Salud
¿Cómo se calculan las muertes por calor y por qué las cifras varían?
El calor mata más de lo que reflejan los certificados: así se estima su impacto real y se explican las diferencias entre los datos oficiales.

Las muertes por calor se calculan mediante dos recuentos diferentes. El primero registra los fallecimientos en los que el golpe de calor o la exposición a temperaturas extremas aparece expresamente en la documentación médica. El segundo utiliza modelos epidemiológicos para estimar cuántas personas murieron porque el calor agravó una enfermedad previa, aunque el certificado terminara hablando de insuficiencia cardiaca, ictus, neumonía o fallo renal.
Esa diferencia explica cifras que, vistas sin contexto, parecen proceder de planetas distintos. Durante el verano de 2025, las comunidades autónomas notificaron 75 fallecimientos por golpe de calor, mientras que el sistema MoMo estimó 3.832 muertes atribuibles a las altas temperaturas. No es una errata ni una conspiración estadística: un dato cuenta diagnósticos directos; el otro mide el daño sanitario que el termómetro dejó escondido detrás de otras patologías.
Dos cifras, dos preguntas distintas
El recuento directo responde a una cuestión concreta: cuántas personas fallecieron con una causa médica identificada como golpe de calor o exposición al calor natural excesivo. Es una cifra sólida para conocer los casos más evidentes, aquellos en los que aparecen hipertermia extrema, alteración neurológica, deshidratación severa o fallo multiorgánico tras una exposición clara.
Tiene, sin embargo, un campo de visión estrecho. La mayoría de las víctimas no llega al hospital con una etiqueta luminosa que diga calor. Puede tratarse de una persona de 87 años con cardiopatía que se descompensa después de varias noches sofocantes, de un enfermo renal que pierde demasiado líquido o de alguien con una dolencia respiratoria incapaz de soportar el esfuerzo añadido que exige al organismo enfriarse. En el certificado aparecerá probablemente la enfermedad que culminó el proceso. El calor habrá empujado la primera ficha del dominó, pero quizá ni siquiera figure como causa asociada.
El certificado médico solo ve la escena final
La estadística de causas de muerte del Instituto Nacional de Estadística se construye a partir de certificados médicos, boletines de defunción judicial e información de los institutos de medicina legal. Para registrar una muerte por exposición al calor natural excesivo existe el código X30 de la clasificación CIE-10. Es útil, necesario y comparable entre años, aunque depende de que la relación con la temperatura sea identificada y consignada.
Aquí aparece la primera grieta. El médico certifica lo que conoce del paciente y del episodio clínico, no reconstruye necesariamente la temperatura de su vivienda, las noches previas sin descanso, la medicación que dificultaba la termorregulación o el aislamiento social. La burocracia necesita una casilla; el organismo humano, bastante menos disciplinado, mezcla causas, vulnerabilidades y desencadenantes.
También hay un desfase temporal. Las defunciones consolidadas por el INE corresponden al año completo y tradicionalmente llegan con retraso, mientras que las comunidades autónomas comunican durante la campaña estival los casos conocidos de golpe de calor. Son registros diferentes, con calendarios y criterios que tampoco encajan como piezas de Lego.
El modelo reconstruye lo que el calor dejó fuera
La mortalidad atribuible busca responder a otra cuestión: cuántas defunciones probablemente no se habrían producido en ese momento sin las temperaturas observadas. No identifica por nombre y apellidos a cada víctima. Compara patrones colectivos y calcula la parte del aumento de mortalidad asociada estadísticamente al calor extremo.
Esa estimación se apoya en series históricas. Primero se determina cuántas personas cabría esperar que murieran en una fecha concreta atendiendo a la época del año, la evolución demográfica, la edad de la población y la tendencia habitual. Después se introduce la temperatura registrada. La diferencia entre el escenario sin efecto térmico y el escenario con calor proporciona la mortalidad atribuible estimada.
Cómo calcula España las muertes atribuibles al calor
El sistema español MoMo, gestionado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, vigila diariamente las defunciones por todas las causas. Su materia prima procede del INE para las series históricas y de más de 4.330 registros civiles informatizados, que abarcan algo más del 95% de la población, para la información reciente. A esos datos se suman las temperaturas máximas y mínimas de Aemet.
El mecanismo matemático es un modelo aditivo generalizado basado en una regresión de Poisson. Dicho en castellano de calle: busca la relación entre temperatura y mortalidad sin fingir que esa relación es una línea recta perfecta. Ajusta la tendencia, la estacionalidad anual, el tamaño de la población, la provincia y distintos grupos de edad. También excluye anomalías que podrían deformar el cálculo.
El modelo considera la sobrecarga térmica acumulada: cuántos grados supera la temperatura máxima el umbral de mortalidad de cada territorio y durante cuánto tiempo. Las mínimas también pesan. Una noche que no refresca impide que el cuerpo se recupere; el dormitorio conserva el calor como una olla cerrada y la tensión fisiológica se prolonga hasta el día siguiente.
Los umbrales no son iguales en toda España. Una máxima determinada puede resultar excepcional y peligrosa en una zona atlántica, pero relativamente habitual en otra acostumbrada a veranos más duros. El Plan Nacional trabaja con zonas de meteosalud y temperaturas de impacto sanitario calculadas según la respuesta histórica de la mortalidad local, no con una frontera idéntica dibujada desde un despacho para todo el mapa.
MoMo ofrece además dos lecturas. El panel estimativo calcula el exceso de mortalidad y la parte atribuible a la temperatura; el índice Kairós anticipa el riesgo para el día en curso y los cinco posteriores. Kairós no cuenta fallecidos futuros, claro, sino la probabilidad de que la mortalidad asociada al calor aumente al menos un 10%.
Por qué el calor rara vez aparece como causa principal
El cuerpo humano necesita mantener su temperatura interna dentro de un margen pequeño. Para expulsar calor dilata los vasos sanguíneos y produce sudor. Eso obliga al corazón a trabajar más, reduce agua y sales minerales y altera el equilibrio circulatorio. Cuando el ambiente sigue ardiendo —especialmente si hay humedad y noches tórridas— ese sistema empieza a quedarse sin carretera.
El resultado no tiene por qué ser un golpe de calor clásico. Las temperaturas extremas agravan enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cerebrovasculares, pueden empeorar la diabetes, comprometer la función renal y afectar a personas con trastornos neurológicos o problemas de autonomía. La muerte llega con frecuencia a través de esa dolencia previa, que actúa como eslabón final y se queda con el nombre en el certificado.
Hay medicaciones que también reducen la capacidad de adaptación. Los diuréticos favorecen la pérdida de líquidos; algunos neurolépticos, tranquilizantes y fármacos anticolinérgicos pueden interferir en la sudoración, la percepción del riesgo o la regulación térmica. No convierten automáticamente a nadie en víctima, pero estrechan el margen de seguridad cuando el calor se instala durante varios días.
Por eso la expresión muerte por calor no describe siempre una causa única, sino una cadena causal. El termómetro actúa como un acelerador silencioso: no inventa la fragilidad del paciente, pero precipita un desenlace que quizá habría ocurrido semanas, meses o años después.
Las estimaciones no son una suma exacta de cadáveres
Una estimación epidemiológica no equivale a una autopsia colectiva. Tiene intervalos de confianza, supuestos matemáticos y posibles interferencias. Durante un periodo cálido pueden coincidir contaminación atmosférica, incendios, infecciones, cambios asistenciales o cualquier otro fenómeno capaz de alterar la mortalidad. El modelo intenta separar efectos, aunque ninguna ecuación convierte una realidad compleja en cristal transparente.
Tampoco debe confundirse el exceso de mortalidad por todas las causas con las muertes atribuibles al calor. El primero es la diferencia entre los fallecimientos observados y los esperados; el segundo es la porción que el modelo relaciona con la temperatura. Puede existir exceso de mortalidad sin que todo proceda del calor, del mismo modo que puede haber mortalidad atribuible a temperaturas elevadas sin que el total diario rebase claramente el intervalo esperado.
Los resultados pueden variar entre organismos porque cambian el periodo de referencia, la resolución territorial, los datos meteorológicos, los grupos de edad o la función estadística utilizada. Los estudios europeos de mortalidad térmica, por ejemplo, combinan registros de Eurostat con temperaturas regionales y presentan márgenes de incertidumbre. Comparar sus cifras con MoMo sin mirar la metodología sería como enfrentar dos termómetros, uno al sol y otro a la sombra, y declarar que uno miente.
La cifra estimada tampoco afirma que todas esas personas habrían vivido indefinidamente sin calor. Señala que el episodio adelantó o desencadenó muertes respecto al comportamiento esperado. A escala de salud pública, ese adelanto importa: detrás de cada número hay años o meses de vida perdidos, ingresos hospitalarios, deterioro funcional y presión sobre unos servicios sanitarios que también trabajan bajo temperaturas extremas.
La edad, la noche y la vivienda cambian el riesgo
El balance español de 2025 muestra una concentración extraordinaria en las edades avanzadas. Cerca del 84% de las muertes atribuibles se produjo entre mayores de 75 años; dentro del total de 3.832, unas 2.505 correspondieron a personas de 85 años o más. Agosto reunió el 57% de la mortalidad estimada durante aquella campaña.
No se trata solo de edad biológica. Influyen la soledad, la dependencia, el tipo de vivienda, el aislamiento térmico, la posibilidad de ventilar o refrigerar las habitaciones y la necesidad de trabajar al aire libre. Dos personas bajo la misma temperatura oficial pueden vivir exposiciones radicalmente distintas: una duerme con climatización; la otra pasa la noche en un último piso donde las paredes devuelven el calor acumulado durante el día.
También cuentan el embarazo, la primera infancia, las enfermedades crónicas, el consumo de determinados medicamentos y la falta de autonomía para hidratarse o modificar rutinas. La vulnerabilidad, en suma, no cabe entera en un mapa meteorológico. El calor es físico; sus consecuencias, profundamente sociales.
España estimó 27.564 muertes atribuibles a temperaturas elevadas entre 2015 y 2025. El peor año de ese periodo fue 2022, con 4.789, seguido por 2025, con 3.832. Sanidad calcula que, una vez superado el umbral de riesgo local, cada grado adicional eleva la mortalidad entre un 9,1% y un 10,7%.
El dato más pequeño no siempre es el más verdadero
Las muertes directas por golpe de calor son reales y deben contabilizarse con precisión. Pero utilizarlas como medida completa del impacto sería parecido a contar únicamente los edificios derrumbados tras un terremoto e ignorar todos los que quedaron inhabitables. La parte visible existe; el daño no termina ahí.
La estimación estadística tampoco es una verdad grabada en mármol. Es una aproximación científica, revisable y acompañada de incertidumbre. Su ventaja es otra: permite observar una mortalidad dispersa entre miles de certificados donde el calor actuó sin dejar firma, como un invitado que rompe la casa y se marcha antes de que llegue la policía.
Con el verano de 2026 todavía en marcha, los datos disponibles de cinco países europeos apuntaban a casi 10.000 muertes adicionales vinculadas al calor. El recuento definitivo llegará más tarde, cuando los registros se consoliden y los modelos separen la señal del ruido. El patrón, sin embargo, lleva años repitiéndose: las cifras directas muestran la punta; la mortalidad atribuible intenta medir el iceberg.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









