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¿Cómo lanza China drones con su catapulta electromagnética móvil?

China prueba una catapulta electromagnética móvil capaz de lanzar drones desde camiones y abre nuevas opciones militares en tierra y en mar.

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catapulta electromagnética móvil

Resumen

  • China prueba una catapulta móvil que lanza drones sin pista convencional
  • El sistema une tres vehículos y puede desplegarse en tierra o sobre buques
  • Su uso militar promete movilidad, aunque aún falta probarlo en alta mar

China ha mostrado por primera vez en funcionamiento una catapulta electromagnética modular y móvil capaz de lanzar aeronaves no tripuladas sin recurrir a una pista convencional. El sistema aparece formado por tres vehículos especiales unidos en línea, como vagones de un tren mecánico, sobre los que se instala el carril que acelera el aparato hasta permitirle despegar. En las imágenes, un dron de hélice y ala alta sale impulsado desde la plataforma. No es una animación ni una maqueta inmóvil: esta vez hay lanzamiento.

La demostración confirma que el proyecto ha superado, al menos, la fase puramente conceptual. Otra cosa es que constituya ya una capacidad militar operativa, fiable y lista para desplegarse. Se desconoce dónde y cuándo fue grabado el ensayo, cuál era el peso del dron, qué velocidad alcanzó o cuánta energía necesitó la catapulta. Tampoco se ha probado públicamente su funcionamiento desde un buque navegando, una diferencia nada menor cuando bajo las ruedas hay una cubierta que cabecea y no hormigón quieto.

El primer lanzamiento visible del sistema chino

El vídeo comenzó a circular el 30 de junio de 2026 y parece proceder de una publicación vinculada a la Escuela de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de Pekín, una institución pública con estrechas conexiones con la industria de defensa china. La secuencia enseña primero el despegue y, después, los vehículos circulando por separado antes de acoplarse hasta formar una única pista.

El dron utilizado es relativamente convencional en apariencia: motor de hélice, ala alta, cola en V y tren de aterrizaje triciclo. Nada de fuselaje futurista, superficies invisibles al radar o formas dignas de una feria de armamento. La elección tiene lógica. Para comprobar que una catapulta electromagnética funciona conviene empezar con una máquina manejable, no con el juguete más caro del hangar.

La plataforma había aparecido en fotografías a finales de 2025, entonces configurada con cuatro módulos móviles y asociada a grandes drones de combate con aspecto furtivo. Algunos de aquellos aparatos podían ser simples reproducciones destinadas a exhibición. El nuevo vídeo, en cambio, enseña tres segmentos conectados y una aeronave real elevándose tras recorrer el carril. Es una prueba más modesta visualmente, pero bastante más valiosa desde el punto de vista técnico.

Tres camiones que se convierten en una pista

Cada vehículo constituye un tramo independiente del sistema de lanzamiento. Al unirse, los módulos crean una vía continua cuya longitud puede adaptarse al espacio disponible o, en teoría, al tamaño y peso del aparato que se pretende lanzar. Esa arquitectura permite transportar la plataforma móvil por carretera, dispersarla cuando no se utiliza y reconstruirla en otro punto sin levantar una infraestructura fija.

Las nuevas imágenes muestran también unas cubiertas instaladas sobre los vehículos durante el transporte. Sirven para proteger los componentes de la lluvia, el polvo y la salinidad, aunque también pueden disimular parcialmente su función. Parcialmente: una columna de plataformas pesadas con extraños anclajes frontales no pasa precisamente por una mudanza de oficina.

Más relevante es su dirección integral en todas las ruedas. Los módulos conectados pueden girar casi sobre sí mismos, una maniobra crucial para orientar el lanzamiento contra el viento. Una pista tradicional no se mueve; esta sí. En un terreno reducido, un muelle o la cubierta de un mercante, la posibilidad de variar rápidamente el rumbo puede decidir si el dron despega con margen aerodinámico o termina convertido en costosa chatarra.

Qué hace una catapulta electromagnética

Una catapulta de este tipo emplea energía eléctrica y motores lineales para mover una lanzadera a gran velocidad a lo largo de un carril. La aeronave queda enganchada a esa lanzadera y recibe una aceleración progresiva hasta alcanzar la velocidad necesaria para volar. El principio recuerda al de un tren magnético, aunque concentrado en pocos segundos y con bastante menos vocación turística.

Frente a una catapulta de vapor, el sistema electromagnético permite controlar con mayor precisión la aceleración y la velocidad de salida. Esto facilita trabajar con aeronaves de pesos distintos, desde drones ligeros hasta aviones mucho mayores, y reduce las cargas bruscas sobre las estructuras. También puede acortar el tiempo necesario para preparar el siguiente lanzamiento, siempre que la alimentación eléctrica y la refrigeración estén a la altura.

El carril es la parte visible; detrás queda lo incómodo. Una instalación electromagnética necesita generar, almacenar y descargar una cantidad considerable de energía eléctrica en muy poco tiempo. Todavía no se conoce qué equipos alimentan la plataforma china, dónde se encuentran los acumuladores, cuánto tarda en recargarse o qué vehículos auxiliares deben acompañarla.

Tampoco está claro cómo se coloca cada dron sobre la lanzadera. El ritmo operativo dependerá tanto de la catapulta como del sistema de carga. Una posibilidad sería utilizar un módulo trasero que transportase la aeronave, se acoplase al resto de la pista y se retirase después del lanzamiento. Suena sencillo dibujado en una pantalla; hacerlo repetidamente, bajo lluvia, de noche o con amenaza enemiga, es otro oficio.

Del muelle al carguero Zhong Da 79

El sistema cobró importancia cuando fue fotografiado junto al Zhong Da 79, un buque de carga convertido temporalmente en escaparate de armamento modular. A finales de 2025, el mercante apareció en el astillero Hudong-Zhonghua de Shanghái con lanzadores verticales de misiles, radares, equipos defensivos y contenedores adaptados. Poco después, parte de esos módulos fue retirada para dejar espacio a la catapulta y a varios drones.

Las fotografías mostraban cuatro vehículos conectados sobre la cubierta, un dron colocado en posición de lanzamiento y otro situado detrás. El montaje sugería que un buque comercial con suficiente superficie libre podría transformarse en una plataforma aérea auxiliar. No necesariamente en un portaaviones, palabra grande y muy aficionada a inflar titulares, sino en un buque capaz de lanzar determinados aparatos no tripulados.

Ahí aparece el principal interrogante técnico. Una estructura formada por varios camiones debe permanecer perfectamente alineada mientras el casco se mueve por el oleaje. La aeronave necesita una trayectoria limpia, sin obstáculos laterales y con suficiente altura al abandonar la proa. La energía eléctrica, el anclaje de los vehículos, la corrosión marina y la recuperación posterior de los drones añaden capas al problema.

Por ahora, no existe una demostración pública de un lanzamiento desde el Zhong Da 79 en navegación. Probar el sistema en tierra confirma que la idea respira; hacerlo en alta mar, con viento cruzado, sal y movimiento constante, será el examen de verdad.

Una familia de armas dentro de contenedores

La catapulta no habría sido desarrollada como un proyecto aislado. El material difundido la integra en una familia de sistemas transportables que incluiría lanzadores de misiles de crucero, defensa antiaérea, radares, equipos de guerra electrónica, centros de mando y armamento de protección cercana. Todo pensado para instalarse en tierra o sobre buques con rapidez.

Las imágenes atribuidas al Instituto Tecnológico de Pekín señalan la participación de más de 70 organizaciones, entre ellas grandes grupos estatales como CSSC, Norinco, CASIC, CASC, CETC y AVIC. También se habría fijado como objetivo fabricar unas 2.000 unidades anuales del conjunto de módulos, no 2.000 catapultas. El dato procede de capturas y traducciones automáticas de la publicación china, de modo que debe tratarse con cautela hasta que exista documentación oficial más precisa.

El atractivo militar de los contenedores es evidente. Pueden almacenarse, transportarse por ferrocarril, carretera o barco y desplegarse según la misión. Un mismo casco podría cargar sensores en una operación, drones en otra y misiles en una tercera. La modularidad abarata ciertas conversiones y multiplica las combinaciones, pero no convierte mágicamente un mercante en un buque de guerra competente. Faltan integración, comunicaciones seguras, protección, tripulaciones entrenadas y una logística que funcione cuando el mar se pone feo.

La catapulta móvil no surge de un vacío industrial. China incorporó sistemas electromagnéticos al portaaviones Fujian, que entró oficialmente en servicio el 5 de noviembre de 2025. El buque, de más de 80.000 toneladas de desplazamiento a plena carga, ha realizado lanzamientos con cazas J-15T y J-35, aviones de guerra electrónica J-15DT y aparatos de alerta temprana KJ-600.

El país también ha instalado una catapulta electromagnética en el buque de asalto anfibio Sichuan, de la clase Tipo 076, concebido para operar helicópteros, aeronaves de ala fija y drones. El Sichuan comenzó sus pruebas de mar en noviembre de 2025. Es decir, Pekín trabaja simultáneamente en catapultas integradas en grandes navíos y en soluciones modulares que puedan trasladarse sobre ruedas.

La diferencia de escala es enorme. El Fujian puede lanzar aviones tripulados de decenas de toneladas mediante instalaciones diseñadas junto con el propio casco. La plataforma móvil mostrada en el vídeo está orientada a drones bastante más ligeros y busca otra ventaja: llevar capacidad aérea allí donde no existe una pista ni hay tiempo para construirla.

Una pista desmontable cambia el mapa operativo

Un sistema móvil permitiría desplegar drones de ala fija en islas pequeñas, carreteras, puertos dañados, zonas montañosas o bases improvisadas. Esas aeronaves suelen ofrecer más alcance y autonomía que los multirrotores, pero necesitan velocidad para despegar. La catapulta resuelve precisamente ese cuello de botella.

En el Pacífico occidental, donde abundan las islas y las distancias enormes, disponer de lanzadores dispersos complicaría la localización de las unidades aéreas. Los módulos podrían viajar separados, permanecer ocultos en instalaciones civiles o contenedores y reunirse antes de una operación. Después, otra vez a la carretera. Una especie de pista nómada.

También tendría utilidad cerca de la disputada frontera entre China e India, donde la altitud reduce el rendimiento de los motores y alarga las carreras de despegue. Una catapulta aporta velocidad inicial sin exigir kilómetros de asfalto. Su valor dependerá, claro, de que pueda sostener un ritmo razonable de salidas y sobrevivir a la detección enemiga; dos virtudes que un vídeo de pocos segundos no demuestra.

El verdadero salto está fuera de la pista

La novedad no consiste únicamente en que China haya lanzado un dron mediante electricidad. Estados Unidos utiliza EMALS en la clase Gerald R. Ford y Pekín ya opera la misma idea a gran escala en el Fujian. Lo singular es haber colocado el mecanismo sobre vehículos capaces de viajar separados, acoplarse y formar una pista donde antes solo había carretera o cubierta.

El ensayo confirma una tecnología tangible, aunque todavía rodeada de incógnitas: potencia disponible, peso máximo, frecuencia de lanzamiento, precisión, fiabilidad y comportamiento en alta mar. Tampoco resuelve cómo regresarán los drones ni qué mantenimiento exigirá el conjunto después de varias operaciones.

Aun con esas reservas, la catapulta electromagnética sobre ruedas encaja con una tendencia nítida de la industria militar china: dispersar capacidades, esconderlas dentro de módulos normalizados y aprovechar plataformas civiles como soporte eventual. No es todavía la flota de portaaviones mercantes que algunos imaginan. Es algo menos espectacular y quizá más práctico: la posibilidad de llevar una pequeña base aérea desmontada por piezas, montarla en poco tiempo y hacerla desaparecer antes de que alguien marque sus coordenadas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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