Economía
¿Cuánto gana Juan Roig y por qué reinvierte 220 millones?

Juan Roig cobra 12 millones en Mercadona y reinvierte 220 en empresa, deporte y cultura: la cifra sorprende, el trasfondo más.
Juan Roig Alfonso cobró en 2025 una retribución bruta de 12 millones de euros como presidente de Mercadona. En neto, después de pagar un 54% en IRPF, la cifra se queda en 5,5 millones. Ese sueldo, además, no fue una sorpresa de última hora ni un salto espectacular: es la misma cuantía que venía percibiendo en los dos ejercicios anteriores. La novedad de verdad no está en la nómina, sino en lo que hizo después con el dinero y con los dividendos que le corresponden como máximo accionista.
Lo que ha disparado el interés alrededor de su figura es otra cifra, mucho más gruesa y bastante menos intuitiva: 220 millones de euros destinados en 2025 a reactivar la economía valenciana y española y a sostener proyectos de emprendimiento, formación, arte, cultura, entretenimiento y mecenazgo deportivo. Ahí entran su salario, una parte importante de los dividendos cobrados por Mercadona —187 millones— y patrimonio personal canalizado a través de su llamado Proyecto Legado. Dicho de otro modo: el sueldo es el titular fácil; el movimiento real está en el capital que recibe y en cómo decide ponerlo a circular.
Ese gesto, además, llega en un momento especialmente dulce para Mercadona. La cadena cerró 2025 con ventas consolidadas de 41.858 millones de euros, un 8% más, y un beneficio neto de 1.729 millones, casi un 25% por encima del año anterior. Su cuota de mercado en España subió al 28,5%, la plantilla alcanzó los 115.000 trabajadores y la empresa mantuvo una política de reinversión muy intensa: 1.383 millones del beneficio se quedaron dentro del negocio y 346 millones se repartieron vía dividendo. Es decir, la historia del sueldo de Juan Roig no se entiende sin la historia de una empresa que sigue funcionando como una máquina de caja casi obscena en su regularidad.
El sueldo que sí aparece en las cuentas
Conviene separar planos, porque aquí suele mezclarse todo y al final parece que el presidente de Mercadona gana 220 millones de “sueldo”, y no. Su retribución como tal fue de 12 millones brutos. Según la información publicada sobre las cuentas de Inmo Alameda, 11 millones proceden de su cargo como administrador único en esa sociedad y 1 millón corresponde a su responsabilidad en Mercadona. La empresa defiende que esa remuneración está alineada con su liderazgo y su experiencia y que se mueve en niveles comparables a los de compañías semejantes. Es el lenguaje clásico de los informes corporativos: frío, bastante pulido y diseñado para que la cifra parezca técnica, no moral.
Aun así, 12 millones anuales siguen siendo una cantidad descomunal para cualquier lector medio. La comparación con un salario corriente sale sola, como sale sola la punzada cuando la cesta de la compra lleva años encadenando sobresaltos. Pero en el caso de Roig esa cifra dice menos de lo que aparenta. No es irrelevante, claro. Simplemente no explica lo esencial. El núcleo de su poder económico no está en lo que cobra como gestor, sino en lo que percibe como propietario de una empresa privada que en 2025 volvió a batir récords. Y ahí la conversación deja de ser salarial para convertirse en otra cosa: propiedad, beneficio y control del flujo de capital.
El dinero serio está en otra casilla
Mercadona repartió el pasado año 346 millones de euros en dividendos, un 25,8% más que en 2024. De esa cantidad, Juan Roig percibió 187 millones a cuenta de los resultados de la compañía. Por eso la lectura correcta no es “gana 12 millones y regala 220”, sino algo más preciso y menos vistoso: cobra 12 millones brutos como presidente, ingresa además una suma muy superior como accionista y después reinvierte una parte sustancial de ese dinero en proyectos elegidos por él mismo. Parece un matiz, pero no lo es. Cambia por completo la fotografía.
También ayuda a entender por qué, cuando se habla del empresario valenciano, el sueldo acaba siendo casi un detalle de escaparate. La gran palanca está en la participación accionarial. Distintas informaciones empresariales sitúan a Inmo Alameda como propietaria del 50,66% de Mercadona, mientras que Hortensia Herrero controla otro gran paquete accionarial y entre ambos concentran en torno al 80% de la compañía. Ese dato explica dos cosas a la vez: por qué los dividendos tienen tanto peso en su riqueza anual y por qué cualquier decisión de reinversión personal nace, en realidad, de una posición de dominio clarísima sobre el negocio. No es filantropía desde el margen. Es reinversión desde el centro mismo del sistema.
Ahí aparece la diferencia clave entre la narrativa popular y la contable. La narrativa popular se queda con el personaje: el dueño de Mercadona, el hombre de los 12 millones, el empresario que reparte frases contundentes y no suele andarse con paños calientes. La contabilidad, en cambio, enseña otra cosa: un esquema en el que el salario tiene importancia simbólica, sí, pero el verdadero caudal llega por la vía del dividendo. El titular enseña la nómina. La película va de propiedad.
Por qué ha metido 220 millones en circulación
La explicación oficial se resume en una palabra que a Roig le gusta bastante: legado. Según la compañía y el propio ecosistema de Marina de Empresas, ese Proyecto Legado arrancó en 2012 con la idea de compartir conocimiento, experiencia y patrimonio personal para contribuir al desarrollo de la sociedad. En su formulación más amable, la tesis es sencilla: si has ganado mucho, devuelves parte del botín en forma de impulso empresarial, formación, cultura, deporte y entretenimiento. En su formulación menos poética, también es una manera de construir influencia estable, tejido social y marca territorial a gran escala. Las dos lecturas pueden convivir sin estorbarse demasiado.
En la web de Marina de Empresas el planteamiento se explica casi como una biografía moral del éxito: ayudar a otros emprendedores a conseguir sus sueños, compartir recursos, compartir aprendizajes, irradiar la cultura del esfuerzo. Son fórmulas muy de casa, muy de empresario que quiere dejar huella más allá del balance. Pero, debajo del envoltorio, hay una estructura perfectamente reconocible: un ecosistema propio que mezcla educación, financiación, aceleración de startups, patrocinio deportivo, grandes equipamientos culturales y actuaciones de reconstrucción económica cuando el territorio se rompe. Un legado, sí; también una red de poder blando muy tangible.
Emprendimiento, deporte, cultura… y territorio
Una parte de esos 220 millones fue a Marina de Empresas, la criatura quizá más representativa del universo Roig. En 2025 invirtió allí 11 millones de euros. Marina de Empresas se articula alrededor de tres patas conocidas: EDEM, enfocada a la formación empresarial; Lanzadera, dedicada a acelerar startups; y Angels, el vehículo inversor con el que se apoya a líderes emprendedores. No es una filantropía desordenada ni una lluvia de cheques al azar. Es un sistema diseñado para detectar talento, formarlo, financiarlo y, de paso, conectar todo ese movimiento con la lógica de gestión que Roig ha convertido en seña de identidad de Mercadona.
El deporte ocupa otra porción muy visible de ese mapa. La Fundación Trinidad Alfonso recibió 6 millones de euros; el Valencia Basket, 19 millones en la temporada 2024-2025; y el Roig Arena sigue tragando inversión como una gran ballena de hormigón y ambición: más de 400 millones acumulados, de los cuales 179 millones se imputaron al pasado año. Esas cifras ayudan a entender que el apellido Roig no aparece solo en el lineal del supermercado o en las cuentas de Mercadona. Aparece también en la infraestructura emocional y competitiva de Valencia: el baloncesto, los grandes eventos, el deporte base, la imagen de ciudad moderna que quiere presentarse como polo de actividad y no como mera plaza de paso.
El Roig Arena merece, por sí solo, una lectura aparte. No es un gasto menor ni un capricho lateral. Es probablemente la pieza más evidente de una estrategia de legado visible, casi física, con vocación de durar décadas. El recinto empezó a operar el año pasado, ha condicionado cuentas del grupo y su promotor asume ya más de 400 millones invertidos. Ahí se cruzan entretenimiento, deporte, marca ciudad y una idea muy concreta de prestigio: dejar algo que se vea, que se use, que pese. No una placa en una pared. Un edificio entero.
La pieza valenciana que no es decorado
Fuera del Proyecto Legado en sentido estricto aparece otra derivada importante: Alcem-se, la plataforma impulsada tras la dana que asoló Valencia en octubre de 2024. La inversión adicional se planteó para dinamizar la sociedad y reactivar la economía golpeada por la catástrofe. Otros balances posteriores sitúan el programa en 35 millones de euros en ayudas directas a pymes, comercios, startups y autónomos afectados, con el objetivo de evitar cierres y acelerar la reapertura. Ahí la lógica de Roig se vuelve todavía más local: no solo reinvertir en España, sino concentrar una parte decisiva del esfuerzo en la Comunitat Valenciana, donde su figura pesa tanto que a veces cuesta distinguir entre empresario, mecenas y actor de política económica informal.
Lo que este movimiento dice de Mercadona
Todo esto sería menos relevante si Mercadona estuviera en un año normalito, de esos que pasan sin hacer ruido. No es el caso. La cadena viene de firmar un 2025 muy fuerte: ventas al alza, beneficios récord, online rentable con 1.061 millones de facturación y una cuota del 28,5% en España. A la vez, repartió 780 millones en primas, elevó el esfuerzo total para mejorar el poder adquisitivo y la jornada de la plantilla hasta 1.000 millones, y mantuvo una carga fiscal agregada de 3.400 millones. Ese contexto importa porque el relato de Roig sobre la reinversión personal encaja mejor cuando la empresa también puede exhibir músculo, empleo y caja. Cuando el negocio va como un cohete, el discurso del legado suena menos a maquillaje y más a extensión natural del modelo.
Hay otro detalle que suele pasar algo desapercibido y, sin embargo, revela bastante bien el momento de Mercadona: la financiación a proveedores se multiplicó en 2025, pasando de 41 a 171 millones de euros, en parte por el apoyo a suministradores especializados en pescado en pleno proceso de reorganización de esa sección. A eso se suma la nueva hoja de ruta de la compañía, que prevé invertir 3.700 millones hasta 2033 para desplegar el modelo de Tienda 9, con más peso de los frescos, procesos más centralizados y una compra más ágil. Es decir, mientras el presidente reinvierte en su ecosistema personal, la empresa sigue metiendo dinero a destajo en rehacer su propia maquinaria. Nada aquí huele a inmovilismo. Huele, más bien, a obra permanente.
Ese doble movimiento —reinvierte el dueño por un lado, reinvierte la empresa por otro— ayuda a explicar por qué Juan Roig conserva una posición tan singular en el capitalismo español. No es solo uno de los grandes patrimonios del país, ni solo el presidente de la cadena con más cuota en la distribución alimentaria. Es también un empresario que ha conseguido convertir parte de su reinversión privada en relato público: educación empresarial, startups, deporte, arte, grandes equipamientos, ayudas tras una catástrofe. A otros multimillonarios se les ve el patrimonio. A Roig, además, se le ve la huella. Y eso, en términos de legitimidad social, vale mucho dinero.
El titular fácil y la historia real
La pregunta sobre cuánto gana Juan Roig tiene una respuesta sencilla y otra completa. La sencilla son 12 millones brutos como presidente de Mercadona en 2025. La completa añade que, tras impuestos, ese sueldo queda en 5,5 millones; que el grueso de su capacidad financiera llega por dividendos, con 187 millones percibidos el pasado año; y que de ahí sale una reinversión de 220 millones orientada a economía, emprendimiento, deporte, cultura y territorio. Reducir todo eso a “su sueldo” es cómodo, pero engañoso. Y no por defenderle —no hace falta—, sino porque la anatomía del poder económico funciona así: la nómina impresiona, el capital manda.
También conviene no caer en el movimiento contrario, el de santificar cualquier reinversión privada como si bastara por sí sola para zanjar el debate sobre desigualdad, concentración empresarial o poder de mercado. Mercadona sigue siendo un gigante con una cuota del 28,5% y Juan Roig sigue cobrando una cantidad que para casi cualquier asalariado español pertenece a otra galaxia. Lo que cambia aquí no es la dimensión del privilegio, sino el uso que hace de una parte de ese privilegio. Y esa es, precisamente, la noticia: no que cobre mucho, que eso ya se sabía; sino que una parte muy relevante de lo que recibe vuelve al circuito económico con sello propio, con agenda propia y con una ambición de permanencia que va bastante más allá del supermercado.
Una fortuna que también busca dejar forma
El caso de Juan Roig retrata bastante bien una de las tensiones más visibles del capitalismo español contemporáneo. Por un lado, una gran empresa privada que bate récords en facturación, margen y cuota de mercado. Por otro, un propietario que utiliza una parte de esa riqueza para levantar un ecosistema paralelo de emprendimiento, deporte, cultura e infraestructuras con impacto directo en su territorio. Entre medias, el lector mira la cifra del sueldo y se queda ahí, porque es llamativa, porque irrita, porque resume rápido. Pero la historia de fondo no cabe en una nómina.
Lo relevante no es solo cuánto gana, sino qué hace con lo que gana y, sobre todo, con lo que cobra como accionista. Esa es la pieza que explica el titular, el debate público y también la dimensión de su influencia. Juan Roig no se limita a presidir Mercadona y a cobrar por ello. Usa el músculo económico que le da la compañía para consolidar una idea de legado muy concreta, muy valenciana, muy visible y muy ligada a su manera de entender la empresa. A veces suena a mecenazgo. A veces a estrategia de poder territorial. Seguramente sea ambas cosas. Y ahí, justo ahí, está la noticia.

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