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El edificio chino de 10 plantas que se montó en 28 horas

Módulos fabricados con antelación y grúas coordinadas explican un récord que tiene más matices de los que muestra el vídeo.

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China levanta 10 plantas en 28 horas

El edificio de diez plantas asociado a Broad Group se montó en Changsha, China, en 28 horas y 45 minutos, según la compañía. La cifra describe el ensamblaje visible en el solar: no incluye todo el tiempo necesario para diseñar la estructura, fabricar sus módulos, preparar el terreno y organizar el transporte. El truco no es construir desde cero a una velocidad imposible, sino trasladar buena parte del trabajo desde la obra a una fábrica.

En el vídeo, varias grúas colocan grandes piezas prefabricadas unas sobre otras mientras los equipos fijan las uniones y conectan las instalaciones. Es una escena que recuerda al montaje de un mecanismo a escala urbana, pero detrás hay semanas de producción y una logística precisa. La obra se convierte en un punto de ensamblaje: el edificio llega avanzado y el reloj corre sobre todo durante su montaje final.

Qué ocurrió en Changsha

La demostración se atribuye a Broad Group, una empresa china dedicada a sistemas de construcción modular que lleva desarrollando este enfoque desde 2009. El proyecto se difundió en 2021 y volvió a circular después en redes y medios, a menudo acompañado por vídeos acelerados. Esa repetición puede dar la impresión de que se trata de una construcción reciente, aunque la hazaña que se muestra corresponde a aquel año.

El bloque se describe como una torre de diez plantas formada por módulos tridimensionales de acero. Los materiales de referencia sitúan cada pieza en unos 12,19 metros de largo, 2,44 de ancho y 3 de alto, dimensiones próximas a las de un contenedor de transporte. La información sobre la configuración concreta habla de nueve módulos de ancho y diez de alto; la imagen muestra cómo se izan y encajan las unidades para formar las distintas plantas.

La compañía presentó el proyecto como una prueba de que los edificios modulares pueden alcanzar una escala considerable sin depender de una larga secuencia de trabajos realizados al aire libre. No era una caseta provisional ni una pequeña ampliación: diez plantas obligan a resolver cargas, estabilidad, instalaciones y conexiones verticales. El reto consiste tanto en coordinar las piezas como en apilarlas, porque cada nivel debe coincidir con el anterior y permitir que el conjunto trabaje como una estructura.

La fábrica hace el trabajo antes de que empiece el vídeo

En la construcción tradicional, muchas tareas se desarrollan directamente en el terreno: se levantan elementos, se tienden instalaciones y se rematan superficies a medida que avanza la obra. En el sistema modular, parte de ese trabajo se realiza antes en un entorno industrial. Los módulos pueden salir de fábrica con la estructura, los cerramientos y componentes de fontanería y electricidad ya incorporados, además de huecos y encuentros preparados para conectarse con otras unidades.

El cambio es importante porque una fábrica permite repetir operaciones en condiciones más estables que una obra expuesta a la lluvia, el viento o la falta de materiales. Los equipos trabajan con piezas y herramientas conocidas, y los controles pueden hacerse durante la fabricación. En este proyecto se difundió una estimación de alrededor de 15 días para producir los módulos; esa fase, sin embargo, queda fuera del tiempo de montaje que suele protagonizar el titular.

La preparación del terreno también sucede en paralelo. Mientras se fabrican y transportan las unidades, la obra debe contar con la base lista para recibirlas, con los puntos de apoyo y el replanteo coordinados. Así, cuando llega el primer camión, no se empieza a decidir dónde irá cada pieza: el plan ya está definido y las grúas pueden trabajar siguiendo una secuencia previamente organizada.

Este método cambia la naturaleza del trabajo, no lo elimina. En el solar hay que posicionar cada módulo, alinearlo, fijarlo, sellar los encuentros y conectar las redes. Los equipos de montaje y los operarios que rematan las instalaciones actúan en paralelo, con poco margen para improvisar. La rapidez depende de que todas las fases anteriores encajen: una demora en la entrega, una pieza defectuosa o una cimentación que no esté preparada puede alterar la coreografía completa.

Grúas, uniones y medidas que deben coincidir

Los relatos del montaje hablan de tres grúas y más de un centenar de trabajadores. La cifra ayuda a entender por qué el resultado no se debe a que una máquina levante pisos por sí sola: se trata de una operación simultánea, con personal que guía las cargas, asegura las uniones y prepara el siguiente movimiento. Cada módulo debe llegar en el momento adecuado para que las grúas no se queden esperando ni el solar se llene de piezas sin colocar.

Las unidades se conectan mediante uniones mecánicas y pernos de alta resistencia, según las descripciones difundidas del sistema. A diferencia de una estructura que requiere esperar al fraguado de ciertos elementos, este tipo de ensamblaje permite avanzar al fijar las piezas. Pero la ventaja solo funciona si los componentes se han fabricado con medidas compatibles y la estructura se ha diseñado para distribuir las cargas entre módulos.

En una construcción convencional, algunos ajustes pueden resolverse durante la obra. En un sistema industrializado, una desviación pequeña en una pieza repetida puede complicar el encaje de varias unidades o afectar a las juntas. La precisión no es un detalle estético: influye en la estabilidad, el aislamiento, la estanqueidad y el paso de instalaciones. Por eso, la fabricación previa exige controles que reduzcan errores antes de que las piezas salgan hacia el terreno.

El transporte añade otra condición. Los módulos son voluminosos y deben viajar en camiones por rutas que permitan su paso, con entregas coordinadas y espacio suficiente para la descarga. No basta con producirlos deprisa: hay que moverlos desde la fábrica sin dañar componentes ni interrumpir el montaje. La logística es menos visible que las grúas, pero forma parte central del récord.

El cronómetro mide una fase, no un edificio terminado

Las 28 horas y 45 minutos describen el tiempo atribuido al levantamiento y ensamblaje del bloque en el solar. No equivalen al plazo completo de una promoción inmobiliaria. Antes de ese momento han tenido que existir un proyecto, cálculos estructurales, fabricación, preparación de la parcela y transporte. Después todavía pueden quedar trabajos de sellado, conexión, acabado y comprobación de los sistemas del edificio.

La distinción importa porque un vídeo acelerado concentra la atención en la parte más espectacular: una pieza suspendida por una grúa encaja sobre otra y, en cuestión de segundos en pantalla, aparece una planta. Sin embargo, la velocidad visible es el resultado de trabajo previo. El montaje puede abreviarse porque muchas decisiones ya se han tomado y numerosos componentes se han producido bajo techo.

Cuando termina la colocación de los módulos, el edificio aún debe dejar de ser una estructura ensamblada para convertirse en un espacio utilizable. Hay que revisar las conexiones de agua y electricidad, completar remates, comprobar juntas y verificar que las instalaciones funcionan. También pueden ser necesarios ajustes en elementos como la carpintería o los cerramientos. El vídeo no suele mostrar con el mismo detalle esta fase, menos espectacular, pero decisiva para el uso diario.

Por eso, comparar sin matices el montaje modular con la construcción tradicional puede llevar a una conclusión engañosa. Ambos métodos requieren diseño y planificación, pero distribuyen de manera distinta el trabajo. En uno, una parte mayor se concentra en la obra; en el otro, se desplaza a la fábrica. El récord no demuestra que todo un edificio nazca en poco más de un día, sino que es posible comprimir de forma extraordinaria su ensamblaje final cuando el proceso se prepara para ello.

El acero B-Core y las afirmaciones sobre resistencia

Broad Group ha promocionado una solución estructural llamada B-Core, asociada a paneles de acero inoxidable con una configuración tipo sándwich y tubos capilares entre sus caras. La propuesta busca fabricar componentes ligeros y resistentes que puedan producirse con precisión y montarse con rapidez. El acero encaja en esa lógica industrial porque puede cortarse, ensamblarse y revisarse antes de llegar al solar.

La empresa ha afirmado que el edificio es diez veces más ligero y más fuerte que estructuras convencionales y lo ha presentado como resistente a terremotos y tifones. Son afirmaciones de la compañía sobre su sistema, no una garantía que pueda trasladarse automáticamente a cualquier edificio modular. El comportamiento real depende del diseño completo, las uniones, la ejecución y las condiciones del lugar, además de las verificaciones aplicables al proyecto concreto.

Que una estructura sea más ligera puede influir en las cargas que transmite y en su respuesta ante movimientos, pero no basta para determinar su seguridad. También importan la forma en que se conectan los módulos, la continuidad de la estructura y la protección de los materiales. No existe un material que, por sí solo, asegure el buen comportamiento de un edificio ante cualquier situación: lo determinante es el sistema completo.

La construcción modular tampoco es una invención exclusiva de una empresa o de China. La prefabricación lleva tiempo presente en distintos lugares y adopta formas variadas, desde paneles planos hasta unidades tridimensionales. Lo llamativo del caso de Broad es la combinación de una torre de diez plantas, módulos voluminosos y una demostración pública del montaje en un plazo excepcionalmente corto.

Rapidez y control, pero también nuevas exigencias

Trasladar trabajo a una fábrica puede reducir la exposición de ciertas tareas al clima y hacer más previsible la secuencia de producción. La repetición facilita controlar procesos y calcular materiales, y puede disminuir los recortes y residuos generados en obra. Además, acortar el tiempo de montaje en el solar puede reducir algunos costes asociados a mantener abierta una obra durante periodos prolongados.

Eso no significa que el sistema sea siempre más barato o adecuado. La fabricación necesita instalaciones y una cadena de suministro preparada; el transporte de piezas grandes también cuesta y puede ser complejo. Si cada módulo es distinto, si hay poca repetición o si la logística presenta obstáculos, se reducen algunas de las ventajas de la producción en serie. La industrialización funciona mejor cuando el proyecto se coordina desde el principio, no cuando se intenta convertir en modular una obra diseñada con otro método.

También cambia el perfil del empleo. Algunas tareas que antes se hacían en el solar pasan a talleres y plantas de producción; otras requieren equipos especializados en montaje, control y coordinación. Eso puede hacer más repetibles ciertos procesos, pero exige organizar de otra manera los oficios y la formación. La rapidez no se consigue simplemente con más trabajadores, sino con funciones sincronizadas y un diseño que permita que cada pieza llegue preparada.

El confort interior es otra parte menos visible que el montaje. En una estructura ligera, el aislamiento acústico y térmico depende del diseño de las capas, las juntas y los cerramientos, y de que se ejecuten correctamente. Si los encuentros entre módulos no están bien resueltos, pueden aparecer problemas de ruido, filtraciones o pérdidas de energía. La calidad de una vivienda no se mide por cuánto tarda en levantarse, sino también por cómo se vive y se mantiene después.

Seguridad y mantenimiento más allá de la imagen

En un edificio de varias plantas, la seguridad no se resume en la resistencia de una pieza. Hay que considerar cómo se comporta el conjunto, cómo están protegidas las uniones y qué ocurre con instalaciones, recorridos de evacuación y elementos constructivos ante distintos riesgos. En el caso de una estructura modular, las juntas son especialmente importantes porque conectan unidades fabricadas por separado y deben conservar sus prestaciones una vez montadas.

La protección frente al fuego es uno de los aspectos que no puede deducirse de un vídeo de montaje. Deben resolverse la resistencia de los elementos, la compartimentación, los pasos de cables y tuberías y el sellado de los encuentros. También cuentan el diseño de las salidas y la integración de las instalaciones. La comprobación técnica y normativa corresponde al edificio concreto; las características generales anunciadas por una empresa no sustituyen esa evaluación.

La vida útil plantea otra cuestión: las juntas, los sellados y las conexiones tienen que soportar cambios de temperatura, humedad y movimientos durante años. Las uniones atornilladas facilitan el montaje y pueden permitir desmontar componentes, pero eso no elimina la necesidad de inspección y mantenimiento. La reversibilidad, cuando el diseño la permite, es una posibilidad técnica; no significa que cualquier edificio pueda trasladarse sin preparación ni costes.

También hay que pensar en cómo se reparan las instalaciones que van integradas en los módulos. El acceso a tuberías o cableado debe formar parte del diseño, porque una avería puede requerir una intervención distinta de la habitual en una construcción tradicional. No tiene por qué ser una desventaja, pero sí exige prever registros y soluciones de mantenimiento desde la fábrica, antes de que las piezas queden unidas.

Qué puede aportar a la construcción en España

La demostración china resulta llamativa en un momento en que muchos mercados buscan reducir los plazos y mejorar la productividad de la construcción. La construcción industrializada se presenta como una vía para hacer más previsible el trabajo, reducir parte de la actividad a pie de obra y aprovechar procesos repetibles. El interés no está necesariamente en alcanzar el mismo récord, sino en averiguar qué fases pueden fabricarse con más control y menos demoras.

Trasladar el modelo de Changsha a España o a otros países europeos no sería una simple cuestión de copiar las grúas y los módulos. Cambian las normas, los procedimientos de autorización, las condiciones laborales, las rutas disponibles y la organización del sector. También varían los tipos de edificios y las necesidades de cada parcela. La lección exportable es la coordinación industrial: diseño, producción y montaje deben pensarse como partes de un solo proceso.

La transición, además, no tiene por qué consistir en apilar edificios enteros hechos con módulos tridimensionales. Puede incorporar componentes prefabricados en proyectos convencionales, como elementos de fachada, instalaciones o partes estructurales. Estos enfoques híbridos permiten industrializar algunas tareas sin exigir que toda la promoción adopte un único sistema.

La rapidez tampoco resuelve por sí misma los problemas urbanos. Un edificio construido antes no crea automáticamente transporte, servicios, equipamientos ni espacio público. La ubicación y la integración en la ciudad siguen siendo decisiones esenciales. Acortar una obra puede ayudar con los plazos, pero no sustituye la planificación urbana ni determina por sí solo cuánta vivienda se construye, dónde se necesita o quién puede acceder a ella.

Lo que realmente revela el récord

La cifra de 28 horas y 45 minutos funciona porque transforma una operación técnica compleja en una imagen fácil de entender: una torre aparece casi de golpe. Pero el montaje rápido es la última pieza de una cadena larga, con diseño, producción, transporte y preparación del terreno. La fábrica no hace desaparecer el trabajo; lo organiza en otro lugar y permite que varias tareas avancen al mismo tiempo.

Ese cambio puede reducir tiempos de obra y mejorar la repetición de algunos controles, siempre que haya capacidad industrial y una planificación rigurosa. A cambio, aumenta la importancia de la logística, la precisión y el mantenimiento de las conexiones. La velocidad es una consecuencia de preparar bien el proceso, no una alternativa a la ingeniería ni a las comprobaciones que garantizan que el edificio sea seguro y habitable.

El caso de Broad Group no demuestra que todos los edificios puedan montarse en poco más de un día, ni que el método sea la solución universal a la vivienda. Sí muestra hasta dónde puede llegar una construcción concebida desde el inicio como un producto industrial: piezas repetibles, trabajo en paralelo y un solar dedicado, durante la fase más visible, a ensamblar. El verdadero cambio no está en correr más al final, sino en hacer que casi todo esté listo antes de que empiece el espectáculo de las grúas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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