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Qusra: ¿qué ocurre con las familias palestinas cercadas por colonos?

Familias palestinas siguen cercadas en Qusra mientras el Ejército israelí intenta desalojar a los colonos y crece la tensión en Cisjordania.

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Varias familias palestinas permanecen acosadas y con sus movimientos restringidos en viviendas situadas a las afueras de Qusra, al sur de Nablus, después de que un grupo de colonos israelíes instalara desde el domingo un puesto improvisado junto a sus casas, bloqueara accesos y, según los residentes, interrumpiera el suministro de agua y electricidad. El Ejército israelí intentó desalojar el asentamiento el miércoles, llegó a enfrentarse con los colonos y retiró parte de la instalación, pero la operación no logró despejar completamente la zona.

Hay una discrepancia sobre el número exacto de familias afectadas. Algunas informaciones documentan dos familias sometidas directamente al cerco, mientras otras hablan de tres viviendas o tres familias. No cambia lo esencial: los residentes llevan varios días denunciando que no pueden entrar y salir con normalidad, que personas ajenas permanecen a pocos metros de sus casas y que el episodio ha pasado de una disputa local por el terreno a un problema que ha obligado a intervenir a la cúpula militar israelí.

Un cerco iniciado junto a las casas de Qusra

El episodio comenzó el domingo en la zona de Ras al Ain, en las afueras de Qusra, una localidad palestina próxima a Nablus, en la Cisjordania ocupada. Los colonos levantaron una estructura y una tienda junto a las propiedades palestinas y bloquearon accesos. Los testimonios recogidos sobre el terreno describen lanzamiento de piedras, insultos durante la noche y obstáculos colocados en el camino hacia las viviendas.

Una de las familias llevaba meses denunciando intentos de penetrar en su propiedad y sus miembros se turnaban para permanecer en ella y evitar que quedara vacía. Ahí aparece uno de los elementos que convierte el caso en algo bastante más serio que una pelea entre vecinos: abandonar temporalmente una vivienda en una zona sometida a una pugna territorial puede acabar teniendo consecuencias duraderas.

Los afectados aseguran precisamente que continúan dentro porque temen que, una vez fuera, los colonos ocupen las casas. Ese miedo no nace de la nada. En otras localidades palestinas de los alrededores se han registrado casos en los que familias sometidas durante meses a presión terminaron marchándose y sus terrenos o propiedades fueron posteriormente ocupados.

Una niña enferma y una ambulancia que no podía llegar

El episodio más delicado se produjo cuando la hija de dos años de Youssef Hassan enfermó con fiebre alta y vómitos. La familia denunció que los colonos impidieron inicialmente el acceso de una ambulancia. La madre y las dos niñas lograron finalmente salir el martes, mientras otros familiares continuaban dentro de las viviendas.

Los residentes también comunicaron que empezaban a escasear los alimentos y el agua. Un pequeño sistema de energía solar permitió mantener algunos dispositivos cargados después de los problemas con el suministro eléctrico. Una casa convertida, de pronto, en una especie de isla.

El bloqueo de una ambulancia —más allá de quién reclame qué parcela, qué colina o qué derecho histórico— introduce una frontera bastante menos discutible: el acceso de civiles a la asistencia médica. El episodio contribuyó a que Qusra dejara de ser otro conflicto local perdido en el mapa extraordinariamente fragmentado de Cisjordania y adquiriera repercusión internacional.

Los vídeos que complican la posición del Ejército israelí

Parte de la controversia procede de imágenes difundidas desde la zona en las que aparecen soldados israelíes junto a colonos. Residentes palestinos han acusado a algunos militares de confraternizar e incluso rezar con ellos mientras continuaba el bloqueo.

El Ejército israelí no ha asumido esa conducta como propia. Al contrario, aseguró que cualquier militar que hubiese participado en comportamientos incompatibles con sus obligaciones podría enfrentarse a medidas disciplinarias.

La secuencia resulta incómoda para las autoridades israelíes. Una orden había declarado el lugar zona militar cerrada, precisamente para impedir la presencia de personas no residentes, pero durante horas los colonos siguieron allí. El Ejército calificó el nuevo puesto instalado junto a las viviendas de ilegal e inaceptable y reconoció que estaba alterando gravemente la vida de los palestinos de la zona.

El Ejército intenta desalojar a los colonos y acaba enfrentándose a ellos

La situación dio un giro el miércoles. Fuerzas israelíes entraron en la zona para retirar el campamento improvisado y se encontraron con la resistencia de decenas de colonos. Durante los enfrentamientos los militares utilizaron gas lacrimógeno.

Los soldados consiguieron retirar parte de la instalación, incluida la cubierta de una tienda, pero abandonaron posteriormente el lugar sin completar el desalojo. Después, según testigos palestinos, algunos colonos intentaron forzar la puerta de una de las viviendas.

El general Avi Bluth, comandante israelí responsable de Cisjordania, acudió personalmente a Qusra y habló con los residentes. El Ejército aseguró que se comprometió a poner fin al cerco. La intervención, sin embargo, dejó una imagen extraña incluso para los estándares de una región acostumbrada a situaciones jurídicas y militares enrevesadas: el propio Ejército israelí intentando desalojar a ciudadanos israelíes de un puesto que consideraba ilegal y sin conseguir completar inmediatamente la operación.

El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, celebró posteriormente una evaluación con mandos superiores y ordenó movilizar un batallón adicional de infantería para reforzar las fuerzas desplegadas en Cisjordania. El Ejército también informó de que trabajaba con la Policía para identificar a los responsables de los disturbios.

De problema local a asunto diplomático

El caso adquirió otra dimensión con la reacción de Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel y una figura tradicionalmente cercana al movimiento de asentamientos israelí. Huckabee llegó a utilizar la expresión “terroristas israelíes” para referirse a quienes protagonizaron el cerco de las viviendas.

Que una censura tan dura proceda precisamente de Huckabee da una medida de hasta qué punto el episodio ha generado incomodidad política y diplomática, no únicamente entre palestinos o entre organizaciones críticas con los asentamientos.

La reacción tampoco surge en el vacío. Qusra ya había sufrido episodios graves durante las últimas semanas. A finales de julio, una mezquita de la localidad quedó dañada por un incendio atribuido por residentes palestinos a colonos israelíes y aparecieron pintadas de venganza. Otro templo de la zona sufrió un ataque durante aquella misma oleada de violencia.

Por qué Qusra se ha convertido en un punto especialmente sensible

Qusra está situada en Área B de Cisjordania, donde la Autoridad Palestina ejerce competencias civiles dentro del complejo reparto establecido por los Acuerdos de Oslo, mientras Israel conserva amplias competencias en materia de seguridad.

La expansión de puestos de colonos hacia zonas palestinas de este tipo provoca especial preocupación porque el fenómeno ya no queda limitado a los espacios rurales más aislados del Área C. La frontera sobre el terreno es mucho menos limpia que la de los mapas administrativos; caminos, campos, viviendas y puestos avanzados terminan rozándose hasta que unos metros de tierra adquieren una dimensión política enorme.

Cisjordania alberga aproximadamente tres millones de palestinos y alrededor de medio millón de colonos israelíes, sin contar Jerusalén Este. A los asentamientos formalmente reconocidos por Israel se suman centenares de puestos más pequeños levantados a lo largo del territorio.

Los asentamientos israelíes en los territorios ocupados son considerados contrarios al derecho internacional por Naciones Unidas y por la posición jurídica internacional mayoritaria. Israel mantiene una interpretación distinta y cuestiona algunas de esas conclusiones.

La diferencia entre un asentamiento autorizado por las autoridades israelíes y un outpost o puesto levantado sin autorización puede tener relevancia dentro del ordenamiento israelí, pero no modifica la posición internacional sobre la ocupación. Dicho de forma menos burocrática: un puesto puede ser ilegal incluso según Israel y encontrarse, además, dentro de un territorio cuya colonización es rechazada internacionalmente.

La violencia de los colonos alcanza niveles extraordinarios en 2026

El episodio de Qusra llega en un momento especialmente tenso. Naciones Unidas ha advertido de que Cisjordania se encuentra en un “punto de ruptura” y ha registrado durante 2026 más de 1.400 incidentes protagonizados por colonos, con centenares de comunidades palestinas afectadas.

Miles de palestinos han resultado desplazados durante el año por una combinación de violencia de colonos, demoliciones y desalojos, y una parte muy elevada de ellos son menores. También se han registrado decenas de palestinos muertos en Cisjordania a manos de fuerzas israelíes o colonos, así como víctimas israelíes.

Organizaciones israelíes de derechos humanos han empleado expresiones todavía más severas para describir el proceso de desplazamiento de determinadas comunidades palestinas. Sostienen que los cercos a viviendas, los ataques contra rebaños, la destrucción de cultivos y la presión continuada pueden terminar obligando a los propietarios a abandonar determinadas áreas rurales.

El Gobierno y las Fuerzas Armadas israelíes diferencian, por su parte, entre la población general de los asentamientos y los grupos que protagonizan acciones violentas o levantan puestos sin autorización. En Qusra, la condena militar ha sido especialmente explícita. El Ejército considera ilegal el puesto construido frente a las casas y ha prometido actuar tanto contra los responsables de los disturbios como contra los soldados que pudieran haber colaborado con ellos.

No todos los colonos forman parte de grupos violentos. Es una precisión elemental, pero necesaria en un conflicto donde las etiquetas colectivas se convierten con demasiada facilidad en gasolina. El problema que plantea Qusra es más concreto: qué sucede cuando grupos capaces de ocupar terrenos o bloquear viviendas desafían incluso las órdenes de las propias fuerzas israelíes.

Qusra, una casa convertida en frontera

La situación deja una paradoja inquietante. El Ejército israelí ha declarado ilegal el puesto, ha enviado tropas, ha retirado parcialmente la instalación y ha reforzado sus fuerzas; sin embargo, residentes palestinos continuaban denunciando la presencia de colonos ante sus viviendas y restricciones a su libertad de movimiento.

En Qusra, la enorme disputa territorial de Cisjordania ha quedado reducida a una escena doméstica: una puerta que no se puede cruzar, un camino bloqueado con piedras, depósitos de agua que se vacían, una niña con fiebre esperando una ambulancia. Alrededor, soldados, colonos, cámaras y una legislación territorial tan estratificada que casi necesita un mapa para cada colina.

Debajo de todo ese laberinto queda algo bastante sencillo. Dos o tres familias, según las informaciones disponibles, intentan seguir viviendo en sus casas. El Ejército israelí considera ilegal el puesto instalado frente a ellas. Y, varios días después del comienzo del episodio, devolver aquel pequeño rincón de Qusra a algo parecido a la normalidad seguía siendo mucho más difícil de lo que parece sobre el papel.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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