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Marruecos-Tanzania y Sudáfrica-Camerún, los octavos del 4 de enero
Dos cruces en Rabat abren una jornada de eliminatorias con el anfitrión bajo presión y Camerún ante Sudáfrica.

La jornada de octavos de final del domingo 4 de enero reúne en Rabat dos partidos de perfiles muy distintos: Marruecos-Tanzania, a las 17:00 en hora peninsular española, y Sudáfrica-Camerún, a las 20:00. En Marruecos, los encuentros comienzan una hora antes. El primero pone al anfitrión ante el reto de imponer su superioridad sin dejar que la presión de jugar en casa se vuelva en su contra; el segundo enfrenta a dos selecciones con experiencia y estilos capaces de convertir un duelo cerrado en una eliminatoria imprevisible.
Los dos cruces se disputan en Rabat, en el Stade Prince Moulay Abdellah y el Al Barid Stadium, respectivamente. En España, la retransmisión del torneo está disponible en Movistar+, que ofrece la cobertura televisiva y en línea. La jornada llega después de dos partidos que dejaron una advertencia útil para los favoritos: Senegal remontó ante Sudán y Malí, con un jugador menos durante buena parte del encuentro, eliminó a Túnez en los penaltis.
Horarios, estadios y emisión de los partidos
El primer encuentro del día enfrenta a Marruecos y Tanzania a las 17:00, hora peninsular española, en el Stade Prince Moulay Abdellah. La selección anfitriona juega con el respaldo de su público, pero también con una expectativa mayor que la de su rival. Para Tanzania, la eliminatoria ofrece la oportunidad de prolongar una campaña que ya la ha llevado más lejos de lo que muchos esperaban; para Marruecos, es el primer partido a todo o nada de un torneo en el que cada tropiezo se amplifica.
Sudáfrica y Camerún cierran la jornada a las 20:00 en el Al Barid Stadium. La cercanía entre los dos horarios permite seguir ambos partidos el mismo día, aunque el cambio de escenario también modifica el ambiente y el tipo de presión: el anfitrión abre la tarde bajo la mirada de su afición y, después, dos selecciones históricas se juegan el pase. La programación en horario peninsular es 17:00 y 20:00; en Marruecos, una hora menos.
En España, los encuentros pueden seguirse por Movistar+, que ofrece los partidos de la Copa África en televisión y a través de su plataforma en línea. La información disponible no concreta un canal único para cada cruce, por lo que la emisión puede aparecer en los distintos canales de la plataforma. La jornada se desarrolla en formato de eliminación directa: quien pierde queda fuera del torneo, un cambio de contexto que hace que un partido dominado no siempre sea un partido resuelto.
Marruecos ante Tanzania: favoritismo y paciencia
Marruecos parte con ventaja por la calidad de su plantilla, el rendimiento mostrado en la fase de grupos y el impulso de jugar en casa. Pero esas condiciones no garantizan un encuentro cómodo. Tanzania puede plantear una defensa compacta, cerrar los espacios interiores y obligar al anfitrión a mover el balón de un lado a otro en busca de una abertura. Cuanto más tarde llegue el primer gol, más valor tendrá cada despeje y más crecerá la sensación de que el partido puede torcerse.
El plan marroquí suele apoyarse en la salida desde atrás, la amplitud de sus laterales y la búsqueda de jugadores entre líneas. Yassine Bounou ofrece seguridad en la portería; Achraf Hakimi y Noussair Mazraoui pueden dar profundidad por las bandas, mientras que Romain Saïss y Nayef Aguerd figuran entre las opciones para el centro de la defensa. En ataque, Brahim Díaz puede encontrar espacios entre el centro del campo y la zaga, y Ayoub El Kaabi ofrece una referencia para las llegadas al área.
El desafío de Marruecos no consiste únicamente en acumular posesión. Si los laterales avanzan a la vez y el equipo pierde el balón, Tanzania puede encontrar campo para correr; si el juego se atasca en el centro, la selección local corre el riesgo de atacar con demasiada gente por delante de la pelota y dejar menos protección atrás. Por eso, el equilibrio entre presión y cobertura será tan importante como la creatividad de sus futbolistas. La posesión solo servirá si termina en ocasiones claras, no si se convierte en circulación sin profundidad.
Tanzania puede responder con un bloque bajo, ayudas para proteger el carril central y pases directos cuando recupere. Mbwana Samatta es una opción para aguantar el balón de espaldas y permitir que sus compañeros avancen, mientras que Feisal Salum puede aportar conducción o un pase que rompa la primera presión. No necesita dominar el encuentro durante largos tramos para resultar peligrosa: le basta con sostenerse, aprovechar una pérdida o forzar una acción a balón parado.
El peso del estadio y la historia
Jugar ante su público es una ventaja para Marruecos, aunque también puede acelerar la impaciencia si el marcador sigue igualado. El estadio empuja cuando el equipo encadena ataques, pero el mismo ruido puede cambiar de tono si pasan los minutos sin ocasiones. Tanzania tiene motivos para alargar el partido: cada minuto sin encajar refuerza su plan y hace que el favorito tenga que convivir con la posibilidad de una sorpresa. El reloj también forma parte de la estrategia, aunque no aparezca en ninguna alineación.
Hay, además, un dato histórico que acompaña al anfitrión: Marruecos ganó la Copa África en 1976, su único título en el torneo. Esa referencia no determina lo que ocurra en Rabat, pero explica parte de la dimensión que adquiere cada eliminatoria para la selección y su afición. La presión no nace solo de este partido; también se alimenta de la expectativa de una generación con talento y de la oportunidad de ganar ante su público.
Por recursos y contexto, Marruecos es favorito, pero el pronóstico depende mucho de cuándo logre abrir el marcador. Un gol temprano obligaría a Tanzania a abandonar parte de su repliegue; un empate prolongado, en cambio, puede convertir el duelo en una prueba de paciencia y dejar espacio para una transición o un balón parado. El escenario más favorable para el anfitrión es ganar terreno sin precipitarse. La eliminatoria puede inclinarse por un margen corto, incluso si Marruecos controla buena parte del juego.
Sudáfrica-Camerún: una eliminatoria de detalles
El partido nocturno enfrenta la estructura de Sudáfrica con el potencial físico y ofensivo de Camerún. Los cameruneses cuentan con cinco títulos continentales y una tradición que los sitúa entre las grandes selecciones del torneo. Sudáfrica, campeona en 1996, llega con una identidad más asociada al orden colectivo y a la capacidad de sostener partidos cerrados. La historia pesa, pero en una eliminatoria no sustituye a la organización ni a la precisión del día.
Sudáfrica ha mostrado altibajos en la fase de grupos, aunque también ha tenido que resolver situaciones tensas. El partido ante Zimbabue, decidido por un penalti de Oswin Appollis en el tramo final, dejó una muestra de su capacidad para competir hasta el último momento. Su guardameta, Ronwen Williams, puede ser importante para ordenar la defensa y responder cuando Camerún encuentre espacios; en el centro del campo, Teboho Mokoena aporta capacidad para recuperar, distribuir y probar el disparo desde fuera.
En ataque, Lyle Foster puede fijar a los centrales y servir de salida cuando el equipo necesite respirar. Ese papel tiene especial importancia ante un rival que puede presionar y cargar el área: si Sudáfrica logra conservar la pelota tras un despeje, evitará que el partido se convierta en una sucesión de ataques cameruneses. Las segundas jugadas serán una zona decisiva, porque un balón rechazado que cae en la frontal puede convertirse en una ocasión inmediata.
Camerún dispone de futbolistas capaces de acelerar el juego en pocos metros. Bryan Mbeumo es una amenaza por su velocidad y su habilidad para conducir hacia el área; también puede convertir una recuperación aparentemente menor en un ataque peligroso. La selección camerunesa suele sentirse más cómoda cuando el partido se abre y hay espacio para correr. Si Sudáfrica logra mantener juntas sus líneas, en cambio, tendrá que encontrar soluciones con paciencia y no depender solo de la potencia.
Bandas, transiciones y acciones a balón parado
Las bandas pueden marcar el ritmo del encuentro. Si Camerún consigue aislar a sus atacantes contra los defensores sudafricanos, podrá buscar centros, desbordes o diagonales hacia el área. Si Sudáfrica obliga al rival a atacar por fuera y defiende bien los centros, reducirá la posibilidad de que el encuentro se rompa. En el otro sentido, un avance sudafricano por los costados puede encontrar huecos si Camerún pierde la forma al presionar.
También cuentan las transiciones: el instante en que un equipo recupera el balón y el otro aún no ha reorganizado su defensa. Camerún puede aprovechar ese momento con velocidad, mientras Sudáfrica intentará evitar pérdidas en zonas comprometidas. Las faltas laterales y los córneres completan el mapa del partido. En una eliminatoria igualada, una pelota parada puede pesar tanto como una jugada elaborada, sobre todo cuando las defensas han neutralizado las opciones de juego abierto.
El pronóstico es menos claro que en el partido de la tarde. Camerún tiene más tradición y capacidad individual para decidir con una acción, pero Sudáfrica puede llevar el encuentro a un ritmo que incomode a su rival. Un empate durante los 90 minutos no sería extraño. Si el partido se alarga, las sustituciones, el desgaste y la gestión de los nervios pueden cambiar el equilibrio. La ventaja teórica de Camerún no elimina la posibilidad de que Sudáfrica imponga su plan.
Lo que dejaron los octavos del sábado
La jornada anterior abrió la fase eliminatoria con dos historias opuestas. Senegal tuvo que responder después de encajar primero ante Sudán y acabó imponiéndose por 3-1. Malí, en cambio, pasó buena parte de su encuentro con diez jugadores, igualó en el descuento y sobrevivió a Túnez en la tanda de penaltis. El contraste resume una característica de los cruces directos: el favorito puede tener que remontar y el equipo en inferioridad todavía puede encontrar una salida.
Sudán golpeó pronto por medio de Aamir Abdallah, pero Senegal no perdió el orden. Pape Gueye marcó dos veces antes del descanso, con Sadio Mané y Nicolas Jackson participando en la construcción de los goles. Después del intermedio, Ismaïla Sarr vio cómo una acción terminaba anulada por fuera de juego, y Senegal continuó gestionando la ventaja. Ibrahima Mbaye, de 17 años, entró desde el banquillo y anotó el tercer tanto. La remontada mostró la capacidad senegalesa para reaccionar sin descomponerse.
El resultado final, 3-1, confirmó el pase de Senegal a cuartos y lo emparejó con Malí. Para los senegaleses, la remontada ofrece confianza, aunque el gol recibido también recuerda que incluso un equipo con experiencia puede verse obligado a corregir sobre la marcha. En un torneo corto, ese aprendizaje importa: los errores iniciales pueden ser costosos, pero la reacción y la lectura del partido todavía permiten recuperar el control.
El duelo entre Malí y Túnez fue mucho más áspero. Woyo Coulibaly fue expulsado en el minuto 26 por una falta sobre Hannibal Mejbri, y Malí afrontó desde entonces el partido con un jugador menos. Túnez tuvo más control, pero le costó transformarlo en ocasiones limpias. Firas Chaouat marcó en el minuto 88 y parecía haber decidido la eliminatoria, hasta que una mano de Yassine Meriah desembocó en un penalti que Lassine Sinayoko convirtió durante el descuento.
El 1-1 llevó el encuentro a la prórroga y, después, a los penaltis. Djigui Diarra detuvo dos lanzamientos y fue decisivo para que Malí ganara la tanda por 3-2. El equipo maliense llegó a octavos tras empatar sus tres partidos de la fase de grupos y volvió a igualar antes de clasificarse desde los once metros. Avanzó sin ganar en el tiempo reglamentario, una prueba de que la solidez defensiva y la resistencia también pueden abrirse paso, aunque no aseguren que el camino siguiente sea más sencillo.
El cuadro de cuartos empieza a tomar forma
La victoria de Senegal y la clasificación de Malí ya dejaron confirmado uno de los cruces de cuartos de final. El encuentro reunirá a una selección que resolvió su eliminatoria con una remontada y a otra que resistió en inferioridad numérica y encontró en su portero la diferencia desde el punto de penalti. Son recorridos distintos, pero ambos llegan con una experiencia reciente de tensión que puede influir en la preparación del siguiente partido.
Los resultados del domingo completarán otra parte del cuadro. Marruecos busca seguir adelante ante su público; Camerún pretende confirmar su condición de aspirante frente a Sudáfrica, que puede complicar el duelo con una defensa disciplinada. Las consecuencias no se limitan al pase: el desgaste de una prórroga, una lesión o una sanción pueden alterar la disponibilidad de jugadores para la ronda siguiente. En los octavos se disputa también la forma física con la que cada equipo llegará a cuartos.
El formato de eliminación directa explica por qué la gestión del riesgo cambia respecto a la fase de grupos. Un empate al final de los 90 minutos conduce a la prórroga y, si la igualdad continúa, a los penaltis. Eso no significa que todos los equipos deban replegarse: marcar primero puede permitir controlar el ritmo, pero también obliga a defender una ventaja durante mucho tiempo. Para quien va por detrás, cada minuto reduce las opciones y puede forzar decisiones más agresivas.
Rabat convierte cada minuto en una prueba
Los dos partidos de la jornada plantean preguntas tácticas diferentes, pero comparten una misma exigencia: controlar los momentos en los que el encuentro cambia de forma. Marruecos deberá atacar a Tanzania sin confundir dominio con prisa; Sudáfrica tendrá que proteger su estructura, mientras Camerún intentará que su velocidad encuentre espacios. A menudo, el giro llega en una acción breve: una mala entrega, un despeje que cae en la frontal o una falta cerca del área.
La tarde ofrece al anfitrión la oportunidad de avanzar ante su afición, aunque Tanzania puede transformar esa expectativa en una carga si logra mantener el marcador igualado. La noche enfrenta a dos selecciones con credenciales para pasar y razones para desconfiar de un partido abierto. Los nombres y los antecedentes sirven para anticipar el duelo, no para decidirlo: esa tarea queda en manos de lo que suceda sobre el césped de Rabat.
El sábado ya enseñó que una ventaja temprana no siempre basta y que jugar con diez no equivale a estar eliminado. Senegal remontó, Malí resistió y Túnez dejó escapar una clasificación que parecía cercana. Esa lección acompaña a los cruces del domingo: el favoritismo puede orientar la previa, pero en octavos el tiempo, la disciplina y la capacidad para responder a un contratiempo pesan tanto como el talento. La jornada puede cambiar el cuadro con un solo detalle.

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