Actualidad
Qué está cambiando en la política de expulsiones de Estados Unidos
La presión por expulsar migrantes choca con tribunales, garantías procesales y el rechazo de algunos países.

Diseñado por Freepik
La política de expulsiones migratorias de Estados Unidos atraviesa una etapa de fuerte expansión y, al mismo tiempo, de creciente disputa judicial. La Administración de Donald Trump ha impulsado procedimientos más rápidos, redadas y traslados a países distintos del de origen; los tribunales, por su parte, han cuestionado algunas de esas medidas. El resultado no es una única norma que se aplique igual a todos, sino un panorama cambiante, con diferencias entre tipos de expulsión y casos particulares.
Dos fallos recientes muestran esa tensión. En junio de 2026, un tribunal de apelaciones permitió reanudar ciertas expulsiones aceleradas. En septiembre, otro panel rechazó la política que permitía enviar a personas a terceros países sin avisarles previamente ni darles una oportunidad real de impugnar el destino. Esa decisión no significa que todas las expulsiones queden suspendidas: el procedimiento, el país al que se envía a la persona y la situación judicial del caso importan.
Una política de expulsiones con varios frentes
La promesa de una campaña de deportaciones masivas ha guiado buena parte de la agenda migratoria de Trump. La estrategia combina más operaciones de detención, intentos de acelerar los procedimientos y acuerdos con otros gobiernos para recibir personas expulsadas. También busca que algunos migrantes abandonen el país voluntariamente, en vez de esperar a que las autoridades los detengan y tramiten su salida. No se trata de una sola medida, sino de mecanismos distintos que pueden coincidir en una misma política.
Las cifras difundidas por el Gobierno requieren cuidado al interpretarlas. En septiembre de 2025, la Casa Blanca afirmó que había expulsado a dos millones de personas en 250 días, mientras que otro balance oficial atribuyó más de 1,6 millones de salidas a la autodeportación. Son datos de la Administración y no describen necesariamente el mismo tipo de salida ni el mismo periodo de cómputo. Además, el material de referencia sitúa las expulsiones en su nivel más alto en una década, pero una cifra aislada no permite comparar políticas si no se aclara qué cuenta como deportación.
La diferencia importa porque una salida tras una orden formal no es idéntica a una partida voluntaria, a un retorno en la frontera o a un traslado a otro país. En el debate público, esos casos suelen aparecer agrupados bajo una misma etiqueta, aunque tengan efectos y procedimientos distintos. Esa mezcla puede hacer que una política parezca más o menos extensa de lo que indica cada categoría por separado. Leer los balances exige distinguir entre detenciones, expulsiones y salidas declaradas como voluntarias.
Qué ocurre en una expulsión acelerada
Una expulsión acelerada busca resolver ciertos casos migratorios sin pasar por una audiencia ordinaria ante un juez. La discusión judicial de junio de 2026 se centró precisamente en la posibilidad de que el Gobierno reanudara ese tipo de procedimiento. La rapidez es el argumento de sus defensores: reducir los tiempos y tramitar más casos. Quienes lo cuestionan advierten que, si hay menos oportunidades para exponer las circunstancias de cada persona, un error puede resultar más difícil de corregir antes de que se ejecute la salida.
Eso no equivale a decir que toda persona detenida queda automáticamente expulsada ni que todos los casos se resuelven de la misma manera. La vía aplicable puede depender de las circunstancias del arresto, de los antecedentes del expediente y de si la persona plantea una solicitud que debe ser examinada. El debate sobre el alcance de estas medidas sigue abierto, y los fallos judiciales pueden limitar o permitir determinados usos sin eliminar de golpe todo el sistema. La rapidez del trámite no convierte cada situación migratoria en un caso idéntico.
También se han extendido las llamadas mega audiencias en tribunales de inmigración. Los juzgados de ciudades como Los Ángeles, Chicago, Dallas, Indianápolis y Boston han sido mencionados entre los que comenzaron a utilizar sesiones con numerosos casos para intentar acelerar la gestión. La acumulación de expedientes ayuda a explicar por qué las autoridades buscan fórmulas de tramitación masiva, pero el formato puede dificultar que cada historia reciba atención suficiente. La eficiencia administrativa y el examen individual de un caso no siempre avanzan al mismo ritmo.
La controversia no se limita a lo que ocurre dentro de la sala. En distintas ciudades se ha denunciado que agentes migratorios esperan cerca de los tribunales para detener a personas que acuden a sus citas. Para quienes tienen una audiencia pendiente, presentarse puede convertirse así en una decisión cargada de temor, aunque faltar también pueda perjudicar su situación. No hay que confundir esta práctica con una resolución judicial: una detención en las inmediaciones no determina por sí sola el resultado del expediente.
Un visado o una petición de asilo no resuelven todos los casos
Tener un visado de trabajo o haber solicitado asilo no debe interpretarse como una garantía automática de que nunca habrá un procedimiento de expulsión. Son situaciones diferentes, con requisitos y consecuencias propios, y la protección que pueda ofrecer cada una depende de las condiciones concretas del caso. Una solicitud pendiente tampoco equivale necesariamente a una resolución favorable. El estatus migratorio y la existencia de un trámite abierto son datos relevantes, pero no bastan por sí solos para describir el resultado.
La cuestión de fondo es que el sistema puede implicar decisiones administrativas y judiciales sucesivas. Una persona puede tener una autorización cuyo alcance sea limitado, una solicitud todavía sin resolver o una orden que esté siendo impugnada. A la vez, las normas y su aplicación pueden cambiar por decisiones de tribunales, como ha ocurrido con las expulsiones aceleradas y los traslados a terceros países. Por eso, convertir una noticia general en una conclusión sobre un caso particular puede inducir a error; la evaluación de una situación individual corresponde a un profesional cualificado.
Esta cautela también ayuda a entender por qué las noticias sobre redadas no permiten calcular por sí solas cuántas personas terminarán fuera del país. Un arresto puede abrir un proceso, pero no es lo mismo que una expulsión ejecutada. En junio de 2025, por ejemplo, se informaba de operaciones en Los Ángeles y de notificaciones de multas a migrantes que permanecieran en el país, mientras las protestas y la respuesta policial ocupaban titulares. Detención, sanción y deportación son etapas o medidas diferentes, aunque a menudo aparezcan juntas en la cobertura.
El límite judicial sobre los traslados a terceros países
Una controversia especialmente delicada surge cuando Estados Unidos intenta enviar a una persona a un país que no es el suyo. El 18 de septiembre de 2026, un tribunal federal de apelaciones rechazó la política que permitía esos traslados sin notificación previa del destino y sin una oportunidad real de objetar. El panel confirmó una decisión anterior de Massachusetts y sostuvo que la posibilidad de alegar temor a persecución pierde sentido si la persona no conoce adónde la van a enviar. El derecho a impugnar el destino es central cuando el país receptor no es el de origen.
La sentencia se refiere a una política concreta, no a una prohibición general de toda expulsión migratoria ni a una paralización automática de los demás procedimientos. La Administración había defendido que podía enviar a personas a terceros países y el litigio siguió su curso en instancias superiores. La Corte Suprema había permitido que esos traslados continuaran mientras se desarrollaba la disputa, por lo que el fallo de apelación vuelve a situar la medida en un terreno jurídico incierto. Que una política siga activa durante un litigio no significa que haya recibido una aprobación definitiva.
La diferencia entre enviar a alguien a su país y trasladarlo a un tercero no es meramente geográfica. Si el destino es otro Estado, la persona puede necesitar conocerlo para explicar por qué teme sufrir persecución allí. El tribunal de apelaciones consideró que la ley y los reglamentos contemplan procedimientos para examinar ese temor y que no se había establecido una excepción para estos traslados. Así, la disputa plantea una cuestión práctica además de legal: sin conocer el destino, resulta difícil cuestionar de manera efectiva el riesgo que implica.
Los casos divulgados muestran que se han contemplado destinos en África para personas de nacionalidades diversas, entre ellas cubana, venezolana, nicaragüense, afgana, iraní, nepalí y turca. La información disponible no permite afirmar que todas hayan sido trasladadas de la misma manera ni que exista un acuerdo idéntico con cada país. Sí revela que la cooperación internacional forma parte del diseño de la política. La capacidad de expulsar también depende de que otro Estado acepte recibir a la persona.
Los países receptores y el coste diplomático
La recepción de deportados puede convertirse en una negociación entre gobiernos. Algunos países han aceptado vuelos de retorno o han anunciado que recibirán a sus ciudadanos, mientras otros han cuestionado el envío de personas que no son nacionales suyos. México, por ejemplo, expresó rechazo a que Estados Unidos enviara a mexicanos a terceros países. En el caso colombiano, una disputa por la aceptación de vuelos llevó a Trump a amenazar con aranceles del 25%, antes de que Washington suspendiera sanciones tras el acuerdo sobre las deportaciones. La política migratoria puede trasladar la presión desde la frontera hasta la diplomacia y el comercio.
El Salvador también apareció en el centro del debate por la recepción de personas señaladas por presuntos vínculos con el Tren de Aragua. En marzo de 2025, tres aviones llegaron al país con 238 venezolanos descritos como presuntos miembros de esa banda y 23 supuestos integrantes de pandillas salvadoreñas. El uso de la Ley de Enemigos Extranjeros, aprobada en 1798, generó controversia y litigios. La etiqueta atribuida a una persona no sustituye por sí misma un examen judicial, y el traslado a otro país añade preguntas sobre el trato y las garantías disponibles. La cooperación entre gobiernos no elimina la disputa sobre la legalidad de cada expulsión.
Los gobiernos receptores afrontan, además, sus propios costes. Deben gestionar la llegada, identificar a las personas y decidir cómo facilitar su retorno o reintegración. En Guatemala, las autoridades expresaron disposición a recibir deportados, aunque la retórica de Washington complicó los planes para reincorporarlos. Venezuela, por su parte, suspendió y después aceptó reanudar vuelos de repatriación en distintos momentos de 2025. Los cambios de postura muestran que estos acuerdos pueden depender de tensiones políticas y no solo de cuestiones logísticas. Un vuelo de expulsión necesita una contraparte dispuesta a recibirlo.
Autodeportación, incentivos y salidas voluntarias
La Administración también ha promovido la autodeportación, es decir, que los migrantes abandonen Estados Unidos por iniciativa propia en lugar de esperar una detención y una expulsión forzosa. En mayo de 2025, el Gobierno anunció una oferta de 1.000 dólares y el pago del viaje para quienes aceptaran marcharse voluntariamente. La aplicación CBP Home se presentó como una herramienta para comunicar esa intención. La existencia de un incentivo no convierte todas las salidas en equivalentes: el modo en que se registra una partida influye en cómo se interpreta después el balance oficial.
La Casa Blanca también informó de más de 1,6 millones de personas que se habían autodeportado, mientras otra comunicación oficial sostuvo que dos millones habían sido expulsados en 250 días. Esas cantidades no deben sumarse ni compararse sin aclarar sus definiciones, periodos y métodos de recuento. La información disponible no permite verificar de manera independiente cada cifra, y una salida voluntaria puede producirse en un contexto de presión, temor a una redada o falta de perspectivas. Voluntario describe la forma administrativa de la salida, pero no explica por sí solo las circunstancias que la rodearon.
El Gobierno también notificó multas a inmigrantes que permanecieran en el país, con cerca de 9.000 avisos y un valor total anunciado de 3.000 millones de dólares en junio de 2025. Más tarde se informó de una exención de multas para quienes se autodeportaran. Estas iniciativas muestran que la estrategia no se limita a detener y trasladar: combina incentivos, sanciones y mensajes públicos para influir en las decisiones. Sin embargo, las cifras anunciadas no describen automáticamente cuánto se cobró ni cuántas personas cambiaron de plan por esos avisos. Una notificación de multa no es lo mismo que un pago efectivo.
El impacto de las redadas va más allá de las personas detenidas
Las operaciones migratorias afectan a familias y barrios incluso cuando no concluyen en una expulsión. En Los Ángeles se reportaron redadas en zonas de población hispana y las protestas contra los operativos se extendieron a otras ciudades, con un despliegue de Marines mencionado en la cobertura de junio de 2025. También se describieron agentes que esperaban cerca de restaurantes y tribunales. Para una comunidad, la posibilidad de que una detención ocurra en el trabajo, en una cita oficial o en la calle puede alterar rutinas antes de que exista una decisión definitiva. El efecto de una redada se mide también por el miedo que deja en quienes no fueron arrestados.
Ese clima puede alcanzar a los niños. En septiembre de 2025 se informó de menores que abandonaban la escuela por temor a que sus familiares fueran detenidos, además de relatos de niños afectados por el miedo a la policía. La asistencia escolar, las relaciones familiares y la sensación de seguridad pueden resentirse aunque el menor no esté directamente sujeto a un procedimiento migratorio. No todos los hogares viven la situación del mismo modo, pero el temor puede extenderse con rapidez cuando las redadas se vuelven visibles. La incertidumbre administrativa termina entrando en espacios cotidianos como el aula y el hogar.
También hay consecuencias económicas. En Miami, donde viven comunidades procedentes de Cuba, Haití y Venezuela, entre otros países, se atribuyó a las restricciones y al temor a las expulsiones parte de la caída de las ventas de viviendas. En marzo de 2025, estas bajaron más de un 17% interanual en la ciudad, frente a una disminución nacional mucho menor, según la información de referencia. No es posible atribuir ese cambio a una sola causa, pero el dato ilustra cómo la inseguridad puede frenar decisiones de largo plazo. Una política migratoria puede modificar el consumo y la inversión antes de que se ejecute una orden de expulsión.
El coste logístico también es considerable. En 2025 se informó de que el Ejército había gastado más de 21 millones de dólares en vuelos para trasladar migrantes. Esa cifra corresponde a una parte del despliegue y no representa por sí sola el coste total de la política, que incluye detención, transporte y gestión administrativa. Los vuelos, además, dependen de acuerdos y de la disponibilidad de países receptores. La expulsión no termina en la decisión: requiere una infraestructura y cooperación que también tienen un coste.
Un debate que seguirá dependiendo de los tribunales
La evolución de estas medidas no puede resumirse como un avance continuo ni como una marcha atrás completa. Un tribunal puede permitir que se reanude una vía acelerada y, meses después, otro puede bloquear un aspecto distinto, como el envío a terceros países sin aviso ni posibilidad efectiva de impugnación. El alcance de cada resolución depende de la política examinada y del estado del litigio. Una victoria judicial parcial no resuelve todas las controversias sobre detenciones y expulsiones.
La discusión central enfrenta la capacidad del Gobierno para aplicar sus prioridades migratorias con los límites que imponen las leyes y los procedimientos judiciales. A esa tensión se suma la cooperación de otros países, las condiciones en que se realizan las detenciones y el impacto sobre personas que pueden tener trámites pendientes. El debate también depende de qué cifras se usan y cómo se clasifican las salidas. Sin esas distinciones, las estadísticas pueden alimentar conclusiones que no se sostienen. El número de expulsiones importa, pero también quién lo calcula y qué incluye.
Por ahora, el panorama combina una ofensiva política por acelerar las salidas con litigios que cuestionan determinados métodos y garantías. Las decisiones judiciales pueden modificar de nuevo el margen de actuación del Gobierno, mientras los acuerdos diplomáticos determinan si los traslados pueden materializarse. En ese espacio entre la orden, la audiencia y el vuelo se juega buena parte de la controversia: no solo cuántas personas salen de Estados Unidos, sino bajo qué procedimiento y con qué posibilidad de defender su caso. La legalidad de una expulsión depende tanto del destino como del camino seguido para ejecutarla.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









