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¿Por qué las carreras de Ciencias y Salud exigen casi un 14 en la PAU?

Las notas de corte rozan el 14 en Ciencias y Salud por alta demanda, pocas plazas y una competencia dura donde cada décima cambia el destino.

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estudiante del PAU estresada

Las carreras de Ciencias y Salud rozan el 14 en la PAU porque reúnen una combinación explosiva: muchísimos aspirantes, pocas plazas públicas y buenas expectativas laborales. No es que las universidades decidan exigir una calificación casi perfecta ni que Medicina, Matemáticas o Biomedicina tengan una barrera académica escrita en piedra. La nota sube sola cuando miles de estudiantes compiten por unos centenares de asientos.

Conviene aclararlo desde el principio: la nota de corte no es una exigencia previa, sino la calificación del último alumno que consiguió entrar. Si un grado ofrece 100 plazas, la persona número 100 marca el corte. La universidad no coloca un 13,5 en la puerta como quien fija el precio de un menú; ordena las solicitudes y deja que la competencia haga el trabajo. Un mecanismo limpio sobre el papel, bastante despiadado cuando una milésima separa una vocación de una lista de espera.

Los resultados de la PAU de junio de 2026 ya se han publicado en buena parte de España, pero las notas de corte definitivas del curso 2026-2027 irán apareciendo con las primeras adjudicaciones de plazas, generalmente entre finales de junio y julio. Por eso, las cifras que manejan estudiantes y familias como referencia proceden todavía del proceso anterior. Sirven para orientarse, no para redactar una sentencia.

El 14 no es un requisito, sino el efecto de la competencia

La nota de corte suele interpretarse como una medida de la dificultad de la carrera. No lo es. Un grado puede tener contenidos muy exigentes y, sin embargo, registrar un corte modesto porque dispone de suficientes plazas o recibe menos solicitudes. También puede suceder lo contrario: una titulación pequeña, novedosa y atractiva dispara su acceso aunque su primer curso no sea más duro que el de otras opciones.

El ejemplo más claro es el doble grado en Matemáticas y Física de la Universidad Complutense de Madrid. Su referencia reciente alcanza el 13,690 sobre 14, la puntuación más elevada del sistema público español, impulsada en buena medida por una oferta de apenas unas 25 plazas. No estamos ante una facultad examinando la pureza matemática del alma humana. Simple aritmética: muchos candidatos excelentes entrando por una puerta estrechísima.

En las Ciencias de la Salud ocurre algo parecido, aunque a mayor escala. Medicina conserva un enorme prestigio social, ofrece una trayectoria profesional reconocible y mantiene una inserción laboral extraordinaria. Enfermería, Fisioterapia, Odontología, Farmacia, Biomedicina o Neurociencia se benefician también del envejecimiento de la población, del desarrollo de nuevas terapias y de una sensibilidad sanitaria que creció después de la pandemia.

A esa atracción vocacional se añade una idea bastante terrenal: encontrar trabajo. Los últimos datos de inserción sitúan Medicina entre los estudios con mejores resultados laborales, con una afiliación muy elevada y una correspondencia casi total entre el empleo desempeñado y la formación recibida. Las ingenierías, las matemáticas y los perfiles relacionados con datos, inteligencia artificial o biotecnología proyectan una seguridad semejante. El mercado manda; incluso cuando finge que solo susurra.

Cómo se construye una nota sobre 14

La calificación de acceso a la universidad llega primero hasta los 10 puntos. El expediente de Bachillerato aporta el 60% y la fase obligatoria de la PAU representa el 40% restante. Para superar el acceso, la combinación debe alcanzar al menos un 5, siempre que se cumplan las condiciones mínimas fijadas para la prueba.

La fórmula básica queda así: un estudiante con un 9,5 de media en Bachillerato y un 9 en la fase obligatoria obtiene una nota de acceso de 9,3. Esa puntuación permite solicitar plaza, pero probablemente no bastará para los grados más disputados.

El salto hasta el 14 llega con las materias que las universidades consideran vinculadas a cada titulación. Las calificaciones más favorables se multiplican por un coeficiente que suele ser de 0,1 o 0,2. Dos dieces en asignaturas que ponderan 0,2 pueden sumar cuatro puntos completos.

Para Medicina suelen resultar decisivas Biología y Química. En ingenierías pesan materias como Matemáticas II, Física o Dibujo Técnico, según el grado y la universidad. Las tablas de ponderación no son idénticas en toda España, de modo que una misma nota puede valer de forma distinta dependiendo del campus solicitado.

Un aspirante con un 9,3 de acceso, un 10 en Biología y otro 10 en Química alcanzaría un 13,3 de admisión. Otro estudiante con un expediente brillante, pero con un tropiezo de apenas medio punto en esas dos materias, perdería dos décimas finales. En una titulación saturada, esa diferencia puede suponer decenas o incluso centenares de puestos.

De ahí la sensación de que se exige la perfección. En realidad, el sistema premia una acumulación casi sin fisuras: expediente alto durante dos cursos, buen rendimiento en la fase obligatoria y resultados sobresalientes en las asignaturas que más ponderan. No basta con aprobar bien. Hay que bordarlo varias veces seguidas.

Las carreras donde cada décima pesa más

El doble grado de Matemáticas y Física encabeza la clasificación, pero no está solo. Ingeniería en Tecnologías Industriales ha rondado el 13,525 en la Universidad Politécnica de Madrid, mientras que algunos recorridos de Ingeniería Aeroespacial han superado el 13,4. La expansión de la inteligencia artificial, la analítica de datos y las empresas tecnológicas ha convertido determinados perfiles científicos en piezas especialmente codiciadas.

En Salud, Medicina alcanzó una referencia de 13,335 en la Universidad de Sevilla. El doble grado en Biotecnología y Farmacia de la Universidad de Salamanca llegó al 13,326, condicionado por una oferta mínima, de alrededor de diez plazas. El doble grado en Fisioterapia y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de Sevilla se situó en 13,291, y Odontología superó allí el 13,2.

Biomedicina, Ingeniería Biomédica y Neurociencia se han incorporado también a esa zona de presión. Son titulaciones asociadas a la investigación de enfermedades, el diseño de dispositivos médicos, la genética, los tratamientos personalizados o el estudio del cerebro. Su propio nombre proyecta futuro. A veces, incluso antes de que el mercado laboral haya definido con claridad cuántos puestos específicos puede ofrecer.

Los dobles grados y el espejismo de la excelencia absoluta

Las notas más llamativas suelen corresponder a dobles grados o programas pequeños. La razón no siempre es una demanda gigantesca en términos absolutos, sino una oferta diminuta. Cien solicitudes excelentes para diez plazas pueden elevar más el corte que miles de peticiones repartidas entre varios campus.

Tampoco todas las carreras científicas o sanitarias exigen puntuaciones cercanas al 14. Enfermería presenta diferencias importantes entre universidades; Fisioterapia, Farmacia, Biología o Química pueden encontrarse con cortes mucho más accesibles dependiendo de la ciudad. Incluso Medicina baja del 13 en determinados campus y adjudicaciones posteriores.

La primera lista tampoco cuenta toda la historia. Cuando algunos admitidos renuncian porque prefieren otra universidad, las listas de espera avanzan y el corte desciende. La fotografía de julio puede no coincidir con la de septiembre. Por eso resulta poco sensato convertir la primera cifra publicada en una frontera eterna, aunque durante unas semanas lo parezca.

Una década de notas cada vez más elevadas

La nota media de admisión en la universidad pública española ha pasado aproximadamente del 8,67 al 10,14 sobre 14 entre 2016 y 2025. También ha crecido el grupo que accede con puntuaciones de entre 12 y 14: representaba alrededor del 8% de los nuevos universitarios hace una década y ronda ya el 21%.

En Medicina, la concentración es extrema: cerca del 95% de quienes ingresan se mueve en esa franja superior. Matemáticas y Veterinaria presentan igualmente porcentajes muy elevados. El sobresaliente, antaño una rareza que se enseñaba a los abuelos junto al boletín, se ha convertido en moneda habitual dentro de los grados más disputados.

Hay varias explicaciones. Los estudiantes conocen mejor las ponderaciones, preparan exámenes anteriores y diseñan su Bachillerato pensando desde el primer día en la nota final. Las academias han profesionalizado esa carrera. Las familias también disponen de más información sobre empleabilidad, salarios y opciones universitarias.

Al mismo tiempo, aumentaron los expedientes sobresalientes en Bachillerato. En 2015, aproximadamente un 13,3% de quienes acudían a la convocatoria ordinaria llegaba con una media de entre 9 y 10; en 2024, el porcentaje superaba el 20%. La tendencia ha empezado a moderarse tras los años de mayor flexibilidad durante la pandemia, pero el listón no ha regresado a su antigua altura.

Esto genera una paradoja incómoda: cuanto mejores son las calificaciones generales, menos distingue cada sobresaliente. Los aspirantes deben acercarse todavía más al máximo para conservar una ventaja. Una inflación sin billetes ni bancos centrales, aunque también encarece la vida.

El embudo de las plazas públicas

Aumentar la oferta parece la solución evidente, pero no siempre basta con añadir pupitres. Medicina necesita hospitales universitarios, profesores clínicos, laboratorios, prácticas y capacidad docente real. Formar más alumnos sin esos recursos convertiría una respuesta política vistosa en un problema académico bastante menos fotogénico.

También existe el cuello de botella posterior de la formación sanitaria especializada. Graduar más médicos no garantiza por sí solo que se cubran las especialidades o los territorios con déficit. España puede necesitar profesionales en medicina familiar, geriatría, psiquiatría o anestesiología y, al mismo tiempo, mantener un acceso universitario feroz. La contradicción es solo aparente: una cosa es formar médicos y otra distribuir plazas, especialidades e incentivos donde hacen falta.

En otras titulaciones, la creación de grupos adicionales resulta más sencilla, aunque requiere financiación estable. La universidad pública ha perdido peso relativo frente al crecimiento de centros privados que abren programas precisamente allí donde la demanda es más intensa. En estos centros no suele operar la misma nota de corte; existen procesos propios de admisión y, sobre todo, un precio mucho más elevado.

Ahí aparece la grieta social. Dos alumnos con la misma vocación pueden tomar caminos distintos porque uno puede asumir una matrícula privada y el otro depende de una plaza pública. El mérito sigue presente, claro, pero comparte habitación con la renta familiar. Y no siempre duerme en la cama grande.

Cuando una milésima decide demasiado

Las notas cercanas al 14 reflejan talento, disciplina y una preparación extraordinaria, pero también revelan un sistema con oferta insuficiente en determinados grados y una competencia concentrada en unas pocas profesiones percibidas como seguras. No indican que el resto de carreras valga menos ni que quien obtiene un 12,8 carezca de capacidad para ser un gran médico, científico o ingeniero.

La PAU necesita ordenar solicitudes y cualquier método dejará a alguien a un lado. El problema surge cuando diferencias microscópicas adquieren una importancia desproporcionada y convierten todo Bachillerato en una larga cuenta atrás. La nota acaba midiendo conocimientos, constancia, estrategia, entorno educativo y resistencia a la presión, todo mezclado en tres decimales.

Ciencias y Salud rozan el 14 porque las plazas más deseadas no crecen al ritmo de la demanda. Esa es la respuesta, desnuda de mitología. El alumnado no se ha vuelto repentinamente incapaz ni las facultades han levantado un muro caprichoso: el embudo se ha estrechado mientras más jóvenes llegan a él con expedientes excelentes. Y cuando todos corren rápido, ganar ya no consiste en destacar. Consiste, casi, en no tropezar jamás.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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