Tecnología
Por qué la computación cuántica amenaza todos tus secretos (y ya hay quien se prepara)
Solo el 22% de las empresas españolas se blinda ante la computación cuántica. El día que llegue, todo lo cifrado hoy con RSA será legible.

Resumen
- Un ordenador cuántico suficientemente potente podría romper el cifrado RSA y de curva elíptica que protege hoy bancos, webs y mensajes.
- El riesgo real se llama «robar ahora, descifrar después»: los datos que se interceptan hoy pueden volverse legibles dentro de una década.
- Solo el 22% de las empresas españolas está implantando seguridad resistente a cuánticos, según el informe de PwC con 3.934 directivos de 71 países.
Hay una carrera tecnológica que no sale en las keynotes de móviles ni en los anuncios de Navidad: la carrera entre los ordenadores cuánticos y las cerraduras que protegen prácticamente todo lo que haces en internet. Tu banca online, el candado verde del navegador, los mensajes de WhatsApp, tu historial médico y hasta el DNI electrónico dependen de un puñado de problemas matemáticos que ningún ordenador clásico puede resolver en tiempo útil. La mala noticia es que un ordenador cuántico sí podría. La peor es que ya hay quien está recopilando hoy lo que no puede leer… todavía.
El informe «Global Digital Trust Insights 2027» de PwC, elaborado con las respuestas de 3.934 líderes de negocio, seguridad y tecnología de 71 países —116 de ellos directivos españoles—, retrata una preparación desigual: solo el 22% de las empresas españolas está implantando medidas de seguridad resistentes a la computación cuántica, y un 44% se queda en la fase de exploración.
El problema no es cuándo lleguen: es lo que ya están robando
Los expertos llevan años avisando de que la amenaza cuántica tiene una forma muy concreta y poco intuitiva. Se llama «harvest now, decrypt later» —recopilar ahora, descifrar después— y consiste en algo tan simple como inquietante: almacenar hoy tráfico cifrado que no se puede leer, y esperar a que exista la máquina que sí pueda. Todo lo que tenga una vida útil larga —secretos industriales, historiales médicos, comunicaciones diplomáticas, claves de infraestructuras— es candidato a acabar en ese archivo del futuro.
Por eso las agencias de ciberseguridad no discuten si hay que migrar, sino a qué velocidad. La NSA estadounidense lleva años empujando a sus sistemas hacia algoritmos resistentes a cuánticos, y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) culminó en agosto de 2024 el trabajo de casi una década: los primeros estándares mundiales de criptografía poscuántica, bautizados como ML-KEM (para intercambiar claves) y ML-DSA (para firmar digitalmente).
¿Qué tiene un ordenador cuántico que no tenga el tuyo?
La diferencia no es que sea «más rápido», sino que juega con otras reglas. Un ordenador clásico trabaja con bits que valen 0 o 1. Un ordenador cuántico usa qubits, que gracias a la superposición pueden explorar muchos estados a la vez, y algoritmos diseñados para interferir las respuestas incorrectas y reforzar la correcta. En la práctica, eso cambia la complejidad de ciertos problemas matemáticos: lo que a una máquina clásica le llevaría milenios, a una cuántica suficient grande y estable podría llevarle horas.
Y aquí está el corazón del asunto. El cifrado moderno —RSA y las curvas elípticas— descansa sobre problemas que se consideran «duros» para los ordenadores clásicos: factorizar números gigantescos en primos o resolver logaritmos discretos. En 1994, el matemático Peter Shor demostró que un ordenador cuántico podría resolver ambos problemas de forma eficiente. Desde entonces, la fecha en que exista una máquina capaz de ejecutar el algoritmo de Shor a escala suficiente tiene hasta nombre propio en la industria: el Día Q.
- ✓RSA protege conexiones web, firmas y tarjetas: su seguridad depende de que factorizar sea lento. Para un cuántico potente, deja de serlo.
- ✓Las curvas elípticas (las que usan tu móvil y las criptomonedas) caen por la misma vía, con menos qubits todavía.
- ✓El cifrado simétrico (AES) no se rompe igual: basta con duplicar el tamaño de clave para mantenerlo a salvo.
- ✓La solución no es un parche: son familias matemáticas completamente nuevas —retículos, códigos, isogenias— que ni siquiera un cuántico sabe atacar bien.
España, entre la curiosidad y la siesta poscuántica
El retrato que deja PwC es el de un país que gasta más pero se prepara poco para este riesgo concreto. El 74% de las empresas españolas prevé aumentar su presupuesto de ciberseguridad en 2027 (frente al 84% global), y la inteligencia artificial domina las prioridades del 52% de los encuestados españoles. Pero cuando la pregunta es específica sobre cuántica, el interés se convierte en asignatura pendiente: un 22% implantando medidas, prácticamente igual que la media mundial (21%), y casi la mitad de las organizaciones todavía «explorando» qué hacer.
No es solo un problema español ni puramente defensivo. El mismo informe recoge que los ataques contra sistemas de IA encabezan por primera vez la lista de ciberriesgos para los que las organizaciones se sienten menos preparadas —el 57% de los responsables españoles los sitúa entre sus cinco principales carencias—, y que solo el 5% de las empresas ha completado todas las medidas básicas de gestión del riesgo de los datos que alimentan esos sistemas. La cuántica aparece en ese contexto como la amenaza de plazo largo que casi nadie quiere poner arriba del todo en la lista de la compra.
| Indicador (informe PwC) | España | Global |
|---|---|---|
| Subirá el presupuesto de ciberseguridad en 2027 | 74% | 84% |
| IA entre sus prioridades presupuestarias | 52% | 58% |
| Ataques a sistemas de IA entre sus 5 mayores carencias | 57% | 50% |
| Implantando seguridad resistente a cuánticos | 22% | 21% |
| Planes de continuidad plenamente integrados | 50% | 39% |
| Políticas de clasificación de datos desplegadas | 55% | 49% |
Fuente: «Global Digital Trust Insights 2027» (PwC), encuesta a 3.934 directivos de 71 países realizada entre mayo y julio de 2026
Las nuevas cerraduras ya existen: qué es el cifrado poscuántico
La parte tranquilizadora de esta historia es que no hace falta inventar nada desde cero. Los estándares del NIST —ML-KEM y ML-DSA, junto a SLH-DSA como alternativa basada en firmas hash— ya están publicados, son públicos y los principales navegadores y proveedores de nube han empezado a integrarlos en modo híbrido: la conexión se cifra a la vez con un algoritmo clásico y uno poscuántico, de modo que si alguno de los dos cae, el otro aguanta.
Para el ciudadano de a pie, la migración será invisible: los navegadores se actualizarán solos y las webs irán cambiando sus certificados. Donde sí habrá que estar atentos es en los dispositivos que no se actualizan nunca —routers viejos, sistemas embebidos, maquinaria industrial— y en todo lo que una organización quiera mantener secreto durante más de diez años. Ahí la pregunta ya no es si llegará el Día Q, sino cuánto tardará tu dato más sensible en caducar.
La computación cuántica promete simular moléculas para descubrir fármacos, optimizar redes eléctricas y resolver problemas logísticos imposibles. Y, de paso, obligar a internet entero a cambiar de cerradura antes de que aparezca la llave maestra. El 22% de las empresas españolas ya está en ello. El otro 78% confía en que el futuro llegue tarde. Con la cuántica, esa apuesta tiene un problema: el futuro ya puede estar grabando.












