500 dólares. La inflación, que volvió a latir con fuerza en la segunda mitad del año, ronda tasas de tres dígitos. Con esa brecha, Black Friday dejó de ser una fiesta del derroche para convertirse en una oportunidad quirúrgica: buscar un precio en bolívares, atado al BCV, que cierre con el método de pago elegido.

Salarios, bonos y la compra “micro”

La estructura de ingresos condicionó el ticket medio. En el sector público, millones dependen de bonos que se indexan con más rapidez que el salario base, pero no suman a prestaciones ni antigüedad. En el sector privado, la mediana salarial se mueve por debajo de los 250 dólares, con picos en áreas técnicas y sueldos mucho menores en servicios. Eso se nota en la caja: compras micro, frecuentes, de cesta corta —la tendencia que Ítalo Atencio, presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA), ha descrito este otoño— y decisiones muy sensibles al cambio diario del dólar. El hiperdescuento de una camiseta compite con el precio del aceite, la harina, el transporte. No hay margen para error.

Métodos de pago, IGTF y por qué el bolívar volvió a la caja

Otra pieza clave del rompecabezas: cómo se paga. En 2025 se consolidó lo que empresarios y consultoras llaman la “rebolivarización de los pagos”. El uso de bolívares en terminales nacionales creció frente al pago en efectivo en divisas y a plataformas externas, por varias razones: la disponibilidad de transferencias y pago móvil, los costes y límites para mover dólares en efectivo y, sobre todo, el tratamiento fiscal.

Sigue vigente el Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras (IGTF) del 3% para operaciones en divisas en determinados supuestos —especialmente cuando intervienen contribuyentes especiales—, un sobrecoste que muchas tiendas repercuten en el total cuando el cliente paga en efectivo en dólares. En cambio, se mantuvieron exoneraciones para operaciones con tarjetas en divisas emitidas por la banca local e internacional, lo que alivió parte de la carga fiscal para quien paga “plástico” en moneda dura. El resultado final del Black Friday: más colas ante terminales nacionales, preferencia por cancelar en bolívares al cambio del BCV y menos transacciones con dólares en mano. No es un regreso a las etiquetas en bolívares —los precios de referencia siguen siendo en dólares—, pero sí una vuelta clara del bolívar como medio de pago predominante.

Ese sesgo marcó las ofertas reales. Una tienda que amarró la tasa del día y aceptó tarjetas en divisas sin recargo pudo ofrecer una rebaja efectiva respecto a su propio precio histórico. Otra que aplicó el 3% de IGTF a pagos en dólares en efectivo y actualizó la tasa BCV a media tarde vio cómo su “-50%” terminaba siendo una rebaja menos generosa en la cuenta final. Lo que antes se resolvía con un simple porcentaje, ahora depende del método de pago, la hora y la política de tasa de la tienda.

Voces y protagonistas: el comercio organizado toma posiciones

El Black Friday 2025 estuvo precedido por semanas de precalentamiento del sector. La Cámara Venezolana de Centros Comerciales (Cavececo) dejó entrever que los rubros llamados a tirar del carrito serían electrodomésticos y tecnología, además de textil y calzado, con horarios extendidos y actividades para atraer tráfico. Su directora ejecutiva, Claudia Itriago, lleva meses hablando de una “reinvención de espacios” en los malls: remodelaciones, nuevas anclas, estándares de experiencia más internacionales. El objetivo, a medio plazo, es sostener tráfico incluso en ciclos de bajo ánimo comprador.

Del lado gremial, el nuevo presidente de Consecomercio, José Gregorio Rodríguez, ha insistido en la necesidad de estabilidad cambiaria y reglas claras para que los descuentos se traduzcan en ventas y no en pérdidas de caja. El retail, recuerda, planifica en dólares y liquida en bolívares; si las intervenciones cambiarias del BCV resultan insuficientes cuando la demanda de divisas sube —como suele ocurrir a las puertas de diciembre—, la velocidad del tipo de cambio arrolla cualquier campaña de rebajas. En alimentación, ANSA reforzó un mensaje que se nota en la libreta de la compra: desapareció la “compra del mes” y manda la compra pequeña y frecuente, con consumidores que ajustan cantidades al precio del día.

No todo fue flojo. En estados como Táchira, Aragua, Mérida o Falcón, comerciantes y cámaras locales reportaron buen movimiento en textil y calzado, y una rotación apreciable en pequeños electrodomésticos. En Caracas, algunas cadenas de moda y deportes consiguieron picos puntuales a primera hora, con los “cazadores” que ya iban a por tallas concretas. Para el resto, la tónica fue distinta: menos filas, más comparación, más conversación en caja sobre método de pago y tasa.

La trampa del porcentaje: cuando el cambio manda (con ejemplos claros)

Un ejemplo, sin adornos. Televisor con precio de lista 300 dólares. La tienda anuncia -30%: queda en 210 dólares. Si el viernes a primera hora la tasa está en Bs 225 y el cliente paga en bolívares con tarjeta local, ese televisor se cobra en Bs 47.250. A mediodía, la tasa sube a Bs 240 y la misma operación pasa a Bs 50.400. El descuento no cambió; la cuenta sí. Y si el cliente quiere pagar en dólares en efectivo y la tienda aplica IGTF por su condición fiscal, ese 3% añade 6,30 dólares a la compra. En el papel sigue habiendo oferta; en el bolsillo ya no tanto.

Otro caso, textil. Zapatillas de 89 dólares con -40%: 53,40. Con una tasa de Bs 247,30, el cargo en bolívares es Bs 13.206. Quien compara recuerda que en septiembre el mismo modelo costaba 49 dólares. Entonces, aún con un “-40%” de hoy, el precio real de bolsillo puede no parecer mejor respecto a ese precio histórico. Es ahí donde el consumidor venezolano —fatigado y experto— toma decisiones quirúrgicas: compra si el histórico y el método de pago cierran; pasa si el descuento solo maquilla un salto de tipo de cambio.

Qué pasó con la inflación, la intervención cambiaria y el abastecimiento

Ya no se trata solo del tipo de cambio. La inflación volvió a inquietar al comercio en la segunda mitad del año. Sin series oficiales completas y con menos transparencia estadística, los indicadores privados y organismos multilaterales ubican la variación anual en torno a 270% en octubre. Para la tienda que trae inventario importado, eso implica precios de reposición cada vez más altos. Para el público, una percepción de encarecimiento constante que enfría cualquier impulso de compra no esencial.

En el frente cambiario, el BCV reforzó sus ventas de divisas a la banca durante noviembre, pero el dólar oficial terminó el mes con un aumento mensual cercano al 9,85%, y el arranque de diciembre quedó fijado en Bs 247,30. Es un nivel que presiona listas de precios y estrategias de rebaja, y que explica por qué el Black Friday tuvo más cartel que caja. El abastecimiento, por su parte, resistió: supermercados y grandes superficies mostraron lineales razonablemente nutridos gracias a proveedores nacionales y a importaciones más selectivas. En electrónica y electrodomésticos, el diferencial estuvo en garantías y posventa: quien ofreció cobertura clara pudo sostener precios algo más altos con rebajas menos espectaculares, priorizando margen frente a volumen.

Estrategias que funcionaron (y las que no) en un viernes negro distinto

Funcionó atar la tasa del BCV al inicio de la jornada y mantenerla estable hasta el cierre. Varios comercios lo comunicaron sin rodeos —“tasa BCV 9:00”— y ganaron previsibilidad. Funcionó también ofrecer financiamiento corto en bolívares para cierto ticket medio (móviles, pequeños electrodomésticos), con cuotas cerradas que no dependían de subidas intradía del cambio. Las “ventas relámpago” por franjas horarias rindieron mejor cuando estaban acotadas a inventario de alta rotación o colecciones pasadas, no en novedades codiciadas.

Lo que rindió peor: promesas exageradas sobre artículos de alta demanda en tecnología, sin cobertura de inventario. Los consumidores llegaron, preguntaron, calcularon y se fueron si el descuento no sobrevivía al cobro real. Tampoco funcionó repercutir IGTF sobre pagos con tarjeta en divisas cuando la norma exoneraba ese instrumento; el cliente informado lo discutió en caja y, a menudo, desistió. En ropa, la palabra clave fue talla: el remate profundo sirvió para limpiar curvas incompletas, no para atraer un caudal masivo de compradores que, simplemente, no iba a gastar más por gastar.

Lo que viene en diciembre: precios indexados, promociones quirúrgicas y “Cyber Monday” a la venezolana

Diciembre ya está aquí con su propio guion. El comercio planifica promociones puntuales, más que derribos de precios: combos para cesta navideña, 2×1 en moda de temporadas previas, bonos de recompra y entregas diferidas en bolívares para suavizar el golpe del tipo de cambio. Las cadenas con músculo financiero seguirán amarrando tasa del día y aceptando tarjetas en divisas sin sobrecargos, mientras la tienda independiente apostará por ventas de cercanía, WhatsApp y reservas de pocas unidades. Habrá extensión natural de ofertas al fin de semana y una versión local del Cyber Monday, más enfocada en recogida en tienda que en envíos a domicilio, por costes y logística.

El termómetro, otra vez, será el dólar oficial. Si el BCV logra estabilizar la curva con intervenciones suficientes, el comercio ganará aire para sostener campañas de Navidad y Reyes. Si la divisa vuelve a saltos de dos dígitos en pocas semanas, veremos re-etiquetado constante y consumidores esperando a “precio de oportunidad” más que a un porcentaje bonito en el cartel. El canal que puede crecer, aunque sea a ritmo lento, es el online con pago en bolívares, siempre que se mantengan comisiones domésticas contenidas y confirmaciones de pago en tiempo real.

Un Black Friday contado en moneda fuerte y cobrado en bolívares

La escena de este 2025 quedará como una postal elocuente de la economía venezolana: escaparates con promociones en dólares, cajas cobrando en bolívares a la tasa del BCV, compradores que conocen al detalle IGTF, bonos indexados, ingresos mínimos y tasa de apertura. Las ofertas existieron —en textil, calzado, segundas marcas, remanentes— y muchos lograron ahorros palpables cuando la combinación de tasa y método de pago acompañó. Pero el titular profundo es otro: la devaluación del bolívar redefinió el valor de cada descuento, y el Black Friday se leyó más como un ejercicio de contabilidad que como una fiesta de consumo.

Para el comercio organizado —Cavececo, Consecomercio, ANSA— queda una tarea clara en diciembre: comunicar con transparencia qué tasa se aplica, respetar exoneraciones cuando correspondan y fijar objetivos realistas por categoría. Para quien vende, la cuenta es simple: rotar inventario con margen, no regalar stock al ritmo del cambio. Para quien compra, la brújula también: mirar precio histórico, confirmar tasa al cobrar, elegir bien el método de pago. Si 2025 ha enseñado algo, es esto: el porcentaje en el cartel no es el final de la historia, apenas el comienzo. Y en un entorno en el que el dólar avanza y el bolívar se debilita, la respuesta a por qué el Black Friday no explotó está a la vista: el descuento tenía letra pequeña y la escribía, como siempre, el tipo de cambio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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