Naturaleza
¿Cuándo empieza la cuarta ola de calor y qué zonas afectará en España?
La cuarta ola de calor dejará más de 40 grados, noches tórridas y peligro extremo de incendios en buena parte de España durante varios días.

España afrontará desde el miércoles 29 de julio una cuarta ola de calor que se prolongará, al menos, hasta el domingo 2 de agosto. Aemet prevé temperaturas superiores a 36 o 38 grados en amplias zonas de la Península y Baleares, con máximas por encima de los 40 grados en los principales valles fluviales, el centro y el sur. No será una tarde especialmente tórrida y luego a otra cosa: serán varios días de calor persistente, noches difíciles y una humedad ambiental muy baja.
Las áreas más castigadas serán los valles del Ebro, Tajo, Guadiana y Guadalquivir, las depresiones del nordeste y las zonas bajas del centro y la mitad sur. El miércoles también podrían alcanzarse entre 38 y 40 grados en el Cantábrico oriental, mientras el litoral mediterráneo soportará máximas algo más contenidas, pero con noches de 22 a 25 grados y un bochorno que apenas dejará descansar. Canarias registrará un aumento térmico, aunque no se espera que el episodio cumpla allí los criterios de ola de calor.
La llegada de este nuevo episodio resulta especialmente delicada porque coincide con una crisis de incendios forestales que mantiene desplegados a miles de profesionales en distintos puntos de España. Ávila, Madrid, Toledo y Castellón continúan pendientes de frentes activos, reproducciones y zonas calientes que podrían recuperar fuerza cuando suban las temperaturas y descienda la humedad.
La subida empieza antes del miércoles
La fecha oficial de inicio será el miércoles, pero el termómetro no piensa esperar a que cambiemos de hoja en el calendario. El martes 28 el calor ya se intensificará de manera generalizada, sin lluvias relevantes y con máximas de 38 a 40 grados en el sur de Galicia, el valle del Ebro, la zona centro y buena parte de la mitad meridional. En los valles del Tajo, Guadiana y Guadalquivir podrán rebasarse los 40 grados antes de que la ola haya comenzado formalmente.
Durante la madrugada, las mínimas rondarán los 22 o 24 grados en Extremadura, el valle del Guadalquivir y numerosas localidades mediterráneas. En algunos puntos costeros pueden mantenerse cerca de 25 grados, lo que se conoce como noche tórrida. El cuerpo pierde así una de sus principales ventanas de recuperación: cuando la temperatura permanece alta mientras dormimos, el organismo continúa trabajando para disipar calor en lugar de descansar.
No todo episodio de temperaturas altas merece técnicamente el nombre de ola de calor. Aemet exige que dure al menos tres días consecutivos y que una parte significativa de las estaciones estudiadas supere los valores considerados excepcionalmente altos para cada zona. Dicho de forma menos académica: no basta con que haga mucho calor en Córdoba o Sevilla, donde el verano nunca ha sido precisamente una cámara frigorífica. Debe tratarse de una anomalía extensa, persistente y poco habitual.
La duración será uno de los elementos más relevantes. Aunque las temperaturas puedan oscilar ligeramente entre una jornada y otra, el ambiente seguirá siendo muy cálido hasta el domingo. El calor acumulado en viviendas, aceras, carreteras y fachadas impedirá que muchas zonas se refresquen durante la noche. La ciudad se convierte entonces en una especie de radiador lento: absorbe durante el día y devuelve durante horas.
Dónde se concentrará el calor más severo
La ola abarcará prácticamente toda la España peninsular y Baleares, aunque no repartirá sus golpes de manera democrática. El interior, las mesetas y las depresiones fluviales acumulan calor con mayor facilidad que las costas abiertas al mar. El aire cálido permanecerá estancado durante varios días y las temperaturas sufrirán pequeñas variaciones, pero no un descenso suficiente para romper el episodio antes del domingo.
El miércoles se esperan más de 36 a 38 grados en buena parte del interior y en Baleares. El jueves y el viernes mantendrán valores similares, con ascensos o descensos modestos según la zona. La probabilidad de precipitaciones será muy baja, salvo algunas lloviznas en el Cantábrico y la posibilidad de tormentas aisladas en áreas montañosas del este.
Algunas de esas tormentas podrían dejar poca agua y producir rayos y rachas de viento erráticas, una combinación especialmente peligrosa cuando el monte está reseco. Una descarga eléctrica puede originar un nuevo foco, mientras el viento modifica en minutos la dirección de las llamas y complica el trabajo de los equipos de extinción.
Los grandes valles superarán los 40 grados
El valle del Guadalquivir aparece otra vez entre los puntos más calientes, con máximas que podrán alcanzar o superar los 40 grados durante varias jornadas. También el Guadiana, el Tajo y el Ebro quedarán expuestos a temperaturas extremas. Ciudades y comarcas de Andalucía occidental, Extremadura, Castilla-La Mancha, Madrid, Aragón y el interior de Cataluña estarán entre las áreas más afectadas.
Las cifras puntuales llaman la atención, pero la persistencia del calor será más importante que un récord aislado. Una máxima de 41 grados puede soportarse mejor después de una noche fresca que una sucesión de jornadas de 38 o 39 grados acompañadas por mínimas de 24. El calor se almacena en tejados, paredes y pavimentos; al caer la noche, las ciudades lo devuelven lentamente, como una sartén que conserva la temperatura mucho después de apagar el fuego.
El norte peninsular tampoco quedará completamente protegido. Se contemplan máximas de 38 a 40 grados en el Cantábrico oriental durante el miércoles, especialmente en zonas interiores del País Vasco y Navarra. Allí el ascenso puede sentirse con más brusquedad porque llega tras jornadas sensiblemente más frescas. La proximidad del mar suavizará algunas áreas costeras, pero unos pocos kilómetros hacia el interior bastarán para encontrar un ambiente mucho más duro.
Galicia también vivirá temperaturas elevadas en sus comarcas meridionales e interiores. El calor ya puede superar los 36 grados en el sur de la comunidad y seguirá escalando durante el martes. En cambio, el Cantábrico occidental conservará máximas algo menos extremas y alguna precipitación débil. Un alivio relativo, casi un lujo meteorológico en un mapa dominado por los tonos rojos.
Una ola sobre un país castigado por los incendios
La cuarta ola de calor llega cuando los servicios de extinción todavía combaten grandes incendios en Ávila, Madrid, Toledo y Castellón. Los fuegos de Burgohondo y la Sierra Oeste madrileña siguen activos, aunque algunos frentes han reducido su velocidad. Entre las tres comunidades han quedado afectadas decenas de miles de hectáreas y numerosas poblaciones han sufrido evacuaciones, confinamientos o restricciones de movilidad.
La prioridad de los equipos es estabilizar las cabezas activas antes de que empeore el tiempo. Una jornada con temperaturas algo más bajas y mayor humedad puede permitir abrir cortafuegos, enfriar puntos calientes y asegurar perímetros. La nueva ola estrechará ese margen. Menos humedad, más calor y vegetación castigada: el fuego encuentra la mesa puesta.
En Castellón, el incendio iniciado en La Vall d’Uixó ha penetrado en el parque natural de la Sierra de Espadán, una de las grandes masas forestales valencianas. El fuego ha recorrido miles de hectáreas y dibujado un perímetro de decenas de kilómetros, obligando a evacuar o confinar varios municipios. Los equipos han aprovechado el descenso del viento y el aumento nocturno de la humedad para intentar contenerlo antes del repunte térmico.
La situación resulta especialmente sensible en la Sierra de Espadán por la continuidad de la vegetación, la dificultad del terreno y el valor ambiental del espacio protegido. Los barrancos, las pendientes y los cambios locales de viento pueden acelerar las llamas o hacerlas avanzar de manera irregular. Sobre un mapa parece una línea. Sobre el terreno es humo, desnivel, calor y visibilidad escasa.
En el conjunto de España, los incendios han quemado alrededor de 153.000 hectáreas desde comienzos de 2026. La superficie multiplica varias veces la registrada durante el mismo periodo del año anterior. Los datos seguirán variando conforme se revisen los perímetros, pero describen un verano excepcionalmente destructivo cuando agosto ni siquiera ha comenzado.
La humedad baja cambia el comportamiento del fuego
El calor no origina por sí solo todos los incendios, pero prepara el escenario para que una chispa tenga consecuencias mucho mayores. Aumenta la evaporación, seca la vegetación fina y reduce la humedad de ramas, hojas y pastos. Cuando la humedad relativa cae por debajo del 20%, el combustible vegetal puede arder con enorme facilidad y transmitir las llamas rápidamente.
Si aparece viento, el incendio gana velocidad, proyecta pavesas y abre focos a centenares de metros del frente principal. Esos focos secundarios pueden saltar carreteras, cortafuegos o zonas que parecían seguras. El problema no es únicamente la fuerza del viento, sino también sus cambios de dirección, que pueden rodear a los equipos o llevar el humo hacia núcleos habitados.
El peligro de incendio alcanzará niveles muy altos o extremos en gran parte del país desde el martes y continuará empeorando durante los días siguientes. Para determinarlo se tienen en cuenta la temperatura, la humedad, el viento, la lluvia acumulada, el estado de la vegetación y la humedad del suelo. El cielo importa, claro, pero el combustible que espera debajo importa todavía más.
Las próximas jornadas resultan decisivas para abrir líneas defensivas, asegurar perímetros y enfriar zonas calientes. Un incendio aparentemente controlado puede reactivarse cuando sube la temperatura y cae la humedad. Contenido no significa extinguido; significa que las llamas han dejado de avanzar fuera de las líneas previstas. Bajo una ola de calor, esa frontera puede volverse muy frágil.
El tramo más delicado aún está por llegar
El impacto no se limitará al monte. El calor extremo eleva el riesgo de deshidratación, agotamiento, síncope y golpe de calor, especialmente entre personas mayores, bebés, enfermos crónicos, trabajadores al aire libre y quienes viven en viviendas mal ventiladas.
Los umbrales de riesgo no son idénticos en todo el territorio. Una temperatura concreta puede tener efectos diferentes según la adaptación de la población, la humedad, la duración del episodio y las características de las viviendas. No es lo mismo una tarde calurosa que cinco días seguidos sin descanso térmico durante la noche.
Las noches tórridas agravan el problema porque impiden que el organismo reduzca su temperatura y recupere fuerzas. El cansancio se acumula, el sueño empeora y las enfermedades cardiovasculares o respiratorias pueden descompensarse. Las viviendas interiores, los últimos pisos y los barrios con poco arbolado soportan una carga térmica especialmente elevada.
La combinación de humo y temperaturas extremas añade otra capa. Las partículas procedentes de los incendios irritan las vías respiratorias y pueden agravar patologías pulmonares o cardiovasculares; el calor, mientras tanto, obliga al organismo a mantener un esfuerzo constante para regular su temperatura.
Durante las horas centrales conviene reducir la actividad física, beber agua con frecuencia y mantener las viviendas lo más frescas posible. En las zonas afectadas por humo, las indicaciones de los servicios de emergencia deben prevalecer sobre cualquier improvisación. El humo puede recorrer kilómetros y afectar a localidades alejadas de las llamas, incluso cuando el fuego no resulta visible.
Junio y julio de 2026 forman uno de los periodos más cálidos registrados en España. Julio se encuentra entre los meses más calurosos de la serie histórica, a falta de incorporar sus últimos días. La previsión estacional mantiene una probabilidad elevada de temperaturas superiores a las normales durante el resto del verano.
El calor ya no llega solo
La frase de que en verano hace calor se ha quedado pequeña. El dato relevante no es que el termómetro suba en julio, sino cuánto sube, durante cuánto tiempo, en qué extensión y sobre qué territorio. Esta cuarta ola encontrará bosques castigados, suelos secos, embalses sometidos a una elevada evaporación y equipos de emergencia que enlazan jornadas interminables.
También encontrará ciudades que conservan el calor durante la noche y viviendas poco preparadas para episodios tan prolongados. El problema, por tanto, no acaba cuando se pone el sol. En muchos municipios, la madrugada ofrecerá apenas una tregua tibia antes de que las temperaturas vuelvan a escalar.
El miércoles comienza oficialmente la cuarta ola de calor del verano, pero sus efectos ya están entrando por la puerta. Lo hacen con termómetros por encima de los 40 grados, noches difíciles y un riesgo extremo de incendios sobre un país que todavía combate las llamas. El calendario dice julio. El paisaje, reseco y cubierto de humo en demasiados lugares, parece llevar semanas instalado en agosto.

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