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¿Cómo murió Maradona? Un cardiólogo cuestiona las pericias del juicio

Ricardo Iglesias sostiene que Maradona sufrió un evento cardíaco súbito y cuestiona las pericias que describen una agonía prolongada antes de morir.

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el corazon lastra de Maradona

Resumen

  • Iglesias sostiene que Maradona sufrió un evento cardíaco súbito
  • El cardiólogo afirma que no había una patología activa detectable
  • Su versión choca con la tesis de una agonía prolongada y previsible

Diego Armando Maradona habría sufrido un evento cardíaco agudo y repentino, sin una enfermedad del corazón claramente detectable que permitiera anticipar su muerte. Esa es la tesis que el cardiólogo Ricardo Iglesias defendió ante el tribunal que juzga a siete profesionales sanitarios por el fallecimiento del exfutbolista argentino. Su declaración introduce una grieta importante en uno de los asuntos centrales del proceso: si Maradona atravesó durante horas un deterioro que sus cuidadores debieron advertir o si, por el contrario, murió de forma súbita e imprevisible.

Iglesias fue tajante al sostener que, en 2020, Maradona no presentaba una patología cardíaca activa y que sus estudios recientes mostraban una función cardíaca normal. Habló de una posible arritmia ventricular como explicación del episodio fatal, aunque reconoció algo esencial: no existe certeza sobre qué desencadenó exactamente aquel evento. Su interpretación contradice las conclusiones de otros especialistas que han descrito una miocardiopatía dilatada, un corazón aumentado de tamaño y signos compatibles con una agonía prolongada.

Un corazón «normal» y una muerte que nadie habría visto venir

La declaración de Iglesias llegó durante la audiencia número 43 del nuevo juicio por la muerte de Maradona. El especialista, que había participado como perito de parte en la junta médica creada en 2021, sostuvo que el antiguo número 10 de Argentina había pasado por dos ecocardiogramas durante su último año de vida, había soportado tres intervenciones quirúrgicas y había sido examinado por numerosos médicos poco antes de morir sin que se detectase una enfermedad cardíaca activa.

Según su exposición, hasta 17 médicos atendieron o evaluaron a Maradona en las semanas anteriores a su fallecimiento sin identificar un cuadro cardíaco que hiciera pensar en un desenlace inminente. Para Iglesias, ese historial resulta difícil de conciliar con la idea de que padecía una insuficiencia cardíaca grave, evidente y progresiva que debería haber provocado una intervención urgente.

El cardiólogo no negó todos los antecedentes. Maradona había sido diagnosticado alrededor del año 2000 de una miocardiopatía dilatada vinculada al consumo de sustancias. Iglesias sostiene, sin embargo, que aquella alteración podía haber remitido después de abandonar ese consumo y que los estudios posteriores mostraban una recuperación funcional del corazón. Otros peritos del proceso mantienen una lectura distinta y consideran que aquel antecedente seguía siendo clínicamente relevante.

Ahí está uno de los grandes choques científicos del juicio. No es una diferencia menor de vocabulario médico: de cómo se interprete el corazón de Maradona antes del 25 de noviembre de 2020 depende, en parte, la valoración sobre si quienes le atendían tenían motivos suficientes para sospechar que estaba en peligro.

La arritmia aparece como posible explicación

Iglesias situó el fallecimiento dentro de los llamados episodios cardíacos súbitos. La hipótesis que planteó con mayor claridad fue una arritmia ventricular, una alteración eléctrica capaz de impedir que el corazón bombee sangre de manera efectiva y provocar un colapso en cuestión de minutos.

No presentó esa arritmia como un hecho probado. Lo dejó claro al admitir que la causa concreta del evento no pudo establecerse con certeza. También mencionó otras posibilidades relacionadas con alteraciones hepáticas o renales. Su tesis médica es más sencilla, aunque precisamente por eso tiene consecuencias judiciales importantes: el episodio habría ocurrido bruscamente y sin indicadores previos suficientemente específicos como para predecirlo.

Esta interpretación se aleja de la reconstrucción realizada por la mayoría de la junta médica de 2021. Aquel informe consideró deficiente la atención domiciliaria y sostuvo que Maradona había mostrado señales que debieron despertar alarma. Iglesias participó en aquella junta, pero firmó en disidencia con sus conclusiones.

Los síntomas de los últimos días vuelven al centro del juicio

Hay, sin embargo, un incómodo puñado de datos previos. En los días anteriores a su muerte se registraron episodios de hinchazón, taquicardia, fatiga, ronquidos e hipertensión. Otros médicos que han comparecido en el proceso consideran que algunos de esos signos podían ser compatibles con una insuficiencia cardíaca.

Iglesias les dio un peso mucho menor. Durante su declaración sostuvo que no constituían elementos capaces de identificar a Maradona como un paciente con alto riesgo cardíaco. Bajo las preguntas de la acusación, sí admitió que se habían producido episodios relacionados con hipertensión y que ese cuadro podía justificar determinadas medidas médicas, entre ellas restricciones de sal y mayor movilidad.

La discusión, así, se vuelve bastante más terrenal de lo que parece cuando entran en escena palabras como cardiomiopatía, edema o arritmia. El tribunal debe determinar si aquellos síntomas formaban piezas dispersas de un cuadro que solo resulta visible con el desenlace conocido o si eran señales suficientemente claras para que un equipo sanitario actuara de otra manera.

La versión que habla de una agonía de hasta 12 horas

La tesis defendida por Iglesias colisiona especialmente con otro elemento de la causa: la posibilidad de que Maradona hubiese atravesado una agonía prolongada antes de morir.

La junta médica oficial sostuvo que el exfutbolista comenzó a morir varias horas antes del momento en que fue encontrado sin vida y consideró que existían indicios compatibles con un deterioro progresivo. Parte de los especialistas han relacionado los hallazgos de la autopsia con un edema pulmonar y una insuficiencia cardíaca. Según esa interpretación, una vigilancia adecuada podría haber permitido detectar la emergencia y trasladarlo a un centro hospitalario.

Iglesias rechaza esa lectura. Para él, los hallazgos posteriores a la muerte no permiten reconstruir con semejante seguridad una enfermedad cardíaca activa previa ni afirmar que existió un proceso agónico de tantas horas. El médico forense José Antonio Maya, que declaró en la misma jornada como perito de parte de Leopoldo Luque, sostuvo una posición muy próxima: describió el fallecimiento como natural, súbito y cardíaco y negó que hubiera elementos suficientes para anticiparlo.

No significa que el tribunal haya establecido ahora una nueva causa de muerte. Son testimonios periciales dentro de un juicio, presentados además por especialistas vinculados a las defensas. El valor definitivo de esas conclusiones tendrá que confrontarse con el resto de las pruebas y con los informes médicos que sostienen justamente lo contrario.

El proceso arrastra otra controversia sobre las historias clínicas

El debate médico llega en un momento especialmente delicado. En agosto salió a la luz que parte de la documentación examinada durante la elaboración de las pericias correspondía en realidad al padre de Maradona, también llamado Diego, y no al futbolista.

El hallazgo obligó a revisar documentación y llevó al tribunal a requerir nuevos datos médicos. Los jueces rechazaron, no obstante, una petición de nulidad y decidieron que el juicio continuase mientras se determinaba hasta qué punto aquel error podía haber influido en las conclusiones originales. Especialistas convocados nuevamente sostuvieron que, incluso excluyendo los documentos controvertidos, mantenían sus diagnósticos sobre el estado de salud del exjugador.

El episodio explica por qué cada palabra pronunciada ahora por los peritos adquiere un peso particular. La medicina forense ya era el corazón del proceso; tras la confusión documental, está siendo examinada con lupa.

Siete profesionales siguen acusados por la muerte de Maradona

El actual juicio comenzó el 14 de abril de 2026, después de que el procedimiento anterior quedara anulado. Ante el Tribunal Oral en lo Criminal número 7 de San Isidro están siendo juzgados siete profesionales de la salud por homicidio simple con dolo eventual.

Entre los acusados figuran el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, la coordinadora de cuidados domiciliarios Nancy Forlini, el médico Pedro Di Spagna y los responsables de enfermería Ricardo Almirón y Mariano Perroni. La enfermera Gisella Madrid optó por un juicio por jurado separado.

Maradona había sido operado semanas antes de su muerte de un hematoma subdural y después continuó su recuperación en una vivienda de Tigre, en la provincia de Buenos Aires. Falleció allí el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años. Precisamente las condiciones de aquella hospitalización domiciliaria, el seguimiento que recibió y la reacción ante su deterioro constituyen la columna vertebral de la acusación.

No se juzga, por tanto, únicamente qué órgano falló en sus últimos minutos. El asunto decisivo es otro: si la muerte podía razonablemente haberse previsto y evitado y, en ese caso, qué responsabilidad correspondía a cada uno de los profesionales encargados de atenderle.

Dos reconstrucciones para las últimas horas de Maradona

Seis años después de aquella mañana de noviembre, el proceso sigue enfrentando dos reconstrucciones médicas difícilmente compatibles. Una dibuja a un paciente que venía deteriorándose, con señales que exigían vigilancia y hospitalización. La otra describe a un hombre con antecedentes complejos, sí, pero sin una cardiopatía activa detectable y víctima finalmente de un episodio súbito que podía ocurrir sin aviso suficiente.

La intervención de Ricardo Iglesias no resuelve esa disputa. La hace más visible. Su afirmación de que el corazón de Maradona funcionaba con normalidad antes de la muerte golpea uno de los pilares médicos de la acusación, pero deberá convivir con los síntomas registrados, los hallazgos de la autopsia, los dictámenes anteriores y el resto de testimonios.

El tribunal tendrá que separar retrospectiva y previsibilidad, dos cosas que desde lejos parecen idénticas y no lo son. Saber cómo terminó la historia no demuestra por sí solo que el final pudiera verse venir. Pero tampoco convierte automáticamente en irrelevantes las señales que aparecieron antes. En esa estrecha franja, médica y judicial, continúa jugándose el caso Maradona.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.